La casa tiene dos pisos. Cada uno de los chicos tiene su pieza. Hay una cocina amplia, donde puedo meter en una cacerola todo lo que encuentro, para después darle un nombre elegante: Guiso de batatas y almendras a la sidra, por ejemplo. O pollo con duraznos y brócolis al ajillo. Casi siempre me sale bien el invento, aunque a veces termino comiendo solo.
Hay un lindo living, y una sala para mirar televisión. Cuando tuvimos a los chicos, sacamos la tele del cuarto. Más allá, esta mi estudio u oficina. Bah, mío. Es el estudio que usamos con mi mujer para guardar nuestras cosas de laburo. Esta la computadora y un lindo escritorio.
En el patio - grande y con plantas -, esta la pileta. Es el gusto que me di, junto con el quincho. Es modesta: 10 metros por cuatro. Pero los paga. Pocas cosas las disfruto tanto como lagartear en la pileta, con amigos o los chicos.
Y por último, el quincho. Es bastante grande. Tiene una mesa de una madera clarita, rustica, bien barnizada con capacidad para 16 comensales. La parrilla es amplia y tiene su canasto de acero para las brasas. Al costado deje un espacio para hacer un par de corderos al asador al año. Como me enseño mi viejo. Mi viejo, como lo extraño.
En las paredes están los adornos que hace mi mujer: flores secas, cuadros, etc. Pero el quincho es mío. Es mi lugar. Ella insiste con meter sus detalles, pero el quincho tiene que tener idea de campo. De naturaleza. Están las cosas viejas que saque del almacén del abuelo Enrique. Hay unos buenos carteles. Fotos de la familia: los chicos, los abuelos, los bisabuelos. Camisetas de fútbol enmarcadas. Puse un metegol, un sapo y un juego de sillones. La verdad es un buen ambiente. Con razón las fiestas las pasamos ahí. Por último, en un cuarto aparte, como me enseño el Beto, mi suegro, una heladera con cervezas, otra con los tintos, los maderos para asar, y algunas cosas indispensables para el quincho.
Esa es mi casa, donde vivo con mi familia. El mar se escucha, a veces, de lejos.
Ana tiene tres años. Tiene la cabeza como el sol. Tanto es así que cuando se pone a contraluz con el mismo sol, parece que sus cabellos fuesen transparentes. Tiene la carita de su madre, o sea, los cachetes rosados y tersos, los ojos color turquesa, y una nariz de pompón que puede derretir a cualquiera.
Hoy es domingo y Ana se levantó temprano. Yo estoy en la cama. Me desperté hace dos minutos porque escuche a su madre que había ido al baño. Estoy solo, disfrutando quizás un poco el poder estirar la pierna para el lado derecho, sin que me ladren de al lado. La persiana esta medio alta, raramente, ya que me la bajan todas las noches (una batalla que perdí en el noviazgo). Hay una claridad matinal hermosa. El cuarto se ilumina resaltando los colores pasteles del cuarto (más que una batalla pérdida, una concesión dada).
Miro hacia la puerta y la veo entrar a Ana con su carita de dormida y sus pelos todos desordenados. Esta vestida con su pijama de flores rosas. Con una mano se refriega los ojos y con la otra lleva a su oso de peluche arrastrando. Esta descalza (se debe haber sacado las medias que le puso la madre para dormir... para dormir en “patitas” como dice ella y como me gusta a mi).
Entra sin preguntar nada, aunque hace como un gruñido-mimo, mascullando algo así como “Paaaaa”. Se trepa a la cama, tirando primero sobre ella a “Pepo” (su oso). Trepa una patita, da un salto, y en un segundo esta subida, a un costado mío. Sin preguntarme nada, y casi sin mirarme se tira encima mió y cierra los ojos. Como cuando era recién nacida, la acuesto sobre mi pecho. Ella me abraza y yo también. Llega la madre y se acuesta a un costado, pasando un brazo por encima de nosotros.
Ayer también solté una lágrima, cuando volví de trabajar. Abrí la puerta del living, y la vi venir corriendo desde la cocina. Casi se cae en el camino porque sencillamente es chiquita. A pesar de su tropezón, siguió corriendo y gritándome. “¡Papá! ¡Papito!”, decía con su voz fina y dulce. Es difícil aguantar la emoción cuando se aferran tan fuerte de alguna de tus piernas. Es difícil, digo, aguantar.
Pedro es más grande. Tiene ocho. Fue el primero, a pesar de que su madre dijo que esa prioridad estaba reservada para una mujer. Pedro es rubio también. Flaco y alto. Tiene más mi cara. De hecho se parece mucho a mi cuando tenía esa edad. También es deportista. Juega muy bien a casi todo lo que practica, pero se interesa solo por el fútbol.
No se que decir de Pedro. Es mi amigo. Mi mejor amigo. Es la persona que mas me hace reir en todo este mundo. No pasa un solo día en que no trate de estar un momento solo con él. Aunque sea para que me cuente algo a mi. Llevarlo al cole solo. O patear un par de veces al arco, o jugarle un algo en la compu (aunque me gane siempre).
Me gusta hablar con él. Aconsejarlo. Compartir cosas. No puedo evitarlo. Mi viejo lo hizo conmigo. Siempre estuvo. Siempre estará. Me encantaría que Pedro tuviese de mi, la imagen que yo tengo del viejo.
Afuera llueve. Pero no tiene nada que ver con que yo este pensando esto. Lo hago a menudo. Pienso en mi dentro de unos años, y que es lo que quiero en mi vida. En ella, siempre hay sueños. Los hay grandes y los hay chicos. Yo no se en que parte esta el mío. Son solo las imágenes que se me cruzan cada tanto. Tan claras que hasta me parece haberlas vivido en algún momento. Estoy enamorado de mis hijos, sin haberlos concebidos.
La liberación literaria de un sistema de estructuras, para volcar en palabras dislocadas las inspiraciones que quedan afuera de legales rigideces.
lunes, 10 de septiembre de 2007
viernes, 7 de septiembre de 2007
Los Códigos del Trompa
Viernes, 11.30 hs. Me acabo de pedir un remise. Me voy a Temperley a comer un asado a lo de mi Jefe. Va estar él con su banda de amigos del Club. Club de Rugbiers, aclaro. "Venite pendejo", me dijo ayer en la feria de los vinos, después de haber hecho entre los dos una disertación sobre las promotoras del evento, y un intento de elección de la reina del Dios Baco.
Estaba el escocés conmigo. En un principio le pareció medio pancho mi jefe, pero solo fue porque le molesto que mi éste lo haya invitado al asado recién cuando se estaba alejando de nosotros y no de frente. "Veni con tu amigo", dijo el Trompa en aquel momento. Pero después de eso, el scotish reflexionó y hizo el mejor análisis posible: "Es un tipo con códigos. Y no cualquiera. Código del Sur. Casi del Interior. No es como la gente de zona norte. Esa te caga. Esos chetitos te cagan".
Después me fui con el "suooootland" a comer una carne a las Cañitas para dar ocasión involuntariamente (por lo menos para mi, ya que creo que él lo tenía todo planeado) a una de las mejores charlas que he tenido con él. De las mejores creo que le queda chico.
Pero me estoy yendo de tema. Eso no es de lo que estoy hablando. El asunto es que me estoy yendo a TEM - PER - LEY, un viernes al mediodía a comer un asado con una banda de cuarentones. Tres cosas se me vienen a la cabeza de inmediato.
Primera: es toda una experiencia para mi, esta de tomarme un viernes para piantarme a hacer algo así. Siempre laburé y laburé sin parar. Basicamente, por responsabilidad. Por eso, es muy raro que me permita una licencia así. Jamás de este tipo. Jamás. Un cafecito por ahi, alguna vez. Irme a comprar pilcha, puede ser. ¿Pero rajarme cinco horas para irme a comer un asado? Jamás.
Esta bien. Me dirán: te piantas con la venia de tu jefe. Si, si, es cierto. Pero así y todo, siempre fui bastante estricto conmigo mismo, a tal punto que repensé dos o tres veces en confirmar que iba, y hasta reconozco que acepté en un impulso, ya que manejaba una amplia variante de excusas.
Segundo, me voy a recontra cagar de risa. Seguro. Nada mas que eso. Lo se. Tipos así. Grandes. Amigotes. En un asado al mediodía con vino y previa de un match importante. No hay que hacer un esfuerzo muy grande para saber que esto va a estar bueno.
Tercero, tengo la certeza que esto que estoy por hacer, a mi Jefe le llega muchísimo más que cualquier conquista laboral. Me ha felicitado varias veces por algún escrito o alguna carta documento. Pero esto es lo humano. Lo que le importa a él. Tiene códigos, dijo el "Suo" y tiene razón.
Estoy pensando si tengo que llevar algo. Un vinito, un wiskey, habanos, algo. Estoy seguro que tiene todo eso. No se si esta mal que llegue con las manos vacías, pero también hay que entender que vengo de la oficina. Podría parar en algun mercadito y comprar alguna pavada. No se.
El tema es que el chabón es un tipo que tiene un perfil un tanto alto. No puedo caer con cualquier cosa. Si le entregas algo material, tiene que ser de lo mejor. Me parece que no voy a llevar nada.
Solo tratar de entrar bien en el grupo. Eso es fundamental. Un par de chistes bien ubicados. Algunas chanzas me harán por ser el pendejo del grupo y, sobre todo, el empleado del Trompa. Esta bien. También reir ahí. Un comentario inteligente en esa situación serviría muchisimo. Muchisimo. Veremos.
Pero bueno, salgo en un rato. Después tengo que volver. Calculo que antes de que empiece el partido de los Pumas contra Francia por la primera fecha del Mundial de Rugby. Ya si me quedo a ver el partido vuelvo como a las siete de la tarde a Capital, y se me hace muy tarde. Tengo que dar clase en la Uba a la noche.
Esa es otra, no puedo escabiar mucho ya que tengo que dar clases. Un par de copitas de vino, nada mas. Sino a la noche me va a costar un huevo hablar dos horas frente a los alumnos. Por que no creo que me mame como para no estar parado, pero si chupas más o menos y después paras, a eso de las siete me voy a querer ir a dormir una siesta.
¿Y si el culeado este pone Rutini en la mesa? Ahi se me prenden fuego los papeles. Por que uno le puede esquivar el bulto a un Flichmann o a un Terrazas. Hasta un San Felicien. ¿Pero si este mete un Angélica Zapata en la mesa? ¡Ahi se van todos a la concha de su hermana! La Uba, Franja Morada, y todos juntos me pueden venir a buscar con la policía si hay unas botellitas del mejor vino de Argentina, no?
En fin. Esperemos que salga un buen asado y todos la pasemos bien. El Trompa es un grande. Llegó el remise.
Estaba el escocés conmigo. En un principio le pareció medio pancho mi jefe, pero solo fue porque le molesto que mi éste lo haya invitado al asado recién cuando se estaba alejando de nosotros y no de frente. "Veni con tu amigo", dijo el Trompa en aquel momento. Pero después de eso, el scotish reflexionó y hizo el mejor análisis posible: "Es un tipo con códigos. Y no cualquiera. Código del Sur. Casi del Interior. No es como la gente de zona norte. Esa te caga. Esos chetitos te cagan".
Después me fui con el "suooootland" a comer una carne a las Cañitas para dar ocasión involuntariamente (por lo menos para mi, ya que creo que él lo tenía todo planeado) a una de las mejores charlas que he tenido con él. De las mejores creo que le queda chico.
Pero me estoy yendo de tema. Eso no es de lo que estoy hablando. El asunto es que me estoy yendo a TEM - PER - LEY, un viernes al mediodía a comer un asado con una banda de cuarentones. Tres cosas se me vienen a la cabeza de inmediato.
Primera: es toda una experiencia para mi, esta de tomarme un viernes para piantarme a hacer algo así. Siempre laburé y laburé sin parar. Basicamente, por responsabilidad. Por eso, es muy raro que me permita una licencia así. Jamás de este tipo. Jamás. Un cafecito por ahi, alguna vez. Irme a comprar pilcha, puede ser. ¿Pero rajarme cinco horas para irme a comer un asado? Jamás.
Esta bien. Me dirán: te piantas con la venia de tu jefe. Si, si, es cierto. Pero así y todo, siempre fui bastante estricto conmigo mismo, a tal punto que repensé dos o tres veces en confirmar que iba, y hasta reconozco que acepté en un impulso, ya que manejaba una amplia variante de excusas.
Segundo, me voy a recontra cagar de risa. Seguro. Nada mas que eso. Lo se. Tipos así. Grandes. Amigotes. En un asado al mediodía con vino y previa de un match importante. No hay que hacer un esfuerzo muy grande para saber que esto va a estar bueno.
Tercero, tengo la certeza que esto que estoy por hacer, a mi Jefe le llega muchísimo más que cualquier conquista laboral. Me ha felicitado varias veces por algún escrito o alguna carta documento. Pero esto es lo humano. Lo que le importa a él. Tiene códigos, dijo el "Suo" y tiene razón.
Estoy pensando si tengo que llevar algo. Un vinito, un wiskey, habanos, algo. Estoy seguro que tiene todo eso. No se si esta mal que llegue con las manos vacías, pero también hay que entender que vengo de la oficina. Podría parar en algun mercadito y comprar alguna pavada. No se.
El tema es que el chabón es un tipo que tiene un perfil un tanto alto. No puedo caer con cualquier cosa. Si le entregas algo material, tiene que ser de lo mejor. Me parece que no voy a llevar nada.
Solo tratar de entrar bien en el grupo. Eso es fundamental. Un par de chistes bien ubicados. Algunas chanzas me harán por ser el pendejo del grupo y, sobre todo, el empleado del Trompa. Esta bien. También reir ahí. Un comentario inteligente en esa situación serviría muchisimo. Muchisimo. Veremos.
Pero bueno, salgo en un rato. Después tengo que volver. Calculo que antes de que empiece el partido de los Pumas contra Francia por la primera fecha del Mundial de Rugby. Ya si me quedo a ver el partido vuelvo como a las siete de la tarde a Capital, y se me hace muy tarde. Tengo que dar clase en la Uba a la noche.
Esa es otra, no puedo escabiar mucho ya que tengo que dar clases. Un par de copitas de vino, nada mas. Sino a la noche me va a costar un huevo hablar dos horas frente a los alumnos. Por que no creo que me mame como para no estar parado, pero si chupas más o menos y después paras, a eso de las siete me voy a querer ir a dormir una siesta.
¿Y si el culeado este pone Rutini en la mesa? Ahi se me prenden fuego los papeles. Por que uno le puede esquivar el bulto a un Flichmann o a un Terrazas. Hasta un San Felicien. ¿Pero si este mete un Angélica Zapata en la mesa? ¡Ahi se van todos a la concha de su hermana! La Uba, Franja Morada, y todos juntos me pueden venir a buscar con la policía si hay unas botellitas del mejor vino de Argentina, no?
En fin. Esperemos que salga un buen asado y todos la pasemos bien. El Trompa es un grande. Llegó el remise.
jueves, 6 de septiembre de 2007
Me gusta...
Sus manos. Su piel.
El olor que hay en su cuello, su ropas y al despertar.
Sus ojos y la forma de mirar.
Su pelo dorado, con todos sus peinados.
Sus piernas, flacas y firmes.
Sus caderas. Como amo sus caderas.
La panza o pancita, junto con sus lunares.
Sus manos, con sus dedos y sus uñas.
Los pies son dos empanaditas. Hermosas.
Los cachetes. No puedo resistir besarlos.
Y hasta morderlos.
Cuando esta contenta. Y también su cara de culo.
(ahora que me acuerdo como es, no en el momento).
Dormirme con ella y mucho mas despertar.
La cara de dormida y los ruiditos que emite.
Que me cuide tanto y que sea tan hincha pelotas.
(a veces, no siempre).
Odio que viva en la loma del culo. Literalmente.
Cuando sale de la ducha, y cuando esta en ella.
Su fanatismo por el orden, y lo que ello produce.
Que haya trasnformado el Templo en un apartamento de pareja, sin pareja.
(Lo cual me hace parecer bastante gay).
¡Manualidades! amo que haga un pendorcho con algohodon y un corcho.
De sexo no voy a hablar. Sería muy largo el comentario.
Sus ganas de ser mamá, y las ganas de hacerlo conmigo.
Sus valores, fundamentalmente, sus valores.
Lo mal que canta. Lo mas tierno del mundo.
Cuando se rie con la boca bien abierta o hace alguna huevada.
Las veces que esta contenta y da saltitos.
O cuando me habla haciendose la nena.
Cuando me doy vuelta en la cama, e instantaneamente me abraza.
No se...puedo seguir si me dan tiempo. Toda la vida.
El olor que hay en su cuello, su ropas y al despertar.
Sus ojos y la forma de mirar.
Su pelo dorado, con todos sus peinados.
Sus piernas, flacas y firmes.
Sus caderas. Como amo sus caderas.
La panza o pancita, junto con sus lunares.
Sus manos, con sus dedos y sus uñas.
Los pies son dos empanaditas. Hermosas.
Los cachetes. No puedo resistir besarlos.
Y hasta morderlos.
Cuando esta contenta. Y también su cara de culo.
(ahora que me acuerdo como es, no en el momento).
Dormirme con ella y mucho mas despertar.
La cara de dormida y los ruiditos que emite.
Que me cuide tanto y que sea tan hincha pelotas.
(a veces, no siempre).
Odio que viva en la loma del culo. Literalmente.
Cuando sale de la ducha, y cuando esta en ella.
Su fanatismo por el orden, y lo que ello produce.
Que haya trasnformado el Templo en un apartamento de pareja, sin pareja.
(Lo cual me hace parecer bastante gay).
¡Manualidades! amo que haga un pendorcho con algohodon y un corcho.
De sexo no voy a hablar. Sería muy largo el comentario.
Sus ganas de ser mamá, y las ganas de hacerlo conmigo.
Sus valores, fundamentalmente, sus valores.
Lo mal que canta. Lo mas tierno del mundo.
Cuando se rie con la boca bien abierta o hace alguna huevada.
Las veces que esta contenta y da saltitos.
O cuando me habla haciendose la nena.
Cuando me doy vuelta en la cama, e instantaneamente me abraza.
No se...puedo seguir si me dan tiempo. Toda la vida.
lunes, 6 de agosto de 2007
Jorge, tampones y sus motos...
Me llamo Jorge, tengo 32 años. Vivo solo en Balvanera, junto con mis tres plantas y dos televisores. Pero vivo solo. Hace un tiempo ya, desde que se fue el Peluca a vivir a otro barrio, atraído por su nuevo trabajo.
Laburo todo el día en la fábrica de tampones de mi viejo. Si, una fábrica de tampones. Leyeron bien. Es una empresa de barrio. Abastece a varios mercados de la zona, sobre todo coreanos, atraidos por nuestros bajos precios. Por obvias razones, evitare nombrar la marca, pero adelantaré que dentro de nuestros altos costos y bajos precios, nos arreglamos para ofrecer un producto que puede contener el temita lo suficiente como para "galgear" la cosa cuando esta pasando el temblor.
Estoy en inspección de calidad. Es risueño - lo se - imaginarse como una persona del sexo masculino comprueba la calidad de un tampón, salvo introduciendoselo por el fondo. Y tampoco vayan a creer que tenemos un equipo de señoritas predispuestas - e indispuestas - al "testeo tamponiano", por asi decirlo. Pero no. No se debe pensar mal. Existen pruebas. De resistencia, de absorción, calidad del material, etc. Yo me encargo de procurar que esas pruebas se hagan, para luego mandarlas al estudio de análisis que terceriza ese servicio. A veces me doy cuenta yo, por los resultados, si falta mas algodón o se va a deshilachar al primer síntoma femenino. Pero en general, los mandos al laboratorio ya que les pagamos un abono mensual, y no me quiero andar haciendo responsable si algo sale mal. Tampoco es cuestión de cargar sobre las espaldas las infecciones de unas cuantas vecinas - nuestro "sector" son las señoras grandes, de esas con ruleros y vestiditos de flores - que usaron una partida sin inspeccionar.
En realidad me recibí de Diseñador Gráfico hace cuatro años. Pero nunca tuve la oportunidad de trabajar en lo que me gusta. El viejo hace cinco años estaba hasta las pelotas con el tema de la crisis y necesitaba gente que le de una mano. Siempre fui bastante pelotudo para el trabajo. Nunca me gustó demasiado el esfuerzo de la constancia. Pero bueno, el viejo me pidió que lo ayudara, y ya no daba pedirle guita para ponerle nafta a la moto e invitarla a la negrita del momento a comer en el diente libre de Belgrano y Jujuy. Asi fue que entré.
La cosa es que el tiempo fue pasando, la empresa mejorando levemente - después de todo, a "Andrés" no lo perturba la economía - y llegó un momento en el que ya estaba con un sueldo lindo y aprendiendo el negocio familiar. Que iba a hacer? ponerme a buscar trabajo para diseñar significaba empezar de cero, y la verdad es que tampoco mi curricula podía impresionar demasiado: pasando los 30, sin experiencia en ese mercado, calificaciones muy por debajo de lo aceptable, y por que no decirlo, una presencia que hace recordar a Silvio Soldan constreñido.
En fin, el tema es que, como decía en el comienzo, vivo solo hace un tiempo ya. Algo así como cuatro años. Un día vino el impresentable del Peluca y me dijo que se iba, que esto y que lo otro. La verdad es que no me importo demasiado, ya que a veces me hinchaba un poco las pelotas, asì que tome su ida como una buena chance para probar la vivienda solitaria. Andar en sogan por la casa, llegar y poner el programa de tele que uno quiera, que no te despierten de la siesta porque se fueron a bañar, etc.
Pero lo extraño al guacho. ¿La verdad? no ando nunca en pelotas porque me da frío, en la tele nunca hay nada y termino haciendo zapping como un pelotudo buscando algo que se que no voy a encontrar, y jamás duermo la siesta. Gran tipo. Un amigo el Pelu.
Pero bue, todo esto no es acerca del Peluca y esta declaración cuasi maricona acerca del compañero de depto. Mucho menos una disertación de la calidad tamponiana. Se trata, en realidad, de la soledad. De llegar a tu casa y que este fría. Que estes hecho poronga de andar testeando tampones y te tengas que poner a hervir unos fideos. Llegar en invierno y que la casa este fría. Mucho mas la cama. Todo eso.
En momentos de tristeza como este, siento que la vida se escurre entre los dedos, sin saber hacia donde vamos. Creo que un poco de eso habló el indio solari al decir que "hay caballos que/ se vuelven potros/ sin galopar". Llegas a tu casa y no sabes muy bien para que llegas, solo pensando que tenes que comer, dormir, bañarte y volver a trabajar. En ese orden. Todos los días...
No se, todo esto me pone algo mal. Algo triste. Me gustaría ser un poco mas religioso, ya que hay gente que pone a Dios como respuesta a esa suerte de pregunta del "para que carajo es todo esto?". Pero, por mas que entienda que pueden tener razón, no consigo mover las ganas para aquel lado. Todo bien con eso, pero la vida tiene que estar buena aca también me parece.
Por otro lado, quizás - pienso -, la vida se trata de buscar y perseguir aquellas cosas que a uno le gustan. No solo cosas, eh? expectativas, proyectos...sueños. Encontrár esa motivación en ir alcanzando metas y viviendo la vida en esa búsqueda. Pero los sueños se acaban o se cumplen. Se forman otros.
Lo mismo con las cosas. Me acuerdo que estaba recontra caliente con la moto que tengo. Pero mal, eh. Llego un punto en que era mi obseción. Compraba revistas de motos y no me alcanzaba ni para comprar una bicicleta. Ahi esta ahora...un poco mas la dejo en la calle sin candado, esperando comprar un autito chico, y así dejar de mojarme como un reverendo pelotudo cuando llueve. Eso de que las minas se suben solas a las motos es mentira. No se quien lo inventó. Jose Yamaha seguro. "Las motos cogen solas" me dijeron. Que se vayan a cagar. La moto garchara todo lo que quiera, pero yo, lo que es yo, veo lo mismo que veia cuando no tenía moto. En fin. No es de motos que hablo...
Hablo de que las cosas se alcanzan y se van las ganas y uno quiero algo mas....y siempre mas. Es una "zanangoria", como decía Minguito, que te ponen adelante y uno no alcanza nunca. Y así se puede ir la vida.
No se. Quizás se trate de formar una familia. Conseguir alguien decente y meterle para adelante. Buscar la parejita y verlos irse de a uno, de a poco, para al fin morir pensando que se deja algo de vida en este mundo. Quizás sea eso. No se. Por el momento, no tengo expectativas de conseguirlo. A la negrita del diente libre no la veo hace rato. Me parece que se calentó en la última gripe que se agarro. Moto de mierda.
En fin. Son las doce de la noche y me tengo que ir a dormir. Mañana tengo que ir a buscar los resultados de una nueva linea de tampones extra absorventes. Voy temprano porque se que el viejo va a querer los índices para primera hora de la mañana, y sino los tengo me va a romper las pelotas todo el día.
No dije que ester era un cuento feliz, tampoco que era para reirse. En definitiva, te dije que estaba triste...Nos vemos. Espero que la cama no este tan fria.
Laburo todo el día en la fábrica de tampones de mi viejo. Si, una fábrica de tampones. Leyeron bien. Es una empresa de barrio. Abastece a varios mercados de la zona, sobre todo coreanos, atraidos por nuestros bajos precios. Por obvias razones, evitare nombrar la marca, pero adelantaré que dentro de nuestros altos costos y bajos precios, nos arreglamos para ofrecer un producto que puede contener el temita lo suficiente como para "galgear" la cosa cuando esta pasando el temblor.
Estoy en inspección de calidad. Es risueño - lo se - imaginarse como una persona del sexo masculino comprueba la calidad de un tampón, salvo introduciendoselo por el fondo. Y tampoco vayan a creer que tenemos un equipo de señoritas predispuestas - e indispuestas - al "testeo tamponiano", por asi decirlo. Pero no. No se debe pensar mal. Existen pruebas. De resistencia, de absorción, calidad del material, etc. Yo me encargo de procurar que esas pruebas se hagan, para luego mandarlas al estudio de análisis que terceriza ese servicio. A veces me doy cuenta yo, por los resultados, si falta mas algodón o se va a deshilachar al primer síntoma femenino. Pero en general, los mandos al laboratorio ya que les pagamos un abono mensual, y no me quiero andar haciendo responsable si algo sale mal. Tampoco es cuestión de cargar sobre las espaldas las infecciones de unas cuantas vecinas - nuestro "sector" son las señoras grandes, de esas con ruleros y vestiditos de flores - que usaron una partida sin inspeccionar.
En realidad me recibí de Diseñador Gráfico hace cuatro años. Pero nunca tuve la oportunidad de trabajar en lo que me gusta. El viejo hace cinco años estaba hasta las pelotas con el tema de la crisis y necesitaba gente que le de una mano. Siempre fui bastante pelotudo para el trabajo. Nunca me gustó demasiado el esfuerzo de la constancia. Pero bueno, el viejo me pidió que lo ayudara, y ya no daba pedirle guita para ponerle nafta a la moto e invitarla a la negrita del momento a comer en el diente libre de Belgrano y Jujuy. Asi fue que entré.
La cosa es que el tiempo fue pasando, la empresa mejorando levemente - después de todo, a "Andrés" no lo perturba la economía - y llegó un momento en el que ya estaba con un sueldo lindo y aprendiendo el negocio familiar. Que iba a hacer? ponerme a buscar trabajo para diseñar significaba empezar de cero, y la verdad es que tampoco mi curricula podía impresionar demasiado: pasando los 30, sin experiencia en ese mercado, calificaciones muy por debajo de lo aceptable, y por que no decirlo, una presencia que hace recordar a Silvio Soldan constreñido.
En fin, el tema es que, como decía en el comienzo, vivo solo hace un tiempo ya. Algo así como cuatro años. Un día vino el impresentable del Peluca y me dijo que se iba, que esto y que lo otro. La verdad es que no me importo demasiado, ya que a veces me hinchaba un poco las pelotas, asì que tome su ida como una buena chance para probar la vivienda solitaria. Andar en sogan por la casa, llegar y poner el programa de tele que uno quiera, que no te despierten de la siesta porque se fueron a bañar, etc.
Pero lo extraño al guacho. ¿La verdad? no ando nunca en pelotas porque me da frío, en la tele nunca hay nada y termino haciendo zapping como un pelotudo buscando algo que se que no voy a encontrar, y jamás duermo la siesta. Gran tipo. Un amigo el Pelu.
Pero bue, todo esto no es acerca del Peluca y esta declaración cuasi maricona acerca del compañero de depto. Mucho menos una disertación de la calidad tamponiana. Se trata, en realidad, de la soledad. De llegar a tu casa y que este fría. Que estes hecho poronga de andar testeando tampones y te tengas que poner a hervir unos fideos. Llegar en invierno y que la casa este fría. Mucho mas la cama. Todo eso.
En momentos de tristeza como este, siento que la vida se escurre entre los dedos, sin saber hacia donde vamos. Creo que un poco de eso habló el indio solari al decir que "hay caballos que/ se vuelven potros/ sin galopar". Llegas a tu casa y no sabes muy bien para que llegas, solo pensando que tenes que comer, dormir, bañarte y volver a trabajar. En ese orden. Todos los días...
No se, todo esto me pone algo mal. Algo triste. Me gustaría ser un poco mas religioso, ya que hay gente que pone a Dios como respuesta a esa suerte de pregunta del "para que carajo es todo esto?". Pero, por mas que entienda que pueden tener razón, no consigo mover las ganas para aquel lado. Todo bien con eso, pero la vida tiene que estar buena aca también me parece.
Por otro lado, quizás - pienso -, la vida se trata de buscar y perseguir aquellas cosas que a uno le gustan. No solo cosas, eh? expectativas, proyectos...sueños. Encontrár esa motivación en ir alcanzando metas y viviendo la vida en esa búsqueda. Pero los sueños se acaban o se cumplen. Se forman otros.
Lo mismo con las cosas. Me acuerdo que estaba recontra caliente con la moto que tengo. Pero mal, eh. Llego un punto en que era mi obseción. Compraba revistas de motos y no me alcanzaba ni para comprar una bicicleta. Ahi esta ahora...un poco mas la dejo en la calle sin candado, esperando comprar un autito chico, y así dejar de mojarme como un reverendo pelotudo cuando llueve. Eso de que las minas se suben solas a las motos es mentira. No se quien lo inventó. Jose Yamaha seguro. "Las motos cogen solas" me dijeron. Que se vayan a cagar. La moto garchara todo lo que quiera, pero yo, lo que es yo, veo lo mismo que veia cuando no tenía moto. En fin. No es de motos que hablo...
Hablo de que las cosas se alcanzan y se van las ganas y uno quiero algo mas....y siempre mas. Es una "zanangoria", como decía Minguito, que te ponen adelante y uno no alcanza nunca. Y así se puede ir la vida.
No se. Quizás se trate de formar una familia. Conseguir alguien decente y meterle para adelante. Buscar la parejita y verlos irse de a uno, de a poco, para al fin morir pensando que se deja algo de vida en este mundo. Quizás sea eso. No se. Por el momento, no tengo expectativas de conseguirlo. A la negrita del diente libre no la veo hace rato. Me parece que se calentó en la última gripe que se agarro. Moto de mierda.
En fin. Son las doce de la noche y me tengo que ir a dormir. Mañana tengo que ir a buscar los resultados de una nueva linea de tampones extra absorventes. Voy temprano porque se que el viejo va a querer los índices para primera hora de la mañana, y sino los tengo me va a romper las pelotas todo el día.
No dije que ester era un cuento feliz, tampoco que era para reirse. En definitiva, te dije que estaba triste...Nos vemos. Espero que la cama no este tan fria.
viernes, 3 de agosto de 2007
Gracias Negro...
La pena del valor ajeno, a veces, se mide con su ausencia.
Recién ahora me puse seriamente a completar tus obras. "Tengo que empezar a leer Fontanarrosa", me decía siempre. Tuve que esperar que Mendieta se ponga a llorar en la última página de la Viva, para ir hasta el kiosco y adquirir "La Mesa de los Galanes".
No solo ahora tengo el remordimiento por haber empezado cuando te fuiste, sino también el reproche de haber tardado tanto en hacerlo. Juro que nunca me recontra cague tanto de la risa leyendo algo. Excelente.
Ahora bien, quiero dejar un último pensamiento, antes de pasar, como homenaje, a la transcripción de un cuento del maestro rosarino: ¿Pueden leer las mujeres a Fontanarrosa? No pretendo ser machista con esto. Simplemente, ¿lograran comprender cabalmente al Canalla humorista de la misma forma en que lo hace un tipo bastante simplón como yo? Al perderme en los párrafos que transitan en relatos y cuentos acerca del placer de levantarse a una mina, o la pasión que se vive en un partido de fútbol, me hace sentir privilegiado por pertenecer a esa mitad del mundo que puede comprender lo que nos recuerda el autor.
Se me hace la misma imagen cuando pienso, a la inversa, el placer para las minas de ver "Sex and the City" o leer la Cosmopolitan, cuando en una nota dice "Como entender el estado de animo de tu novio, a través de sus cejas" o "Si me como un guiso, ¿soy mala persona?" y cosas por el estilo, incluyendo disertaciones filosoficas acerca de los hombres y las tetas, o la mucosa vaginal y la guerra del Golfo.
Es así que puedo, y cada vez mas convencido, decir que Fontanarrosa escribió para nosotros. El relato del día perfecto, incluyendo el levante a una diosa sueca en una playa brasilera, o lo que siente un tipo que decide no ver el partido del club de sus amores contra el clásico rival, etc.
Para hacer Justicia con el finado amigo, debo decir que hay ciertos relatos que son unisex. El Negro escribió sobre otras cuestiones además de minas y de fútbol. Pero ello no me hace perder el nucleo de mi reflexión: El Negro supo poner en palabras ajustadas ciertos estados masculinos. Aún en aquellos relatos, su mirada era afín a nosotros y a nuestros pareceres.
Gracias por ello. Un abrazo, te voy a extrañar, sobre todo cuando por mi tardía iniciativa, haya terminado de leer tu colección.
VIEJO CON ARBOL.
A un costado de la cancha había yuyales y, más allá, el terraplen del ferrocarril. Al otro costado, descampado y un Árbol bastante miserable. Después las otras dos canchas, la chica y la principal. Y ahí, debajo de ese Árbol, solía ubicarse el viejo.
Había aparecido unos cuantos partidos atrás, casi al comienzo del campeonato, con su gorra, la campera gris algo raída, la camisa blanca cerrada hasta el cuello y la radio portátil en la mano. Jubilado seguramente, no tendría nada que hacer los sábados por la tarde y se acercaba al complejo para ver los partidos de la Liga. Los muchachos primero pensaron que sería casualidad, pero al tercer sábado en que lo vieron junto al lateral ya pasaron a considerarlo hinchada propia. Porque el viejo bien podía ir a ver los otros dos partidos que se jugaban a la misma hora en las canchas de al lado, pero se quedaba ahí, debajo del árbol, siguiéndolos a ellos.
Era el único hincha legítimo que tenían, al margen de algunos pibes chiquitos; el hijo de Norberto, los dos de Gaona, el sobrino del Mosca, que desembarcaban en el predio con las mayores y corrían a meterse entre los cañaverales apenas bajaban de los autos.
Ojo con la vía alertaba siempre Jorge mientras se cambiaban.
”No pasan trenes, casi” tranquilizaba Norberto. Y era verdad, o pasaba uno cada muerte de obispo, lentamente y metiendo ruido.
¿No vino la hinchada? ya preguntaban todos al llegar nomás, buscando al viejo. ¿No vino la barra brava?
Y se reían. Pero el viejo no faltaba desde hacía varios sábados, firme debajo del árbol, casi elegante, con un cierto refinamiento en su postura erguida, la mano derecha en alto sosteniendo la radio minúscula, como quien sostiene un ramo de flores. Nadie lo conocía, no era amigo de ninguno de los muchachos.
”La vieja no lo debe soportar en la casa y lo manda para acá” bromeaba alguno.
”Por ahí es amigo del referí”dijo otro. Pero sabían que el viejo hinchaba para ellos de alguna manera, moderadamente, porque lo habían visto aplaudir un par de partidos atrás, cuando le ganaron a Olimpia Seniors.
Y ahí, debajo del árbol, fue a tirarse el Soda cuando decidió dejarle su lugar a Eduardo, que estaba de suplente, al sentir que no daba más por el calor. Era verano y ese horario para jugar era una locura. Casi las tres de la tarde y el viejo ahí, fiel, a unos metros, mirando el partido. Cuando Eduardo entró a la cancha casi a desgano, aprovechando para desperezarse cuando levantó el brazo pidiéndole permiso al referí, el Soda se derrumbó a la sombra del arbolito y quedó bastante cerca, como nunca lo había estado: el viejo no había cruzado jamás una palabra con nadie del equipo.
El Soda pudo apreciar entonces que tendría unos setenta años, era flaquito, bastante alto, pulcro y con sombra de barba. Escuchaba la radio con un auricular y en la otra mano sostenía un cigarrillo con plácida distinción.
“¿Está¡ escuchando a Central Córdoba, maestro?”medio le gritó el Soda cuando recuperó el aliento, pero siempre recostado en el piso. El viejo giró para mirarlo. Negó con la cabeza y se quitó el auricular de la oreja.
”No” sonrió. Y pareció que la cosa quedaba ahí. El viejo volvió a mirar el partido, que estaba áspero y empatado. “Música” dijo después, mirándolo de nuevo.
“Algún tanguito?”probó el Soda.
”Un concierto. Hay un buen programa de música clásica a esta hora.
El Soda frunció el entrecejo. Ya tenía una buena anécdota para contarles a los muchachos y la cosa venía lo suficientemente interesante como para continuarla. Se levantó resoplando, se bajó las medias y caminó despacio hasta pararse al lado del viejo.
”Pero le gusta el fútbol” le dijo”. Por lo que veo.
El viejo aprobó enérgicamente con la cabeza, sin dejar de mirar el curso de la pelota, que iba y venía por el aire, rabiosa.
”Lo he jugado. Y, además, está muy emparentado con el arte” dictaminó después. “Muy emparentado”.
El Soda lo miró, curioso. Sabía que seguiría hablando, y esperó.
”Mire usted nuestro arquero”efectivamente el viejo señal a De León, que estudiaba el partido desde su arco, las manos en la cintura, todo un costado de la camiseta cubierto de tierra”. La continuidad de la nariz con la frente. La expansión pectoral. La curvatura de los muslos. La tensión en los dorsales” se quedó un momento en silencio, como para que el Soda apreciara aquello que él le mostraba. “Bueno... Eso, eso es la escultura...”
El Soda adelantó la mandíbula y osciló levemente la cabeza, aprobando dubitativo.
“Vea usted”el viejo señaló ahora hacia el arco contrario, al que estaba por llegar un corner. “el relumbrón intenso de las camisetas nuestras, amarillo cadmio y una veladura naranja por el sudor. El contraste con el azul de Prusia de las camisetas rivales, el casi violeta cardenalicio que asume también ese azul por la transpiración, los vivos blancos como trazos alocados. Las manchas ágiles ocres, pardas y sepias y Siena de los mulos, vivaces, dignas de un Bacon. Entrecierre los ojos y aprécielo así... Bueno... Eso, eso es la pintura.
Y estaba el Soda con los ojos entrecerrados cuando al viejo arreció.
“Observe, observe usted esa carrera intensa entre el delantero de ellos y el cuatro nuestro. El salto al unísono, el giro en el aire, la voltereta elástica, el braceo amplio en busca del equilibrio... Bueno... Eso, eso es la danza...
El Soda procuraba estimular sus sentidos, pero solo veía que los rivales se venían con todo, porfiados, y que la pelota no se alejaba del área defendida por De León.
“Y escuche usted, escuche usted...” lo acicateó el viejo, curvando con una mano el pabellón de la misma oreja donde había tenido el auricular de la radio y entusiasmado tal vez al encontrar, por fin, un interlocutor válidoâ”... la percusión grave de la pelota cuando bota contra el piso, el chasquido de la suela de los botines sobre el césped, el fuelle quedo de la respiración agitada, el coro desparejo de los gritos, las órdenes, los alertas, los insultos de los muchachos y el pitazo agudo del referí... Bueno... Eso, eso es la música...
El Soda aprobó con la cabeza. Los muchachos no iban a creerle cuando él les contara aquella charla insólita con el viejo, luego del partido, si es que les quedaba algo de ánimo, porque la derrota se cernía sobre ellos como un ave oscura e implacable.
“Y vea usted a ese delantero... ” señaló ahora el viejo, casi metiéndose en la cancha, algo más alterado”... ese delantero de ellos que se revuelca por el suelo como si lo hubiese picado una tarántula, mesándose exageradamente los cabellos, distorsionando el rostro, bramando falsamente de dolor, reclamando histriónicamente justicia... Bueno... Eso, eso es el teatro.
El Soda se tomó la cabeza.
“¿Qué cobrás?” balbuceó indignado.
“¿Cobró penal?” abrió los ojos el viejo, incrédulo. Dio un paso al frente, metiéndose apenas en la cancha. “¿Qué cobrás?” gritó después, desaforado”. “Qué cobrás, referí y la reputísima madre que te parió?
El Soda lo miró atónito. Ante el grito del viejo parecía haberse olvidado repentinamente del penal injusto, de la derrota inminente y del mismo calor. El viejo estaba lívido mirando al área, pero enseguida se volvió hacia el Soda tratando de recomponerse, algo confuso, incómodo.
“...¿Y eso?” se atrevió a preguntarle el Soda, señalándolo.
“Y eso...” vaciló el viejo, tocándose levemente la gorra”...Eso es el fútbol.
Recién ahora me puse seriamente a completar tus obras. "Tengo que empezar a leer Fontanarrosa", me decía siempre. Tuve que esperar que Mendieta se ponga a llorar en la última página de la Viva, para ir hasta el kiosco y adquirir "La Mesa de los Galanes".
No solo ahora tengo el remordimiento por haber empezado cuando te fuiste, sino también el reproche de haber tardado tanto en hacerlo. Juro que nunca me recontra cague tanto de la risa leyendo algo. Excelente.
Ahora bien, quiero dejar un último pensamiento, antes de pasar, como homenaje, a la transcripción de un cuento del maestro rosarino: ¿Pueden leer las mujeres a Fontanarrosa? No pretendo ser machista con esto. Simplemente, ¿lograran comprender cabalmente al Canalla humorista de la misma forma en que lo hace un tipo bastante simplón como yo? Al perderme en los párrafos que transitan en relatos y cuentos acerca del placer de levantarse a una mina, o la pasión que se vive en un partido de fútbol, me hace sentir privilegiado por pertenecer a esa mitad del mundo que puede comprender lo que nos recuerda el autor.
Se me hace la misma imagen cuando pienso, a la inversa, el placer para las minas de ver "Sex and the City" o leer la Cosmopolitan, cuando en una nota dice "Como entender el estado de animo de tu novio, a través de sus cejas" o "Si me como un guiso, ¿soy mala persona?" y cosas por el estilo, incluyendo disertaciones filosoficas acerca de los hombres y las tetas, o la mucosa vaginal y la guerra del Golfo.
Es así que puedo, y cada vez mas convencido, decir que Fontanarrosa escribió para nosotros. El relato del día perfecto, incluyendo el levante a una diosa sueca en una playa brasilera, o lo que siente un tipo que decide no ver el partido del club de sus amores contra el clásico rival, etc.
Para hacer Justicia con el finado amigo, debo decir que hay ciertos relatos que son unisex. El Negro escribió sobre otras cuestiones además de minas y de fútbol. Pero ello no me hace perder el nucleo de mi reflexión: El Negro supo poner en palabras ajustadas ciertos estados masculinos. Aún en aquellos relatos, su mirada era afín a nosotros y a nuestros pareceres.
Gracias por ello. Un abrazo, te voy a extrañar, sobre todo cuando por mi tardía iniciativa, haya terminado de leer tu colección.
VIEJO CON ARBOL.
A un costado de la cancha había yuyales y, más allá, el terraplen del ferrocarril. Al otro costado, descampado y un Árbol bastante miserable. Después las otras dos canchas, la chica y la principal. Y ahí, debajo de ese Árbol, solía ubicarse el viejo.
Había aparecido unos cuantos partidos atrás, casi al comienzo del campeonato, con su gorra, la campera gris algo raída, la camisa blanca cerrada hasta el cuello y la radio portátil en la mano. Jubilado seguramente, no tendría nada que hacer los sábados por la tarde y se acercaba al complejo para ver los partidos de la Liga. Los muchachos primero pensaron que sería casualidad, pero al tercer sábado en que lo vieron junto al lateral ya pasaron a considerarlo hinchada propia. Porque el viejo bien podía ir a ver los otros dos partidos que se jugaban a la misma hora en las canchas de al lado, pero se quedaba ahí, debajo del árbol, siguiéndolos a ellos.
Era el único hincha legítimo que tenían, al margen de algunos pibes chiquitos; el hijo de Norberto, los dos de Gaona, el sobrino del Mosca, que desembarcaban en el predio con las mayores y corrían a meterse entre los cañaverales apenas bajaban de los autos.
Ojo con la vía alertaba siempre Jorge mientras se cambiaban.
”No pasan trenes, casi” tranquilizaba Norberto. Y era verdad, o pasaba uno cada muerte de obispo, lentamente y metiendo ruido.
¿No vino la hinchada? ya preguntaban todos al llegar nomás, buscando al viejo. ¿No vino la barra brava?
Y se reían. Pero el viejo no faltaba desde hacía varios sábados, firme debajo del árbol, casi elegante, con un cierto refinamiento en su postura erguida, la mano derecha en alto sosteniendo la radio minúscula, como quien sostiene un ramo de flores. Nadie lo conocía, no era amigo de ninguno de los muchachos.
”La vieja no lo debe soportar en la casa y lo manda para acá” bromeaba alguno.
”Por ahí es amigo del referí”dijo otro. Pero sabían que el viejo hinchaba para ellos de alguna manera, moderadamente, porque lo habían visto aplaudir un par de partidos atrás, cuando le ganaron a Olimpia Seniors.
Y ahí, debajo del árbol, fue a tirarse el Soda cuando decidió dejarle su lugar a Eduardo, que estaba de suplente, al sentir que no daba más por el calor. Era verano y ese horario para jugar era una locura. Casi las tres de la tarde y el viejo ahí, fiel, a unos metros, mirando el partido. Cuando Eduardo entró a la cancha casi a desgano, aprovechando para desperezarse cuando levantó el brazo pidiéndole permiso al referí, el Soda se derrumbó a la sombra del arbolito y quedó bastante cerca, como nunca lo había estado: el viejo no había cruzado jamás una palabra con nadie del equipo.
El Soda pudo apreciar entonces que tendría unos setenta años, era flaquito, bastante alto, pulcro y con sombra de barba. Escuchaba la radio con un auricular y en la otra mano sostenía un cigarrillo con plácida distinción.
“¿Está¡ escuchando a Central Córdoba, maestro?”medio le gritó el Soda cuando recuperó el aliento, pero siempre recostado en el piso. El viejo giró para mirarlo. Negó con la cabeza y se quitó el auricular de la oreja.
”No” sonrió. Y pareció que la cosa quedaba ahí. El viejo volvió a mirar el partido, que estaba áspero y empatado. “Música” dijo después, mirándolo de nuevo.
“Algún tanguito?”probó el Soda.
”Un concierto. Hay un buen programa de música clásica a esta hora.
El Soda frunció el entrecejo. Ya tenía una buena anécdota para contarles a los muchachos y la cosa venía lo suficientemente interesante como para continuarla. Se levantó resoplando, se bajó las medias y caminó despacio hasta pararse al lado del viejo.
”Pero le gusta el fútbol” le dijo”. Por lo que veo.
El viejo aprobó enérgicamente con la cabeza, sin dejar de mirar el curso de la pelota, que iba y venía por el aire, rabiosa.
”Lo he jugado. Y, además, está muy emparentado con el arte” dictaminó después. “Muy emparentado”.
El Soda lo miró, curioso. Sabía que seguiría hablando, y esperó.
”Mire usted nuestro arquero”efectivamente el viejo señal a De León, que estudiaba el partido desde su arco, las manos en la cintura, todo un costado de la camiseta cubierto de tierra”. La continuidad de la nariz con la frente. La expansión pectoral. La curvatura de los muslos. La tensión en los dorsales” se quedó un momento en silencio, como para que el Soda apreciara aquello que él le mostraba. “Bueno... Eso, eso es la escultura...”
El Soda adelantó la mandíbula y osciló levemente la cabeza, aprobando dubitativo.
“Vea usted”el viejo señaló ahora hacia el arco contrario, al que estaba por llegar un corner. “el relumbrón intenso de las camisetas nuestras, amarillo cadmio y una veladura naranja por el sudor. El contraste con el azul de Prusia de las camisetas rivales, el casi violeta cardenalicio que asume también ese azul por la transpiración, los vivos blancos como trazos alocados. Las manchas ágiles ocres, pardas y sepias y Siena de los mulos, vivaces, dignas de un Bacon. Entrecierre los ojos y aprécielo así... Bueno... Eso, eso es la pintura.
Y estaba el Soda con los ojos entrecerrados cuando al viejo arreció.
“Observe, observe usted esa carrera intensa entre el delantero de ellos y el cuatro nuestro. El salto al unísono, el giro en el aire, la voltereta elástica, el braceo amplio en busca del equilibrio... Bueno... Eso, eso es la danza...
El Soda procuraba estimular sus sentidos, pero solo veía que los rivales se venían con todo, porfiados, y que la pelota no se alejaba del área defendida por De León.
“Y escuche usted, escuche usted...” lo acicateó el viejo, curvando con una mano el pabellón de la misma oreja donde había tenido el auricular de la radio y entusiasmado tal vez al encontrar, por fin, un interlocutor válidoâ”... la percusión grave de la pelota cuando bota contra el piso, el chasquido de la suela de los botines sobre el césped, el fuelle quedo de la respiración agitada, el coro desparejo de los gritos, las órdenes, los alertas, los insultos de los muchachos y el pitazo agudo del referí... Bueno... Eso, eso es la música...
El Soda aprobó con la cabeza. Los muchachos no iban a creerle cuando él les contara aquella charla insólita con el viejo, luego del partido, si es que les quedaba algo de ánimo, porque la derrota se cernía sobre ellos como un ave oscura e implacable.
“Y vea usted a ese delantero... ” señaló ahora el viejo, casi metiéndose en la cancha, algo más alterado”... ese delantero de ellos que se revuelca por el suelo como si lo hubiese picado una tarántula, mesándose exageradamente los cabellos, distorsionando el rostro, bramando falsamente de dolor, reclamando histriónicamente justicia... Bueno... Eso, eso es el teatro.
El Soda se tomó la cabeza.
“¿Qué cobrás?” balbuceó indignado.
“¿Cobró penal?” abrió los ojos el viejo, incrédulo. Dio un paso al frente, metiéndose apenas en la cancha. “¿Qué cobrás?” gritó después, desaforado”. “Qué cobrás, referí y la reputísima madre que te parió?
El Soda lo miró atónito. Ante el grito del viejo parecía haberse olvidado repentinamente del penal injusto, de la derrota inminente y del mismo calor. El viejo estaba lívido mirando al área, pero enseguida se volvió hacia el Soda tratando de recomponerse, algo confuso, incómodo.
“...¿Y eso?” se atrevió a preguntarle el Soda, señalándolo.
“Y eso...” vaciló el viejo, tocándose levemente la gorra”...Eso es el fútbol.
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Pensamientos y misceláneas
jueves, 12 de julio de 2007
Los hombres no lloran.
Hubiese dicho lo siento, si hubiese sabido que eso te iba a cambiar tu opinión.
Pero se que a esta altura, he dicho demasiado y he sido antipatico.
Traté de reirme, cubrirlo todo con metiras. Traté y me reí de ello, ocultando las lagrimas de mis ojos, porque los hombres no lloran.
Me tirado a tus pies y rogado tu perdón, suplicado. Pero se que ahora es muy tarde, y no hay nada que pueda hacer.
Así que trato de reirme de ello, y cubrir todo con mentiras.
Trato de reirme de ello, ocultando las lagrimas de mis ojos, porque los hombres no lloran.
Te diría que te amaba, si supiese que te quedarías, pero se que no tiene sentido. Tu ya te has ido.
Menosprecié tus limites. Te presione demasiado. Te tome a la ligera. Pensé que me ibas a necesitar mas.
Ahora haría casi cualquier cosa para traerte a mi lado. Pero solo seguiré riendo, ocultando las lagrimas de mis ojos, porque los hombres no lloran. Los hombres no lloran.
Algún día contaré la historia detrás de esta canción.
Por ahora, gracias R. Smith.
Pero se que a esta altura, he dicho demasiado y he sido antipatico.
Traté de reirme, cubrirlo todo con metiras. Traté y me reí de ello, ocultando las lagrimas de mis ojos, porque los hombres no lloran.
Me tirado a tus pies y rogado tu perdón, suplicado. Pero se que ahora es muy tarde, y no hay nada que pueda hacer.
Así que trato de reirme de ello, y cubrir todo con mentiras.
Trato de reirme de ello, ocultando las lagrimas de mis ojos, porque los hombres no lloran.
Te diría que te amaba, si supiese que te quedarías, pero se que no tiene sentido. Tu ya te has ido.
Menosprecié tus limites. Te presione demasiado. Te tome a la ligera. Pensé que me ibas a necesitar mas.
Ahora haría casi cualquier cosa para traerte a mi lado. Pero solo seguiré riendo, ocultando las lagrimas de mis ojos, porque los hombres no lloran. Los hombres no lloran.
Algún día contaré la historia detrás de esta canción.
Por ahora, gracias R. Smith.
martes, 10 de julio de 2007
El pendular sentido de mis pensamientos...
Suelo hacerme esta pregunta cada vez que estoy a punto de entrar en crisis marital. No estoy casado, aunque mi novia pasa largas temporadas en casa. Me gusta. De hecho, yo se lo pido y se lo recrimino sino lo hace. Pero continuamente estoy viajando entre la ambivalencia de sentir la madurez del compromiso y sus ganas de iniciar un proyecto conjunto, y el “urañismo” del neandertal que solo quiere que, básicamente, "no le hinchen las bolas" y poder desligarse en un santiamén de, por ejemplo, esa carga psicológica que supone tener a la patrona con cara de orto al lado nuestro, sin saber por que. Ocurre todo el tiempo. No me digan que no.
"Suelo hacerme esta pregunta” iniciaste, dirá algún detallista. En realidad no es ninguna en particular. Es una incertidumbre que me acompaña por estos días. Como dije, voy y vengo en ese péndulo craneal que me arranca estados de ánimos encontrados. Existen ataques de amor y de impotencia - ira, que llevan las cosas a sus extremos, ida y vuelta.
Tengo muchos amigos, por suerte. Bah, mas que amigos, amigotes. Amigos, amigos, no tengo más de diez. Tres o cuatro que son como hermanos del alma. De los primeros que mencione, tengo arriba de cincuenta. El caso es que encuentro mas de ese número de opiniones respecto de esta duda que me golpea hace un tiempito. Básicamente es que las minas han sido creadas para hincharnos las pelotas a los hombres, y que te tenes que acostumbrar. Eso. Te tenes que acostumbra, y hay alguno que hasta dice que eso es bueno, porque sino te están rompiendo las pelotas, es porque algo malo te pasó o te esta por pasar.
Cosa rara esta de la monogamia, el amor y las parejas. Me parece ver todavía a mis viejos en la cocina de casa discutiendo folclóricamente por cualquier cosa. Al principio me ponía del lado de la vieja, por ciertas cuestiones del viejo que hacían mas a su masculinidad y forma de ser, que a otra cosa. Pero con los años me empecé a poner más del lado del viejo, sobre todo al simpatizar con él en ciertas discusiones. Verme reflejado en ciertos nudos dialécticos con mi novia, me hace acordar a muchas de aquellas discusiones de mis viejos. Más de una vez me encontré a mi mismo utilizando los argumentos del viejo, ante un estiletazo de la “femineidad”. "¡¡¡¡La diferencia es que yo pido disculpas y vos nunca te equivocas!!!!". Sabiduría paternal pura.
Lejos de mí en este espacio dar una sentencia definitiva ni declarar un ganador en esa lucha paternal de poder. Nada más lejos. Ambas partes tenían razón en diversas oportunidades. Simplemente, advierto que el tiempo ha pasado y me he visto comprendido en este tipo de discusión que, advierto, tiene tantos años como el jardín del Edén.
Lo cierto es que las mujeres nos rompen las pelotas con su carácter, con su forma de ser, con lo que pretenden de nosotros, y lo que no quieren también. Eso es, nos rompen las pelotas. Soberanamente, me gusta decir. Algún colega me ha hablado de la teoría "no-se-cuanto centrista" que habla de que a las minas las entiendes una vez que comprendes que todos sus problemas parten de la óptica que el mundo gira en torno a ellas. Y ahí vamos nosotros, cual si burbujas en un remolino de “bacha”. Vista una discusión, la entiendes si te pones en esa tónica. No falla. Y bueno, algo de razón tiene.
No queriendo extenderme demasiado, y entendiéndome novato en este direte, advierto que puedo sacar algunas conclusiones que no se si algún experimentado ha resuelto aún: a) habiendo entendido una parte del problema, uno se puede pasar toda la vida tratando de descularlo completamente, b) el cual no tiene solución, fuera de entregarse completamente a sus pretensiones.
A la tercera conclusión, respuesta comodín para todo esto, es que sencillamente las mujeres nos hacen sentir que hay algo especial en esta vida. Que todos los días pueden renovarse con solo emitir un ruidito nuevo en algún abrazo, y que por ellas vale la pena volver a casa...Eso, darnos cuenta que aquello que nos saca de quicio, lo devuelven setenta veces siete con todas sus cositas. Alguno dirá que eso te pasa al principio, cuando estas enamorado. Pero también veo a mi viejo con casi cuarenta años de casado atrás de mi vieja tratando de robarle un beso al grito de "Murchi, te quiero murchi". No se, algo hay en estas minas que nos tiene de acá para allá, haciéndonos calentar de cuanta manera posible existe. Ellas lo saben. Ellas lo saben...
Pero bueno, calculo que advertirán el pendular sentido de mis pensamientos.
Pd: Por favor, no la dejen a mi novia, mi hermana o mi vieja que lean esto...
"Suelo hacerme esta pregunta” iniciaste, dirá algún detallista. En realidad no es ninguna en particular. Es una incertidumbre que me acompaña por estos días. Como dije, voy y vengo en ese péndulo craneal que me arranca estados de ánimos encontrados. Existen ataques de amor y de impotencia - ira, que llevan las cosas a sus extremos, ida y vuelta.
Tengo muchos amigos, por suerte. Bah, mas que amigos, amigotes. Amigos, amigos, no tengo más de diez. Tres o cuatro que son como hermanos del alma. De los primeros que mencione, tengo arriba de cincuenta. El caso es que encuentro mas de ese número de opiniones respecto de esta duda que me golpea hace un tiempito. Básicamente es que las minas han sido creadas para hincharnos las pelotas a los hombres, y que te tenes que acostumbrar. Eso. Te tenes que acostumbra, y hay alguno que hasta dice que eso es bueno, porque sino te están rompiendo las pelotas, es porque algo malo te pasó o te esta por pasar.
Cosa rara esta de la monogamia, el amor y las parejas. Me parece ver todavía a mis viejos en la cocina de casa discutiendo folclóricamente por cualquier cosa. Al principio me ponía del lado de la vieja, por ciertas cuestiones del viejo que hacían mas a su masculinidad y forma de ser, que a otra cosa. Pero con los años me empecé a poner más del lado del viejo, sobre todo al simpatizar con él en ciertas discusiones. Verme reflejado en ciertos nudos dialécticos con mi novia, me hace acordar a muchas de aquellas discusiones de mis viejos. Más de una vez me encontré a mi mismo utilizando los argumentos del viejo, ante un estiletazo de la “femineidad”. "¡¡¡¡La diferencia es que yo pido disculpas y vos nunca te equivocas!!!!". Sabiduría paternal pura.
Lejos de mí en este espacio dar una sentencia definitiva ni declarar un ganador en esa lucha paternal de poder. Nada más lejos. Ambas partes tenían razón en diversas oportunidades. Simplemente, advierto que el tiempo ha pasado y me he visto comprendido en este tipo de discusión que, advierto, tiene tantos años como el jardín del Edén.
Lo cierto es que las mujeres nos rompen las pelotas con su carácter, con su forma de ser, con lo que pretenden de nosotros, y lo que no quieren también. Eso es, nos rompen las pelotas. Soberanamente, me gusta decir. Algún colega me ha hablado de la teoría "no-se-cuanto centrista" que habla de que a las minas las entiendes una vez que comprendes que todos sus problemas parten de la óptica que el mundo gira en torno a ellas. Y ahí vamos nosotros, cual si burbujas en un remolino de “bacha”. Vista una discusión, la entiendes si te pones en esa tónica. No falla. Y bueno, algo de razón tiene.
No queriendo extenderme demasiado, y entendiéndome novato en este direte, advierto que puedo sacar algunas conclusiones que no se si algún experimentado ha resuelto aún: a) habiendo entendido una parte del problema, uno se puede pasar toda la vida tratando de descularlo completamente, b) el cual no tiene solución, fuera de entregarse completamente a sus pretensiones.
A la tercera conclusión, respuesta comodín para todo esto, es que sencillamente las mujeres nos hacen sentir que hay algo especial en esta vida. Que todos los días pueden renovarse con solo emitir un ruidito nuevo en algún abrazo, y que por ellas vale la pena volver a casa...Eso, darnos cuenta que aquello que nos saca de quicio, lo devuelven setenta veces siete con todas sus cositas. Alguno dirá que eso te pasa al principio, cuando estas enamorado. Pero también veo a mi viejo con casi cuarenta años de casado atrás de mi vieja tratando de robarle un beso al grito de "Murchi, te quiero murchi". No se, algo hay en estas minas que nos tiene de acá para allá, haciéndonos calentar de cuanta manera posible existe. Ellas lo saben. Ellas lo saben...
Pero bueno, calculo que advertirán el pendular sentido de mis pensamientos.
Pd: Por favor, no la dejen a mi novia, mi hermana o mi vieja que lean esto...
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Pensamientos y misceláneas
viernes, 29 de junio de 2007
Fausto
Fausto es un tipo grande. Físicamente. Tiene arriba de un metro noventa y más de cien kilos encima. Es un tipo serio y de gesto adusto. Sus facciones muestran que se trata de alguien complicado para tratar. Su sangre irlandesa y vasca, no es una buena combinación para quienes lo provocan de alguna forma.
Él, como el resto, cree que no es fácil de aguantarlo en una pelea ocasional. Y es por ello que Fausto cuando tiene algún altercado deja en claro desde un principio con su fuerte carácter que es capaz de tomar provecho de sus características. Amedrenta con su mirada torva y su grandeza corporal. Y siempre le dió resultado. ¿Cómo no se la iba a dar con semejante porte? ¡¡¡¡Si era un ropero!!!!. Quizás por eso ha tenido nada más que dos peleas en su vida. Grandes. Bataholas. Y siempre fueron porque algún amigo empezó una gresca sin estar él cerca para evitar que pase a mayores. Le fue bien en esas peleas. Dió más de lo que recibió. Mucho más.
Sin embargo, la semana pasada Fausto caminaba por el centro de Buenos Aires. Gente. Ruido y demasiada exasperación para ser un viernes al mediodía. Pero bueno, era Buenos Aires. “Un quilombo en motoneta”, como le gusta decir. Caminaba por Rivadavia, a unos pasos de Callao. Tenía que ir a reunirse con alguien a la vuelta del Congreso. Era importante, tenían que darle una plata por un trabajito que había hecho en la computadora. Estaba llegando tarde porque le habían cerrado el subte. 48 piqueteros habían incendiado la línea A en protesta por la rebaja de salarios a unos trabajadores de Arequipa, en el culo de Bolivia. “¿A quien carajo le importa eso? ¿Por qué carajo no se pondrán a laburar como yo?”, decía Fausto, aunque no le preocupaba tanto ya que todo el mundo se había acostumbrado a cosas así.
En eso, pasa por al lado de un tipo. Treinta y cinco años, pelo negro peinado para atrás con gomina, medio largo. Metro setenta y cinco, ochenta como máximo. No, no tanto quizás. De elegante sport. Pantalón, camisa y saco. Sin embargo parecía abogado, pero de esos que se le cae la cara de garcas, y que defienden a quien se choreo el fondo de la “Colecta mas por menos” de Caritas, o al pibe que con el “Super Tunning” levantó por los aires a cuatro viejas en alguna avenida.
Sin darse cuenta, Fausto al pasar por al lado del morocho le roza la muñeca donde llevaba el reloj. Un toque imperceptible. Nada…Un instante después, Fausto sintió como que le metían una zancadilla, también sensible…Se da vuelta y le pregunta a quien acababa de pasar por al lado: “¿Me acabas de meter la traba?”. El “Garca” lo mira con cara de loquito desafiante, y no dice nada. Fausto entendía menos: “Perdoname flaco, ¿me acabas de meter la traba?”, insiste. Del otro lado lo mismo. Nada.
Ahí Fausto se dió cuenta que se estaba a punto de cagar a trompadas en la puerta del Congreso con un flaco más chico que él, pero con SU famosa cara de loco amenazante. “¡¡¡Epa, me esta midiendo!!! Y si me tira una, me la pone”, pensó. Retrocedió un paso. Tuvo una sensación nerviosa. Estaba estupefacto. No podía creer que le estara pasando eso. Un viernes, al mediodía, en plena calle, con un enfermo así. Pero menos podía creer, o lo que más le traumaba en ese instante era que esa "cara de vasco-irlandés a punto de comerse el hígado de alguien" le estaba fallando. Más aún, sabía incluso que estaba poniendo cara de temor, o por lo menos que se le notaba que estaba tragando salida. De golpe el otro tipo se dió vuelta y siguió caminando. Su orgullo le pidió a Fausto que tire un resoplido – risa del tipo “¡¡Anda!! sos un enfermito…”, y siguió caminando a la par del loquito para no quedar tan cobarde y para ver si la sangre le volvía a hervir.
Así siguieron durante treinta metros. En esa caminata llegaron a la puerta del café al que tenía que entrar Fausto. Eran varios escalones. Los subió a todos ellos sin dejar de posar su vista sobre el otro flaco que a todo esto había sacado el celular. Al advertir que Fausto subía la escalera lo miró, y detuvo su paso. Más cara de malo todavía. La sangre del grandote vasco - irlandés tuvo su momento más gélido del día. Incluso se le hizo un nudo en la garganta. Para pasar el momento, Fausto lo miro con sorna, y dándole vuelta la cara le dijo “Estas enfermo, flaco…” y se metió en el bar pensando “Que cagón que soy”, sabiendo que nunca más iba a poder sostenerle a alguien su mirada torva.
Él, como el resto, cree que no es fácil de aguantarlo en una pelea ocasional. Y es por ello que Fausto cuando tiene algún altercado deja en claro desde un principio con su fuerte carácter que es capaz de tomar provecho de sus características. Amedrenta con su mirada torva y su grandeza corporal. Y siempre le dió resultado. ¿Cómo no se la iba a dar con semejante porte? ¡¡¡¡Si era un ropero!!!!. Quizás por eso ha tenido nada más que dos peleas en su vida. Grandes. Bataholas. Y siempre fueron porque algún amigo empezó una gresca sin estar él cerca para evitar que pase a mayores. Le fue bien en esas peleas. Dió más de lo que recibió. Mucho más.
Sin embargo, la semana pasada Fausto caminaba por el centro de Buenos Aires. Gente. Ruido y demasiada exasperación para ser un viernes al mediodía. Pero bueno, era Buenos Aires. “Un quilombo en motoneta”, como le gusta decir. Caminaba por Rivadavia, a unos pasos de Callao. Tenía que ir a reunirse con alguien a la vuelta del Congreso. Era importante, tenían que darle una plata por un trabajito que había hecho en la computadora. Estaba llegando tarde porque le habían cerrado el subte. 48 piqueteros habían incendiado la línea A en protesta por la rebaja de salarios a unos trabajadores de Arequipa, en el culo de Bolivia. “¿A quien carajo le importa eso? ¿Por qué carajo no se pondrán a laburar como yo?”, decía Fausto, aunque no le preocupaba tanto ya que todo el mundo se había acostumbrado a cosas así.
En eso, pasa por al lado de un tipo. Treinta y cinco años, pelo negro peinado para atrás con gomina, medio largo. Metro setenta y cinco, ochenta como máximo. No, no tanto quizás. De elegante sport. Pantalón, camisa y saco. Sin embargo parecía abogado, pero de esos que se le cae la cara de garcas, y que defienden a quien se choreo el fondo de la “Colecta mas por menos” de Caritas, o al pibe que con el “Super Tunning” levantó por los aires a cuatro viejas en alguna avenida.
Sin darse cuenta, Fausto al pasar por al lado del morocho le roza la muñeca donde llevaba el reloj. Un toque imperceptible. Nada…Un instante después, Fausto sintió como que le metían una zancadilla, también sensible…Se da vuelta y le pregunta a quien acababa de pasar por al lado: “¿Me acabas de meter la traba?”. El “Garca” lo mira con cara de loquito desafiante, y no dice nada. Fausto entendía menos: “Perdoname flaco, ¿me acabas de meter la traba?”, insiste. Del otro lado lo mismo. Nada.
Ahí Fausto se dió cuenta que se estaba a punto de cagar a trompadas en la puerta del Congreso con un flaco más chico que él, pero con SU famosa cara de loco amenazante. “¡¡¡Epa, me esta midiendo!!! Y si me tira una, me la pone”, pensó. Retrocedió un paso. Tuvo una sensación nerviosa. Estaba estupefacto. No podía creer que le estara pasando eso. Un viernes, al mediodía, en plena calle, con un enfermo así. Pero menos podía creer, o lo que más le traumaba en ese instante era que esa "cara de vasco-irlandés a punto de comerse el hígado de alguien" le estaba fallando. Más aún, sabía incluso que estaba poniendo cara de temor, o por lo menos que se le notaba que estaba tragando salida. De golpe el otro tipo se dió vuelta y siguió caminando. Su orgullo le pidió a Fausto que tire un resoplido – risa del tipo “¡¡Anda!! sos un enfermito…”, y siguió caminando a la par del loquito para no quedar tan cobarde y para ver si la sangre le volvía a hervir.
Así siguieron durante treinta metros. En esa caminata llegaron a la puerta del café al que tenía que entrar Fausto. Eran varios escalones. Los subió a todos ellos sin dejar de posar su vista sobre el otro flaco que a todo esto había sacado el celular. Al advertir que Fausto subía la escalera lo miró, y detuvo su paso. Más cara de malo todavía. La sangre del grandote vasco - irlandés tuvo su momento más gélido del día. Incluso se le hizo un nudo en la garganta. Para pasar el momento, Fausto lo miro con sorna, y dándole vuelta la cara le dijo “Estas enfermo, flaco…” y se metió en el bar pensando “Que cagón que soy”, sabiendo que nunca más iba a poder sostenerle a alguien su mirada torva.
jueves, 28 de junio de 2007
"El que se calienta pierde..."
"El que se calienta pierde", me dijo alguna vez Danielito. Acababa de mandar al demonio con razón a algún abogado. El acuerdo transaccional en vistas se complicaba, lo cual era un embrollo en definitiva para nuestro cliente y para los honorarios del estudio, en definitiva.
Se mostraba palmaria la sabiduría de aquellas palabras, contrariando el ímpetu de mi insobornable conciencia y pétrea voluntad.
Varias veces más me acorde de aquel momento, siempre después de que mi carácter (definido por mi amigo Spike como "insoportablemente cabrón") haya contrariado el sentido de esas palabras.
El inconveniente viene a plantearse en virtud que la descarga, la puteada, "las cuarenta", "la fresca", o básicamente decirle al otro marmota en la cara lo que se merece, es un acto de Justicia con uno mismo, una manifestación de principios y valores sobre aquello que no se comparte ni se negocia. Hay cuestiones que lo permiten, otras no... Y sobre las últimas, el hacerlo es una necesidad.
Hoy tengo las palabras de Danielito zumbando en mi oído. Tengo a un compañero de laburo, bastante garca, con muchas ganas de darle la serenata con paso adelante incluido. Se lo merece. Habla por atrás, se hace el bueno, pone caras, se hace el sabio. Un imbecil, bah. Pero bueno, es el laburo, hay que seguir. Mañana hay que venir de nuevo. Pasado lo mismo. No es mi estudio. No soy su jefe...
"El que se calienta pierde"...Me cago en Danielito.
Se mostraba palmaria la sabiduría de aquellas palabras, contrariando el ímpetu de mi insobornable conciencia y pétrea voluntad.
Varias veces más me acorde de aquel momento, siempre después de que mi carácter (definido por mi amigo Spike como "insoportablemente cabrón") haya contrariado el sentido de esas palabras.
El inconveniente viene a plantearse en virtud que la descarga, la puteada, "las cuarenta", "la fresca", o básicamente decirle al otro marmota en la cara lo que se merece, es un acto de Justicia con uno mismo, una manifestación de principios y valores sobre aquello que no se comparte ni se negocia. Hay cuestiones que lo permiten, otras no... Y sobre las últimas, el hacerlo es una necesidad.
Hoy tengo las palabras de Danielito zumbando en mi oído. Tengo a un compañero de laburo, bastante garca, con muchas ganas de darle la serenata con paso adelante incluido. Se lo merece. Habla por atrás, se hace el bueno, pone caras, se hace el sabio. Un imbecil, bah. Pero bueno, es el laburo, hay que seguir. Mañana hay que venir de nuevo. Pasado lo mismo. No es mi estudio. No soy su jefe...
"El que se calienta pierde"...Me cago en Danielito.
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martes, 26 de junio de 2007
Cual si Williams Wallace...
El nerviosismo y las dudas ganaban las huestes del postgrado administrativo. Las bajas comenzoron a contarse por minutos. Corría la desazón y el desánimo.
Quince para las tres llego este mail:
"Señores, la vida esta llena de desafíos y momentos en los cuales hay que poner coraje y enfrentar los retos. De ejemplos esta cargada la historia. No creo necesario esbozar una arenga futbolera para recordarles que son todos letrados, profesionales del derecho, y que por tanto tienen los conocimientos necesarios para salir adelante en situaciones complicadas. No será ésta la primera vez, por cierto. “Soy toro en mi rodeo, y torazo en rodeo ajeno”, decía el Martin Fierro.
¿O me van a decir que no pueden escribir cinco o seis párrafos de control judicial suficiente, facultades regladas y discrecionales, DNU o legitimación? Los fallos - verdaderos cucos de esta parva de papeles – son para ejemplificar. Suficiente será conocer de que hablaba el caso y su holding. El resto es floreo decorador.
Por otro lado, hay que advertir que luego vienen las demoras. Piensen que rápidamente viene Acto Administrativo, Constitucional profundizado (dicen que lo es bastante) y procedimiento administrativo.
Bueno, en fin, será un placer compartir junto al Dr. Fonrouge - y a quien se anime – de ésta experiencia académica, que refuerza el temple y afirma el carácter.
Y de caer, lo haremos parados, dispuestos a dar la siguiente batalla".
Rendimos todos. William Wallace no lo pudo haber hecho mejor...
Quince para las tres llego este mail:
"Señores, la vida esta llena de desafíos y momentos en los cuales hay que poner coraje y enfrentar los retos. De ejemplos esta cargada la historia. No creo necesario esbozar una arenga futbolera para recordarles que son todos letrados, profesionales del derecho, y que por tanto tienen los conocimientos necesarios para salir adelante en situaciones complicadas. No será ésta la primera vez, por cierto. “Soy toro en mi rodeo, y torazo en rodeo ajeno”, decía el Martin Fierro.
¿O me van a decir que no pueden escribir cinco o seis párrafos de control judicial suficiente, facultades regladas y discrecionales, DNU o legitimación? Los fallos - verdaderos cucos de esta parva de papeles – son para ejemplificar. Suficiente será conocer de que hablaba el caso y su holding. El resto es floreo decorador.
Por otro lado, hay que advertir que luego vienen las demoras. Piensen que rápidamente viene Acto Administrativo, Constitucional profundizado (dicen que lo es bastante) y procedimiento administrativo.
Bueno, en fin, será un placer compartir junto al Dr. Fonrouge - y a quien se anime – de ésta experiencia académica, que refuerza el temple y afirma el carácter.
Y de caer, lo haremos parados, dispuestos a dar la siguiente batalla".
Rendimos todos. William Wallace no lo pudo haber hecho mejor...
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Pensamientos y misceláneas
Muevo yo Mauro...
"¿Hacete un blog?", me dijo el escoces, como dando solución a mis permanentes intentos de emular o equilibrar sus dotes literarias. Ahí me di cuenta que puede estar bueno esto de escribir, aunque más no sea para uno mismo.
Lo cierto es que el mundo legal, tiene mucho de construcciones lingüísticas complicadas, pero nada que deje más que un intento de tener razón y cobrar honorarios.
He aquí un esbozo para dejar atrás aquellas muetras vacías de una pluma con pretensiones, y dar lugar a algo mas que deje un sentido...aunque sean sandeces, pelotudeces o meros pensamientos, de alquien que no quiere morir en el frío expediente judicial.
Sabrán disculpar, entonces, estos "Desvaríos para variar"...
Lo cierto es que el mundo legal, tiene mucho de construcciones lingüísticas complicadas, pero nada que deje más que un intento de tener razón y cobrar honorarios.
He aquí un esbozo para dejar atrás aquellas muetras vacías de una pluma con pretensiones, y dar lugar a algo mas que deje un sentido...aunque sean sandeces, pelotudeces o meros pensamientos, de alquien que no quiere morir en el frío expediente judicial.
Sabrán disculpar, entonces, estos "Desvaríos para variar"...
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