viernes, 30 de noviembre de 2007

Según pasan las horas

Martes. Cinco y diecisiete de la mañana. Sé que es “y diecisiete” porque estoy mirando el reloj cada tres o cuatro minutos, prestando demasiada atención a esas últimas dos cifras del digital. Esos numeritos rojos en la cómoda izquierda de mi cama, rodeados de nada más que oscuridad. Tengo los ojos duros y, calculo, algo rojos.

No soy de tener insomnio pero hoy me ha atacado el problema. El reloj avanza pero atrás se queda mi sueño, esperando vaya a saber que. La cama ha sumado pliegos y temperatura, lo que en definitiva dificulta aún más mi sueño.

Cinco y veintidós. No se porque estoy desvelado. Me hubiese ido a dormir cuando me agarró esa modorra a las ocho y pico – ahí los minutos no me importaban -, después de tomarme esa cerveza mirando la tele. Pero no. Pensé “¿Cómo me voy a ir a dormir a las ocho de la noche? Ni siquiera mi abuelo se acuesta a esta hora”. Me cociné algo y me fui a la cama a ver tele hasta que se hiciera la hora de dormir. Pero ahora, y veintiséis, estoy con los ojos como el dos de oros, y las tres o cuatro pavadas que vi en la tele no parecieron hacer mella en mi atención.

¡Que ruido que hace el reloj de la cocina, che! Tic toc tic toc. Uno se empieza a dar cuenta de un montón de ruidos de su casa cuando no puede dormir. La mochila del baño. Los autos que pasan por la calle. El ruido de la compu que quedó prendida. ¡Pero la puta que lo parió, viejo! ¿Será posible que no me pueda dormir? Si todos y cada uno de los días en que me levanto a la mañana, cansado y sin ganas de ir a laburar pienso “¡cuando vuelva, a la cama la hago pelota!”. No, me quedo mirando La Mary por vigésima novena vez o veo como la neoprosti de la Cirio se parte la jeta contra el hielo o el mamarracho de Piazza se pelea con el impresentable de Lucho, hasta que se me hacen las doce y media, una, y me doy cuenta que la mañana me va a pasar la factura.

¿¿¡¡Cinco y treinta y uno!!?? Naaaa, me quiero morir. ¡Tengo que ir a la fábrica! Ahora si, una vuelta para acá. Tiro la pata esta para este otro costado, que esta un poco mas frío y pongo el brazo debajo de la almohada. Ahora si. Deja de pensar. No pienses más y dormí. Dormí…¡Dormí, pelotudo! ¡Que te parió!

Tic Toc Tic Toc…¿Quién me manda a poner una reloj en la cocina, no? Ya está. Mañana me levanto a las 8, llamo al laburo y digo que tengo tos convulsa, meningitis del tipo Omega o me “engangrené” la gamba jugando al metegol. Je je je. ¿Quién se va a enterar? Si el jefe esta de viaje y ahí son todos una manga de nabos…

Cinco cuarenta y cuatro ya…Y si, ya fue. Si en quince minutos va a sonar el despertador “guampudo” este para que me despierte. Quince para bañarme. Quince para el mate y media hora en el 33 hasta la fábrica para levantar cajas y rollos de aluminio todo el día. En cualquier momento me parto al medio la columna levantando esas cajas. ¿¿¡¡Cómo no seguí en el liceo, por Dios!!?? Tendría que haberle hecho caso a mi viejo cuando me puteaba por querer largar todo y ponerme a laburar en la ferretería del Turco.

Pero bueno, ya fue. No voy. Y seguro que con eso me relajo y me duermo. Me quito la presión de tener que dormir por el laburo y me duermo. ¿Qué hora es? Las seis menos diez pasadas? Ja ja. Dale nomás, dale nomás que a laburar va tu hermana. Yo me quedo en casa. Me levanto pasado el mediodía. Hago un par de cositas, tranquilo y después me voy al club a tomar un vermouth con los muchachos. ¡Ahí tenes “cinco menos cinco”!. ¡Que te parió¡

Pero, igual, que mal, che. Esto no lo puedo hacer todos los días. ¡Ojo que puedo estar “estresado”, ¿eh?!. A ver si me tengo que ir a hacer chequeos y toda la bola. Y mirá si me encuentran que tengo algo en el “marote” y me tengo que hacer curar. Ojo, eh…

¡Uh, como suena este loco! Lo apago y me duermo. Chau. Listo el pollo. A otra cosa mariposa. ¡Total! ¿Que me pierdo? ¿Los mates con el narigón Heredia a las ocho y media?. ¿La charla de fútbol con el Vasco Montagni y el Zurdo López? ¿Los chistes del pelotudo del Turco, que terminó igual que yo? No, no me pierdo nada. El Narigón va a tomar mate todos los días, y el Vasco y el Zurdo hablan todo el día de fútbol. Y el Turco, nada. El Turco me arruinó la vida convenciéndome de ir esa ferretería. No me pierdo nada. Y encima descanso la espalda que me duele una barbaridad al final del día, después de haber cargado setecientas mil cajas, cajitas y cajones. No me pierdo nada. Encima no esta el Jefe, así que va a estar todo tranquilo y nadie se va a dar cuenta. Se van a tirar todos a chanta. Los muchachos, los de seguridad, la secre del jefe, Martita la recepcionista…Martita la recepcionista...¡Pará!…¿Qué día es hoy? ¿Martes ya, no? ¡No! ¡Hoy Martita se pone sus pantalones blancos! Con lo buena que está. Y encima me pone esas caritas cuando le digo alguna “barbaridá” por ese pantalón blanco y lo que viene atrás...

¿Qué hora es? ¿Seis y diez? ¿Llego a pegarme un baño antes de tomarme el 33?

Cabeza de Tacho

Vas a un kiosco a comprar golosinas y el señor te devuelve el cambio como corresponde. Pedís el diario en otro kiosco y también hay monedas exactas para tu billete de $5. Compras ropa en cualquier negocio y las matemáticas no fallan cerca de la caja registradora. Incluso en un megahipersuperguachisupermercados, verdaderos "moustros" de estos tiempos se hacen chiquitos a la hora de contar divisas para devolverte, con el cartel que dice que "en caso de diferencia mínima se debe redondear en favor del consumidor - Ley 24.240" como testigo.

¿Por qué corno entonces el taxista cabeza de tacho se cree con derecho a quedarse con 10, 20, 30 o hasta 50 centavos de diferencia al terminar el recorrido, todo porque "no llego con el cambio, pá"? ¿Por qué si le pido que me de la diferencia o que redondee en mi favor, como es su obligación, me pone cara de "sos una rata"? ¿Por qué carajo no tiene monedas si ese es su bendito trabajo? Yo tengo que tener matrícula. Tengo que tener facturas. Tengo que pagar impuestos, aportes a la caja de abogados, etc. etc. etc. y el señor se cree con derecho a - además de no poner guiños, de fumar en el auto, de pasar semáforos en rojo y hacer lo que se le canta el “tuges” - no darme la plata que me corresponde.

Señores, las quejas contra los taxistas son largas, y sobre todo, conocidas. Pero esta, me saca de quicio. Desde aquí, el desahogo de aquello que pienso cada vez que me bajo de un auto amarillo y negro.

Bitácora para Liniers

Perdón, no?, quizás seré muy superficial o un insensible, pero ¿alguien me puede decir que carajo le ven a las huevadas que escribe Liniers?

Todo bien con que Calamaro y K. Johannsen le hayan dado la artística de sus nuevos discos y demás...¿pero porque el éxito de este pibe? ¿Por que ese fetiche con un goma que escribe chistes que no son graciosos y dibuja con el codo? Todo bien con él. No digo que lo cuelguen en Plaza de Mayo. Debe ser un pibe super copado incluso y hasta debe tener mil amigos.

Pero solo quiero entender. Que alguien me explique, por favor, ya que quiero dejar de preguntarmelo cada vez que veo la última página del espectáculos de La Nación.

Lujo


SOY FELIZ.


Quiero decirlo...nada más.




lunes, 26 de noviembre de 2007

Pasos vacíos

Camino solo en la calle, otra noche en mi soledad.
Espero poder encontrarte, y juntos, ignorar lo demás.
Pincho una nube dormida, vacío los lagos y el mar.
Ni rastros de tu figura, ¡Que no sea una noche más!
Descuelgo las estrellas del cielo, que el sol me ayude a buscar,
No consigo hallar tu cintura, y en ella por fin descansar.
Florezco las rosas de Octubre, y en su néctar tus ojos cristal.
A la luna le digo tu nombre, que a tus labios me sepa guiar.
La lluvia confunde mi rostro, con lágrimas de aquella soledad.
Tristeza es ahora mi nombre, la espera, mi voluntad.

Fausto Rudel

viernes, 23 de noviembre de 2007

Ella en la noche

Cierro los ojos y estas vos,
tan simple como bella.
Y siento que es solo eso.
Mi vida se queda en ti.

Cierro los ojos e imagino,
Un ángel entre mis sueños.
Mi alma no tuvo dueños,
Pero se entrega a vos.

A oscuras todo se aclara
No juega más la razón.
El tiempo se hace pequeño,
Si estás en mi corazón.


Fausto Rudel.

Una imagen vale más que mil palabras...



Ya he escrito sobre mi vieja en este blog, con lo cual no voy a decir nada nuevo. Pero ayer encontré esta foto. De vestido de la época esta mi treintañera madre y con el conjuntito del patito quien esto escribe, actualmente con una altura de 1,92 mts y 97 kgs.

Pero más allá de mi metamorfosis, no puedo encontrar una imagen mejor para explicar aquello que ya escribí en este mismo espacio.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Enroque

Jerónimo la miró y no supo que responder. Entendió que no había forma para que Gabriela lo perdonara. Ella gritaba, puteaba, maldecía a su familia y el hecho de haberlo conocido. Agitaba una caja de pavadas y chucherías que él le había regalado en su momento. Él intentaba esbozar alguna explicación o respuesta pero los gritos de ella tapaban cualquier tipo de intento. Se sintió aturdido y atónito.

El estruendo de la puerta lo dejó solo en el pasillo, con la gran caja de recuerdos que ella le había estampado en el pecho, y preguntándose como había hecho ella para descubrir aquello que él le había ocultado. Sentía un sudor frío en la espalda. Por la situación vivida, por la crispación de su ex novia, por la vergüenza de haber sido insultado así.

Había conocido a otra mujer, es cierto. Paula. Pero la amaba y no solo se trataba de una aventura del momento o una noche. De hecho, era actualmente su novia, y nadie lo había hecho sentir tan bien en su vida. No quería sentir culpa de lo mejor que le había pasado en la vida.

Mientras tomaba el colectivo, con la caja de recuerdos en la mano, comenzó a pensar como pudo hacer Gabriela para saber de su nuevo amor. Después de todo, había planeado las cosas como para que su ex novia no se entere jamás que él amaba a otra persona.

Jerónimo había considerado en su momento que lo mejor era dilatar la ruptura de la relación hasta el día siguiente a la fiesta de la empresa donde trabajaban en ese momento. Él ya había conseguido trabajo en otro lugar, y ese alejamiento era la oportunidad ideal para evitar escenas en el trabajo, sufrimiento innecesario y, sobre todo, que Gabriela se entere de su nuevo amor. En definitiva, Jerónimo no quería que Gabriela sufriera. A pesar de no haber funcionado jamás aquella relación, ella siempre había sido buena con él, y en definitiva, tampoco ella tenía la culpa que él se haya enamorado de otra persona. Y él no quería que ella tenga que soportar esa carga.

Pero no resultó. Evidentemente. Ella lo había descubierto y lo había insultado como pocas veces alguien en su vida. Lo que le molestaba era no haber podido explicarle la verdad. No quería que ella se quede con la imagen que él la había traicionado. Por ella y por él también. Después de todo, no por nada había retrasado el inicio de su otra relación. No había querido serle infiel a Gabriela, aunque sea en lo físico, más allá que Jerónimo tenía conciencia del amor que sentía por Paula. Ni siquiera había querido besarla. Menos tocarla o hacerle el amor en la forma que él quería. No hasta hablar con Gabriela.

Dejó la caja apoyada en el piso del colectivo para poder marcar el celular. Llamó a un par de amigos, conocidos, familiares. Quería saber como se había enterado Gabriela. Llamó incluso al novio de una prima de ella, quien la había visto a Jerónimo pasear con Paula por Florida, tomados de la mano. Pero no. No había sido ella. No había tenido forma de avisarle, ya que desde aquellos días la prima de su ex novia estaba trabajando en Brasil. Nadie sabía nada. Tuvo que explicar en pocas palabras lo sucedido a cada uno de los que llamó, lo cual lo hizo sentirse revivir un poco la humillación. Se sintió que debía justificarse ante el resto y eso le molestó.

Llamó a Facundo, compañero de box de su anterior trabajo. Le pidió que se registre en su cuenta del servidor de la empresa. Después de todo, tardaban meses en dar de baja a los empleados que se alejaban. Le dictó la contraseña y ahí lo supo. “No entra, Jero. La cuenta sigue activada pero te cambiaron la clave, gordo”. “Ahí estaban los mails de Paula”, pensó. Ninguno decía nada explícito pero, sobre los últimos días de Jerónimo en esa empresa, los correos hablaban del encuentro de la pareja cuando Jerónimo arregle sus asuntos.

Primero, sintió pena por Gabriela. Mucha pena. Haberse enterado así. Incluso hasta pensó volver a llamarla para explicarle bien las cosas y que no se quede con eso. Pero después comprendió que ella había violado su correo. Sintió bronca, ira y sobre todo lástima. Mucha lástima. Había traspasado los límites de su privacidad. Quizás cegada por la tristeza o el despecho. Pero cegada al fin.

Cesó el sudor frío en su espalda. Si en definitiva ella se hubiese quedado con la explicación que él le había dado para cortar (“somos distintos, no nos veo futuro”, etc.), todos hubiesen vivido felices. En definitiva, ¿a quien no le fracasa una relación? Ahora, por su indiscreción, Gabriela debía seguir viviendo con la errónea idea que su ex novio le había sido infiel. No era la verdad, pero tampoco él sintió ganas de corregirla. Menos iba a sentirse culpable por enamorarse por primera vez de una mujer.

Bajó del colectivo, llegó a la puerta de su casa y sacó las llaves. Ahí se dio cuenta que no tenía la caja de recuerdos en la mano.

martes, 20 de noviembre de 2007

Temón...

Hoy a la mañana estaba caminando por la calle, yendo al trabajo, y puse en el Ipod “Whole lotta love” de Zeppelín. Caminaba con mi portafolios negro colgado al hombro, mi traje color café con leche, zapatos marrones y corbata colorada con pintitas amarillas. La camisa era de color celeste con cuello italiano. Los anteojos de sol redondeaban un cuadro, pienso, bastante formal…algo cancherón, onda “yuppie”.

Pero en mis oídos gritaba Chris Robinson (era la versión de los Black Crowes con Jimmy Page, legendario guitarrista de Zeppelín), y por dentro sentía que tenía ganas de tirar el maletín al oscuro río de Puerto Madero y empezar a aullar como desaforado. Ese riff rockanrolero como pocos, con esa voz aguda que parece partir una piedra en mil pedazos, se apoderaban de mis labios y me hacía repetir “Keep a-coolin, baby – Keep a-coolin - baby”, mostrando en mis ojos algo de esa furia.

En el puente de Estados Unidos, crucé con un par de estudiantes de la UCA ("lo se por su facha", diría alguna canción melosa). Eran dos. Medianos ambos. Venían conversando uno al lado del otro. El que caminaba sobre el lado de la calle, me dejó solo espacio para que pase por su lado pero debiendo ponerme de costado...Casi le arranco el hombro. La guitarra de Page me pedía que siga caminando firme, inmutable, petreo. Seguí haciéndolo, ya con cara de trastornado, escuchando que a mis espaldas decían “¡Pelotudo de mierda!”.

Hay temas como este o como “Welcome to the Jungle” de los Guns & Roses, que te transforman. Vas caminando por la calle y empezas a sentir que estas en un video clip y en cualquier momento sacas una pistola y empezas a “quemar” gente. O estas en tu casa y tenes ganas de bajar y cagarlo a trompadas al portero, solo por que la música te lo pide.

Chris Robinson terminó de aullar y entré a la empresa. “Buenos días, Doctor” me dicen en el ascensor. “Buenos Días” contesté, algo parco. Entré a una reunión y me puse a hablar de unos cambios en un contrato. Estaba mas tranquilo…aunque el riff de Page siguió martillando mi cabeza.

sábado, 17 de noviembre de 2007

Sábado a la noche

Estamos en lo del Ruso. Todos en cuero. Vamos por el primer "champu". Quedan dos más. Murieron dos cervezas y un vino (“Caballero de la Cepa” de Flichmann, muy bueno). Es la una menos cuarto y hace tres horas que la estamos pasamos bien. El Ruso cocinó unas pizzas que apenas se podían comer. En realidad, se podían comer, pero estaban muy picantes. Como la mierda. Igual comí cuatro porciones. Como para tirar a la mierda los cuarenta y cinco minutos de trote, 180 abdominales y 45 flexiones de brazos que hice a la tarde.

En un rato vamos a ir a algún lado, porque a algún lado hay que ir. El Ruso se peleó con la novia y mi Petisa no está. Hay que aprovechar nuestra fugaz soltería para ir a hacer eso que hacíamos a los 20. Emborracharnos y papelonear por ahí.

Diega puso música, después se cansó. Ahora estoy yo. Trato de hacerlo lo mejor posible pero sé que jamás podré hacerlo como él. Tiene talento, el muy culeado. Te pone el tema que vos no esperabas pero que después sabes que es lo mejor que podes escuchar en ese momento. Arranqué con Jimmy Hendrix en “Voodoo Child”. Muy bueno. Ahora la rockea ACDC con “Back in Black”. Voy bien me parece.

Hablamos de todo. De mi relación con la petisa. Diego y sus cosas. El Ruso y su pelea. Estuvo bueno. Lo sigue estando. Hablamos con "Jerald" para que nos deje entrar gratis en algún lado, pero estaba en su casa de Pilar, preparando su último final...de abogacía. Ni sabía que estudiaba esa yegua. Igualmente está laburando con un diputado...que es lo mismo que no haber estudiado nada y haber entrado igual.

"Smoke on the water" de Purple, gran tema. Diego lo canta, pero igualmente me parece que el escocés pudo haber puesto algo mejor. No se. Inseguridades.

Mañana tenemos un asado. En lo de Ceci. En zona Oeste. Pileta y demás. Invité al Luppa para que venga, aunque no la conozca a Ceci. Igual, Ceci es tan buena que si le caigo con "Las Boquitas" un sábado a la noche más quince amigos, no te dice nada.

"Fijate el pronóstico para mañana" me dice Diega, que también viene al asado. “¿Para qué? No tienen radares para los aviones, van a tener para el pronóstico”, contesto yo, aunque es porque me da muchísima paja entrar a verlo en weather.com.

Empieza a sonar un tema de Nickelback. Pensé que era el punto flojo o riesgoso de todo el listado propuesto en el Winamp, pero Diego tiro "¡¡Buena, viejo, una voz moderna!!" y me puso muy contento. El Ruso lava los platos. Es el momento solitario en que cada uno boludea con lo que tiene ganas.

Están por abrir el segundo “champan”. Íbamos a pedir helado de limón pero quedó en la nada. De cualquier forma, tenemos Speed que acompaña al espumante y nos permite levantarnos mañana un poco más temprano. Y además, clavamos Falgos.

"¡¡Que ganas de garchar!!!", gritó el Ruso y se entiende. Hace dos meses que esta soltero, y muy tranquilo. No va a tener problemas de hacerlo en cuanto se lo proponga. Facha le sobra y, sin dudas, es el flaco con más levante que conozco. "All along the Watchover" de Hendrix empezó a sonar y fue mi primer error como DJ. Le bajó un cambio a la noche, aunque Diego me lo haya querido remar con un "es un sonido muy actual". Me pareció al tipo de comentario que te dan cuando preguntas "¿y que tal esta la mina?" y te dicen "es re simpática".

Por eso, empiezo a evaluar algunos cambios drásticos. De movida, como la lista rockanrolera de la compu del Ruso se acaba, metí un par de temas electro-rockers, para poder pasar luego a la sección electrónica de la noche. Espero que funcione. Si sigo escribiendo cuando eso llegue, calculo que se enteraran.

Ahora esta sonando "Mr. Jones" de Counting Crows, banda que me gusta muchísimo. No se, levanta un poco pero no del todo, igual. Tengo ganas de pasar al siguiente tema, aunque en unos segundos termina solo.

"King of New York" de Fun Loving Criminals. Buena elección. Te dan ganas de emitir sonidos anormales al compás de la música o bailar medio raro. Como sabe hacerlo Dieguito. Me encantaría contar algo que pasó con él esta noche, pero no puedo...secreto profesional...o de amigo. Pero me puso re contento. Tuve ganas de ir a meterle un abrazo y decirle que lo quiero mucho. No sé. Lo hago pero no se lo puedo terminar de decir del todo. Igual, él y yo sabemos que lee siempre mi blog. Calculo que con esto me estoy sacando las ganas. Diego, pajero, te quiero mucho.

Se acabó mi copa de Champagne. Esperaré un minuto, o hasta que me den ganas de tomar de nuevo, y sino vienen a servirme, me levantaré y me serviré yo solo.

Este texto ya excede en mucho lo que generalmente escribo en el blog, pero bueno, me chupa un huevo, tengo ganas de escribir y me parece que va a quedar algo bueno, por más que después nadie lo lea. Estoy algo “picado” y es más fácil expresarse, aunque de por si no me cueste demasiado hacerlo.

"Take me out" de Franz Ferdinand, levanta por mucho la reunión, incluso como para que el Ruso me festeje el tema. Diega levantó el volumen, se puso una gorra roja y empezó a bailar. Eso...¡que manera de haber gorras en lo del Ruso! Tiene como mil. Yo tengo una puesta, Diego otra y en su cuarto están las otras nueve mil novecientos noventa y ocho. De todos los colores y estilos. Cada vez que venís, tiene una nueva. Hoy llegué, y tenía dos: una escocés, horrible y otra Che Guevara fashion cuadriculado, horrible también. Igual, ya lo sabemos, el Ruso levanta igual aunque se ponga una caja de cartón tapándose las bolas.

"Sunday Morning" de No Doubt...un tema que no conoce mucha gente pero que me encanta. Levanta. Levanta. Me parece que levanta, aunque los chicos estén sacando fotos y pelotudeando con otra cosa.

Bueno, no sé, Diega me dice que deje de escribir. Que se aburrió. Me sugiere un final para este texto pero le digo que no. "¿Abro el Montchenot o el Mumm?", me pregunta. "El Montchenot, obvio", le digo. Abre el corcho al lado de mi oreja y me dice que esta helado, como para que largue el teclado y me vaya con ellos. Y así lo voy a hacer.

Este texto no lo va a leer NADIE. Es muy largo y lo entiendo. Yo no lo haría. Pero bueno...yo solo quería escribir y decir lo bien que lo estaba pasando con mi mejor amigo y mi hermano menor un sábado a la noche....Y ahí arranca Fat Boy Slim con "Smells Like Teen Spirit".

martes, 13 de noviembre de 2007

Días grises

Llueve y el cielo está cerrado.
Días como estos no parecen tan felices.
El mate y una música lenta,
prescriben la tristeza.
Puede ser que los martes,
sufran los lunes y su firmeza.
Faltan días para que vengas,
y el tiempo nunca fue un amigo.
El silencio y la impaciencia,
resaltan esa espera, vacía, gris y eterna.
El cielo y sus contornos, resaltan este ahogo.
Las nubes y sus lágrimas frías,
en este vacua prórroga de Noviembre.

Fausto Rudel.

domingo, 11 de noviembre de 2007

Nuestro Maverick

Otra anécdota que tengo de aquella época, esta relacionada con un vecino de mi familia. Por aquellos años, vivíamos en el “Barrio Marina": un barrio de casas iguales destinada a los oficiales de la Marina Argentina. Durante la década del ochenta, mi viejo llegó hasta Capitán de Fragata, a pesar de ser ingeniero aeronáutico. Todo un contrasentido en las palabras, pero no en los hechos. Él estaba a cargo del Arsenal 4, lugar donde hacían el mantenimiento de aviones.

El barrio, como dije, era habitado por familias de militares. Sub-Oficiales u Oficiales como mi viejo, pilotos, etc. Alberto Arrobero se llamaba nuestro vecino, ocupando la casa izquierda, sobre la vieja y querida calle Ecuador. Promediaba la década del ochenta, con el reciente estreno de “Top Gun” en las salas argentinas. En aquellos tiempos, no existía la vorágine cinematográfica que existe hoy en día. No eran tantos los estrenos y los éxitos eran mundiales: el Padrino, Rocky, Rambo, y entre ellas, Top Gun.

La influencia de esta última en el ámbito militar era notoria. Los chicos jugábamos a pilotear F18s o Migs, emulando a Iceman, Wolf y otros. Incluso, en aquella película está la explicación por la cual mi hermano, un autentico y total rebelde carente de respeto por la autoridad, decida alistarse a los 18 en un cuerpo disciplinario como las Fuerzas Armadas; así le fue – por suerte para él -.

Nuestro vecino Arrobero era una suerte de Maverick con mezcla de Mario Sánchez, el querido y recientemente desaparecido cómico argentino. Morocho, algo morrudo, petizón, con pelo oscuro peinado con gomina para atrás. Actitud de duro, como si sus genitales fueran de amianto y hormigón. Jamás saludaba a lo chicos del barrio y con los más grandes, como mis viejos por ejemplo, tenía una actitud de “estuve a punto de ganar Malvinas, si no fuera por el cagón de Galtieri”. Obviamente, que su talante lo cerraba con una gafas “Ray Ban” y una campera de cuero marrón con piel en el cuello, atiborrada de imágenes militares del tipo “Arsenal 4”, “Armada Argentina”, “Las Mojarras del Cielo Raso” o “Amantes del Destornillador” con águilas mostrando los “dientes” y banderas argentinas flameando. Un estúpido, realmente.

Lamentablemente para nuestro vecino, le faltaba para completar la escena cinematográfica una pareja de la talla de la rubia que acompaña a Cruise en Top Gun. No recuerdo el nombre de ésta blonda, pero la mujer de Arrobero se llamaba Blanca. Morocha. Ochenta y cinco quilos de carácter fuerte. Era una de esas típicas mujeres de suboficiales de la Marina. Eran algo por él, nada más allá de eso. Gordas o morochonas que habían llegado a fiestas de uniformes blancos por haberse levantado a uno de estas “mojarras del cielo”.

Arrobero tenía un Renault 11. Cuando llegaba a su casa, descendía del automóvil, sin retirarse los lentes, y abría el portón. Nosotros, curiosos, aprovechábamos para “pispearle” el casco de aviador que lo tenía guardado por ahí. Como teníamos el aro de básquet colgado en la pared de al lado, con mi hermano podíamos disimular nuestra indiscreción. Sin embargo, nuestro Maverick vernáculo, siempre nos destinaba algún gruñido, reto o mirada desafiante.

Una noche estábamos en casa con mi familia. No recuerdo bien que estábamos haciendo, pero ya habíamos cenado. Supongo que habremos estado mirando televisión o algo así. En el silencio del programa que estábamos mirando, se escuchó nítida la voz dura y terminante de Blanca. “Arrobero, ¡¡mete el auto!!”. Al seudo ídolo aéreo se le derrumbó, al menos para nosotros, la imagen de duro. La mujer lo mandoneaba como al mejor pelele del barrio. “Papá”, dijo mi hermano, “¡¡ahí lo tenés al pelotudo!!”, remarcando las consonantes.

Calculo que fue ese día que dejamos de prestar atención a su brillante casco de piloto guardado coquetamente en el garaje, cada vez que nuestro Maverick metía el auto.


viernes, 9 de noviembre de 2007

¿Besito?

Banco a muerte a la Nación, y esta bien que se comente por lo bajo de ciertos excesos amatorios de nuestra futura Presidente, pero esta foto ya me parece de demasiado tendenciosa.

Viaje

¿Me acompañas a vivirlo todo?
Quizás, hasta me puedas ayudar.
A descubrir en cada paso cual es la realidad.
Podes incluso hasta traer contigo un sueño o dos,
Así sentir que es también tu viaje, en el que estoy yo.
Pero yo te traigo conmigo para ver cual es la realidad.
Espero que te diviertas, y lo puedas disfrutar.
Y que al fin de la vuelta, me pidas otra más.
¿Sabes bien lo que quiero hacer?
No es muy complicado, solo ver la realidad.
Quiero que me acompañes. Te voy a necesitar.

Fausto Rudel

jueves, 8 de noviembre de 2007

El Abrazo Final

Máximo es alto y delgado. Ronda los treinta años de vida. Es de tez blanca, aunque su rostro tiene en ocasiones pigmentaciones rosáceas. Por su juventud, suele anteponer sus bríos a la frialdad de su pensamiento. Es una persona de carácter duro pero bondadozo. Vive con culpa sus arranques de ira, motivo por el cual no mucha gente se acerca a él.

Lola tiene su misma edad. En su caso, su rostro es permanentemente colorado, a pesar que sus cabellos ensortijados son de colores castaños. Ella es retraída y no siempre esta de buen humor. En ocasiones, no tiene la más mínima intención de saber de Máximo, y hasta se crispa por los ánimos de éste. Sin embargo, lo ama como para asegurar que quiere vivir su vida con él.

Llueve en Buenos Aires. Máximo lo supo porque pudo escuchar el ruido de las gotas al caer sobre el aire acondicionado del living. “Es lo único que faltaba”, pensó sonriente mientras intentaba limpiar del piso una gota de cera que había caído de la vela encendida para la ocasión.

No parecía ser una de esas noches en las cuales tenían que pelear, por lo menos es lo que presagiaba la bebida espumosa que esperaba en el congelador. Tampoco las fresas sentían haber sido lavadas en vano.

El timbre contento y la respiración de Máximo se agitó como aquella primera vez en la estación de trenes, en la cual él se animó a darle el primer beso. Salió al pasillo y llamó al ascensor. Cuatro, cinco, seis segundos. "Tarda demasiado" pensó, por lo que resolvió impaciente bajar los cuatro pisos corriendo y salteando escalones de la amarilla escalera. Cuando estuvo pronto a la planta baja se dió cuenta que, entre la agitación por la llegada de ella y los cuatro pisos "saltados", su presentación no sería de la mejor. Calculó que ella igualmente lo entendería. Después de todo, ya eran más de cuatro años de novios.

Este pensamiento dejó de tener importancia en el mismo segundo en que la vió. Sabía - y aún lo hace - que es hermosa, pero todavía le asombraba como Lola podía arreglarse para sorprenderlo cuando quisiese. Su pelo ensortijado tenía una suavidad y un brillo que no había reconocido jamás. El vestido de razo - adivinó al pensar, ya que se reconocía ignorante en materia de telas - le daba una soltura a su figura que, sin embargo, le hacía pensar en la firmeza de sus piernas. El vestido era de un color pastel, parecido al color crema, estampado de pequeñas flores rosas que hacían juego con el tenue maquillaje elegido para la ocasión.

Como siempre, igualmente, los ojos de Lola se llevaban los mejores halagos.

Ella estaba contenta, se le veía vivaz. Le contó camino al ascensor que sus cosas en la facultad marchaban bien, mientras él parecía prestar más atención a sus contornos físicos que a las buenas noticias que Lola le auguraba.

Entrados en el departamento, él trató de reprimir sus instintos intentando seguir las conversaciones que ella proponía entre fresa y fresa. Pero su ansiedad lo denunciaba a cada mirada. Ella sabe, en definitiva, que hace diez días que no se ven, y eso es mucho tiempo para un hombre en estos días. De cualquier manera, Lola se divirtió un rato retirándole los labios cada vez que él pretendía encender febrilmente aquellos besos. Pensó, quizás, que de esa forma agitaba un poco más las cosas. No había que desaprovechar, después de todo, el marco de velas y tormenta.

La comodidad del gran sillón del living solo les duró un momento. Lola no era alguien muy aventurada a la hora de amar, al contrario de él, quien aún al día de hoy propone proezas sexuales. “Mejor la cama” musito ella entre dientes mientras él insistía en desprenderle el botón de la cremallera.

Insistiendo las gotas sobre la ventana y el aire acondicionado, ella optó por apagar "de pasada" el equipo de música. Al parecer, Arjona no era la mejor opción.

Los pliegos de la cama acompañaron los cuerpos sudorosos y jadeantes de los amantes. El sexo siempre es mejor si se hace con amor, y en ellos eso nunca ha faltado. Esa noche, como otras veces, se tomaron su tiempo y procuraron que la pasión no se consumara en poco tiempo. Otras veces, no era tan intenso. Otras tantas, hasta es un tanto regular. Pero esa noche no. Esa noche pudieron disfrutar cada minuto, de los tantos que fueron. Conectaron y siempre son aún más felices cuando lo hacen.

Resoplaron y se recostaron junto al otro sobre el colchon un tanto húmedo. Procuraron mirarse a los ojos y decirse algo. Sin embargo, sus sonrisas fueron la mejor explicación. No hubo mas que hacer que abrazarse por un rato, esperando que la respiración bajara su ritmo acelarado.

En esos momento, él penso que, pese a la buena comunión sexual vivida, ese abrazo final era lo mejor en cada uno de sus encuentros. Ella siempre lo supo.

domingo, 4 de noviembre de 2007

Perdón Ana

Es la una treinta de un domingo de sol. Estoy en casa y tengo que estudiar para el postgrado. Rindo el jueves. De fondo juega Nalbandian la final del Master de Paris.

Pensando acerca del almuerzo, se me ocurrió hacer pollo a la parrigas. Éste se trata de un adminículo culinario, consistente en una especie de olla, que permite el ingreso de la llama directa por dentro formando una suerte de vacío. En ella, las cocciones resultan secas y crocantes. Fue un regalo de mi abuela Ana, la mejor cocinera que yo he conocido.

Ana es la madre de mi mamá. Hace un poco más de dos años que nos dejó. Una persona bondadosa y sacrificada. Es inevitable para mí recordarla en ciertos momentos, aunque sea mínimos como un pollo a la parrigas o un café con leche de filtro.

Cuando recuerdo a Ana siempre me quedo con un sabor agridulce en la garganta. Tengo hermosos recuerdos de jugar a sus pies con autitos de plástico, mientras ella cocinaba o acompañarla al gallinero a recoger huevos para el mediodía o hasta el fondo del patio para que cuelgue la ropa. Ella me daba una bolsa de agua caliente para que introduzca en la cama fría del campo. También jugaba a ocultarse la boca sin sus dientes postizos. Extraño mucho a mi abuela.

Pero también siento la impotencia de haber perdido ese avión para el 9 de Julio, quince días antes de su muerte, que me impidió verla por última vez. Todavía me reprocho aquel sueño pesado y sufro como puñales cuando se me hacen chistes sobre ese olvido. Nadie repara, quizás, en la culpa que me recuerda aquel hecho. Desearía tanto pedirle perdón.

De igual manera, aunque no en forma de reproche personal, siento con pesar el congestionamiento de transporte aéreo y terrestre que no me permitió viajar para aquel fin de Julio del 2005, y darle a Anita un último adiós. Cada tanto descargo con lágrimas estos dolores, al visitar su lápida en el coqueto cementerio de Trelew o al ver una crujiente parrigas. Ojalá pudiera decirle adiós.

Ana se va a llamar mi primera hija, como se lo prometí en vida. Espero que con esto mi abuela sienta mi amor por ella, que la extraño, mis disculpas y despedida. También poder yo perdonarme las heridas.

viernes, 2 de noviembre de 2007

El mundo Nalbandian

El Gordo va y bien, de un lado al otro. Llega y le pega con fuerza. Pero más que eso le pega con dirección y, sobre todo, autoridad. La cara del número uno muestra su desazón e incredulidad. "Será posible otra vez?". Igual que hace un par de días atrás.

En el verano el Gordo estuvo de fiesta. Corriendo autos de rally. Comiendo de más. Él es así. Juega cuando tiene ganas y nadie lo espera.

Me da pena que maneje así su carrera, pudiendo reinar el mundo del encordado. Pero después pienso que es su vida y no la nuestra.

Y él es feliz así...y está bien que así lo sea.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Aquellas sonrisas

Oscar era liciado. Andaba en silla de ruedas, producto de un accidente de tránsito. Yo era chico y de tanto en tanto me dejaba ver la herida que tenía en la base de su columna. Fumaba todo el día y era el dueño de los “jueguitos electrónicos” del barrio.

Recuerdo que Oscar juntaba las etiquetas de los cigarrillos para poder adquirir un nuevo modelo de silla. Claro que, a pesar de mis escasos años, ya me daba cuenta del contrasentido: para cuando juntase la sideral cantidad requerida, probablemente iba a tener que lidiar con un cáncer de pulmón mayúsculo.

Oscar tenía una hija. Creo que tenía doce o trece años. Hoy en día, diría que era muy chica para la anécdota que cuento, pero en aquella época era toda una mujer para mis cinco años. No recuerdo bien como se llamaba, pero si que era rubia y bastante gorda. A pesar de eso, lograba ingresar en unos blue jean bastante ajustados, que no dejaban mucho a la imaginación.

Dani tenía trece años. Era de la barrita del barrio. Éramos varios. Mas de veinte. De diversas edades: Además del Dani, estaba mi hermano, seudo Dios de la patineta y mío, de 12 años. Estaban también el Crico, Diego, Eliceche, Cristian y otros. Cerrábamos el círculo el Bebú y yo.

Un día empezamos a ver al Dani y a la rubia (creo que se llamaba Silvia), haciendo arrumacos por ahí. Por cierto, a mi edad, aquello no llamaba la atención, aunque si a los mas grandecitos de la barra. Con el correr de los días, los arrumacos comenzaron a transformarse en verdaderos aprietes. No consideré en aquellos tiempos que las hormonas podían estar haciendo efectos en aquellos jóvenes, aunque si pude notar desde mis infantiles ojos que la manija de los escarceos era llevada por la fogoza señorita.

En ocasiones, parecía que - a esta altura - el “pobre” Dani era fagocitado por la marea rubia. Verdaderas ráfagas amatorias en la puerta de los Jueguitos de Oscar, a plena luz del día, que dejaban al precoz del grupo totalmente desorientado y colorado por los labios siempre pintados de Silvia.

La escena podía verse con facilidad y en reiteradas ocasiones, ya que los tórtolos no hacían mucho para ocultarlo y, sobre todo, no hacían muchas otras cosas. Consecuencia de ello fue, como podía de esperarse, la reacción envidiosa de sus amigos de la barra: uno menos para el fútbol, uno menos para la escondida, no daban los números para el metegol y, más que nada, el hecho de avanzar más de un casillero en el “juego de la vida”.

Recuerdo, y he aquí la historia, una noche en mi casa que cenábamos tranquilamente. No retengo la ocasión pero se trataba de un festejo: había Coca en la mesa. No obstante ello, mi hermano no pasaba por uno de sus mejores momentos: su amigo persistía en ser “violado” por la hija de Oscar. Es por ello que comentaba, mediante improperios, los errores de su compinche por caer en las “garras” de aquella blonda ninfómana.

Puedo acordarme las risas por lo bajo de mis viejos. Incluso en la retina conservo la imagen de mi vieja con su vestido a rayas verde, cucharón en mano y sonrisa de lado. Ella fue la que intentó hacer una explicación a mi colérico hermano sobre la situación, disimulando el nacer de la pasión, la explosión de la juventud y el nacimiento de la lujuria. Pero fue mi viejo quien dijo lo que aún hoy recuerdo ante cada situación similar: “Y…las gordas aman”.

En aquel momento no pude entender estas palabras. Hoy, imito aquellas sonrisas.

viernes, 19 de octubre de 2007

La mente del Diez

“Minuto 55. Vamos arriba por uno. Y encima se los hice con la mano. Este “Yilton” es un paquete. Bocina, salió del área, corriendo y gritándole al árbitro que había sido mano. ¡Les robé la billetera! Y se lo pude dedicar al viejo, que esta ahí en la platea.
¡Que calor que hace, la puta madre! Havelange botón, le toma la leche al gato, hacernos jugar al mediodía con cuarenta grados. Todo por la televisión. Algún día no se va a poder jugar más por la televisión. No puedo más. Pero tengo que aguantar un poco más. Por los pibes, por la Clau. Por las Malvinas. Me fui de boca y hablé de las islas. Siempre me pasa lo mismo. Me pinchan con alguna pregunta y me sale Fiorito. Me sale el barrio.
En fin, voy a ver si bajo a buscar la pelota y la puedo sacar de abajo. ¡Igual, con el Narigón, no nos meten un gol nunca mas! ¡Estamos todos atrás!. Como me rompe las pelotas Bilardo con eso. Hincha pelotas, hace cuatro días que no duermo bien. Me entra a la habitación a preguntarme donde mierda me tengo que parar en el corner o cuanto mide el arco o como se llama la mujer del árbitro. ¡Qué carajo se yo! ¡Dejame de jode´!. ¡Dejame dormi´!.
Ahí la agarró el loco Enrique. No sabe que hacer con el “fulbo”. “¡Loco, toca!”. Ahí va. Este inglés no me saca el dedo del orto. ¡Lo tengo colgado de la espalda! Y ahí viene otro. ¿A ver? ¡Una calesita! Ahí van. Pasen nomás.
¡A la mierda! ¡Como se pone la gente! ¡Ahora si! Salimos de contra…¿Dónde esta el Burru? Ah, ahí. ¿Y Valdano? Que no se haga el lírico ahora que hay que vacunarlos a estos putos.
¡Uy! Ahí se viene Butcher. Embaladísimo. ¿La toco? No, tengo la bocha sobre la izquierda, la toco para adentro. Ahí va. Paso de largo el botón este. Seguime, seguime por el medio Burru, que te la toco a vos y te vas solo.
Ahí esta la línea de fondo. El muerto de “Fenui”. Este es un muerto. Se le escapa la tortuga. Y se fue de boca en la semana encima. Forro. Me tira una patada. Seguro. ¡Me tiene que parar! Sino ya lo enfrento a “Yilton” y es un jugadón. ¡Epa! ¡Se quedó en el medio! ¡Lo paso por afuera! Muerto este “Fenui”.
¡Valdano por el segundo solo! Ni en pedo se la toco. Ahora no. Me queda el cabeza de termo de “Yilton” nada mas. ¡Igualito que en Wembley el año pasado! ¿Qué me dijo el Hugo cuando volví? Ah, “Pelu, en vez de definir, amagale al segundo palo y segui”. ¡Que enano de mierda! Mira como sabía que se me iba a dar otra vez. ¿A ver? ¡Salió! ¡Pasó de largo! ¡Qué golazo! ¿Quién viene atrás? Uy, el muerto este. ¡Pero ya lo había dejado atrás! ¡Me parte! No, se la punteo primero. ¡¡¡¡¡Goooooooooooooooll!!!!!!!”.



Diego Armando Maradona quizás pensó esto en aquellos diez famosos segundos de talento y divinidad. Quizás no. Seguramente a alguien me dirá que no pudo haber pensado todo esto en un poco más de diez segundos. Bueno, puede ser…pero tampoco pudo haber hecho un gol así.

jueves, 18 de octubre de 2007

El Jogo Bonito (o del Llamado a la Solidaridad)

Va Robinho por la punta. Hace la bicicleta. Una, dos, tres, cuatro veces. El marcador no entiende nada. El delantero del Real Madrid va hasta la línea. Cuando llega hasta el fondo amaga una rabona. El defensor entra como un caballo, pero así y todo tira un patadón como para reventar la pelota o al moreno delantero. Sin embargo, Robinho la pisa en una baldosa y sale rumbo al arco. Luego viene el centro, el rebote y el remate de Elano para marcar la cuarta conquista carioca.

Este era el mismo Robinho que en el primer tiempo casi ni había tocado la pelota. El que desapareció en el Boca – Santos del 2003, y que ahora, con el tanteador ampliamente en su favor, se dedicaba a mofar al pobre defensor rival. Y ahí me indigné.

Realmente estoy cansado de los brasileros. Sinceramente. Y esto va más allá de la rivalidad con Argentina. Me han artado, y es un pensamiento que viene de la observación general del fútbol, tanto a nivel clubes como a nivel selecciones.

La primera explicación se encuentra en la jugada antes comentada. Al brasilero le gusta sobrar. Conociéndose muy superior técnicamente, se dedica a ridiculizar a sus oponentes a través de gambetas, regates, lujos y detalles. Y no lo hace con un sentido utilitarista de llegar a la meta. Debemos entendernos: si tiras un caño en el área para poder pasar y definir frente al arquero, está bien. Ahora, si sabiendo que podes pasar al rudimentario defensor, le tiras mil bicicletas, lo esperas, le amagas una rabona y demás, cuando lo pusiste haber pasado con la primer bicicleta, ya es boludeo. Adviértase que en el mismo festejo, Robinho sale corriendo como en enajenado, mostrándose como un mico, ante la bufonería realizada al ecuatoriano.

Y esto, mis amigos, Brasil no lo hace cuando va 0-0 o con el marcador en desventaja. No, lo hace cuando gana por varios goles. Eso habla de la cobardía del jugador de la hermana confederación.

Y el segundo elemento a considerar es que, ante cualquier conducta similar a las anteriores que ellos deban afrontar, responden con la violencia desmedida. No se la “bancan”, en síntesis. Si ven que alguno se las muestra, recurren a la fuerza desleal, llegando en muchas ocasiones a golpes de puños. En resumidas cuentas, habrían sobrados elementos para catalogara a los brasileros como unos cobardes de mala leche.

En razón de ello, hago los siguientes llamados a la solidaridad: (i) A los riquelmes, messis, fernández, recobas, cabañas y demás habilidosos del fútbol latinoamericano, cuando jueguen contra Brasil, tiren caños, rabonas, lujos, muestren la pelota, sobren al rival, y (ii) a los heinzes, burdissos, militos, cordobas, que incrusten vuestros tapones en el paladar de Robinho, Ronaldinho, Kaka, y todos los morenos brasileros que buscan la humillación del rival con el objeto de subirse al podio de los grandes, vana tarea si consideramos que dicho olimpo se hace con honores y no con cobardes y cagones.

El vestuario

- Te digo algo Rene. Me gustan las minas con culo grande. No se porque. Hay algo en esos panqueques que me atraen, dijo el Julio, guarango como es.
- "¡¡Pero no seas ordinario, querido!!" reprimió Ernesto, exagerando su indignación un poco más de lo necesario.
- No te me hagas el fifi, que bien que le miras las torta a la hermana del turco, cada vez que le trae lo del kiosko, vociferó casi Rene, lo que hizo los muchachos del vestuario que se estaban cambiando al lado de ellos, tiraran un risita de costado.
- “Pero no seas infeliz, Rene, que a Miriam la conozco desde que tenía siete años”, reclamó Ernesto.
- Si pero en esa época vos tenías como nueve años, y no le mirabas la pastelera como ahora, embatió nuevamente a carcajadas.
- "Y no, enfermo, no" dijo Ernesto como terminando el tema.
- "Che, que paliza nos comimos acá con los muchachos", se metió Ramiro que intentaba sacarse los botines puma que se había comprado para la ocasión, mientras señalaba con la pera a los rivales de turno.
- "Y que queres? si el gordo no se puede mover en la cancha, y el Tijera no la clava ni mamado", sentenció Rene como resignado.
- "Bueno, muchachos, los años no vienen solos" dijo Ernesto tratando de justificarse un poco, sabiendo que entrado el segundo tiempo no había levantado los pies.
- "No viejo, esto es diferente. La edad no tiene nada que ver. Lo que pasa, mi viejito, es que algunos tienen un frigorífico noruego en el pecho, querido!!!", tiró ampuloso Rene. "Si vamos perdiendo por dos, hay que pensar en remontar y no quedarse en el área aguantando el resultado".
- "Pero negro cabeza de tacho, que decís?, si vos jugas en el fondo conmigo. Y que yo sepa en el área somos vos y yo, además de Ramirito que nos da una mano en el arco".
- "Bueno, ahí tenes, ahí tenes. Yo no quería decir nada, pero al grandote de ellos me lo tuve que aguantar yo. Y así y todo al ataque iba. Bien que me mandaba al ataque, o no Ramiro?", buscó complicidad Rene.
- "Si, pero el grandote nos hizo seis de los cinco goles, Negro. Cinco nos hizo. Que quiere decir eso? que marcaste como el culo, querido. Que marcaste como el culo, Papá", dijo Ernesto sabiendo que se venía el griterío.
- "Pero vos quien te crees que sos, viejo pelotudo!. Encima de viejo, sos un jeropa que no reconoces que te gusta el culo de Miriam. Bien seguro que te arrancas antes de venir en los partidos, y por eso no podes levantar las patas", insultó Rene.
- "Bueno, muchachos, tranquilos", trato de serenar Ramiro. "Eran mejores que nosotros y basta".
- "Pero negro de mierda, ignorante!!!", no te das cuenta que sos un salvaje!!! Quien carajo me mando a llamarte para que juegues acá, me queres decir? quien me mando?".
- "Tu mujer te pidió, gil, tu mujer...y a mi también", dijo desafiante el rústico de Rene, cuadrando la guardia porque sabía lo que se venía.
Ernesto largo el shampoo que tenía en la mano y se le fue al humo a Rene, lo que provocó que se le desprendiera la toalla de la cintura.
- "Pero que te pasa viejo puto? me venís a pelear en pelotas o salistes del closset" hirió nuevamente Rene.
- "Te voy a matar!!!", histérico grito Ernesto.
- "Paren muchachos, paren la concha de su hermana!!! Siempre lo mismo, carajo" ya caliente gritó el Ramiro, mientras los separaba ayudado por dos de los muchachos rivales del partido.
- "Pero salí de acá, maraca, que no podes pelear a nadie. Mirá las bolas viejas que tenes, querido. Jubilate, pareces una pasa de uva albina viejo".
Ernesto tiró una trompada por arriba del cuerpo de uno de los muchachos que lo sostenían y le dio de lleno a Ramiro en la nuca.
- “No bueno, basta, esto es el colmo. Cagense a trompadas entre uds. Me tienen las bolas llenas. Encima que tengo que venir hasta acá y que me llenen la canasta, tengo que ponerme a separar a dos pelotudos como ustedes, que se pelean todos los partidos!!! No juego más. Fumenmela y búsquense otro arquero” sentenció Ramiro, agarrando a la pasada el bolso Adidas.
Ahí se les transformó la cara a Rene y a Ernesto.
-“Noooooo, Ramirito, no te calentes. Para, no te vayas, querido”, dijo Rene.
- “Para Ramiro, para. Vos sabes como es esto. Al negro de mierda este lo conozco hace mucho. Son todas boludeces. No te hagas drama. No nos podes dejar sin arquero a mitad de campeonato”, se sinceró Ernesto.
- “De en serio, viejito, al bolas tristes este yo lo quiero como un hermano. Y bueno, a los hermanos se los quiere así. O no viste a los Contempomi putearse en medio de los partidos de los pumas?”, se rió Rene, mientras palmeaba a Ernesto, que seguía desnudo ante la mirada de todo el vestuario.
- “Bueno, pero me tienen cansado, loco” enojado Ramiro.
- “Ya esta, ya esta. No te calentes. Mira, si hasta le doy un beso al grone este, todo chivado como esta”, riéndose Ernesto.
- “Bueno, bueno, pero alejame la nutria que me estas rozando el muslo”, jocoso dijo Rene.
Ramiro rió.
-“Ya esta. Ya esta. Todo solucionado. No vamos a perder el arquero por una boludez. Me prestar el jabón, Viejo?”, pregunto René.
- “Toma, Negro sucio, pero sacale los alambres, que me lo dejas hecho un desastre”.
Cuando salió de la ducha, la pelea había sido olvidada, y habían logrado conservar lo mas importante en un equipo de fútbol.

lunes, 15 de octubre de 2007

Era el próximo nomás...

Corría en forma graciosa. No se. Puede ser que sea debido a que lo considero una de las personas más graciosas que conozco. Pero esto era más allá de su gracia natural. Se trataba de un paso de seudo garza. Cortito. Como que su flaco cuerpo se iba a partir en el siguiente paso.

Llevaba puesto un saco de corderoy con un buzo de capucha abajo. El Ruso corría a su lado. Altivo, displicente, convencido. Él no. El venía como corriendo a una milésima de segundo menos de lo debido. “¿¿¿Por que me pasa esto!!!???” o “Ruso de mierda, para!!! Esperemos el otro bondi, ya fue”, seguramente pensaba.

Mientras los veía desde el hall de mi edificio, me dio la sensación de que él sabia que no tenían que tomar ese 152 que se les escapaba…

Hoy me contó que finalmente lo alcanzaron y a las pocas cuadras el colectivo se quedó sin Gasoil. Debieron bajarse y esperar el próximo.

viernes, 12 de octubre de 2007

No lo soñe...

Cesar tiene veinte años y esta siendo trasladado de urgencia hacia el hospital municipal. Sufrió quemaduras de extrema gravedad, producto de una explosión de gas. Había estado cocinando para sus hermanas, y en un descuido dejo la perilla de la cocina abierta. No obstante ello, jamás alcanzó a darse cuenta de todo esto cuando prendió el cigarrillo.

La ambulancia surca las calles de la ciudad en forma demoníaca. Los minutos son cruciales en esta carrera por la vida. El conductor lo sabe y por ello agrega la bocina a la ya virulenta sirena. No obstante lo apremiante de la situación, el chofer tiene confianza en su pericia. Jamás ha perdido un paciente, al menos por su culpa.

Es miércoles y son las tres y media de la tarde. Ha sido una semana difícil en la capital de la provincia. Estamos a semanas de las elecciones y el clima político se esta tornando insoportable. Ha habido algunas muestras de violencia, tanto de parte de los gremios como de las fuerzas de seguridad.

Venancio Cardozo (el conductor de la ambulancia) viene trayendo al paciente en un muy buen tiempo y confía en el éxito de su empresa. Había tomado la Av. 25 de Mayo y luego un atajo por el pasaje Tucumán, lo cual le había ahorrado algunos minutos. Solo quedaba encontrar a la Av. San Martín sin demasiado tráfico y el resto estaría hecho.

Sin embargo, raudo por Manuel Belgrano, al encontrar aquella avenida, advierte que el panorama se le complicaba. Cesar Manual Alderete, cabeza principal del “gremio” de desocupados en la Provincia, ha llevado a sus muchachos frente al Ministerio de Trabajo provincial, con el objeto de solicitar un aumento en los planes sociales. En realidad, todos saben que se trata de un apriete, ya que el grupo de presión responde al candidato del gobierno nacional, que aspira a desbancar a la cabeza del ejecutivo, quien representa al partido provincial.

Los señores gremialistas portan palos y sus caras se encuentran tapadas con pañuelos algo sucios. Muchos de ellos son gordos que superan las tres décadas de vida, pero muchos mas son jóvenes que no superan los veinte años, y Venancio apuesta a que jamás en su vida han intentado buscar trabajo.

No obstante ese panorama, el chofer sin cesar la sirena, se acerca el grupo a una velocidad prudente, confiado en la excepción del piquete por parte del gremio transportista para el vehiculo médico. Dos o tres “gordos” se le paran adelante, desafiantes. Alguno golpea el capot con su machete. Venancio pide clemencia y humanismo. Del otro lado no responden como esperaban, y siente como la chapa de la ambulancia repica ante cada piedrazo. Cardozo siente la ira e impotencia explotando por su frente, y dispara un insulto en el guaraní de sus ancestros. Los gremialistas sospechan que es una maniobra argüida por el Gobernador para disipar el piquete, por lo que resuelven arrojar nafta sobre la ventana del acompañante. Segundo se introduce el fósforo encendido desde el mismo espacio.

La explosión conmueve al conductor paraguayo, quien queda atontado por el estruendo. Temeroso de su propia vida – ya que alguna llama había logrado alcanzar una de las bocamangas de su uniforme verde agua -, Venancio Cardozo desciende de la unidad de emergencias y comienza a correr por San Martín en mano contraria, mientras algún veinteañero encapuchado lo azota con su macana.

El grupo de treinta personas que ocupaban el frente del ministerio festeja el incidente, bailando en derredor de la ambulancia en llamas, la cual poco a poco fue apagándose.

Los violentos solo se enteraron que había alguien en la parte posterior del vehículo asistencial, cuando se los confió por lo bajo el Jefe del Departamento de Bomberos.

Tres semanas después, se llevaron a cabo las elecciones provinciales, y el resultado no fue influido por aquel incidente olvidado.

(NdA: Uno puede escandalizarse por el punto de vista elegido y criticar la idea plasmada en esta historia, tildando a quien suscribe de diversos y variados epítetos. Pero estas cosas pasan...y es una vergüenza).

Un lindo ejercicio

Escuchar música mientras trabajo.
Descubrir bandas no tan conocidas.
Entrar en la cama recién hecha.
Que el primer trago de Coca con hielo sea largo.
Wisky con frío. Vino con cena. Fernet cuando salgo.
Cerveza siempre, sobre todo cuando llego del trabajo.
Gritar un gol.
Que me feliciten por algún laburo.
Hacer sentir bien a mi vieja.
Jugar al futbol.
Hacer asados, comer sushi.
Quedarme en la cama media hora más.
Desayunar afuera los sábados.
Leer el diario en la cama los domingos
Los viernes. Enteros.
Comer una picada.
Cocinar para alguien y que le guste de en serio.
Estar tirado en una playa.
Una ducha caliente en invierno.
Pasar una tarde en una pileta.
Ciertas miradas.
Charlar con mi viejo.
Hacer un chiste y que se rían.
Ayudar a un amigo cuando tiene un problema.
Fumar un cigarrillo cada tanto.
Abrazarla cuando me despierto.
El olor a nafta.
Ir a la cancha.
Ver llover desde mi cuarto.
Oir las gotas sobre el aire acondicionado.
Escribir esto.
Comprarme ropa.
Jugar con mis sobrinos.
Ver muchas veces la misma película.
Tomar mate a la mañana.
Manejar en la ruta, escuchando los Chalchaleros.
Bailar.
La neblina.
Encontrar un capítulo de Friends, a cualquier hora.
Tener ordenado mi escritorio.
Ser abogado.
Decir lo que siento.
Sentirme querido.

jueves, 11 de octubre de 2007

¿Qué es la poesía?

La poesía. ¿Qué es la poesía? Yo se un poco de muy pocas cosas. Y por eso tampoco me puedo permitir ser terminante acerca de cuando una poesía es buena o mala. Lo mismo me puede pasar con un cuadro, o un guiso de lentejas. Descubro con estos ejemplos mi rusticidad, pero también mi opinión.

Me parece que se trata un poco de la subjetividad de los gustos. No quiero caer en el viejo chiste del “Gustos son gustos…”, pero un poco de verdad hay detrás de todo eso.

Puede ser que haya ciertos parámetros objetivos que prohíban poner en pie de igualdad a un Miguel Angel que al Grone que te pinta la pared de tu casa. Pero me parece que pasa por otro lado la cosa. Se trata, centrándonos ya concretamente en la poesía, del sentimiento que se expresa y el contenido de las palabras que se vuelcan. Un claro de emoción traslucido en un trozo de papel es lo que yo, particularmente, busco en una poesía.

Alguna vez escribí poesías. No quiero decir que lo he dejado de hacer, pero ya hace tiempo que no ocurre. No se porque, pero debería retomar. En aquellas oportunidades quedaba muy conforme con ellas. Su métrica no era lo que me alegraba. Tampoco su sintaxis. Todo lo contrario. Pero, sin embargo, me permitían expresar de alguna forma un sentimiento. Y claro que lo hacían.

Debo advertir que este texto no trata de justificar de alguna forma mi falta de talento literario. Es otro fin el que me guía en esta ocasión.

He leído muchos poemas y textos de ése estilo en mi vida. No quiero decir con esto que me he dedicado a ello, pero en el colegio se encargaron de mostrarme ese aspecto de la literatura. Becquer, Garcilazo de la Vega, Rubén Dario. “Podría escribir los versos más tristes esta noche” o “Volarán las oscuras golondrinas” o algo así. Otras también. Muchas de ellas eran bonitas, ajustadas, objetivas, centradas. Pero para mi, vacías. No era eso lo que apreciaba.

Aún hoy sigo viendo a la poesía como en aquella época. Cuando reflexiono sobre ella, y volviendo a los conceptos volcados sobre los orígenes de este texto, debo advertir que no puedo explicar mi opinión de mejor forma, que no sea mostrando la poesía perfecta. Automáticamente me visita este fragmento, que mas que eso, se trata de un pedazo del corazón que alguien, hace mas de veinte años, saco de sus entrañas sin saber que nos estaba dejando un poema que, si bien no era perfecto, fue de lo mas hermoso que hemos podido escuchar.

Mis saludos a ese poeta contemporáneo quien, hasta con nombre de poeta, a más de dos décadas aún consigue ponerme la piel de pollo…

martes, 9 de octubre de 2007

Bi orno tubi (...o de la encuesta pizzera)

Tampoco estamos hablando de la disquisición filosófica entre tomismo y positivismo. No nos atrevemos a igualar la centenaria discusión entre liberales y conservadores. Derecha e izquierda. Ni hablar de religión.

Nos reconocemos ajenos y distantes, incluso, a batallas más banales como contiendas deportivas del tipo River – Boca, Vilas – Clerc o Maradona – Fangio.

Hasta reconocemos que sería más divertido que la pregunta se dirija a otras calóricas discusiones como “Pata-Muslo o Pechuga” o “Busto - Cadera” (disculpen estos últimos términos, pero he recibido comentarios de mi suegra acerca del blog, y no quisiera parecer soez ante ella).

Pero en este espacio, nos pareció prudente terminar, al menos y en forma definitiva, con una polémica que hemos escuchado en varios reductos porteños: ¿Cuál es la mejor pizza de Buenos Aires? Hemos visto gente disputarse a golpes el teléfono para marcar su número predilecto. Hemos hasta incluso presenciado una batalla de aceitunas con carozo, ante esta nimia cuestión.

Es por ello que nos atrevemos a encender la polémica para poder, si bien no con precisión matemática, tener un antecedente que legitime al elegido ante la discusión eufórica cuando el bagre empieza a pedir una especial con morrón o provolone.

Ahí les dejamos, entonces, la encuesta que aspira a dar una respuesta aunque sea a alguno de los interrogantes generados. Aclarado ello, quizás si, podramos discutir si Dios existe o “El Capital” de Marx fue una gran mentira.

domingo, 7 de octubre de 2007

Era una buena idea...

Fui a un bar a mirar el superclásico. Me pareció una buena opción llegar un rato antes de las dos, almorzar y ya quedarme para ver el partido. Es el encuentro más importante del fútbol argentino y esperaba que nos podíamos llevar un buen resultado de visitante.

Empezó el partido y pensé que sería una buena idea escribir un poco acerca de los nervios que se viven durante el partido. La preferencia a que los empates ya estuviesen firmados previamente y no tener que sufrir como un caballo. Pensé en armar un buen texto, quizás teniendo de fondo el tufillo de algún cuento de Fontanarrosa que hablaba sobre la decisión de un hincha de central de no ver el clásico rosarino y quedarse en su casa. "El vuelo de los pájaros" creo que se llamaba el relato del Negro.

La idea era buena, reitero. Contar todos esos estados de ánimo que uno atraviesa durante el partido. Los nervios, la ansiedad, el miedo, etc. Pensaba poner que no valia la pena sufrir así y demás, para terminar rematando que Boca ganaba uno a cero y todo lo que había afirmado se iba por la borda para pasar a la euforía y a la negación de todo lo anterior. Con algún remate interesante, la idea ya estaba cocinada.

Pero Boca jugó horrible y perdimos dos a cero, con precio. Y ahora solo pienso que soy un pelotudo por ponerme así por un partido de fútbol. Solo espero que Palacio alguna vez me obligue a disculparme por putearlo tanto como esta tarde.

Quizás pueda leer a Borges y consolarme un poco, aunque me parece que Jorge Luis sabría mucho de todo, pero no sabía nada de fútbol.

sábado, 6 de octubre de 2007

Plan de juego

Tranquilo. Adusto. Se manejaba sereno entre toda esa gente que completaba el semipiso del bar. No quería mostrarse excitado frente aquella muchedumbre. No era gente muy importante. Pero había algunos conocidos. Alguna vedette, corredores de autos, y hasta algún ex preparador físico de la Selección mayor de fútbol. “El Ambiente”. También, lógico en esos reductos, muchos gatos y falopa.

“Boludo, ahí esta la Fulanita” o “Mira quien esta ahí!!!”, de sus amigos lo empujaban a mostrarse sorprendido. Pero no. Él no quería exponerse como sapo de otro pozo. Adopto la actitud natural de quien se esta comiendo un pan con manteca en la cocina de su casa. Si los gatos miraban, él también lo hacía pero con confianza. La vedette le pedía permiso, se lo daba como a la señora de rulos que se subía al 152 antes que él.

Se reconocía, igualmente, más cómodo en esos antros, donde se baila apretujado, centellando avances femeninos, bajo el brillo de la transpiración traslucida de los flashes de neon.
Pero eso lo sabía él, nada mas. Y no estaba dispuesto a revelarse. En el bar de moda, sería uno mas y no mostraría la hilacha. Eso resultaría, pensó. En cualquier momento, alguien le haría algún comentario. Sería aceptado en esos círculos, al verse forma de conducirse en ese mundo. Como uno más de ellos.

Nada de eso ocurrió. Cuando estaba buscando la campera para irse, vio que uno de sus amigos le estaba rapiñando el cuello a una de estos yiros, como varias veces lo encontró en aquellas “seudo trincheras” federales de la conquista femenina.

Se fue buscando excusas para su fracaso y pensando que aquellas trolas habían perdido una oportunidad de oro. Camino tres o cuatro cuadras. Encontró un taxi y se fue a dormir solo.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Labios color carmín

Flavia tiene los labios rojos. Carnosos. De esos que te provocan mirarlos sin prestar demasiada atención a lo que lo rodea. Ella esta juntada, pero hace poco, y hay algo en su mirada pícara que le permite a Esteban seguir insistiendo.

Juntos pasan algunos momentos todos los días en el “refreshment” del banco donde trabajan. Él siempre se pemite alguno piropo que ella no se preocupa en rechazar. Todo lo contrario. El "Ay, Esteeeeeeebaaannnnn" que le esboza con aquella mirada, lo hace imaginar que algún día, por fin, la podrá rematar en aquella sala de cuatro por cuatro con postres de gente de traje y sonrisa armada.

Un día Esteban se animó y le dijo "No puedo dejar de pensar en probar tus labios y dejar de imaginar que deben ser parecidos al fuego". Ella lo miró extrañada, como sorprendida de sus palabras. Le contesto con un escandalizado "¡¡Esteban, tengo novio!!". Él, aturdido, solo atinó a decir "Perdón, es que...me confundí".

Las semanas siguientes Esteban dejo de intentar cualquier diálogo. Ni siquiera eso, cualquier encuentro. Calculaba que no iba a soportar aquellos labios color carmín sin volver a sentir la contrariedad del rechazo.

Una tarde estaba en el "refresh" tomándose uno de esos café-barro de máquina. Estaba pensando en cualquier cosa, menos de trabajo. A sus espaldas escucha "Hola Esteban, ¿como estas?". Ella toco algunos temas intrascendentes que él ni se esforzó en continuar. Cuando hubo de sentirse un poco cómoda, Flavia le contó del final de su relación de pareja, con algún comentario acompañado de aquella mirada atrevida.

Esteban se paró, liquidó el fondo del horrible café y le dijo tranquilo: "¿Pero quien te crees que sos, negra jetona? No, te confundiste…". Dio la vuelta y se fue, sintiendo que había largado, por fin, aquella frase colgada de su lengua.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Un pibe con onda

Si, si. Merece una entrada, ¿Cómo no?

El viernes estaba en una reunión de socios de una S.R.L. De golpe empezaron los acordes de una banda. Claramente estábamos al lado de una sala de ensayos de alguna bandita porteña. No tocaban mal. Tenían buenos acordes. Me hacían acordar mucho a una de mis bandas favoritas.
En fin, la reunión de socios estaba medio áspera, con lo que lo anterior no fue más que un fugaz pensamiento. Estaban tratando de limpiar al gerente de la sociedad, para meterle una acción de responsabilidad. Caras de perros, y algo de fastidio en los mas grandes por el “bochinche” que venía de al lado.

En un momento de distensión, el Gerente (que no sabía como hacer para zafar) dice “¿Saben quien esta al lado? Babasónicos”. El oído no me había fallado. Tenía ganas de cortar todo e irme a meterme en la sala de ensayos del, seguramente, próximo disco de la banda.

Cuando me estaba yendo, con una parva de libros de la sociedad bajo el brazo, y mi corbata de Yuppie, me lo cruzo a D`Argelos. Debo admitir que me invadió una sensación de desencanto en primer lugar, para luego pasar a una bronca, un tanto desenfrenada. La imagen del ícono de la banda traía puesto un pullover verde, algo raído, y una jogginetta azul Francia que probablemente conservaba desde el primario. Los pelos revueltos, no cortados hace mucho. Además de ello, me llamó muchísimo la atención su metro sesenta. “¿Pero como puede ser que el enano de mierda este, tenga tanta onda y levante?”

Y ahí si, comprendí. La grandeza de ese seudo gnomo. Ese hobbit que he visto en varias ocasiones hacer delirar a varios miles de féminas, deseosas de su brillo – el cual seguramente corresponderá gustoso-. También comprendí el error de no haber aprendido un instrumento.

La verdad es que no me dio para hincharle las pelotas, con mi atuendo de pelotudo de oficina.

Ahora estoy viendo la grilla de conciertos de Babasonicos para ver cuando estrenan el disco.

martes, 11 de septiembre de 2007

María del Carmen

Hoy es el cumpleaños de mi vieja. María del Carmen. 11 de Septiembre de 1944 fue su nacimiento. En Arroyo Corto. Un pueblito del sur de Provincia de Buenos Aires, en una zona de alemanes del Volga. Mi gente. Hija de Ana Redel y Enrique Rudel. Algún día contaré de ellos. Allí también podremos encontrar un poco a mi madre.

Mi vieja tiene sus cosas. Todo el mundo las tiene. Pero es mi mamá. Y a Dios gracia puedo decir que estoy orgulloso de ella. No quiero caer - aunque podría - en esa frase juvenil de "Mi mama es la mejor del mundo". Lo es, ciertamente. Pero me parece mejor decir que, además de producir en mi esa debilidad sentimental que produce toda madre - sobre todo en un hijo varón, con el Edipo bastante mal curado -, le agradezco todo aquello que ha hecho por nosotros toda su vida. Por nosotros incluye a mi viejo, quien sé, con toda seguridad, incapaz de vivir sin ella; a mi hermana, todo un clon de María del Carmen; a mi hermano - quien parece haber olvidado -; a sus padres; y a mi.

Mi vieja es todo sacrificio. Garra. Empuje. Cualquiera podría, sin esfuerzo alguno, catalogarla como una auténtica germana. Y mi vieja es así: ¿se tiene que levantar a la seis de la mañana y dejar de laburar recién a las diez de la noche? Lo hace ¿Tiene que ir a dar clases a Usuhaia los fines de semana para que uno de sus hijos estudie una segunda carrera? No importa. Ahi va. ¿El 90% de su guardarropa es el mismo hace veinte años porque prefirió poner su dinero en sus hijos? Nunca se quejará por ello. Es un constante y perpetuo abondonarse para dar un poco más a los que están en su familia. Esa es mi madre.

María del Carmen quizás no venga un día y te de un beso diciéndote que te quiere mucho. Quizás no sea tan permeable a un lindo abrazo. Pero te va a preguntar si tenes ropa limpia, si la heladera esta llena, si queres ir pasar un fin de semana en Trelew. Cosas así. Demuestra con hechos y deja las palabras para otros momentos. Siempre tiene su preocupación puesta en alguien mas que en ella.

Algún día, con mis primero sueldos, le regalé un anillo de oro. Le hice grabar la palabra "Siempre" en su parte interior. Le dije que yo iba a estar con ella por ese tiempo, que podría contar conmigo, que la quería mucho y que le iba a estar agradecido de por vida. Pero omití que también significaba que eso es lo que yo siento de su presencia. Siempre estuvo. Ahí conmigo. Aunque si por ahí no estuvo a mi lado en cuerpo, ha estado su presencia en cada momento de mi vida.

Y su presencia, dejenme decirles, no se limita al sacrificio por su familia del cual ya hice referencia. También lo entiendo cuando advierto en mi una resistencia especial en el trabajo y ante los factores adversos, un sentido estricto y ferreo de la responsabilidad, la medida ante el derroche y la rectitud de la conducta. Cuando veo que ella es y ha sido el nervio central de mi familia, dejando su marca en los principales valores que poseemos.

Por ello, digo que estoy orgulloso de mi madre, y más aún, agradecido. Me siento en deuda con ella para el resto de mis días, sabiendo que jamás estaré cerca de poder devolverle todo lo que ha sido en mi vida. Solo espero que ella llegue a sentir en algún momento que, aunque sea, lo intento.

Esa es mi vieja, y creo que es mucho mas que decir "Tengo la mejor Mamá del mundo". Gracias por ser mi mamá. Siempre.

Pd. Alguna vez tuve este cartel colgado en la puerta de la pensión que me toco ocupar en mis primeros años en Capital. Me parece que puede ser un lindo regalo para ella:

"Cuenta una leyenda que a un angel que estaba en el cielo le tocó su turno de nacer como niño y le dijo un día a Dios:
- Me dicen que me vas a enviar mañana a la tierra. ¿Pero como vivir tan pequeño e indefenso como soy?
- Entre muchos ángeles escogí uno para ti que te está esperando
y que te cuidará, le dice Dios.
- Pero dime, aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír,...
-Eso basta para ser feliz, Tu ángel te cantará te sonreirá todos los días y tu sentirás su amor y serás feliz.
-¿Y cómo entender lo que la gente me hable si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres?
- Tu ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar y con mucha paciencia y con cariño te enseñará a hablar.
- ¿Y que hará cuando quiera hablar contigo? Tu ángel te juntará las manitas y te enseñará a orar y podrás hablarme.
- He oído que en la tierra hay hombres malos. ¿Quien me defenderá?
- Tu ángel te defenderá a costa de su propia vida.
- Pero estaré siempre triste porque no te veré más Señor.
- Tu ángel te hablará siempre de Mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia aunque yo siempre estaré a tu lado.

En ese instante una gran paz reinaba en el cielo, pero ya se oían voces terrestres y el niño presuroso repetía con lágrimas en sus ojitos sollozando: Dios mío. Si ya me voy, dime su nombre: ¿Cómo se llama mi ángel?
-Su nombre no importa. Tu le dirás...MAMA".


Feliz cumpleaños, Vieja. Te quiero mucho.

lunes, 10 de septiembre de 2007

Pedro y Ana

La casa tiene dos pisos. Cada uno de los chicos tiene su pieza. Hay una cocina amplia, donde puedo meter en una cacerola todo lo que encuentro, para después darle un nombre elegante: Guiso de batatas y almendras a la sidra, por ejemplo. O pollo con duraznos y brócolis al ajillo. Casi siempre me sale bien el invento, aunque a veces termino comiendo solo.

Hay un lindo living, y una sala para mirar televisión. Cuando tuvimos a los chicos, sacamos la tele del cuarto. Más allá, esta mi estudio u oficina. Bah, mío. Es el estudio que usamos con mi mujer para guardar nuestras cosas de laburo. Esta la computadora y un lindo escritorio.

En el patio - grande y con plantas -, esta la pileta. Es el gusto que me di, junto con el quincho. Es modesta: 10 metros por cuatro. Pero los paga. Pocas cosas las disfruto tanto como lagartear en la pileta, con amigos o los chicos.

Y por último, el quincho. Es bastante grande. Tiene una mesa de una madera clarita, rustica, bien barnizada con capacidad para 16 comensales. La parrilla es amplia y tiene su canasto de acero para las brasas. Al costado deje un espacio para hacer un par de corderos al asador al año. Como me enseño mi viejo. Mi viejo, como lo extraño.

En las paredes están los adornos que hace mi mujer: flores secas, cuadros, etc. Pero el quincho es mío. Es mi lugar. Ella insiste con meter sus detalles, pero el quincho tiene que tener idea de campo. De naturaleza. Están las cosas viejas que saque del almacén del abuelo Enrique. Hay unos buenos carteles. Fotos de la familia: los chicos, los abuelos, los bisabuelos. Camisetas de fútbol enmarcadas. Puse un metegol, un sapo y un juego de sillones. La verdad es un buen ambiente. Con razón las fiestas las pasamos ahí. Por último, en un cuarto aparte, como me enseño el Beto, mi suegro, una heladera con cervezas, otra con los tintos, los maderos para asar, y algunas cosas indispensables para el quincho.

Esa es mi casa, donde vivo con mi familia. El mar se escucha, a veces, de lejos.

Ana tiene tres años. Tiene la cabeza como el sol. Tanto es así que cuando se pone a contraluz con el mismo sol, parece que sus cabellos fuesen transparentes. Tiene la carita de su madre, o sea, los cachetes rosados y tersos, los ojos color turquesa, y una nariz de pompón que puede derretir a cualquiera.

Hoy es domingo y Ana se levantó temprano. Yo estoy en la cama. Me desperté hace dos minutos porque escuche a su madre que había ido al baño. Estoy solo, disfrutando quizás un poco el poder estirar la pierna para el lado derecho, sin que me ladren de al lado. La persiana esta medio alta, raramente, ya que me la bajan todas las noches (una batalla que perdí en el noviazgo). Hay una claridad matinal hermosa. El cuarto se ilumina resaltando los colores pasteles del cuarto (más que una batalla pérdida, una concesión dada).

Miro hacia la puerta y la veo entrar a Ana con su carita de dormida y sus pelos todos desordenados. Esta vestida con su pijama de flores rosas. Con una mano se refriega los ojos y con la otra lleva a su oso de peluche arrastrando. Esta descalza (se debe haber sacado las medias que le puso la madre para dormir... para dormir en “patitas” como dice ella y como me gusta a mi).

Entra sin preguntar nada, aunque hace como un gruñido-mimo, mascullando algo así como “Paaaaa”. Se trepa a la cama, tirando primero sobre ella a “Pepo” (su oso). Trepa una patita, da un salto, y en un segundo esta subida, a un costado mío. Sin preguntarme nada, y casi sin mirarme se tira encima mió y cierra los ojos. Como cuando era recién nacida, la acuesto sobre mi pecho. Ella me abraza y yo también. Llega la madre y se acuesta a un costado, pasando un brazo por encima de nosotros.

Ayer también solté una lágrima, cuando volví de trabajar. Abrí la puerta del living, y la vi venir corriendo desde la cocina. Casi se cae en el camino porque sencillamente es chiquita. A pesar de su tropezón, siguió corriendo y gritándome. “¡Papá! ¡Papito!”, decía con su voz fina y dulce. Es difícil aguantar la emoción cuando se aferran tan fuerte de alguna de tus piernas. Es difícil, digo, aguantar.

Pedro es más grande. Tiene ocho. Fue el primero, a pesar de que su madre dijo que esa prioridad estaba reservada para una mujer. Pedro es rubio también. Flaco y alto. Tiene más mi cara. De hecho se parece mucho a mi cuando tenía esa edad. También es deportista. Juega muy bien a casi todo lo que practica, pero se interesa solo por el fútbol.

No se que decir de Pedro. Es mi amigo. Mi mejor amigo. Es la persona que mas me hace reir en todo este mundo. No pasa un solo día en que no trate de estar un momento solo con él. Aunque sea para que me cuente algo a mi. Llevarlo al cole solo. O patear un par de veces al arco, o jugarle un algo en la compu (aunque me gane siempre).

Me gusta hablar con él. Aconsejarlo. Compartir cosas. No puedo evitarlo. Mi viejo lo hizo conmigo. Siempre estuvo. Siempre estará. Me encantaría que Pedro tuviese de mi, la imagen que yo tengo del viejo.


Afuera llueve. Pero no tiene nada que ver con que yo este pensando esto. Lo hago a menudo. Pienso en mi dentro de unos años, y que es lo que quiero en mi vida. En ella, siempre hay sueños. Los hay grandes y los hay chicos. Yo no se en que parte esta el mío. Son solo las imágenes que se me cruzan cada tanto. Tan claras que hasta me parece haberlas vivido en algún momento. Estoy enamorado de mis hijos, sin haberlos concebidos.

viernes, 7 de septiembre de 2007

Los Códigos del Trompa

Viernes, 11.30 hs. Me acabo de pedir un remise. Me voy a Temperley a comer un asado a lo de mi Jefe. Va estar él con su banda de amigos del Club. Club de Rugbiers, aclaro. "Venite pendejo", me dijo ayer en la feria de los vinos, después de haber hecho entre los dos una disertación sobre las promotoras del evento, y un intento de elección de la reina del Dios Baco.

Estaba el escocés conmigo. En un principio le pareció medio pancho mi jefe, pero solo fue porque le molesto que mi éste lo haya invitado al asado recién cuando se estaba alejando de nosotros y no de frente. "Veni con tu amigo", dijo el Trompa en aquel momento. Pero después de eso, el scotish reflexionó y hizo el mejor análisis posible: "Es un tipo con códigos. Y no cualquiera. Código del Sur. Casi del Interior. No es como la gente de zona norte. Esa te caga. Esos chetitos te cagan".
Después me fui con el "suooootland" a comer una carne a las Cañitas para dar ocasión involuntariamente (por lo menos para mi, ya que creo que él lo tenía todo planeado) a una de las mejores charlas que he tenido con él. De las mejores creo que le queda chico.

Pero me estoy yendo de tema. Eso no es de lo que estoy hablando. El asunto es que me estoy yendo a TEM - PER - LEY, un viernes al mediodía a comer un asado con una banda de cuarentones. Tres cosas se me vienen a la cabeza de inmediato.

Primera: es toda una experiencia para mi, esta de tomarme un viernes para piantarme a hacer algo así. Siempre laburé y laburé sin parar. Basicamente, por responsabilidad. Por eso, es muy raro que me permita una licencia así. Jamás de este tipo. Jamás. Un cafecito por ahi, alguna vez. Irme a comprar pilcha, puede ser. ¿Pero rajarme cinco horas para irme a comer un asado? Jamás.

Esta bien. Me dirán: te piantas con la venia de tu jefe. Si, si, es cierto. Pero así y todo, siempre fui bastante estricto conmigo mismo, a tal punto que repensé dos o tres veces en confirmar que iba, y hasta reconozco que acepté en un impulso, ya que manejaba una amplia variante de excusas.

Segundo, me voy a recontra cagar de risa. Seguro. Nada mas que eso. Lo se. Tipos así. Grandes. Amigotes. En un asado al mediodía con vino y previa de un match importante. No hay que hacer un esfuerzo muy grande para saber que esto va a estar bueno.

Tercero, tengo la certeza que esto que estoy por hacer, a mi Jefe le llega muchísimo más que cualquier conquista laboral. Me ha felicitado varias veces por algún escrito o alguna carta documento. Pero esto es lo humano. Lo que le importa a él. Tiene códigos, dijo el "Suo" y tiene razón.

Estoy pensando si tengo que llevar algo. Un vinito, un wiskey, habanos, algo. Estoy seguro que tiene todo eso. No se si esta mal que llegue con las manos vacías, pero también hay que entender que vengo de la oficina. Podría parar en algun mercadito y comprar alguna pavada. No se.
El tema es que el chabón es un tipo que tiene un perfil un tanto alto. No puedo caer con cualquier cosa. Si le entregas algo material, tiene que ser de lo mejor. Me parece que no voy a llevar nada.

Solo tratar de entrar bien en el grupo. Eso es fundamental. Un par de chistes bien ubicados. Algunas chanzas me harán por ser el pendejo del grupo y, sobre todo, el empleado del Trompa. Esta bien. También reir ahí. Un comentario inteligente en esa situación serviría muchisimo. Muchisimo. Veremos.

Pero bueno, salgo en un rato. Después tengo que volver. Calculo que antes de que empiece el partido de los Pumas contra Francia por la primera fecha del Mundial de Rugby. Ya si me quedo a ver el partido vuelvo como a las siete de la tarde a Capital, y se me hace muy tarde. Tengo que dar clase en la Uba a la noche.

Esa es otra, no puedo escabiar mucho ya que tengo que dar clases. Un par de copitas de vino, nada mas. Sino a la noche me va a costar un huevo hablar dos horas frente a los alumnos. Por que no creo que me mame como para no estar parado, pero si chupas más o menos y después paras, a eso de las siete me voy a querer ir a dormir una siesta.

¿Y si el culeado este pone Rutini en la mesa? Ahi se me prenden fuego los papeles. Por que uno le puede esquivar el bulto a un Flichmann o a un Terrazas. Hasta un San Felicien. ¿Pero si este mete un Angélica Zapata en la mesa? ¡Ahi se van todos a la concha de su hermana! La Uba, Franja Morada, y todos juntos me pueden venir a buscar con la policía si hay unas botellitas del mejor vino de Argentina, no?

En fin. Esperemos que salga un buen asado y todos la pasemos bien. El Trompa es un grande. Llegó el remise.

jueves, 6 de septiembre de 2007

Me gusta...

Sus manos. Su piel.
El olor que hay en su cuello, su ropas y al despertar.
Sus ojos y la forma de mirar.
Su pelo dorado, con todos sus peinados.
Sus piernas, flacas y firmes.
Sus caderas. Como amo sus caderas.
La panza o pancita, junto con sus lunares.
Sus manos, con sus dedos y sus uñas.
Los pies son dos empanaditas. Hermosas.
Los cachetes. No puedo resistir besarlos.
Y hasta morderlos.
Cuando esta contenta. Y también su cara de culo.
(ahora que me acuerdo como es, no en el momento).
Dormirme con ella y mucho mas despertar.
La cara de dormida y los ruiditos que emite.
Que me cuide tanto y que sea tan hincha pelotas.
(a veces, no siempre).
Odio que viva en la loma del culo. Literalmente.
Cuando sale de la ducha, y cuando esta en ella.
Su fanatismo por el orden, y lo que ello produce.
Que haya trasnformado el Templo en un apartamento de pareja, sin pareja.
(Lo cual me hace parecer bastante gay).
¡Manualidades! amo que haga un pendorcho con algohodon y un corcho.
De sexo no voy a hablar. Sería muy largo el comentario.
Sus ganas de ser mamá, y las ganas de hacerlo conmigo.
Sus valores, fundamentalmente, sus valores.
Lo mal que canta. Lo mas tierno del mundo.
Cuando se rie con la boca bien abierta o hace alguna huevada.
Las veces que esta contenta y da saltitos.
O cuando me habla haciendose la nena.
Cuando me doy vuelta en la cama, e instantaneamente me abraza.
No se...puedo seguir si me dan tiempo. Toda la vida.

lunes, 6 de agosto de 2007

Jorge, tampones y sus motos...

Me llamo Jorge, tengo 32 años. Vivo solo en Balvanera, junto con mis tres plantas y dos televisores. Pero vivo solo. Hace un tiempo ya, desde que se fue el Peluca a vivir a otro barrio, atraído por su nuevo trabajo.

Laburo todo el día en la fábrica de tampones de mi viejo. Si, una fábrica de tampones. Leyeron bien. Es una empresa de barrio. Abastece a varios mercados de la zona, sobre todo coreanos, atraidos por nuestros bajos precios. Por obvias razones, evitare nombrar la marca, pero adelantaré que dentro de nuestros altos costos y bajos precios, nos arreglamos para ofrecer un producto que puede contener el temita lo suficiente como para "galgear" la cosa cuando esta pasando el temblor.

Estoy en inspección de calidad. Es risueño - lo se - imaginarse como una persona del sexo masculino comprueba la calidad de un tampón, salvo introduciendoselo por el fondo. Y tampoco vayan a creer que tenemos un equipo de señoritas predispuestas - e indispuestas - al "testeo tamponiano", por asi decirlo. Pero no. No se debe pensar mal. Existen pruebas. De resistencia, de absorción, calidad del material, etc. Yo me encargo de procurar que esas pruebas se hagan, para luego mandarlas al estudio de análisis que terceriza ese servicio. A veces me doy cuenta yo, por los resultados, si falta mas algodón o se va a deshilachar al primer síntoma femenino. Pero en general, los mandos al laboratorio ya que les pagamos un abono mensual, y no me quiero andar haciendo responsable si algo sale mal. Tampoco es cuestión de cargar sobre las espaldas las infecciones de unas cuantas vecinas - nuestro "sector" son las señoras grandes, de esas con ruleros y vestiditos de flores - que usaron una partida sin inspeccionar.

En realidad me recibí de Diseñador Gráfico hace cuatro años. Pero nunca tuve la oportunidad de trabajar en lo que me gusta. El viejo hace cinco años estaba hasta las pelotas con el tema de la crisis y necesitaba gente que le de una mano. Siempre fui bastante pelotudo para el trabajo. Nunca me gustó demasiado el esfuerzo de la constancia. Pero bueno, el viejo me pidió que lo ayudara, y ya no daba pedirle guita para ponerle nafta a la moto e invitarla a la negrita del momento a comer en el diente libre de Belgrano y Jujuy. Asi fue que entré.

La cosa es que el tiempo fue pasando, la empresa mejorando levemente - después de todo, a "Andrés" no lo perturba la economía - y llegó un momento en el que ya estaba con un sueldo lindo y aprendiendo el negocio familiar. Que iba a hacer? ponerme a buscar trabajo para diseñar significaba empezar de cero, y la verdad es que tampoco mi curricula podía impresionar demasiado: pasando los 30, sin experiencia en ese mercado, calificaciones muy por debajo de lo aceptable, y por que no decirlo, una presencia que hace recordar a Silvio Soldan constreñido.

En fin, el tema es que, como decía en el comienzo, vivo solo hace un tiempo ya. Algo así como cuatro años. Un día vino el impresentable del Peluca y me dijo que se iba, que esto y que lo otro. La verdad es que no me importo demasiado, ya que a veces me hinchaba un poco las pelotas, asì que tome su ida como una buena chance para probar la vivienda solitaria. Andar en sogan por la casa, llegar y poner el programa de tele que uno quiera, que no te despierten de la siesta porque se fueron a bañar, etc.

Pero lo extraño al guacho. ¿La verdad? no ando nunca en pelotas porque me da frío, en la tele nunca hay nada y termino haciendo zapping como un pelotudo buscando algo que se que no voy a encontrar, y jamás duermo la siesta. Gran tipo. Un amigo el Pelu.

Pero bue, todo esto no es acerca del Peluca y esta declaración cuasi maricona acerca del compañero de depto. Mucho menos una disertación de la calidad tamponiana. Se trata, en realidad, de la soledad. De llegar a tu casa y que este fría. Que estes hecho poronga de andar testeando tampones y te tengas que poner a hervir unos fideos. Llegar en invierno y que la casa este fría. Mucho mas la cama. Todo eso.

En momentos de tristeza como este, siento que la vida se escurre entre los dedos, sin saber hacia donde vamos. Creo que un poco de eso habló el indio solari al decir que "hay caballos que/ se vuelven potros/ sin galopar". Llegas a tu casa y no sabes muy bien para que llegas, solo pensando que tenes que comer, dormir, bañarte y volver a trabajar. En ese orden. Todos los días...

No se, todo esto me pone algo mal. Algo triste. Me gustaría ser un poco mas religioso, ya que hay gente que pone a Dios como respuesta a esa suerte de pregunta del "para que carajo es todo esto?". Pero, por mas que entienda que pueden tener razón, no consigo mover las ganas para aquel lado. Todo bien con eso, pero la vida tiene que estar buena aca también me parece.

Por otro lado, quizás - pienso -, la vida se trata de buscar y perseguir aquellas cosas que a uno le gustan. No solo cosas, eh? expectativas, proyectos...sueños. Encontrár esa motivación en ir alcanzando metas y viviendo la vida en esa búsqueda. Pero los sueños se acaban o se cumplen. Se forman otros.

Lo mismo con las cosas. Me acuerdo que estaba recontra caliente con la moto que tengo. Pero mal, eh. Llego un punto en que era mi obseción. Compraba revistas de motos y no me alcanzaba ni para comprar una bicicleta. Ahi esta ahora...un poco mas la dejo en la calle sin candado, esperando comprar un autito chico, y así dejar de mojarme como un reverendo pelotudo cuando llueve. Eso de que las minas se suben solas a las motos es mentira. No se quien lo inventó. Jose Yamaha seguro. "Las motos cogen solas" me dijeron. Que se vayan a cagar. La moto garchara todo lo que quiera, pero yo, lo que es yo, veo lo mismo que veia cuando no tenía moto. En fin. No es de motos que hablo...

Hablo de que las cosas se alcanzan y se van las ganas y uno quiero algo mas....y siempre mas. Es una "zanangoria", como decía Minguito, que te ponen adelante y uno no alcanza nunca. Y así se puede ir la vida.

No se. Quizás se trate de formar una familia. Conseguir alguien decente y meterle para adelante. Buscar la parejita y verlos irse de a uno, de a poco, para al fin morir pensando que se deja algo de vida en este mundo. Quizás sea eso. No se. Por el momento, no tengo expectativas de conseguirlo. A la negrita del diente libre no la veo hace rato. Me parece que se calentó en la última gripe que se agarro. Moto de mierda.

En fin. Son las doce de la noche y me tengo que ir a dormir. Mañana tengo que ir a buscar los resultados de una nueva linea de tampones extra absorventes. Voy temprano porque se que el viejo va a querer los índices para primera hora de la mañana, y sino los tengo me va a romper las pelotas todo el día.

No dije que ester era un cuento feliz, tampoco que era para reirse. En definitiva, te dije que estaba triste...Nos vemos. Espero que la cama no este tan fria.

viernes, 3 de agosto de 2007

Gracias Negro...

La pena del valor ajeno, a veces, se mide con su ausencia.

Recién ahora me puse seriamente a completar tus obras. "Tengo que empezar a leer Fontanarrosa", me decía siempre. Tuve que esperar que Mendieta se ponga a llorar en la última página de la Viva, para ir hasta el kiosco y adquirir "La Mesa de los Galanes".

No solo ahora tengo el remordimiento por haber empezado cuando te fuiste, sino también el reproche de haber tardado tanto en hacerlo. Juro que nunca me recontra cague tanto de la risa leyendo algo. Excelente.

Ahora bien, quiero dejar un último pensamiento, antes de pasar, como homenaje, a la transcripción de un cuento del maestro rosarino: ¿Pueden leer las mujeres a Fontanarrosa? No pretendo ser machista con esto. Simplemente, ¿lograran comprender cabalmente al Canalla humorista de la misma forma en que lo hace un tipo bastante simplón como yo? Al perderme en los párrafos que transitan en relatos y cuentos acerca del placer de levantarse a una mina, o la pasión que se vive en un partido de fútbol, me hace sentir privilegiado por pertenecer a esa mitad del mundo que puede comprender lo que nos recuerda el autor.

Se me hace la misma imagen cuando pienso, a la inversa, el placer para las minas de ver "Sex and the City" o leer la Cosmopolitan, cuando en una nota dice "Como entender el estado de animo de tu novio, a través de sus cejas" o "Si me como un guiso, ¿soy mala persona?" y cosas por el estilo, incluyendo disertaciones filosoficas acerca de los hombres y las tetas, o la mucosa vaginal y la guerra del Golfo.

Es así que puedo, y cada vez mas convencido, decir que Fontanarrosa escribió para nosotros. El relato del día perfecto, incluyendo el levante a una diosa sueca en una playa brasilera, o lo que siente un tipo que decide no ver el partido del club de sus amores contra el clásico rival, etc.
Para hacer Justicia con el finado amigo, debo decir que hay ciertos relatos que son unisex. El Negro escribió sobre otras cuestiones además de minas y de fútbol. Pero ello no me hace perder el nucleo de mi reflexión: El Negro supo poner en palabras ajustadas ciertos estados masculinos. Aún en aquellos relatos, su mirada era afín a nosotros y a nuestros pareceres.

Gracias por ello. Un abrazo, te voy a extrañar, sobre todo cuando por mi tardía iniciativa, haya terminado de leer tu colección.



VIEJO CON ARBOL.
A un costado de la cancha había yuyales y, más allá, el terraplen del ferrocarril. Al otro costado, descampado y un Árbol bastante miserable. Después las otras dos canchas, la chica y la principal. Y ahí­, debajo de ese Árbol, solía ubicarse el viejo.

Había aparecido unos cuantos partidos atrás, casi al comienzo del campeonato, con su gorra, la campera gris algo raída, la camisa blanca cerrada hasta el cuello y la radio portátil en la mano. Jubilado seguramente, no tendría nada que hacer los sábados por la tarde y se acercaba al complejo para ver los partidos de la Liga. Los muchachos primero pensaron que sería casualidad, pero al tercer sábado en que lo vieron junto al lateral ya pasaron a considerarlo hinchada propia. Porque el viejo bien podía ir a ver los otros dos partidos que se jugaban a la misma hora en las canchas de al lado, pero se quedaba ahí, debajo del árbol, siguiéndolos a ellos.

Era el único hincha legítimo que tenían, al margen de algunos pibes chiquitos; el hijo de Norberto, los dos de Gaona, el sobrino del Mosca, que desembarcaban en el predio con las mayores y corrían a meterse entre los cañaverales apenas bajaban de los autos.

Ojo con la vía alertaba siempre Jorge mientras se cambiaban.

”No pasan trenes, casi” tranquilizaba Norberto. Y era verdad, o pasaba uno cada muerte de obispo, lentamente y metiendo ruido.

¿No vino la hinchada? ya preguntaban todos al llegar nomás, buscando al viejo. ¿No vino la barra brava?

Y se reían. Pero el viejo no faltaba desde hacía varios sábados, firme debajo del árbol, casi elegante, con un cierto refinamiento en su postura erguida, la mano derecha en alto sosteniendo la radio minúscula, como quien sostiene un ramo de flores. Nadie lo conocía, no era amigo de ninguno de los muchachos.

”La vieja no lo debe soportar en la casa y lo manda para acá” bromeaba alguno.

”Por ahí­ es amigo del referí”dijo otro. Pero sabían que el viejo hinchaba para ellos de alguna manera, moderadamente, porque lo habían visto aplaudir un par de partidos atrás, cuando le ganaron a Olimpia Seniors.

Y ahí­, debajo del árbol, fue a tirarse el Soda cuando decidió dejarle su lugar a Eduardo, que estaba de suplente, al sentir que no daba más por el calor. Era verano y ese horario para jugar era una locura. Casi las tres de la tarde y el viejo ahí­, fiel, a unos metros, mirando el partido. Cuando Eduardo entró a la cancha casi a desgano, aprovechando para desperezarse cuando levantó el brazo pidiéndole permiso al referí, el Soda se derrumbó a la sombra del arbolito y quedó bastante cerca, como nunca lo había estado: el viejo no había cruzado jamás una palabra con nadie del equipo.

El Soda pudo apreciar entonces que tendría unos setenta años, era flaquito, bastante alto, pulcro y con sombra de barba. Escuchaba la radio con un auricular y en la otra mano sostenía un cigarrillo con plácida distinción.

“¿Está¡ escuchando a Central Córdoba, maestro?”medio le gritó el Soda cuando recuperó el aliento, pero siempre recostado en el piso. El viejo giró para mirarlo. Negó con la cabeza y se quitó el auricular de la oreja.

”No” sonrió. Y pareció que la cosa quedaba ahí. El viejo volvió a mirar el partido, que estaba áspero y empatado. “Música” ­dijo después, mirándolo de nuevo.

“Algún tanguito?”probó el Soda.

”Un concierto. Hay un buen programa de música clásica a esta hora.

El Soda frunció el entrecejo. Ya tenía una buena anécdota para contarles a los muchachos y la cosa venía lo suficientemente interesante como para continuarla. Se levantó resoplando, se bajó las medias y caminó despacio hasta pararse al lado del viejo.

”Pero le gusta el fútbol” le dijo”. Por lo que veo.

El viejo aprobó enérgicamente con la cabeza, sin dejar de mirar el curso de la pelota, que iba y venía por el aire, rabiosa.

”Lo he jugado. Y, además, está muy emparentado con el arte” dictaminó después. “Muy emparentado”.

El Soda lo miró, curioso. Sabía que seguiría hablando, y esperó.

”Mire usted nuestro arquero”efectivamente el viejo señal a De León, que estudiaba el partido desde su arco, las manos en la cintura, todo un costado de la camiseta cubierto de tierra”. La continuidad de la nariz con la frente. La expansión pectoral. La curvatura de los muslos. La tensión en los dorsales” se quedó un momento en silencio, como para que el Soda apreciara aquello que él le mostraba. “Bueno... Eso, eso es la escultura...”

El Soda adelantó la mandíbula y osciló levemente la cabeza, aprobando dubitativo.

“Vea usted”el viejo señaló ahora hacia el arco contrario, al que estaba por llegar un corner. “el relumbrón intenso de las camisetas nuestras, amarillo cadmio y una veladura naranja por el sudor. El contraste con el azul de Prusia de las camisetas rivales, el casi violeta cardenalicio que asume también ese azul por la transpiración, los vivos blancos como trazos alocados. Las manchas ágiles ocres, pardas y sepias y Siena de los mulos, vivaces, dignas de un Bacon. Entrecierre los ojos y aprécielo así­... Bueno... Eso, eso es la pintura.

Y estaba el Soda con los ojos entrecerrados cuando al viejo arreció.

“Observe, observe usted esa carrera intensa entre el delantero de ellos y el cuatro nuestro. El salto al unísono, el giro en el aire, la voltereta elástica, el braceo amplio en busca del equilibrio... Bueno... Eso, eso es la danza...

El Soda procuraba estimular sus sentidos, pero solo veía que los rivales se venían con todo, porfiados, y que la pelota no se alejaba del área defendida por De León.

“Y escuche usted, escuche usted...” lo acicateó el viejo, curvando con una mano el pabellón de la misma oreja donde había tenido el auricular de la radio y entusiasmado tal vez al encontrar, por fin, un interlocutor válidoâ”... la percusión grave de la pelota cuando bota contra el piso, el chasquido de la suela de los botines sobre el césped, el fuelle quedo de la respiración agitada, el coro desparejo de los gritos, las órdenes, los alertas, los insultos de los muchachos y el pitazo agudo del referí­... Bueno... Eso, eso es la música...

El Soda aprobó con la cabeza. Los muchachos no iban a creerle cuando él les contara aquella charla insólita con el viejo, luego del partido, si es que les quedaba algo de ánimo, porque la derrota se cernía sobre ellos como un ave oscura e implacable.

“Y vea usted a ese delantero... ” señaló ahora el viejo, casi metiéndose en la cancha, algo más alterado”... ese delantero de ellos que se revuelca por el suelo como si lo hubiese picado una tarántula, mesándose exageradamente los cabellos, distorsionando el rostro, bramando falsamente de dolor, reclamando histriónicamente justicia... Bueno... Eso, eso es el teatro.

El Soda se tomó la cabeza.

“¿Qué cobrás?” balbuceó indignado.

“¿Cobró penal?” abrió los ojos el viejo, incrédulo. Dio un paso al frente, metiéndose apenas en la cancha. “¿Qué cobrás?” gritó después, desaforado”. “Qué cobrás, referí­ y la reputísima madre que te parió?

El Soda lo miró atónito. Ante el grito del viejo parecía haberse olvidado repentinamente del penal injusto, de la derrota inminente y del mismo calor. El viejo estaba lívido mirando al área, pero enseguida se volvió hacia el Soda tratando de recomponerse, algo confuso, incómodo.

“...¿Y eso?” se atrevió a preguntarle el Soda, señalándolo.

“Y eso...” vaciló el viejo, tocándose levemente la gorra”...Eso es el fútbol.