lunes, 29 de septiembre de 2008

Franela

La lluvia cae sobre el parabrisas del Renault 12 blanco. La humedad ha empañado los vidrios y la situación no se resuelve pasando una franela. El aire acondicionado no fue incluido en este base del 89. La única opción es abrir la ventanilla delantera derecha, aunque el asiento reciba unas cuantas gotas.

El Polaco Goyeneche arrastra su voz rugosa en la estrofa final de “Garúa” y le da un acompañamiento perfecto a este comienzo de semana. Las luces coloradas y amarillas de los autos de adelante titilan incesantes en la autopista embotellada.

Las heridas de un fin de semana agitado se resienten cuando más duelen, pasando facturas que cuestionan el paso del tiempo y los excesos cometidos. Va a ser una semana larga, máxime si recién estamos en Septiembre.

Las gotas siguen golpeando el parabrisas, quizás con un poco más de violencia, y la franela sigue sin ser la solución al problema.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Poker

Uno en la vida aspira a estar tranquilo”, me decía. “La valentía en estos casos esta en darse cuenta cuando las cosas precisan de una decisión y se actúa en consecuencia…soportando las consecuencias”. Asentí. Como si yo no estuviera, prosiguió: “Uno puede hacer concesiones, tener paciencia…también uno puede armar estrategias, jugar con la mente del otro y anticiparse”. Intenté tomar un sorbo de café pero todavía estaba muy caliente. “Pero uno en la vida quiere estar tranquilo”, reiteró, contestándose a si mismo. “La vida no es un poker donde uno tenga que andar descuajeringándose el cerebro todo el día. En definitiva, si las condiciones no se presentan agradables, es un problema de cambiar las condiciones y no que nos empiecen a agradar las condiciones, no?”. Como supe que era una pregunta retórica o que nuevamente la autoproclamaba, ni me molesté en sacar la vista del pocillo de café. “Lo importante es poder probar, animarse y, en definitiva, decidir. Nadie esta acorralado hasta que se da por vencido y si algo hemos aprendido de nuestros errores, es que la puerta se cierra cuando uno acepta” dijo, sin darse cuenta que me había quemado la lengua como un boludo.

Quedamos en silencio unos minutos hasta que pasó por la calle una morocha bastante buena que generó el comentario grosero de mi compañero.

Desconfío de la vida

El vaso transpirado dejó una aureola de agua sobre la mesa de nerolite. El humo del cigarrillo nubla la vista cegada de maquillaje. El rouge de sus labios carmesí ha dejado una figura extraña en el pocillo de café sucio. Sus dedos rugosos ya no resaltan por el juego que hace el esmalte. Las pulseras gastadas solo pasan desapercibidas por los colores de su camisa. El pelo atado sobre el techo de su cabeza forma una maraña desordenada que la oscuridad del ambiente no termina de denunciar.
Suena “Desconfío de la vida” en la versión cantada por Vicentino. Termina el cigarrillo, prende otro y le piden un wiskey con soda. Lo cambia por un gin tonic que ni siquiera mira cuando llega. Madura la noche, sabe que sus valores cambian y no se puede perder el tiempo.
El cenicero consume el cigarrillo abandonado y la condensación del trago terminó de mojar el ticket de la cuenta.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Golpes secos y gritos mudos

Cerré la puerta del ascensor y, cuando estaba por golpear la puerta, sentí el ruido seco a madera y el tronar de vidrios rotos. Escuché un insulto mudo como de quien se tapa la boca. Opté por quedarme en silencio y esperar lo siguiente. Durante cinco minutos creí haber contenido la respiración.

Entre irme y volver a lo que había ido, se me ocurrió pensar que no tenía nada por que sospechar. En definitiva, pudo haber sido un tropezón y un plato roto. Finalmente, toqué el timbre. Abrió la puerta y entré. No había señales extrañas. Solo el olor a velas apagadas. La sesión se desarrolló con normalidad, por lo que a poco de haber empezado me olvidé de mis temores. Pagué la consulta y me fui.

La semana entrante volví a escuchar el mismo ruido, pronto a golpear la puerta. La misma situación, que se resolvió de la misma manera. Temor, espera y normalidad. Lo mismo ocurrió las semanas siguientes. Para la octava sesión ya no me parecían extraños los golpes secos y gritos mudos.

Un día opté por contarle sobre lo que me pasaba segundo antes de golpear su puerta. Me respondió que era curioso que ello suceda, siendo yo su único paciente. Mientras me estaba yendo, me propuso charlarlo la semana siguiente. Cuando asentí con la cabeza, escuché el ascensor afuera que se detenía, y una sombra en movimiento sobre mis espaldas.

Golazo

"Avanza el número once por la izquierda del campo. Amaga el pase al centro de la cancha para luego tirarla larga, esperando enfrentar por fin al número 2. El 5 rival, sin embargo, lo empareja en su agitada carrera y le tira su metro noventa encima. Con un alarido enfermizo, el volante pretende la compasión del colegiado, quien levanta sus manos en aprobación del quite legítimo. El once masculla, en el suelo, la bronca y frustración de su obra robada.

El 5 gira con el balón, amaga el pase a la izquierda, y toca al 8 de su equipo. Este, volante de gran precisión, analiza como primera opción el cambio de frente. Empero, por el rabillo del ojo, ve la figura blanca en carrera del número 5, quien buscaba la descarga. Toque al volante central, dejando desairado al lateral izquierdo del oponente, quien ya había lanzado su fuste violento.

El 5, con un ligero toque a la derecha, elude al homónimo rival, levanta la cabeza y observa como el 9 se ofrece de pivote para la escalada ofensiva. Toca el 5 y va.

El 9 siente al seis rival en su espalda y consigue rodearlo de un movimiento. La pelota, sin embargo, sintió la presión de la marca y se adelanta más de lo debido. El dos contrincante se abre en vuelo horizontal, con sus piernas en tijeras para cortar la arremetida blanca. Casi desahuciado, el 9 piensa en obtener un foul como mejor opción. No obstante, el grito del 5, volando sobre su derecha, le hace cambiar de opinión. “Va a doler”, piensa.

La punta de su botín izquierdo, corona un pase al vacío hermoso, que se ve acompañado por el grito de dolor ante la patada anticipada.

Loca carrera del número 5, ya adelantado sobre la última zaga rival. El arquero arroja su anatomía sobre el balón, no antes del estiletazo del pie derecho del volante, en pase a la red. El 5 se arrodilla, golpea su pecho un par de veces, piensa en su mujer, y espera el abrazo de sus compañeros".

martes, 23 de septiembre de 2008

Diálogo de sordos

Algo le pasaba indudablemente. Ella no acreditaba otra posibilidad. Claudio lo negaba y proponía un diálogo feliz.
Ella, no obstante, no estaba convencida, incluso ante su insistencia. Los diálogos correctos pero cortantes del viernes y sábado. El silencio hasta el domingo a la tarde. ¿Que otra explicación podría haber a su ausencia?
Él rogaba que eviten la discusión. Estaba cansado de hacerlo. Había estado tranquilo todo el fin de semana y quería seguir así.
Marisa
no. Transformó la charla en discusión y ésta en pelea. Claudio perdió la paciencia y le rogó que se dé cuenta que las cosas no eran como ella siempre quería. A veces tenía que hacerle caso.
Ella siguió preguntando por falta de amor, infidelidades y otras desventuras.
Él solo quería que le dejen de romper las pelotas y de dirigir la vida.
Ella al día de hoy todavía no se dió cuenta que el problema era de ella, y aún trata de averiguar si él se fue finalmente con otra “minita”.
Él la extraña. Pero esta más tranquilo.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Abrir los ojos

Abriré los ojos y lo sabré…
El frío de las sábanas lisas del costado izquierdo de mi cama me dirán que te fuiste.
Daré vuelta hacia ese lado y mi brazo extendido no encontrará obstáculos para su desplegar.
Sonará el despertador, una y otra vez, y no escucharé el recordatorio sobre la necesidad de mi baño. Mucho menos escucharé la ducha encendida, acusándome por el desperdicio del agua.
Saldré del baño y el silencio del departamento me golpeará de frente, todavía mojado.
La cocina no estará envuelta en olores de pan tostado ni café recién preparado.
Me cambiaré sin opiniones sobre el color de mi corbata ni expresiones sobre lo bonito que estoy.
Tomaré un café bebido y, de salida a la calle, no recibiré abrazo ni beso alguno. Mucho menos recordatorio sobre el perfume faltante.
Será casi de mediodía y no habrá a quien llamar para ver como va su mañana. Tampoco de media tarde.
Seguramente, no iré hasta casa para almorzar, dejándome acompañar por algún entremés de rotisería porteña.
Sobre el final de la tarde, nuevamente el golpe frontal de un departamento vacío, frío y en silencio.
No pelearé sobre el control remoto ni sobre mi apático rostro. No tendré que justificarme con cansancio alguno.
Llegada la hora de la serie favorita, me quedaré con ganas de recordarte tu parecido con el personaje principal. No escucharé tus envidias sobre su pelo o vestuario.
No habrá ganas de preparar cena especial, la que será ocupada por algún pábulo fugaz.
No habrá sillón abrazado, ni selección de película.
No habrá propuesta íntima ni helado repentino. Mucho menos tú espera en aquella cama, todavía vacía.
Solo tendré que calentar su lado derecho, apagar el televisor y volver a sentir que mi brazo izquierdo no encuentra a quien abrazar.

sábado, 30 de agosto de 2008

La historia de siempre

Subte, Línea B, Sábado 21.20:
- "Gordo, ¿Tengo bolsas debajo de los ojos?.
- "Los tenes hinchados".
- "Ay, que malo que sos!!".

"Para que carajo preguntas?", pensé y sonreí.
El pibe me miró y sonrió también, como si hubiese leido mi pensamiento.

jueves, 28 de agosto de 2008

Puto con traje

¿Queres saber porque no escribe más este “Puto con Traje”, conforme reclamaste?
“Puto con Traje” no tiene tiempo. Se lo han comido sus labores, que lo han dejado armado de desvelos, dejando a un lado pasatiempos.
“Puto con Traje” suma responsabilidades foráneas y deudas propias, por una monedas que también le son ajenas.
No tiene espacio ni ganas para sumarle líneas al viento, incrementando sus lamentos del desvarío obsoleto.
Sin embargo, “Puto con Traje” tiene sueños y más de un proyecto. Construye con desvelo los planes venideros, todos ellos forasteros y, en su mayoría, secretos.
“Puto con Traje” esta analizando contratiempos, abonando por el tiempo de la ayuda licenciada. “Puto con Traje” esta reviendo sus mochilas cargadas, todas ellas tan pesadas que le desvían sus columnas.
Ya pedirá su ayuda, “Puto con Traje”, para que lo saquen del fondo estricto, que entre un porfiado blanco y negro, de si mismo lo distanciaron.
“Puto con Traje” esta en silencio…pero se siente en movimiento.

martes, 29 de julio de 2008

Me hice canción

Un día dejé de escucharlos. No se porque. Bah, en realidad si lo se. El grito visceral del cantante ya no era de mi agrado en una etapa de exploración británica soft llamada Oasis o Coldplay.
Antes, junto con otra banda del conurbano, era mi primera expresión adolescente. Cuando a la mayoría de la gente el ataque musical juvenil (recordando los cassettes de Baglietto – Seru – Lerner de mi hermana y los posters melenudos con Bon Jovi, Rata Blanca e Iron Maiden de mi hermano) se le da por los 13 o 14 años, a mi – en aquel verano de 1997 – se me dio a los 16.
En esa etapa, fui rengo y piojoso. Compré discos, usé remeras, asistí a recitales e, incluso, compartí una larga ronda de cervezas con los miembros de una de esas bandas en un barcito ubicado en la rambla de Playa Unión, justo cuando la noche se caía y los huecos de los bolsillos no llenaban pretensiones de “El Alamo”.
Hoy, le golpeo la puerta a los 30 y camino de traje con zapatos lustrados. De rebelde solo tengo un recuerdo con el carnet vencido y me hundo en planes conservadores.
Pero el auricular trae, no se como, algunos acordes en vivo de la vieja banda y la piel emula la de un pollo. Camino por Colón y el frío de julio golpea mis orejas. El sobretodo flamea con el viento y mis pelos se revolean desordenados.
“Hey Hey My My, el rock and roll no morirá jamás”, canta el Chizzo y hasta me parece verlo ofreciéndome llenar mi vaso con cerveza.

sábado, 26 de julio de 2008

La noche en que Cancún fue nuestra

Todas las noches lo mismo. Todos los colectivos de Cancún reinados por una veintena de veinteañeros americanos al grito de "U - S - A" o "show your tits" (la primera noche, incluso, me cuestioné por que carajo había dejado Buenos Aires). Los bares y boliches, también, respondían a ese patrón.
El miércoles, después de una buena noche en uno de esos antros, nos dispusimos a volver al hotel para "clavarnos" la típica hamburguesa. Buscamos la parada del bondi, esquivando taxistas al grito de "Hey, man, can I take you home?". "No, flaco, gracias".
Pagué mis $6 mexicanos como siempre y en el atiborrado bondi de yanquis opté por sentarme en las filas delanteras (no tenías ganas de lidiar con la mencionada banda). Los chicos se fueron para atrás.
El flaco que se sentaba a mi lado lucía un jersey de los Celtics de Boston y me hablaba de no se que mierda sobre el calor de México y Paul Pierce. Balbusié un par de "yeahs" para que no me rompa más las bolas.

Cuando estaba por darle fin a la conversación, escuche los acordes de una guitarra criolla. La bamba? "Si, es la bamba, la puta madre". Miré para atrás y estaban los chicos con un mexicano de un metro sesenta (ninguno supera esa medida), quien a cargo de una viola acústica pretendía hacerse de alguna moneda. No lo dudé. Tardé menos de un pensamiento en llegar al fondo.

Ahí me di cuenta que, en ese lugar, estaba latinoamerica: los chicos de Argentina, algunos mexicanos y un par de brasileros. Saltamos con "La Bamba" (a pesar que no nos representa tanto), golpeamos el techo del bondi y cantamos a morir.

El mexican, procurando inclinar la balanza un poco en favor de su bolsillo, interpretó un tema en inglés: Wonderwall de Oasis. La banda latina fue la única que cantó: "Today is gonna be the day that I gonna da ra da with you, by now you should so howwwww", etc.

El chango empezó a juntar monedas porque su función ya había terminado. La nuestra no. Cantamos "De música ligera" de Soda y, sobre todo (ahí perdí mi voz para el resto de la semana) "Yo no me sentaría a tu mesa" de los Fabulosos Cadillacs.

Para el final del tema, ya nos teníamos que bajar. No importaba. La noche ya había sido nuestra.

"Cambiar es dificil, pero vivir es así. Morir es en vano"

Sufriste por eso, no? Imagino que si. Lo espero en realidad. No puedo creer que el pasado te pueda pasar tan limpio por tu costado. Es natural. No lo niegues. Es entendible. A mi me pasaría igual. A quien no?
Volvió para prometerte lo que nunca pudo cumplir. No deberías creerle pero lo haces. En definitiva, es lo que estabas esperando.
Ayer se mostraba distante frente a vos y hasta se daba el lujo de negarte. Pero hoy no. Hoy, viajó desde lejos para mostrarte que todavía le importa. Inventó una excusa para encontrarte y vos, en definitiva, lo sabes. Lo sabes, no?
A veces ceder es mejor que hacer el duro. Yo mismo hoy en día sufro por cambiar. Cambiar por algo que será mejor. Pero el cambio supone dolor, contrariedad y malestar. Calculo que en terapia todo será más fácil. Imagino que lo que hoy pienso como imposible, después de aquello todo será al revés...y estar mejor. Mejor. Mejor conmigo mismo. Mejor con los demás.
Te entiendo como te sentís. Yo siento lo mismo. Me da miedo pensar en que pueda tener el valor para afrontar eso que temo. Temo de mi mismo y de lo que puedo llegar a hacer.
En definitiva, todos queremos estar bien. Innegable. Pero que difícil es conseguirlo, no? Calculo que todos estamos en este tren, buscando. Mañana me contarás. Y yo también. Espero encontrarte feliz. Igual que yo.

jueves, 17 de julio de 2008

Señales

Flor fantaseaba con el suicidio (me lo dijo un día en el colectivo).
Le daba vergüenza admitirlo y por eso me exigía silencio. Creo que sabía que solo pedía ayuda o de alguna forma forzar lo que quería.
Se sentía triste (seguro) pero intuyo que no perdía la esperanza de cambiar las cosas. Dijo, poco articuladamente, que se sentía desvalorada pero que también cansada de ser la causa de sus tristezas. Sabía que no podía pretender que la quieran como ella quería, ¡pero que bueno si así lo fuera!.
Supuse (por su llanto) que le dolían más las oposiciones de sus amigas ante sus reclamos que los reclamos en si.
Ya en el bar, con un wiskey de por medio, me volvió a decir que a veces imagina que si ella desaparece sabrán echarla de menos y arrepentirse de no acudir a su pedido de auxilio. En ese momento recuerdo que sus palabras me parecieron infantiles.
Supuse que Flor sabía que, en realidad, jamás iba a cumplir con su promesa (es fácil ver que no podría dejar atrás tantas cosas de su vida), pero le gustaba pensar que si. Sin embargo, de alguna forma quería que cada tanto sus amigas la hagan sentir que estaba viva. Que la querían. Que la valoraban. Dejar de pensar que ella estaba ahí solo porque ella así lo había forzado.
¡Carajo que cuesta reconocer los defectos! En definitiva, creí que sabía que todo se trataba de sus dramas y las vueltas que la hacían sentir así.
De alguna forma me reconoció que, en realidad, sus amigas la querían a su modo y ella no podía pretender cambiarlas. De hecho, aceptaba que nadie la podía cambiar a ella.
Sugerido un psicólogo, me contestó que no creía en eso. En definitiva, ¿Por qué habría de confiarle su vida a una mera opinión?
No se, mientras pagaba la cuenta y la invitaba a cambiar de bar, de alguna forma dejé de sentir desprecio por esta mina emocionalmente inestable, para mirarla finalmente con lástima. Pena por su estado, pena por su contrariedad. Pena por esos propios obstáculos que no la dejaban ser libre. Gozar de lo que tenía y buscar lo que es verdadero.
Llegados a la esquina, le inventé una excusa para volver a casa. La dejé en la parada del bondi y me volví pensando en otras cosas.
De Flor solo volví a saber hace una semana, cuando hojeando el Clarín, vi que algunos amigos citaban su nombre para darle una última despedida.

martes, 15 de julio de 2008

Las Plazas

Las plazas se abren y me miran inquisitivas.
¿De que lado estas? ¿Aquí o allá?
Sin dudas que estaré allí donde la libertad diga su nombre.
Me encontrarán en donde un precio no compre mi boleto.
En el país en el que uno mas uno es dos, y el esfuerzo no se paga con lamentos.
Sin dudas búsquenme allí, del lado de la paciencia, el sacrificio y la diligencia.
Donde la tierra se siente bien adentro. Donde la paz no es un maquillaje.
Por que solo yo seré responsable de mis éxitos y fracasos, y no por caprichos de los cansinos.
Despejen mi camino para que pueda recorrerlo tranquilo. Sin dudas no lo haré solo, y espero que lo hagan todos. Abran las vías de esta Argentina pidiendo que arranquemos
…y no pretender que nos lleven en colectivo.

lunes, 14 de julio de 2008

Corriendo el tiempo galopa para verte

Te extrañe, ¿sabías que te extrañe?
Pasaba la gente a mi lado, divertida y sonriente.
Y solo veía tus pupilas marcadas en las luces del torrente.
La arena blanca, sumisa bajo mi espalda,
Y sus hebras entre mis dedos, buscaban tus memorias.
Corriendo el tiempo galopa para verte.
La distancia y sus silencios, cobijan decisiones.
Te extrañe, pero creo que ya lo sabías.

Orgullo y sensibilidad

Si el dolor aqueja tu pecho, pero el silencio ajeno es su respuesta. Si estas buscando una mirada amiga que te pregunte que pasa y solo son pasos que se alejan. Podes buscar culparte a ti mismo y proponer una amnistía. Pero sigue golpeando tus pupilas y el agua escurre por tus mejillas. Si piensas que todos deben estar en lo cierto y ser solo vos quien se equivoca, mordiéndote los labios para callar la bronca.
La espera no es ayuda cuando los que gritan son mudos, y la sensibilidad no es una buena amiga.
La soledad del rencor es tan vacía como la del introvertido.
No todos los problemas se arreglan con el tiempo y quizás es bueno buscar apoyo.

Seguramente el orgullo no sea una salida.

lunes, 7 de julio de 2008

Carrete Tour 2008 - Cancun

Me fui de vacaciones y se ve que la ocurrencia se vino conmigo.
Para familiares, amigos y chusmas, aconsejo seguir las alternativas del Carrete Tour 2008 desde esta direccion...

http://recopla.wordpress.com/

Sds.

Psilocybe mexicana

Cancún muestra su reflejo tal cual se puede ver en algún canal de entretenimientos americanos: Yanquis eufóricos, humedad y excesos. La península artificial, construída sobre arena blanca importada, emula un espejo de Las Vegas y no es más que un Bariloche para veinteañeros.
Digamos que supimos arremangar nuestros documentos y jugar a que nuestros cuerpos no pasen las facturas que siempre llegan a nuestros domicilios.
Callemos algunas historias solo para saber que son nuestras. Dejémoslas solo como tesoros de quienes cursaron la aventura para darle un poco de emoción a esta vida laxa de lunes a viernes con horarios de oficina.
Juguemos a que podemos dejarnos llevar por nuestras fantasías y cortar con ataduras que empezaban a anudar nuestras muñecas.
Pensemos que tendremos otras oportunidades - sobre todo en vacas flacas - de mostrarnos tan amigos y juremos que no las desaprovecharemos.
Brindemos - porque eso es lo que hoy hacemos - con el plástico repetible de una barra sobre el agua, con jugos consumibles de nuestra juventud y perseverancia.
Miremos nuestras coyunturas y entendamos diferencias, conociendo desde luego cual es la vieja madera.
Cancún, como dije, es una isla artificial dentro de un poblado azteca, sumiso y moreno. Cancún esta plagado de humedad, yanquis y excesos. También está para probarnos, a veces, de que estamos hechos.

lunes, 30 de junio de 2008

The Godfather (o del como perder a un amigo)

- Seguramente tengas algo para decirme
- No se.
- Bueno pero habrás pensado algo de todo esto.
- Si, pero no es lo que queres escuchar.
- Bueno, no importa. Es que quiero escuchar algo al menos.
- Nada de lo que estas esperando te voy a decir en este momento. Solamente que espero que hagamos un borrón y cuenta nueva.
- Ya te dije que eso no es posible. Por lo menos necesito que entiendas.
- Es que no soy culpable de nada y me parece que eso ya no es relevante.
- No se.
- Creo que es importante que te des cuenta que quiero volver a ser como antes.
- Ya nada es como antes. Menos ahora. Esperaba de tu parte una señal y sin duda que las has dado. No en el sentido que yo quería. En el contrario. Ahora no me sirve tu pedido. No es fácil cerrar heridas, y menos cuando se insiste en agrandarla. Si fuera posible cortar aquí en un apretón de mano, lo haría. Lamentablemente tendré que ver tu cara en cada fiesta familiar, domingo y feriado. Créeme. En otras condiciones, el punto final hubiese estado puesto hace rato. Ahora tendré que tragar saliva en cada conversación de la familia y guardarme las ganas de cagarte a trompadas.
- Es tu decisión.
- Esta tomada.

sábado, 21 de junio de 2008

Pamela

Puede ser que esta noche lo pueda decir.
Tantas veces probé escribirlo y recién hoy
Lo intento realmente.
En realidad, solo te quiero decir,
Que voy a estar ahí.
Cuando sea. Cuando lo necesites.
En tus nervios, en tus sueños,
En tus días y tus noches.
Vendrás a buscarme dormida,
necesitando de un salvavidas.
Para darte abrazos de cinco minutos
y hacerte reír hasta dormir.
Si una mañana tuya, tiene mil luces,
pasaré mi vida haciendo feliz la tuya.
Solo te puedo dar lo que soy. Nada más.
También lo que seré. Algún día.
Y darte un abrazo de cinco minutos,
como en aquel aeropuerto.
Y jurarte que es para siempre.
Hoy es para siempre.

Secreto

"Tengo algo para decir. Pero no lo puedo expresar. Es algo que me raspa la garganta y se traba al salir. Es algo que no puedo decir, en realidad. A veces puede ser que brote, pero solo cuando nadie lo escucha. Tiene un silencio propio de lo que no puede ser oído, repetitivamente. Me busca, me acosa, me condena. Las veces que alguien, accidentalmente, lo escuchó solo pudo censurarlo.
Es por eso que hoy en día solo vive en este texto, esperando que lo dejen salir. Comparto con tantos pensamientos propios, aquello que del secreto nos ocupa. Vivo por eso, entonces, ya que al momento de ser publico termino mi existencia.
Es por eso que vivo, tranquilo, en el cadalso
".

Fausto Rudel.

Manteca




Un amigo se va a las Americas.
Se va a probar suerte.
Se va a crecer.
Solo voy a decir que te voy a extrañar.
Cada vez que vaya a comer sushi.
Cada vez que estemos en el circulo central,
De una cancha de futbol.
Y sobre un silla en la mesa,
Y tu camiseta la use un flaco cualquiera.
Voy a pensar que no estas vos,
Y ese lugar no se puede ocupar.
Sencillamente por que sos unico,
Como todos y cada uno de mis amigos.
Y tus rabietas, y tus gustos por la musica.
Aquí te esperaremos,
Riendo, comiendo, jugando…recordando.
Algun dia volveras, por un tiempo,
O para siempre.


lunes, 2 de junio de 2008

Nada que ver

Lo acabo de ver a Mariano Grondona al volante de un Mini Cooper blanco.
No, no?

sábado, 31 de mayo de 2008

El Palmera

“Maldito coche negro”, “Amor de papel”, Cachumba, Jean Carlos y otros. En lo del Ruso (como tantas otras veces) estamos en una previa violenta (hice fajitas regado con buen vino) y suena el cuarteto motivador. No puedo evitar pensar en el Palmera.
Sus ojos cerrados, las rodillas flexionadas en un movimiento de caderas, con la bailarina de turno en una covacha de mala muerte. El fernet en una mano y la Negra en la otra. Transpirando. Moviendo. Ganando.
Hace un año y pico que se volvió a sus pagos de la Docta. Hace un año y pico que me falta algo acá al costado izquierdo del pecho.
Entiendo el motivo: La Nati, la paz, y alejarse del humo de la calle porteña y la locura del gran estudio contable. Pero acá quedamos nosotros, un poco güachos, un poco tristes.
En Noviembre será cuestión de tirarte al cielo y pedir que cada tanto la vida nos deje verte. En Noviembre, estaremos felices por tu casamiento. Y por vos también. Que tanto hoy como desde hace un año y medio te extrañamos, queriendo lo mejor para vos.
Esperemos, también, que esa noche te veamos con los ojos cerrados, las rodillas flexionadas en un movimiento de caderas, fernet en la mano, transpirando, moviendo, ganando.

lunes, 26 de mayo de 2008

Mujeres Milicia

"Ya lo dije muchas veces: junto a las mujeres, la vida es una milicia; una milicia que debiera ser obligatoria para la juventud, pues completa la educación y forma el carácter; por ellas triunfamos de nuestras debilidades y, lo que es mas importante, aprendemos a cuidar el detalle personal, a tender la cama, a preparar el té".

Adolfo Bioy Casares.
“Todas las mujeres son iguales”.

jueves, 22 de mayo de 2008

Molesto

Jugué con el reflejo del sol en mi reloj sobre tu cara, sabiendo que te molesta. Me divierte fastidiarte cuando estas absorta en tus cosas, sobre todo cuando tengo ganas de ti. Sin embargo, amo verte concentrada en otras cosas. Ambigüedades sobre como uno puede amar extremos.
Acaricié tu cuello con los dedos pulgar e índice, en forma de “L”, hacia arriba y abajo. Vi cerrar tus ojos y perder tu apunte por un instante. Deseé que lo apoyes, definitivamente, sobre la mesa ratona del living. Besé tus mejillas para ver si lo conseguía. Me rendí cuando tus ojos verdes volvieron a abrirse.
Me entretuve con los pelos rubios detrás de tus oídos por un momento. Sentí tu piel de gallina en mis yemas. Vi como tus hombros se tiraban hacia atrás.
Quise empezar un masaje pero te levantaste cuando la pava hizo su ruido de hervor. Volviste con tu té de las cuatro y media. Te acomodaste en el sillón, pero ya sobre el otro extremo. El apunte volvió a llevarse tu atención.
Besé tu frente y salí a caminar. Me fui pensando cuanto te falta para rendir la última materia.

martes, 20 de mayo de 2008

Amor a primera vista (no molestes...)

Fue amor a primera vista. Sin duda. No es la primera vez que me pasa, pero si la primera vez que termina en mi cama. Esa noche fue única. Decidimos dejarnos llevar y a los dos días ya se había traído sus cosas.
Al comienzo, solo fueron celos sobre mis amigos y se mostró algo molesta con ciertas mañas (propias de las mujeres, pensé). Cuando empezó por corregir mis dicciones o a cuestionarme con moralinas seudo-psicológicas no pensé que fuera tan grave. Después de todo, no existe el amor perfecto.
Pero al mes, cuando ya se sentía comoda en la casa, desarrolló su más alto y perfeccionado sentido para hinchar las pelotas. El solo sentir que entraba al departamento, era un golpe en la paciencia.
Hace una semana que cambié la llave y hoy tengo turno con mi analista para ver que hay detrás de mi obsesión por el amor a primera vista.

viernes, 16 de mayo de 2008

Caminata

Se miraron en la esquina. Él bien vestido. Ella mejor. Él disimuló que no estaba interesado – a pesar que todos los tipos que están esperando el semáforo junto a ellos no paraban de mirarle el culo – poniéndose los auriculares del mp3. Ella lo miró y se quedó parada a pesar que el semáforo ya les había dado verde.
Él caminó un par de cuadras, pensando que el disco que había puesto iba realmente bien con la mañana y su estado de ánimo. Sin embargo, puso el volumen muy bajo ya que todavía le duraba un poco el mal humor vespertino. Se olvidó de ella.
Llegó a una avenida y otra vez el semáforo lo detuvo. Miró hacia su izquierda y la vio, quien justo estaba volviendo su cabeza para el frente. Él se detuvo un poco mas a mirarla (dio un paso para atrás para poder hacerlo mejor y no ser tan obvio). Se dio cuenta que ya no estaban acompañados como en el otro semáforo. Se puso a pensar que carajo le podía decir a las 9 de la mañana en una esquina perdida de Buenos Aires.
Como si ese ella pudiese oler ese pensamiento, dejó de mirarlo – histérica - y comenzó a caminar ni bien puesto el semáforo en verde. El se quedó pensando lo que le pudo haber dicho.
A mitad de cuadra, él ya la había alcanzado y sobrepasado. Decidió cruzar a mitad de cuadra. Se había hinchado las pelotas de hacerse mala sangre por algo que no iba a ocurrir.
Llegó a la esquina y dobló a la derecha. Caminó una cuadra más y dobló a la izquierda. La música seguía baja pero él ya pensaba en las dos o tres cosas del laburo que tenía que hacer esa mañana.
Paró en un kiosco a comprar cigarrillos. Cuando terminó de pedirle al kioskero los Camel Box, vio como pasaba ella atrás de él. Cuando se encontraron en la siguiente esquina con semáforo, ella sacó un celular y marcó un número. El bajó el volumen del mp3.
Hola, Cande. Eli. Si…Bien. Estoy en Rosario. Acabo de salir de la entrevista…Mas o menos… Si. Me dijeron que me llaman…Y, no se. Calculo que en una semana, mas o menos”. Luz verde. Comenzaron a caminar. El mas despacio de lo acostumbrado y ella uno o dos pasos atrás de él.
Y, ahora? No se… Estoy caminando, yendo para el Río que me dijeron que es muy lindo… ¿Chicos? Y, no se, no pude ver mucho, pero lo que vi hasta ahora me ha gustado bastante – sonrió -…jajaja…Buenos, después te cuento…Ahora no puedo decirte nada. No, nada…Si…Tengo que hacer tiempo hasta las 6 de la tarde… Si. A esa hora…En Chevallier…Y, no se. Serán más o menos tres horas por autopista. Si queres, cuando llegue a casa te llamo y salimos a comer algo…No, no creo que lo llame. No tengo ganas de seguir dándole tiempo…. Okay. Okay… Dale, nena. Te mando un besote”. Colgó.
Hola Enrique, si, mirá: no voy a poder ir hoy. Me surgió algo y me tengo que quedar a resolverlo – la miró y sonrió -…Calculo que a la seis de la tarde…Bueno, lo vemos el lunes…Si. No se como voy a encararlo todavía pero no te hagas problema….Después te cuento. …No, no se… No me esperes mejor…Chau”.
Colgó, mientras se paraba delante de ella. Sonrieron.

lunes, 12 de mayo de 2008

Alemanes del Volga




Los alemanes del Volga (alemán: Wolgadeutsche o Russlanddeutsche) eran alemanes étnicos que vivían en las cercanías del Volga en la región sur europea de Rusia, alrededor de Saratov y al sur, manteniendo el idioma alemán, la cultura alemana, sus tradiciones e iglesias, todas cristianas: católicos, luteranos, protestantes y menonitas.

Comenzaron a emigrar desde Alemania a Russia en el año 1763, especialmente de las zonas de Hesse, el Palatinado y Baviera, aceptando una invitación de la emperatriz Catalina II de Rusia de afincarse en las tierras del bajo Volga. Allí fundaron en 1764 la primera aldea (Dobrinka) a la que llegaron cinco años más tarde un centenar, totalizando cerca de 30.000 habitantes en esa primera colonización. Al lado oeste del Volga se lo llamó Bergseite (lado montañoso) y al lado este Wiesenseite (lado llano). Así, las colonias se identifican como las que son de la Bergseite o de la Wiesenseite.

Las profesiones de los alemanes asentados en el Volga eran muy diversas, ya que varios de ellos eran farmacéuticos, médicos, abogados, ingenieros, profesores, como así también zapateros, herreros, panaderos, demás artesanos y una mayoría de agricultores que buscaban un lugar de paz para vivir, ya que Alemania estaba padeciendo el largo sufrimiento de las guerras napoleónicas. Sin embargo, al llegar a Rusia fueron obligados a confinarse por completo a las actividades del campo, y sólo unos pocos pudieron dedicarse a su profesión o a vivir de lo que habían estudiado tal como lo deseaban, al mismo tiempo que se les impedía la salida del territorio y debieron jurar fidelidad a su majestad imperial. De esta manera, los alemanes entendieron que sólo vivirían para trabajar, y durante varias generaciones los ancianos murieron sin haber conocido el esparcimiento. Confiaron en que si lograban llevar una vida sumamente austera y podían cumplir con todas las privaciones que se imponían, sus hijos podrían gozar de una mejor condición, lo que les permitiría hacer valer sus derechos.

El riguroso abocamiento al trabajo por parte de los alemanes y su intransigente sentido del deber, hicieron que ni ellos ni sus descendientes se permitieran la ociosidad, como tampoco gozar de comodidades que se basaran en acortar las jornadas de trabajo, y durante muchos años se habían prohibido la celebración de fiestas, con excepción de los ritos religiosos que eran cumplidos con suma adhesión por toda la comunidad.

Como consecuencia de eso, al cumplirse el primer siglo de la colonización alemana en el Volga, las espigas de trigo cubrían una superficie mayor a la de la Suiza actual, y los alemanes del Volga se convirtieron en importantes terratenientes. No obstante, nunca delegaron las tareas rurales, y de esta manera las familias que se encontraban en mejor posición económica continuaron trabajando sus campos para poder enviar a sus hijos a estudiar a universidades de Alemania. Una vez graduados, a muchos les era prohibido regresar de nuevo a Rusia para ver a sus padres y tomar contacto con sus seres más directos, por lo que varias familias se desesperanzaron y creyeron que ya nada podían hacer.

La eficiencia que lograron durante todos sus propios gobiernos, la adhesión total al trabajo, y los contratos de radicación y colonización favorecieron el desarrollo de las colonias y ciudades. A los descendientes de los primeros pobladores les aseguraban quedar exentos "eternamente" de la mayoría de las obligaciones que tenían los propios habitantes de Rusia, incluida la de prestar servicio militar. La alta tasa de natalidad, junto con la continua inmigración, multiplicó notablemente la población alemana en el Volga, al punto que entre 1838 y 1880 sólo la cantidad de aldeas alemanas que se encontraban circundantes al río ascendía a 583. Conservaron con extrema rigurosidad el idioma alemán y el cúmulo de tradiciones heredadas de sus familias y maestros, y no se daban casamientos mixtos entre rusos y alemanes. De esta manera, mantuvieron intacto el legado antropológico y cultural de sus ancestros.

No obstante los logros que habían alcanzado, en 1864 las penurias se agudizaron debido a las pérdidas de los privilegios otorgados por Catalina la Grande. Esto provocó que fuertes contingentes de alemanes comenzaran a emigrar hacia América a partir de 1872. Más tarde, con el advenimiento del comunismo soviético, muchos alemanes fueron perseguidos a causa de su fe cristiana y la gran mayoría fue deportada a gulags y otros campos de concentración en Siberia, lo que derivó prácticamente en su exterminio en masa.

Alentados por la experiencia de estos connacionales, los alemanes que pudieron sobrevivir protagonizarían la última oleada emigratoria. Sus destinos fueron Canadá, Estados Unidos, y más tarde América del Sur con Brasil, Uruguay y Argentina.

Para aquellos alemanes que decidieron quedarse en el Volga, llegaron a tener su propia república (la República Autónoma de los Alemanes del Volga de la Unión Soviética), pero fue en 1941 que por decreto de Stalin, les fue borrada del mapa (Ukase del 28 de agosto de 1941). Absolutamente todo el territorio les fue confiscado, y las viviendas fueron ocupadas por comunistas rusos. Los alemanes del Volga nunca más pudieron regresar a la zona, y los pocos sobrevivientes debieron emigrar como desposeídos.

Luego, en septiembre de 1955, durante el gobierno de Nikita Jrushchov, la Unión Soviética firmó un decreto a través del cual se reconoció públicamente que el trato dado a los alemanes del Volga había sido totalmente infundado, garantizando de esta manera amnistía a los sobrevivientes que quedaran en Rusia. A pesar de ser reconocidos como víctimas, fueron obligados a firmar ciertos trámites en donde renunciaban a todos sus derechos de propiedad y de herencia, y de volver al territorio de su antigua república.

Como consecuencia de la vida impuesta en los campos de concentración, la generación de sobrevivientes de alemanes del Volga que quedó en Rusia creció sin familia y sin escuela. Las familias alemanas fueron diezmadas, los niños que podían producir eran rápidamente obligados a desarrollar trabajos forzados, y se les prohibió la educación. En el marco de estas necesidades, los sobrevivientes se vieron obligados a firmar renuncias que vulneraban aun más su dignidad humana en otros aspectos pero ponían fin a la persecución. A diferencia de otros pueblos víctimas de genocidio, los alemanes del Volga nunca fueron indemnizados.

El 29 de agosto de 1964 un segundo decreto admitía abiertamente la culpa del gobierno soviético de la persecución y genocidio de un pueblo inocente. No obstante eso, ninguno de sus derechos les fue restituído hasta la actualidad.

Volviendo a aquellos que inmigraron, y focalizándonos en los que llegaron a Argentina, lo hicieron merced a una ley del entonces Presidente argentino Nicolás Avellaneda. La primera colonia se estableció en Hinojos, cerca de Olavarría, en la Provincia de Buenos Aires el 5 de enero de 1878 y otros lo hicieron en el departamento entrerriano de Diamante, el 24 de enero del mismo año, fundando General Alvear. Más tarde lo fueron haciendo en el resto de las provincias. La población total de descendientes de alemanes del Volga en la Argentina está estimada en algo más de 1.200.000 habitantes.

Hoy encontramos descendientes de alemanes del Volga en los pueblos que se formaron en base a dichas colonias y en ciudades cercanas a estas. La mayor parte de la población de las ciudades de Crespo en la Provincia de Entre Ríos y Coronel Suárez en la Provincia de Buenos Aires está compuesta por descendientes de alemanes del Volga.
(Fte: Wikipedia.com)

domingo, 4 de mayo de 2008

Cada domingo (Superclásico)

Hay que tener ganas de complicarse la vida de esta manera, eh? De por si, ya tiene sus bemoles y luchas como para, encima, andar agregándole motivos de preocupación. Es como si uno, de una forma masoquista, disfrute del nervio y la tensión. Estar preocupándose por motivos – unos lo sabe, concientemente – vanos (Este Palacio no le hace un gol ni al arco iris).
Crisis cardíacas, taquicardias, uñas masacradas, caída del cabello, etc., se dan lugar como consecuencia del balompié. ¿Y que necesidad hay? Ninguna (Pero fue full Bassi, fue full...¡¡¡la reputa que te parió!!!).
Esta crispación nerviosa tiene su pico periódicamente en partidos importantes: desenlaces de campeonato, instancias finales de copas y clásicos rivales. Y para un hincha xeneise – como el suscriptor – ¿qué partido más importante que el “Superclásico” frente a River Plate? Ninguno (Ay que dormidito que esta Román hoy, che. ¡Vamos carajo que hay que ganar!)
Allí es cuando este sufrimiento asciende a su cumbre. Uno podría recostarse en la acostumbrada paternidad para sentirse un poco más tranquilo que el rival, pero no. No es así. Uno termina sufriendo como un condenado. Faltando una semana para el match, uno ya empieza a sumar temperatura (Y encima yo me vengo a sentar en este bar lleno de gallinas. ¿Quién carajo me mando?) y llega al partido pretendiendo sentarse tranquilo y relajado a disfrutar del espectáculo, esperando que "sus" muchachos hagan un buen papel. Trantando de convencerse que esto no es la muerte de nadie y que se puede ganar y perder, con iguales posibilidades. Pero no, empieza el partido y ya, con el primer lateral cedido, las piernas se empiezan a mover, la mesa empieza a sentir los golpes de puño y "Gerlo, muerto, ¡¡¡¡sos horrible!!!!!".
Pasan los minutos y uno se putea a uno mismo por ser tan fanático y hacer depender a sus emociones de un juego, eso, simplemente un juego. Y por si fuera poco, ese juego no depende de uno, de su destreza, talento y pericia. Depende de once tipos que ni saben de mi sufrimiento, mis uñas y mis nervios (Ahi "ta", Battaglia...¡¡¡¡goooooooooooooooooollllll!!!!!! Vamos carajo ahora, vamos que los matamos. Termino abrazado con el viejo de la mesa de al lago, con el mozo que largo la bandeja a la mierda. "Ole ole, ole ole ola, que las gallinas no nos ganan nunca mas").
Y es así siempre. Cada domingo...y es una linda forma de complicarse la vida.

viernes, 2 de mayo de 2008

Almagro melancolía

La pared repleta de estantes hasta el techo – alto, muy alto – no impedía, de cualquier manera, que se puedan ver las paredes celestes, húmedas, descascaradas e imperfectas (¿Cómo estarán las paredes del Almacén de Ramos Generales de Don Enrique en Espartillar, Provincia de Buenos Aires?). Varias botellas viejas, sucias, de ginebra Bolls y otras bebidas daban la imagen perfecta (como las que me regaló el abuelo, no?).
Sobre el mostrador, una caja registradora por lo menos cincuentenaria (también tenía una, mucho mas cuidada). Un par de guitarras criollas y el cantante de voz grave. “Uno”, “Azulejo” y otros se fueron dando a medida que se consumía el vaso de fernet (Siempre con su radio vieja escuchando los tangos que sonaban desde LU2, Radio Bahía Blanca, mientras detrás, la abuela hacía la comida).
Esquina melancolía en Almagro para la parada en la noche que algún bohemio del grupo pensó apropiado.
Algunos personajes acompañaban la pequeña sala: el barman de pelos heavies - la conexión con el presente, supongo-, las parejitas que movían los labios al compás del juglar de turno y las mesas completas de botellas – nuevas y vacías – en un ambiente turbio por el humo del cigarrillo permitido (Supongo que hoy estará cargado de tierra, cubiertos en sus muebles con sábanas blancas y telas de arañas por cada rincón del salón).
Entre copla y copla, el replique de los asistentes era incesante, aunque veíase interrumpido rápidamente en cuanto aquella voz marcaba el comienzo de una nueva melodía.
Fue una sensación instantánea. Casi como tropezarse con uno mismo. Con la infancia perdida y los recuerdos felices. Almagro y su viejo bar, repleto de botellas rancias, me hizo confundir por un momento y esperar que detrás de aquella barra raída aparezca el abuelo Enrique, enfundando en su gamulan enorme, su gorra gris, bigotes gruesos y porte inmenso.

lunes, 28 de abril de 2008

Sacrificio

El baño era pequeño, oscuro, sucio y mojado. Sus azulejos eran de un azul ocre del cual chorreaba la humedad condensada. La única luz estaba oculta tras el durloc de la deficiente separación de cubículos. El piso, regado de un dudoso líquido, también mostraba el deterioro de una construcción golpeada en su revoque. La música retumbaba las paredes, y el grito de los ocasionales ebrios lo incomodaban en su encierro. El humo propio del cigarro y la noche se mezclaban con el calor de aquel recinto enclaustrado.

Salió. Disimuló un poco su transpiración. Saludo a lo lejos un par de conocidos. Se sintió observado al principio, aunque logró pensar lo contrario una vez mimetizado en la muchedumbre. Buscó a su amigo. Lo encontró un poco más allá de la primera columna. Estaba charlando con un par de pichones - como le gusta decir -, siempre con la cerveza en la mano. Se le paró adelante haciéndolo retroceder unos centímetros. Le acercó la boca al oído y le dijo:

Haber cagado en ese baño y no haberme ido a casa demuestra, sin lugar a dudas, lo mucho que te quiero. Feliz cumpleaños, Pajero”. El otro se rió primero, y lo abrazó después.

viernes, 18 de abril de 2008

Monada


(Foto de los integrantes de la barra brava de River prohibidos de acceso al Monumental).

Deberíamos rever ese concepto que dice que los hinchas riverplatenses son todos rubiecitos y los xeneises morenitos, no?


jueves, 17 de abril de 2008

El fútbol es un resultado

A raíz de las muchas opiniones vertidas últimamente respecto del desempeño del Club Atlético River Plate desde la asunción a la dirección técnica del Sr. Simeone, he de decir – a pesar de mi conocido fanatismo por el conjunto xeneise – que no puedo dejar de resaltar su andanada triunfadora.

Puede optar por criticar a quienes del mismo cuadro riverplatense ahora resaltan la punta del campeonato cuando se hacen llamar a si mismos defensores del fútbol vistoso o paladar negro. No sería la primera vez que critique la hipocresía, en cualquiera de sus formas.

Prefiero defender lo hecho hasta aquí por el otrora aguerrido mediocampista de la selección nacional toda vez que comparto con su dirección técnica la idea principal – a mi modo de ver – detrás del querido deporte del balompié: el fútbol es un resultado.

“¡No!” exclamaran muchos defensores de las letras y el idilio futbolístico, quienes comenzaran a esgrimir por su locuaz y verborrágico estilo las palabras aprendidas de sus maestros falsarios. Evocaran a Holanda del 74, parafrasearan al flaco Menotti, e intentaran citar a Cappa, Córdoba o tantos otros.

Simplemente a ellos podré decirles que desde el fondo de mi corazón desearía que las cosas fueran como ellos dicen. Un mundo maravilloso donde la belleza es mejor que la eficacia y lo hermoso es el ideal a seguir. Pero no. Y creo que ni para ellos eso es posible. Y verán porque…

No se como vive todo el mundo la pasión del fútbol, pero me arriesgo a decir que aquel que lo vive con el interés propio de la actividad, experimenta los partidos con la emoción conveniente al que arriesga algo. Así como no se le puede pedir una sonrisa a al salir el nueve a quien apostó al doble cero en la ruleta, no puede pretenderse de quien alienta a su equipo que piense líricamente en la belleza del juego antes que en la consecución de los objetivos de su conjunto.

Durante los noventa minutos, el hincha vive el partido con sufrimiento. No dispone de uñas prolijas en virtud de la compulsión nerviosa. Tiene inconvenientes con su vecino porque no puede evitar gritar un gol sobre la hora, jugándose el partido en horario de siesta dominical. Termina abrazado a cualquier desconocido de dudosa suerte en la tribuna eufórica de gol. Hay muchos ejemplos.

Por todo esto, el fútbol es un resultado. Se debe ganar. Si o si. Esa necesidad se debe como correlato a lo sufrido y pendiente del hincha tras el alambre. Como justificativo para su inversión pasional. Como aliciente a las pérdidas físicas experimentadas a lo largo de la hora y media de emoción futbolera. Como retribución si se quiere.

Obviamente que jugando lindo hay mas oportunidades en la conquista, pero eso no siempre es así. El mencionado Menotti se ha cansado de fracasar en los últimos treinta años al no revisar su programa de objetivos.

No se pretende justificar a ciertas prácticas antideportivas como se ha visto en alguna ocasión detrás de un alfiler de gancho o un bidón de laxante, pero si se quiere resaltar como con la filosofía vista se puede hacer feliz a mucha gente. Y eso es lo que vale.

Lo ha hecho el Sr. Bianchi conmigo. Lo hace el Sr. Simeone para otros.

Anestesiado

Según apareció publicado en Infobae digital, un vecino de la localidad rusa de Vólogda ingresó en el hospital de dicha ciudad con un cuchillo de cocina clavado en la espalda. El instrumento tenía aproximadamente 15 centímetros de longitud, habiendo transpasado tejidos blandos, rozando incluso levemente la pared pulmonar.

Al parecer, el responsable del hecho fue un vigilante de seguridad y compañero de trabajo de la víctima quien le había clavado el cuchillo. El herido contó que habían pasado la tarde bebiendo en la garita de vigilancia y en algún momento llegaron "a las manos".

Lo curioso del hecho fue que, al día siguiente y amanecido con resaca, la víctima volvió a su hogar y se acostó a dormir la siesta, reparando su mujer varias horas después que un objeto extraño sobresalía de la espalda de su marido.

El hombre en cuestión, Yuri Lialin, manifestó que había sentido algo incomodo al acostarse, pero que no había reparado que era un cuchillo.

A partir de esto, no creo que ninguna historia de borrachos pueda sorprenderme.

jueves, 10 de abril de 2008

El Alamo: adiós a un mito

Van a tirar abajo un pedazo de mi adolescencia. De la de mis hermanos. De los padres de mis amigos. De sus tíos. De gente grande y más reciente también.

“El Alamo” cierra sus puertas para nunca mas darle la bienvenida en temporada estival a una nueva generación de precoces jaraneros.

Atrás quedarán aquellas noches de licencia en el boliche de la playa. Salir de su oscuridad y chocarse con el sol de frente, sobre el cielo azul y el mar celeste. Atrás quedará el recuerdo del rebusque en la arena fría junto a la compañera de turno.

Atrás quedaran sus rincones oscuros. Su barra repleta. Sus baños húmedos y los reservados duros. Atrás queda su techo de paja y su pista guerrera. La boca baldeada con cerveza de botella. Amigos, historias, memorias. Todas se caen con sus paredes de cemento.

Atrás quedo yo, abrazándome al recuerdo de aquellos años y sus buenos momentos.

jueves, 3 de abril de 2008

El Ruso: mujeres desnudas por él

Las chicas lo miran a él. Siempre lo miran a él. El grupo es grande y con variedad, pero ellas insisten con él.

Rubio, estatura normal, ojos claros, cara angulosa y barba de un par de días. Todo dicho para ellas. Cada vez que alguien un paneo por la pista, alguna lo esta mirando. Y él hace como que no le importa (está acostumbrado).

Pero al resto si. La banda se pone loca, y hasta alguno hace un chiste con tajearle la cara. Tienen que salir con pico y pala a la periferia para rescatar un empate sobre la hora.

Él ahora baila con la rubiecita del grupo. Gran cuello, hermosa espalda y mejor final. La da vuelta, la hace girar. Ella se marea un poco pero se ríe. Y él controla la situación. Alguno del grupo quiere sacar a bailar a alguna amiga de la blonda pero no…están las cuatro, contra la barra, mirando a la pareja como baila. En realidad lo miran a él. Y en las caras se le puede leer un “¿no es divino?”. Están contentas por su amiga, pero también deseosas que la largue de una vez y saque a alguna de ellas.

Se escucha de fondo: “¡Ruso, la puta que te parió! ¡Vamos a trajearle la cara al hijo de putas este!”. Alguno se ríe. Otros no.

El Ruso se aburre de la rubia, la suelta y va para la barra a buscar una cerveza. Cinco minutos de sana competencia en la pista. Codazos, empujones, tiros, puteadas. Sudor. Vuelve el Ruso…vuelve la guerra de trincheras en la periferia, piensan todos, buscando las sobras del Ruso.

Él se acerca de nuevo al grupo de chicas. La Rubita deja su vaso en la barra como para poder agarrar la mano que seguramente él le iba a tender. Las otras pusieron cara de “que suerte…”. Pero no…se acerca a la más alta. La mas linda del grupo (si, mas que la rubia), quien le dice que si sin dudarlo, sin darse cuenta que la blonda la miraba con cara de sorpresa.

Momento de cumbias y reggeatones…el Ruso usa las tácticas de siempre, hasta que consigue que sea ella quien lo abrace desde atrás. Todo dicho. De eso al beso quedan escasos segundos.

Ahora si la banda, viendo que la esperanza de ellas se esfumó, gana terreno de juego y empieza a sacar al resto del grupo, menos a la rubia que sigue mirando con odio a su amiga. Algunos ganan. Otros no. Se escucha por ahí un “¡¡¡Buena, Ruso!!!” de alguno.

Mientras se escapa la noche por la salida de emergencia, ellas avisan que se van. Todas juntas obviamente. La Banda se reúne en la barra y esperan que el Ruso vuelva a abrir caminos en la pista.

lunes, 31 de marzo de 2008

Cripta

Vas y miras. Volves y otra vez. Tenes tiempo de pensar. En nada. Y lo haces.
Miras por la ventana y llueve. De arriba a abajo y adentro tuyo también.
Queres volver atras y, lógico, no podes. Tenes algo en la mano que no lo podes jugar.
Parece que el tiempo es para siempre y se va a acabar. Solo vos y tu tiempo para pensar.
A partir de ahí no hay vuelta atras. Ya lo dijiste. Pero puede ser que ande. No sabes.
Esperas algun recreo pero no va a haber. Lo sabes. Queres salir a jugar. Y volver. Sin recordar.
La llegada esta ahí, pero todos siguen corriendo. Salvo vos. Y no queres ser el primero. No otra vez. No esta vez.

domingo, 30 de marzo de 2008

Testigo

Zulma (tenía toda la cara) tomó el pocillo de café y me miró. Lo hizo inquisitivamente. De vuelta el pocillo. De nuevo yo. “Son treinta mangos a la basura”, pensé. “Sos una persona muy indecisa; te cuesta tomar decisiones”, me dijo con su cocoliche árabe – español. “¿Entiendes?”, remató – no era una pregunta tanto como una imposición - como lo haría a lo largo de varios pasajes de nuestra conversación de diez minutos. “Eres una persona emocionalmente inestable a la que le cuesta decidirse, ¿no es así?”, esta vez si me preguntó. “No, la verdad es que no, todo lo contrario”, contradije. “No suelo tomarme mucho tiempo para para tomar mis decisiones, las cuales no tardo en poner en práctica a la brevedad, bien o mal”. Uno abajo Zulma.

Has tenido una experiencia muy fuerte – retomó - con un familiar en una casa de montaña y ese es tu sueño. Y lo conseguirás. Tendrás una casa parecida”. Volví a contradecirla. Dos a cero desde el vestuario para la vidente.

Después de ese arranque, no se puede esperar mucho más de una persona que te lee la borra del café en un restaurante de comida árabe. Aceptamos con mi vieja la propuesta tal lo indicaba la carta, un poco tentados por una curiosidad alimentada por un ambiente oriental.

En resumidas cuentas, aparentemente, y de acuerdo al capricho de algunas figuras aparecidas en el fondo de una tacita con “café oriental”, mi vida se verá modificada en los próximos meses de la siguiente forma:

(i) Comenzaré a viajar con frecuencia hacia el sur (primero era el exterior, después una zona con mucho agua, hasta que le dije era de la costa de Chubut), a raíz de una propuesta de trabajo – la que estoy esperando según dijo – originada por gente joven.
(ii) Ese amigo por el cual siento dolor, sabe de su error y esta pensando en disculparse a través de un tercero. Allí, según Zulma, no debo anteponer mi acostumbrado orgullo.
(iii) Tengo dudas – nuevo error - ante mi inminente proyecto afectivo. De acuerdo al concejo de la adivina, debo confiar en ella, quien es una buena chica, aunque conviene educarla en mis intereses.
(iv) Alguna vieja conocida se acercará a saber como estoy, “sin propósitos de lucro o afines”.

Sinceramente, no me convenció demasiado el rictus vidente. Sin embargo, “Las brujas no existen, pero que las hay, las hay” dice el dicho y, sin ir mas lejos, otra bruja – galesa esta – me leyó en varias ocasiones las hebras del te – si, si, las hebras del te, aunque cueste creer – y no erró mucho en adivinar diversos fenómenos de mi vida: mi veloz carrera universitaria, mi actual novia, varias de mis experiencias laborales, etc.

Quedan aquí, por tanto, estas líneas de testigo, veedoras de una realidad que, por un rato, descansó en el fondo de una sucia tasa de café. Veremos…

jueves, 20 de marzo de 2008

Los mismos errores

La puerta del ascensor se cerró con violencia y The Offspring sonaba bastante fuerte en sus auriculares. Pensó que debía irse de esa habitación para poder calmar sus nervios en la calle, solo, acompañado por su música. “Así es, amiga mía: las cosas son en ambos sentidos y sino no son para ningún lado”. Caminó hasta un cyber y empezó a buscar pasajes para Resistencia. Sabía que era una conducta extrema pero por lo menos quería tener los datos en las gateras.

Volvió al departamento y la encontró con la misma actitud desafiante. “Tendría que haber confirmado los pasajes”, pensó. Volvieron a discutir, ahora con más violencia. Se acordó de la misma escena hace cuatro años cuando pelearon después de haber visto “Alguien tiene que ceder” en el cine. No podía creer la obstinación de ella y la violencia de él. Nadie podía llevarlo hasta semejante punto de ira como ella. Lo mismo sucedía del otro rincón del cuadrilátero.

Se saltearon el almuerzo. La hermana tuvo que hacerse unos sándwiches de Criollitas y queso, ya que no tenía mano para la cocina. Ellos, permanecieron en el living, a veces discutiendo, otras en silencio. Parecía que pasaban horas entre diálogo y diálogo, pero solo eran minutos cargados de tensión.

Se hizo la noche – la hermana volvió a comer lo mismo – y él decidió irse solo a tomar una cerveza. No volvió a dormir. Regresó al mediodía del otro día. Tocó timbre y nadie lo atendió. Fue a la Terminal y tomó el primer colectivo que salía para el Chaco. Llegó a su departamento, tiró todas las flores secas y adornos que había colocado ella y colgó unos carteles viejos de publicidades de cerveza. Ella nunca más lo llamó. Él tampoco. Las cosas ya no iban para ningún lado.

(NdA: inspirado en la letra del tema "Denial, Revisited", The Offspring)

lunes, 17 de marzo de 2008

Lunes de un hombre gris

El hombre del trajecito gris encara la mañana. Corbata azul con pintas blancas. Las ojeras y su rostro pálido le hacen juego. Zapatos sin lustrar, algo gastados y el maletín que le regalaron en una conferencia de seguros marítimos. El lunes siempre lo trata mal, y hoy no es la excepción. El primer día de la semana laboral tiene mezcla de bronca y agotamiento (como los domingos de tristeza y decaimiento), con algo de resignación.

“Por lo menos no esta lloviendo”, se reconforta, mientras intenta que el 17 no le golpee la nuca con el espejo retrovisor. No comprende como, a las 8.50 de la mañana, ya haya olor a Falafel en el puesto de Maipu y Lavalle. Reconoce algunos pungas y los esquiva. Choca con dos o tres personas sin darse cuenta, ni al hacerlo ni después. La peatonal ahora tiene la imagen urbana del despertar violento. Todos corren, con caras pálidas y ojeras tristes. Todos miran para abajo. Nadie sonríe. Tampoco se miran.

El lunes tiene algo de violento y agotador, vuelve a pensar. Tiene ganas de volverse a su casa. No hay fin de semana que lo encuentre renovado. El hombre del trajecito gris termina programando planes que lo agotan más. Pero, piensa, que eso es lo único que lo hace sentir que todavía esta vivo y separado de su atuendo de lunes y su interminable monotonía.

Camina dos cuadras más, llega a 9 de Julio y Buenos Aires ya ruge al ritmo de la furia vehicular. Cruza Cerrito. Saluda al portero. Tercer piso ascensor. Gruñe – saluda al entrar. Se sienta frente al monitor y abre la página de La Nación, como siempre, pensando en lo que falta para el fin de semana.

domingo, 16 de marzo de 2008

El Salto

El año pasado gané una pelota de fútbol en un casamiento. La novia había arrojado el ramo, de espaldas a sus amigas, para que alguna de esas chicas solteras tenga la esperanza de imitarla algún día. Luego, el novio, para darle un toque original al momento, hizo lo propio con un balón de "fobal". Nike. Blanco. Brillante. Con la famosa pipeta en negro. Hermoso. En aquella oportunidad, tuve un momento de gran lucidez para mi condición en esos momentos. "Mido 1,92 mts", pensé. "no hay chance que no sea mío". Los jóvenes asistentes al evento, se agruparon como monos, a unos tres o cuatro metros de la espalda del novio. Se empujaban, sudados, apretados. Sonrientes pero codiciosos. Parecía que la única forma de ganar el esférico balón era meterse en el medio, dar algunos codazos, poner el culo duro y tratar de saltar mas que los demás.

Contrariamente al ideal para vencer, me alejé un poco de la manada hormonal. En verdad, no parecía tener mayores chances, parado un poco al costado, ligeramente adelantado de todos ellos y con las manos en el bolsillo. Incluso creo haber puesto cara de superación del tipo "no vale la pena el esfuerzo". Alguna sonrisa de costado, como para "acompañar" el momento.

Marianito miró para atrás, preguntó si estaban listos y comenzó a arrojar el balón...

Las manos salieron de ms bolsillos. Un paso (con la derecha), otro paso (con la izquierda), salto vertical con la mano extendida en alto. Basquétbolisticamente, calculo que la imagen pudo haberse comparado con un alley-up ...

Cuando caí al piso, asegurando la pelota con ambas manos, miré a los atónitos festejantes. Asombro. Bronca. Alguna puteada. Me di vuelta, sonriente, y me fui hasta mi mesa, escuchando alguno que pedía que se anule mi recepción y se repitiera el juego.

Cuando vino Marianito a comentarme del enojo de sus amigos, me reí un poco aunque comprendí que mi maniobra no había sido del todo justa para con ellos: nunca les di la chance de competir. "Mala leche", me justifique ante ellos. "Calculo que no volveré a hacerlo de nuevo", traté de mediar.

Ayer se casó el Poli. La novia tiró el ramo, como siempre, y él trató de ser original como Marianito. Nada mas que esta vez era un Johnny Walker, etiqueta roja (la caja vacía obvio)...

Calculo que cuando empiece el frío de otoño, lo sacaré de su preciosa envoltura para convidarle unos hielos, tanto al gran Juancito Caminador, como a esa idea de haber estado otra vez un segundo adelante de toda la monada transpirada.

viernes, 7 de marzo de 2008

La Volcada

“¡¡¡La concha tuya, Galenso de mierda!!!”. Todavía tengo en el centro de la frente la cara del gordo sudado, viejo, con la camisa celeste abierta, parado - pero casi en cuclillas - con el mate en una mano y apuntándome con una factura rancia.

Los sábados jugábamos el torneo de basket del Valle del Río Chubut. En la ocasión, el rival de turno era el Club Brown de la ciudad de Puerto Madryn. No voy a decir que era el clásico, porque no era así. Pero salían buenos partidos, sobre todo en la cancha de Brown – chiquita, con pisos de parket y pocas gradas de cemento -, con partidos cerrados y con final abierto.

Había jugado al basket desde los 6 años, con lo cual eran 11 años de vernos las caras con los equipos de la zona. Sin embargo, este era uno de los últimos partidos que jugaba en el club. Me esperaba Buenos Aires para estudiar y eso se llevaría toda la atención.

Entrando en calor, sabía que iba a ser una tarde especial. No porque era uno de los últimos partidos. No porque la numero 9 – como siempre - del Independiente de Trelew se estaba despidiendo para siempre de mi sino, simplemente, porque ya había crecido lo suficiente como para “volcar” la pelota en el aro (para los desentendidos, hundir la pelota en el canasto de enceste), cosa que deseaba desde chico y jamás había intentado.

“A ver, Galenso (dicese de los rubios en mis tierras), la volcás?”, me preguntaron. “Psssss”, respondí. Cinco o seis pasos, salto y dejaba el balón en el canasto con una mano. Cinco o seis o seis pasos, y la dejaba con dos. Así dos o tres veces más. Era inminente que ese día iba a poder cumplir el sueño desde que el gran Michael Jordan había "caminado" en el aire para ganar el concurso de volcadas por aquel juego de las estrellas de la NBA en 1988.

El partido fue cerrado. Como siempre. Palo y palo hasta el final. Y la verdad es que esa tarde había tenido un gran juego (no era de lo mejor en la zona aunque si me las arreglé para integrar en un par de ocasiones el seleccionado del Valle del Chubut). No recuerdo cuales fueron mis números ese día pero si que estaba lo suficientemente confiado en que podíamos ganar el partido.
Treinta segundos por jugar. Pase sobre la línea al Cabezón Duarte que nos deja a un punto. 79 a 80. Sale el base de Brown – el 6, no me puedo acordar el nombre pero creo que voy a tener 70 años y voy a seguir teniendo su cara de playmobil castaño en la memoria -, y quiere tranquilizar el partido. Lo apretan para que largue el balón y lo hace, pero con la desgracia – para él – que se la da al grandote de Brown, quien quiere botarla y la misma rebota en su pie derecho. Faltan 20 segundos. Agarra la pelota el "Paga" y me ve ya en la mitad de la cancha, solo, hacia el aro. “Es el momento” pensé. 17 segundos. Me lanza el pase, el cual tomo ya a la altura del área de triple… piqué la pelota una vez…un paso – el derecho, como lo indican los fundamentos -… dos –el izquierdo para que después se eleve el derecho en el salto - …y salto. Pienso: “la aseguro con las dos manos”. 13 segundos. Eso hago. Cuando la pelota alcanzó la altura del aro, intento meterla dentro del canasto. La dejo ahí y me cuelgo del mismo como para darle un contenido emotivo al momento. ¡¡¡Se va a la bosta!!! ¡¡¡Hago mierda el aro y ganamos el partido con una volcada mía!!!

Y es ahí, cuando suelto el aro, que el muy turro pega un tirón volviendo a su posición original y le pega con la parte de atrás a la pelota que todavía estaba por allí. ¡¡¡A la mierda la pelota!!! ¡¡¡¡Nooooo, la puta que lo parió!!!! ¡¡Me quiero matar!! Cuando caigo al piso, trato de buscar el balón, el cual ya estaba en manos del playmobil. 8 segundos. Vuelvo hacia la mitad de la cancha, y los de Brown se pasaban la pelota para evitar nuestra falta. Fue ahí…ahí justamente que miré hacia la tribuna y lo vi al gordo, cagándome la vida, insultándome como si hubiese perdido la final del mundo. Mire de vuelta hacia el campo y la chicharra marcaba el final. Habíamos perdido y había sido mi culpa. Miré de vuelta al gordo chivado quien seguía recordando a mi familia. Lo putié, si, lo putié. Delante de todos. Pero ni siquiera haberme subido a las gradas y boxearlo a él, su mujer, y al boludo del hijo – compañero de equipo – podría haberme sacado la bronca de haber perdido la chance de haber volcado la pelota.

No recuerdo si fue mi último partido o no. No tengo en la memoria uno posterior. Si lo hubo, lo borré completamente. Solo guardo para mí que el último intento para hacer lo que soñé desde los 6 años en este deporte, se fue tras el rebate de un cesto de basket y el grito colérico de un gordo que no tenía nada mejor para hacer un sábado por la tarde.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Subte

Suelo dejar ideas en el celular cuando se me ocurre algo para escribir en el blog. Escuché esto que había grabado dentro del subte, algún día de semana de mil grados y me pareció gracioso:

Caminando como ovejas, transpirados, deprimidos…¿Como viene la mano acá?...con olor…la puta madre, le erré a la salida…vuelvo…jejeje…bueno, subte, oscuridad, calor…olor…¡Pará, la puta que te parió flaco!…pelotudo…gente con cara de nada…sola…sigo sin enganchar como mierda salir de acá. ¿Para que carajo tome el subte, Dios? …No me voy más…Bueno, olor, ya lo dije. Calor…también”.

Por lo menos, después, cuando la escalera mecánica me estaba escupiendo al infierno de Diagonal Norte, una brisa de aire (y ese especie de túnel a la superficie tipo manga de fútbol) dio en la tecla con la ignota bandita que sonaba muy bien en el ipod.

jueves, 28 de febrero de 2008

Digan lo que digan (Feliz Cumpleaños)

Estabas contento por que cumpliste años. Seguramente eso fue lo que pasó. Llegaron varios de tus mejores amigos y tu novia desde lejos a festejar con vos ese gran momento. Sentís que el cumpleaños propio es un termómetro de afecto, y te llamó mucha gente, además de esos buenos amigos que te visitaron. Estabas feliz. Yo estoy seguro que eso fue lo que te pasó. La emoción que te provocó, primero, ir a jugar al campeonato de los sábados – y ganar, con una buena tarea tuya – indudablemente afectó en cierto sentido…tus sentidos. Claro está, además, que el gran asado con las mejores carnes que les preparaste – aunque hayan faltado dos o tres de tus amigos por haberse ido de la ciudad – te causó tal agitación que no advertiste el desvío. Es muy posible, también, que haber descorchado esos excelentes vinos y aquellos burbujeantes champagnes – sobre todo aquel Barón B que te regalaron cuando te recibiste allá por el comienzo del 2003 – te haya mareado de felicidad. El haber podido alzar en repetidas ocasiones las copas llenas de saludos y condecoraciones te cargo de gozo. De hecho, estoy convencido que esa emoción fue la que te dificultó hablar con propiedad y encontrar las palabras justas para expresar tu júbilo, contagiando tu habitual locuacidad. Estoy seguro. Si. Estoy seguro que fue todo eso lo que te llevó a tomar prestada la bicicleta de la Checha para dar una vuelta por “Campos de Álvarez” y terminar dentro de una zanga de barro. No tengo dudas que la dicha había cegado tus pupilas. Digan lo que digan…

Banda de Sonido

Estoy trabajando en la oficina. Tengo una gran vista de Puerto Madero. El tema es que estaba muy nublado. Nubladísimo. Me pareció una gran mañana para escuchar Zeppelin: I, II, III y IV. Confirmé la idea cuando empezó a llover a cantaros, allá por el inicio del disco “II” y “Whole Lotta Love” sonando. Gran canción para acompañar una lluvia furiosa.

El tema es que ahora empezó a sonar “Stairway to Heaven” y a la lluvia se le sumaron relámpagos y truenos. Me gusta pensar que puse la banda de sonido perfecta para esta mañana gris, oscura y rabiosa.
(NdA a tres horas de la redacción original: aparentemente este chubasco ha traído más de un dolor de cabeza para mucha gente. Dudo en dejar el texto o no. Lo dejo. Espero que se entienda que expresa sencillamente que una mañana lluviosa puede ser un buen momento si no te trae problemas y tenes una buena banda acompañándote)

viernes, 22 de febrero de 2008

Cámara Apagada

- Fue así, Felix. Como te lo digo. Primero bajó el viejo del sexto. ¿Ese que usa siempre un sombrero, viste? Habrán sido las ocho y pico de la mañana. Más o menos te digo. Justo había sacado el agua del mate, así que calculo que eran las ocho y pico. Ocho y cuarto ponele. Y bueno, vino el viejo este y me lo dijo. Vino con su cara de amargado, igual que cuando me paga las expensas y me jode con que le limpie el “palier”. Me dio un poco de risa verlo, ¿viste? Pantalón corto y remera blanca. Zapatillas de tenis como si el viejo de mierda ese jugara a algo. Y soquetitos también blancos. Hubiese dicho que era un copo de nieve el viejo pero no. Sabes porque no? ¡Porque tenia puesto el sombrero escocés hediondo ese que usa!. Jo jo - se rió fuerte y ampuloso Horacio, con la franela en la mano y la ropa algo sucia -. Venía con el perro ese que me mea todo el árbol que esta en la entrada del garaje del edificio.
- ¿Y que te dijo?
- Je je je. Bueno, ahí viene lo divertido. Me dijo “Hay un hombre drogado en el ascensor”. Je je je. - “¿Como?” le pregunte.
- “Si”, me dijo, “Hay un hombre drogado en el ascensor”. Como me pareció raro le pregunté como sabia que estaba drogado. “Porque esta recostado contra el espejo y lo babea con una saliva blanca y espesa. Además, tiene olor”, remató.
- ¡¡¡¡Nuuuuu!!!!
- Si, como te lo digo. Así me dijo. Y bueno, le dije que iba a revisar y el viejo este se fue. Mientras iba para el ascensor, pispié con el rabillo del ojo y lo vi al perro del orto ese salir derecho para el arbolito. Y, claro, empezó a mear. Ya lo voy a agarrar al turro ese. Algo le voy a poner ahí. ¡Otra que botellita de agua!. Mirá, agarró un pedacito de "Dogui" y ...
- ¿Y fuiste a ver al ascensor?
- Bueno, si. Fui.
- ¿Y?
- ¡¡¡Y ahí estabas vos, papá!!!
- ¡¡¡No!!!
- ¡¡¡Si, querido!!! Duro como un turrón de cancha. Ja ja . Estabas parado, apoyado contra el vidrio y dormido. No vi ninguna baba, pero estabas muerto. Muerto, eh. No me preocupé por que era obvio.
- ¿Que cosa?
- El pedo que tenías. Se te sentía el olor a fernet desde lejos. Y además tenías un lamparón oscuro sobre la camisa blanca, típica mancha de fernet.
- ¡¡¡Que papelón!!!
- Dios sabe desde que hora habrás estado "apoliyando" en el ascensor. La cuestión es que te toque el hombro y te dije “Eh, Felix, despertate”. Medio que reaccionaste pero con una cara de no tener la más puta idea de donde estabas. Me dijiste que si y te marqué el número de tu piso. Bueno ahí cerré la puerta y me fui de vuelta a tomar mate.
- Uy, que papelón. Bueno, Horacio, perdoname. La verdad es que no se que me pasó. La verdad es que…
- Pero no termino ahí, eh.
- ¿Como?
- Si. No termino ahí.
- La puta madre. No me acuerdo de nada.
- Je je. Si. Como el mate ya estaba medio lavado me fui a cambiar la yerba.
- ¿Y que paso?
- Bueno, cuando volví, sale del ascensor la minita del quinto del ascensor y se me viene con cara de espantada.
- No me digas mas nada. ¿La morocha?
- Já já já. Si, esa. La que tiene el novio polista ese. Muy chetita para mi gusto.
- No, Horacio, es un bomboncito. ¡Es un minón! ¿Vos le viste la cola? ¿Redonda y generosa?¿Le viste los ojos? Y ni te hablo de la boca porque es al pedo darse manija...
- Si, bueno, espera.
- ¿Que? Viene y me dice: “Hay un degenerado en el ascensor”. “¿Como?”, le pregunto. Si, me dice. “Me subí al ascensor, me miro y me balbuceo una guarangada. Es el flaco del piso de arriba".
- ¡¡Que papelón!!.
- Ja ja . No me dijo que le dijiste pero bueno, me fui al ascensor de vuelta sabiendo que eras vos y cuando abrí a la puerta, abriste los ojos y pusiste una cara de libidinoso tremennnnda!!! Je Je. Me preguntaste si la morocha había preguntado por vos y algo que no te entendí de la “Pichulita”. No se cuanto de la pichulita, alargando las ies. La pichuliiiiiiiita esto y la pichuliiiiiiiiiiiita lo otro.
- Me quiero morir.
- Si, un pedo para cuatro. Bueno, como habías abierto los ojos y me habías hablado, te expliqué que estabas borracho y que te tenías que ir a tu casa. Me miraste, me abrasaste, me diste un beso en el cachete y me dijiste “Horazzzzito, te quiero mucho. No te hagas problemassss que sha me voy”. Y bueno, te cerré la puerta y te mandé a tu piso.
- Horacio, no se como pedirte disculpas. La puta madre.
- Y si, yo se que vos tenes una buena imagen en el edificio. Un pibe del interior, estudiante de abogacía, siempre prolijo, bien peinado, educado, pero bueno. Te agarraste un pedo bárbaro. ¿Quién no se lo ha agarrado, no? Que va´a ser…
- La puta madre, tendré que pedirle disculpas a esta gente. Al del sexto y a la morocha. A ella sobre todo...
- Y al dueño de la imprenta que vive en el décimo.
- ¿Como?
- Si, el de la imprenta de acá la vuelta. Flaquito con cara de nada. Lo ayudo siempre con las bolsas del super y no me tira ni una moneda. Canuto. Si, ese.
- No te lo puedo creer.
- Si, al ratito que subiste, vino este y me dijo que el ascensor estaba todo meado.
- Me estas jodiendo...
- ¡No!
- No te lo creo.
- Quedate tranquilo que no lo measte al tipo en si, pero me dijo que entró al ascensor y había un charco en el piso. Y que había olor.
- …
- Bueno, ahí si, me metí al ascensor con vos y te lleve a la puerta de tu casa. Te mire y me dijiste que toque timbre. Y bueno, estuvimos como cinco minutos tocando timbre. Vos me hacías caras como que estaba bien e incluso me dijiste “ya abren”. En eso te miré la camisa y me dijiste “El ferné no mancha, Horassssssito, decora”. Bueno, cuando me hinché las bolas de tocar el timbre te pregunte “¿Pero vos no vivías solo?”. “Si, obvio”, me dijiste. Casi te mato. “¿y dónde tenes las llaves de tu casa, la puta que te parió?”. “En el auto”, me dijiste. Te putie, si, te putie.
- Perdoname Horacio.
- Y bueno, fuimos hasta el auto, subimos y te tiré en la cama. Caíste como bolsa de papa, hermano. Ya era de día.
- No se como pedirte disculpas o como devolverte el favor.
- No pasa nada Felix. Comprame unas medialunas un día de estos y chau.
- No se que decirte. Se me apagó la cámara.


(Relato tomado en base a una historia verídica de nuestro gran amigo Mendocino, a quien extrañamos como se lo hace con los hermanos del alma: a tu salud, Petiso).

miércoles, 20 de febrero de 2008

La noche y los vientos

Supongo que hoy es una de esas noches en que no puedo dormir. No se porque pasa a veces. Hoy el insomnio me castiga por segunda vez consecutiva. Desde ayer el aire me parece molesto cuando otras noches su vejez arrulla mi mejor momento. Las sábanas me resultan pesadas y rugosas. No encuentro la posición. No me hago caso. No se. Encima Buenos Aires insiste con regarme de humedad.
Me recuerdo a mi mismo los momentos del día en los que desee estar en la cama. Ahora me revuelvo incomodo en ella, tratando de encontrar el camino al sueño.
Juro que soy mejor escritor cuando no tengo un teclado a mano. Pienso los mejores textos, las mejores poesías. Y me engaño pensando que luego las recordaré. Haberme levantado a escribir esto es una prueba de que ya no confío en mi memoria.
En cuatro días cumplo años. Veintiocho. Escuche por ahí que es el comienzo de mi vida adulta. Puede ser. No se. Por de pronto, no hay nada que quiera más que ella este conmigo.
Duermo solo en una cama para dos. Supongo que no hay otra cosa que te haga sentir más solo que eso. Sobre todo cuando el costado izquierdo ya tiene nombre y apellido, pero no el comienzo de la estadía. Quizás sea eso lo que no me deja dormir. Quizás no sea nada.
Los vientos del sur me siguen llamando y yo los sigo escuchando con la vista en otro lado. Pero los escucho. A veces me gustaría ver el futuro para dejar de planear las cosas o por lo menos dejar de preocuparme por ellas. Saber como será la vida de uno y dejar de preocuparse. Dejarse llevar. Eso. Dejarse llevar.
Espero que todo nos salga bien. Ahora y cuando nos encuentres. Espero que nos esperes y nos recibas con lo necesario. No en exceso. De última, ya sabes lo que estoy buscando y ya sabes lo que te estoy pidiendo. Atrás deje a los amigos. A los que valen. A los que tengo. Por eso, recibime con tus vientos. Los que me saludan cuando vuelvo. Los que me esperan detrás del Puerto. El sol en las mesetas y la visita de los que quiero”.
Lo visto. Nada bueno resulta cuando tengo un teclado cerca. Vuelvo a la cama para ver si te encuentro.

viernes, 15 de febrero de 2008

Fiesta Loca

Mamadera...las "nochecitas" del Infinity.
Es como subirse a un barco uno solo con 1449 minas, no?