lunes, 31 de diciembre de 2007

Telón

Se cuelga el 2007 con su dedo índice del precipicio del tiempo, y se disparan diversos pensamientos que, con la métrica de conclusiones y objetivos, alimentan un poco más ésta época de rituales costumbristas y prácticas familiares.

En la Patagonia lejana me encuentra éste 31, cerrando el año en casa de mis viejos, cuestionándome todavía que carajo hago en Buenos Aires, sufriendo el calor, lejos de toda esta paz.

En fin, no quería que el affaire de “Mazaso” cierre mi año literario, y por eso me propuse escribir este texto de salutación final para un año que en el balance final arrojó un resultado muy positivo.

A mi familia, el amor de siempre. A mis amigos, lo mejor. Y a aquel que reincide en leer los desvaríos de quien suscribe, que la empresa no le deje un sin sabor. Gran 2008.

viernes, 21 de diciembre de 2007

Mazaso

Me encontraba caminando por un Megasport ubicado en el 3er piso del Alto Palermo. Estaba buscando un regalo navideño para mi sobrino Matías (como se pierde tiempo buscando regalos, por Dios!!). Traía puesta una remera roja con mangas grises y bermuda blanca.

Yéndome hacia fuera (no había encontrado nada que me haga pensar que mi sobrino querría conservar), una chica me detuvo con sonrisa ansiosa y me extendió una prenda de lycra (creo que era de lycra). “¿Podrías ayudarme? Necesito un número más chico”, me dijo. Advertí lo que estaba ocurriendo y le contesté: “Te ayudaría con gusto si trabajase acá”. Se ve que, a pesar de bella, no era muy rápida ya que me miró extrañada. “Digo, que te ayudaría si trabajase aca…pero no lo hago”, reafirmé.

La rubia se disculpó con un poco mas de su sonrisa ansiosa y yo proseguí, también con una sonrisa en mi rostro.

Esta bien que mi remera podía confundirse con el uniforme de la tienda deportiva, pero realmente, transcurridos algunos pasos mas de la salida del negocio me invadió un pensamiento preocupante: era la remera con la que había elegido salir esa noche.

Así que acá estoy, con mi remera de Megasport y mi cara de asistente de ventas, pensando en que la boluda esa me cagó la noche.

jueves, 20 de diciembre de 2007

El Convento (Dudas y silencios)

Marcelo sintió el frío en su cuerpo. Sintió también que lo tocaban en la espalda. Advirtió que estaba acostado, de lado, en el piso. Percibió el frío de las baldosas grises sobre su cuerpo. Ahí recién advirtió que estaba desnudo. El clima de invierno también se hacía notar en otras partes. No comprendía mucho lo que le estaba ocurriendo. Le dolía la cabeza y se creía perdido. Confundido. Miró para arriba, de costado y pudo ver a su hermano que le daba la bienvenida al mundo real con un “¿Qué haces ahí? Levantate, pelotudo”. Así lo hizo Marcelo.

Cuando se paró, volvió a pensar en que estaba desnudo. Repasó con la vista sus piernas peludas y su miembro al descubierto. Ahí recién advirtió que había estado tirado, no sabe cuanto, en el pasillo del convento donde vivía. Si bien era domingo, supo que probablemente alguno de los curas de clausura lo había visto desarropado contra la puerta de su habitación. Por un segundo, pensó que quizás nadie lo había advertido, pero luego, al revisar su reloj – la única prenda en su contextura – pudo ver que la mañana había comenzado hacía mucho tiempo.

Entró a la habitación, esquivando las preguntas de su hermano y se acostó a dormir, posponiendo para la tarde todas las respuestas que podía llegar a buscar. Una de ellas, claro, era el ardor proveniente de la zona baja lumbar.

Sin embargo, los dos días que continuaron estuvieron plagados para Marcelo de dudas y misterios. Solo recordaba haber asistido al cumpleaños de Juan Carlos Adet, quien hubiera sido compañero de habitación en su primer año de seminario hasta desistirlo, entrando éste en un cono de excesos y libertades para asentarse finalmente en la distribución de profilácticos. En aquella fiesta, Marcelo solo recuerda que fue recibido por su amigo Juan Carlos – ahora apodado “Tota” – y presentado a una serie de personajes de la noche, entre los cuales se sintió un extraño. Naturalmente, así lo era: entre Dealers, Drag Queens y nenas escort, un aspirante a cura era un auténtico sapo de otro pozo. En ello, la última imagen que recordaba era un petiso con cara de degenerado llamado Phillip que, enroscado en una boa de plumas fucsias y detrás de un sombrero de copa blanco, le ofrecía una gelatina naranja.

Efectivamente, en el convento lo habían visto. Sin embargo, tuvo suerte que no fue ninguno de los hermanos superiores, quienes habrían aplicado una muy segura y severa pena para Marcelo. Lo vieron solo un par de monjes de clausura - con voto de silencio -, que solo atinaron a hacerle ademanes con la mano a Marcelo – básicamente, ponían ambas palmas enfrentadas como a 20 cmts y se reían - aquel domingo por la tarde.

Fueron días de larga preocupación para Marcelo aquellas cuantas horas en el convento. No solo el tratarse de un novicio en pérdida del conocimiento empeoraba su situación, sino aquel maldito dolor en el comienzo de la línea que separaba sus glúteos.

Había resuelto pasar un par de días encerrado en su cuarto, no solo para reflexionar acerca de sus acciones sino también para evitar los chistes vecinos. Había divisado en un par de ocasiones a los monjes de clausura mostrarle las palmas enfrentadas al resto de sus compañeros de seminario, a las risotadas claro está.

Dos o tres días después, famélico ante la ausencia de alimentos sólidos, Marcelo decidió bajar al comedor comunitario para cenar con sus compañeros. Cuando entró en el largo salón cuadrangular, sintió que desde la mayoría de las 27 cabezas que lo observaban sentados recibía miradas de rechazo. Si bien pudo advertir alguna mueca risueña, en su conjunto eran repasos hostiles.

Para su suerte, las cenas en el convento eran silenciosas, aunque un amigo de él se las ingenió para comentarle que habían expulsado a los dos monjes en virtud de la violación del voto de silencio cuando sus risas habían pasado a ser verdaderas carcajadas, incluyendo revuelcos en el piso del confesionario. “Lo tienen merecido”, pensó Marcelo. “Por hijos de puta”, remató.

Cuando hubieron finalizado la cena – frugal, a base de verduras hervidas -, y luego de realizada la oración de rigor, comenzó a salir hacia los jardines que daban al gran comedor. Cuando se encontraba próximo a llegar a la puerta, alguien lo llamó desde la cocina. “¿Hermano Marcelo?”. Se dirigió hacia allí y se encontró con Elvira, cocinera y residente del convento, quien lo esperaba con un paquete entre sus manos.

Intrigado, Marcelo preguntó “¿Qué pasa, Elvira?”. Ella extendió hacia delante sus manos y le dijo “Acá tiene su ropa, Hermano”. Los dos ojos de Marcelo, agrandados por la sorpresa, vieron como Elvira se retiraba con una sonrisa entre sus labios.

Al llegar a su cuarto, desgarró el papel que envolvía sus hábitos y pudo advertir que estos se encontraban llenos de brillantina y olor a cigarrillo. Cuando quiso extender la sotana para ver si se encontraba en buen estado – más allá de su suciedad y pestilencia -, observó como desde su interior se deslizaba aquella boa fucsia del enano libidinoso y un cucharón sopero viejo. Las preguntas en Marcelo comenzaron a centellar y ahí si, se sintió preocupado verdaderamente.

Hoy Marcelo continúa viviendo en un convento. Pero en otro distinto al que vivió aquella historia. Pidió el traslado a la casa de formación ubicada en las afueras de Resistencia. En él, tomó finalmente los hábitos y el voto de silencio. Cuando tomó aquella decisión, pensó que la quietud y los nuevos aires iban a licenciarlo de contestar las preguntas que extraños seminaristas le hacían sobre aquella noche. Pero no contó que ningún silencio iba a acallar los gritos intrigados de su conciencia.


Dedicado a mi gran amigo “Palmera”, quien todavía hoy queremos como sino se hubiera ido.

Secreto

Una de las cosas que más disfruto es descubrir bandas nuevas. Esos grupos que todavía no alcanzaron la fama pero que tienen canciones altamente recomendables. Así me he encontrado con grupos como “Death Cub for Cutie” o “Jaimie Cullum” (si, si, mucha gente lo conoce, pero haces una encuesta y de cien lo “junan” cinco). Es muy agradable saber que a Jack Jonhsonn lo descubriste bastante tiempo antes de que “Banana Pancakes” te rompa la cabeza en la 100.

El placer es sentir que esa bandita o solista es tuyo. Por un momento. Es una suerte de secreto que se la transmitís a ciertos amigos. Pero no a todos. Y escuchar de esa persona un “che, esta bueno esto. ¿De donde lo sacaste?”

Y sino, también disfruto mucho encontrarme con bandas viejas y desconocidas. Es el mismo concepto pero con bandas como “Captain Beefhart and the Magic Band” o “Pretty Things”.

Pero en realidad, cuando empecé a escribir este post, que ya se me desorganizó, es que dentro de estos gustos por descubrir música nueva, amo encontrar en discos de artistas conocidos aquellas canciones que no fueron simples ni primer, segundo o tercer corte del disco. Viven solo en la casa de los que compraron el disco o lo piratearon de Internet.

Venía caminando por Puerto Madero y empezó a sonar “The One” del álbum “Chocolate Starfish and the hot dog flavored water” de Limp Biskit. Un disco que se lo robo el tema a misión imposible y algún otro corte más del sacadito de Fred Durst gritando como un enfermo y pensando que es vivo insultando gente. Pero The One es un temazo de bajos constantes y sólidos, con una voz que se mece en el ritmo y la potencia de aquella banda que lideró mis 19 años. Bueno, como decía, escuchando ese tema, pense en escribir esto.

Me acuerdo de “Denial, Revisited” de The Offspring, “Picture” de Kid Rock o “Katmandu” de Pappo.

No se, si pueden, pongan esos temas o bandas en sus mp3s, ipods o lo que sea y salgan a caminar por la calle, pensando que les están contando un secreto al oído.

martes, 18 de diciembre de 2007

Un lugar

Busco un lugar lejos de aquí,
donde juntos podamos hacernos sentir.
Donde vida y muerte no sean diferentes
Ni tiempo ni espacio nos pueda separar.
En el refugio de tu pecho yo pueda vivir
Y el escudo de mis brazos nos aleje del fin.
Un lugar que sin decir nada, solitario no es.
Allí, nosotros en nuestros sueños,
podamos volver a nacer.

Fausto Rudel.
Diciembre 13 de 2002.

Ausencia

Si tu no estás
Mi piel no tiene su abrigo.
Solo siente el gélido frío
De la soledad.

Y si te busco
En salas vacías,
Las lágrimas serán solo mías,
Y la pena me vuelve a llevar.

Pero cuando vuelvas,
Se llenará de vuelta mi vida.
Mi suerte no estará tan perdida,
Y comienza de nuevo a soñar.

Fausto Rudel (17/03/2003).

Sos vos

Soy feliz pensando en vos. Solo pensando en vos.
Me traes alegría, felicidad y sonrisas.
Sos el sol de mis mañanas y la sábana que cubre mis sueños.
El rocío que dan de beber a mis tallos y la brisa que mueve la luz de mis velas.
Sos el ángel que me cubre con sus alas y la diosa que reina en mi tierra.
Sos el agua que baña mis raices, y el aire que permite que yo vuele.
Sos mi vida, mi cielo, mi sol. Mi luna, mi noche y canción.
Sos todo para mi.
Porque solo puedo pensar en vos, y solo a vos te necesito. Sos todo lo que quiero para siempre.
Y mañana estarás conmigo, y las horas se empiezan a alargar, los minutos no se mueren y los segundos no se van. Las agujas del reloj parecen pétreas, y mi llanto ya es un gélido cristal.
Te necesito, y mañana ya estaré con vos. Y me fundo en un abrazo, y me fundo con tu amor.
Te amo, ahora y siempre.

El Alemán.
Marzo 17 de 2003.

viernes, 14 de diciembre de 2007

Los de afuera son de palo

“Discúlpame, pero no voy a hablar de fútbol con vos. Te pido por favor que te abstengas de opinar”.

Quizás no haya en el mundo una materia más opinable que el deporte del balompié. No creo que exista temario mas subjetivo que el de la práctica del “deporte más hermoso del mundo”, como diría el relator de los partidos de la Champions League en ESPN.

De hecho, somos testigos diarios de una caterva increíble de programas con seudo eruditos del “fobal” que dictan sus ideas pretendiendo tener la verdad justa sobre aquello que cuenta con innumerable cantidad de matices, al azar por compañero y el resultado por medida.

Pero sin perjuicio de ello, hay algo que no voy a tolerar jamás en la discusión futbolera casual: el que opina sin haber practicado jamás o en grandes medidas ese hermoso deporte.

¿Qué puede saber acaso quien jamás ha regateado un adversario y tirado un centro atrás para que el nueve grandote empuje la pelota al fondo de la red? ¿Quién puede hacerlo sin haberse llenado la boca de gol en un picado con latas vacías por arco y un “globo” raído por balón? ¿Es acaso meritoria la tesis de quien no sufre por un resultado adverso del equipo de sus amores? ¿Puede venir a mofarse de un hincha caído aquel que solo aparece en las victorias? ¿o aquel que no se emociona con el relato de Víctor Hugo en aquella tarde mágica de México? (Nota: sino entiende algunas de las preguntas realizadas aquí, realmente para usted fue escrito este texto).

El fútbol es una pasión y como tal, no puede ser explicada. Sabiendo ello es que, también, no pretendemos entusiasmar a aquellos que no lo sienten de la misma manera que nosotros, y hasta eso es muy justo. Pero no opine si ese deporte no le gusta o lo hace a medias. No discuta. Quédese afuera de esa ronda futbolera de risas y contraataques. Participe como espectador si quiere. Ríase un rato en silencio a costa de aquellos que si se toman a esto en serio. Permítase advertir el romanticismo de alguien que deja en manos – o piernas - de 11 tipos la suerte de su destino en un lunes por la mañana.

Insisto, hombre o mujer, no se atreva a azuzar a una persona que vive el fútbol de la manera explicada. Por que la pelea es injusta. Simplemente. Se trata de una contienda en donde uno no tiene nada por perder y el otro por ganar. Si usted no disfruta el fútbol poco le va a importar verse derrotado en el silogismo futbolero, mientras que el hincha de corazón nada ganará al tratar de convencer a un vacío de alma tribunera.

Y si usted lo hace solo por el placer de molestar a quien se toma este ejercicio de manera vehemente, sepa que la vida es una vuelta y solo el tiempo pondrá en su lugar a aquellos que escarmientan con el sufrimiento ajeno.

jueves, 13 de diciembre de 2007

De amores, comentarios y otros sacrificios

Existe un blog al que asistó en ocasiones. Respecto de un reciente texto publicado, me permití hacer un comentario que me gustaría compartir con uds, y que a continuación transcribo:

"Permítanme disentir. Es verdad que nadie es perfecto y de ser amados, lo seremos por quien seamos y no por quien tratemos de ser. Pero es inevitable en una pareja buscar el consenso, el diálogo y, sobre todo, la permanente y constante voluntad de superar obstáculos comunes en post de una mejor convivencia.

De eso se trata el amor, amigos, igualmente. Poder sacrificar el egoísmo personal y cómodo, y disponerse a realizar aquellos cambios –arduos, dolorosos y duros – para lograr la comodidad, agrado y felicidad de la pareja.

La respuesta contraria, realmente, mantendría polos opuestos a dos personas destinadas inevitablemente al fracaso. Salvo que la fórmula sea: “que le guste por quien soy, así como soy”, en cuyo caso estaríamos diciendo, para que la relación funcione, que una de las partes debe hacer concesiones permanentes y amoldarse a su estático y pétreo compañero. Considero a esto una falacia, carente de total realismo.

Aquel que no esta dispuesto a relegarse en post del bien de su compañero/a, realmente no esta preparado para encarar una relación, sobre todo pensando en una a larga distancia. El amor es el bien del otro, a través del sacrificio personal, toda vez que aquel se produce con el desapego al capricho propio. En aquellos casos en donde uno de los dos falle en tal premisa, la salud de la pareja se encontrará en serio peligro.

Disculpas si vengo a romper su teoría, y sobre todo, si lo hago yo, carente de todo tipo de licenciatura y/o grado en opinología, amor, y otros conjuros. Solamente tengo varios años de un lindo y trabajado amor con mi pareja
".

martes, 11 de diciembre de 2007

El Gran Pez

Fui a casa al mediodía para almorzar. Estaban dando el final de “El Gran Pez” de Tim Burton. No puedo dejar de llorar cada vez que veo la última parte de esta película: cuando el hijo le relata al padre la historia de su muerte.

En general, debo decir que no se identifica ninguno de esos personajes con nada de mi vida. Sin embargo, ver esa despedida “padre-hijo” no hace más que hacerme recordar a mi viejo.

Mi viejo es mi mejor amigo. Simplemente. Siempre lo fue. Desde que nací y le cambié la vida hasta el día de hoy. Nos hacemos reír mutuamente, a pesar que somos dos tipos de carácter fuerte (en realidad, dos tipos con el mismo carácter).

Pero el viejo también es mi consejero. Desde chico, siempre me ha hablado de aquello que era importante. Lo sigue haciendo, de hecho. Mi viejo podrá no saberse los nombres de mis amigos o cuestiones diarias, pero seguro que piensa en mi y mi futuro varias veces por día. Me ha enseñado tantas cosas y lo seguirá haciendo.

Todavía recuerdo aquella tarde del 28 de Enero del 98, en que mi viejo me dejó en la Terminal de ómnibus de Mar Chiquita, luego de unos días de vacaciones familiares, para que venga a estudiar a Buenos Aires. Él lloraba y yo, contento por la nueva experiencia venidera, le decía que ya regresaba. De haber sabido lo que me esperaba, quizás no hubiese estado tan contento aquel día. Yo me fui de casa, y él termino con un principio de ataque cardiovascular por "extrañarte tanto". Hoy pienso mi vuelta al sur, quizás, porque empiezo a sentir los mismos malestares.

No escribo esto para decirle indirectamente a mi viejo que lo quiero. Lo hago cada vez que hablamos. Como él, no soy alguien a quien le cueste expresar sentimientos. Pero lo hago, quizás, para decir lo mucho que me duele pensar que algún día faltará. No será hoy, ni mañana. Dios quiera que falte mucho tiempo. Pero lo voy a extrañar. Seguro que sí. No es algo que le pueda interesar a mucha gente, pero si es algo que me interesa decir a mi. Suficiente.

Como decía, “Big Fish” no me dice nada de todo esto. Sin embargo, no puedo dejar de pensar en mi viejo cada vez que el joven se despide de su padre.

La puerta

El sábado pasado, Oscar Juárez tuvo el cumpleaños de un buen amigo. Volvió a su departamento de la calle Arenales a las siete de la mañana. Muy borracho.

Ingresando al palier del edificio, advirtió con su beoda vista que alguien se encontraba dentro del ascensor y pronto a iniciar su viaje. Oscar pidió que lo esperaran. No lo hicieron. Corrió con sus casi ciento veinte kilos y empujó la puerta con el pecho. El golpe hizo que el ascensor se detuviera en el entrepiso. Se escucharon algunos gritos de pánico desde su interior. Rubén trato de acomodar la puerta y, por suerte, el ascensor siguió su marcha.

Unas cuantas horas después, se despertó en su cama, no muy seguro de lo que había pasado. Cuando comenzó a recordar le dio vergüenza su estado. Rememoró otras anécdotas peligrosas, de la mano de la bebida. Sintió temor.

Estuvo toda la tarde en su casa, pensando si debería avisar a alguien del consorcio sobre su incidente. Creyó que no era conveniente. Nadie lo había visto con certeza, pensó.

Finalizando la tarde, juntó ánimo y fue hasta la planta baja para chequear el elevador. La puerta corrediza del mismo estaba salida, móvil, rota. El número indicador del piso estaba apagado. Habían sacado al ascensor de servicio.

“¿Viste lo que hicieron?”, preguntó alguien de atrás. Era Rogelio, el portero. “Son unos brutos”, continuó este. “Ahora voy a tener que llamar al del service”. Oscar inmediatamente cambió de tema: el tiempo, Boca-River, cualquier otra pavadas de las que siempre habla con Rogelio.

Subió por la escalera pensando en una buena excusa para cuando alguien se de cuenta que la única persona del edificio que puede “arrancar” de cuajo la puerta del ascensor era él mismo, mientras seguían golpeando su pecho sensaciones de cobardía y vergüenza.

viernes, 7 de diciembre de 2007

El tiempo pasa



Matías tiene diez años. Es mi sobrino. Lo conocí hace un poco menos de una década, en el solar de la Abadía, cuando mi hermano me lo presentó.
Hoy me acaba de mandar un mail...

Que viejo que me estoy poniendo, che...

jueves, 6 de diciembre de 2007

Verano

Verano,
En tus noches se encienden los cuerpos
bajo las sábanas en suaves roces,
Y los labios se buscan perdidos,
sedientos, húmedos y violentos.
La fina brisa de una noche estrellada,
que acariciando la piel desnuda,
calma sus cuerpos exaltados.

Verano,
Que sos testigo del encuentro
de dos amantes nacientes,
idos por la música de sus sentidos.
Desatados de pasión,
con sus sexos desbocados,
se buscan desesperados
en la oscura habitación.

Verano,
Por sus húmedos sabores,
que le sirven de excusa
en la esperada reunión.
Tan cómplice de sus miradas
Que les regala el calor,
para que los seres transpirados
Se amen sin control.

Fausto Rudel.
Diciembre 1 de 2002.

martes, 4 de diciembre de 2007

Ayer y hoy de mis piojos

Finalizaba el mes de Diciembre del año 1996, y mi hermano recién llegado de Buenos Aires para sus vacaciones estivales me dijo “Escuchate este disco”. Su tapa amarilla con el dibujo de una suerte de Tótem en la tapa no me resultó a primera vista atrayente. Claro, se trataba de “3er Arco”, tercer disco – y despegue - de Los Piojos, una banda cuasi ignota por aquellos días.

Como alguien pone ciertas fechas o hitos históricos para determinar el comienzo de eras o etapas en la historia de la civilización, este hecho seguramente estaría entre los finalistas - junto con mi primer borrachera, mi primer beso o el descubrimiento del primer “caballero” en mi zona púdica – para marcar el comienzo de mi adolescencia.

De cualquier forma, ahí comenzó mi vida con la música. Desde allí, hasta hoy, comparto muchos momentos con alguna “banda de sonido”. “Cada ocasión, tiene su son”, así como cada estado de ánimo es mejor si está sazonado con la canción justa.

Pero Los Piojos fue mi banda adolescente – después se sumó La Renga, claro – lo que me llevó, lógicamente, a usar sus remeras y asistir a sus conciertos. Su cuarto disco, “Azul” ya no me gustó tanto, y “Verde Paisaje del Infierno” fue una suerte de separación de hecho – no podría decir que llegamos al divorcio -. No se porque. Quizás cambié yo. Quizás no lo hicieron ellos. A lo mejor lo hicimos ambos, por distintos caminos.

Hoy venía caminando y puse en el Ipod el nuevo disco de la banda: Civilización. La creo mi reconciliación con el grupo. Me gustó. No íntegramente, pero en su mayoría. El caminar con audífonos te permite apreciar mejor los sonidos, y en ello descubrí un avance interesante, melodías frescas y, también, aquel espíritu que me encontró en una tarde de diciembre de mis últimos años en el sur.

Sentí ganas de aprender a tocar un instrumento. Me sentí bien. Tuve ganas de bailar. De cantar. También tuve un arranque de querer expresarme a través de la música y, por que no, hacer un temita que tenga una musiquita linda y que me haga sentir orgulloso. Lamentablemente, carezco de talento y hasta de uñas para agarrar una guitarra. Por eso es que estoy escribiendo esto, aunque más no sea, quitándome las ganas de decirlo.

domingo, 2 de diciembre de 2007

De equinos y banderas

Vamos a ver polo. La segunda semifinal del Abierto de Polo de Palermo. La Ellerstina contra Chapa II. El día está hermoso y, calculo, que pasaremos un gran domingo, con amigos, mate y la "gente linda".

Estamos esperando al impresentable del Escocés para salir. Ayer estuvo en una fiesta con el Bambino Veira. Lo llamamos hace media hora, preocupados por su silencio, y respondió con una voz de ultratumba divina. Llega y salimos. No es el mejor horario para hacerlo, pero la demora la va a compensar con alguna aneda que nos va a hacer morir de risa.

El tema es que a la misma hora que estemos disfrutando de la adrenalina de ocho pibes jugando con el peligro de "volar" arriba de otros tantos caballos, se estará jugando en la cancha del club de mis amores el partido que definirá el Torneo Clausura.

Quizás se me pueda decir que, como Boca no tiene chances, elegí hacer otro plan alternativo. Pero no. Las entradas fueron sacadas antes del Tigre - Boca, cuando mi equipo todavía tenía aspiraciones de campeonar.

Lo cierto es que elegí este plan "conchet", concientemente, antes que entregarme como cada Domingo a esa pasión difícil de explicar, pero sobre todo, de justificar. No se. Puede ser también que el tema Polo no es algo que hacemos todos los años. También está la fuerza que le puso Ceci a la compra de los boletos. No se.

Llegó el Escocés. Nos vamos. Espero que no retumben desde la Boca los ecos de mi conciencia…

sábado, 1 de diciembre de 2007

Amor en movimiento

A la hora indicada,
Fueron sedientos de deseo.
Encendidos por la espera,
El cuerpo hervido en sangre
Queriendo ya ser parte,
La lujuria y el placer.

El grito entre suspiros
Alientan las fantasías,
Que de fondo se oyen quejar,
Tras el jadeante respiro,
De ojos desorbitados,
en tan bella melodía.

El aire envuelto en celo,
Aromas de esta locura,
Que enferma nuestra cordura,
Y desata lo que es prohibido.
Visiones frente a este ángel,
Que en demonio se ha convertido.

Los nervios tan tensionados,
Al punto de la explosión,
Dos almas tan completadas,
En clima de ebullición.
Y es justo en ese momento,
Donde se presenta Dios.

Lo oscuro se torna claro,
Y la luna se vuelve sol.
Todo es bello y perfecto,
Con esta imagen de vos.
Yo mismo con mi destino,
Me encuentro en tu rincón.

Fausto Rudel