viernes, 30 de enero de 2009

Norah y el tiempo

Norah Jones canta su canción,
mientras el reloj devora mi mañana laboral.
Intenta distraerme de mis obligaciones "urgentes".
Lo hace por que sabe que tendrá éxito.
que me acordaré de vos, pidiéndome que la pase otra vez.
Y, en eso, buscaré con el cursor la página virgen del monitor,
intentando escribirte lo que me inspira esa canción.
El tiempo sigue apurando y, en verdad, no me puedo demorar.
Pero creo que al menos, un segundo, vale la pena esperar.
Sonreir solo en mi oficina y pensar en tus muecas divertidas.
En tu piel de porcelana y gestos de enamorada.
El reloj no le da tregua a nadie,
pero creo que el mundo no va a explotar
si me detengo solo un segundo a decirte que soy feliz,
Y que te amo de la única forma que es posible.

jueves, 22 de enero de 2009

Super Totó

Tomás es un toro. “Tiene una moral de acero” dicen por ahí. Me descoloca permanentemente: te desafía desde su metro diez con ojos firmes pero después se acuesta con vos a ver tele y te hace “mimitos” mientras se duerme. El poder de convencimiento.

Su único ídolo es la misma persona con la cual compite todo el tiempo, quien además ejerce el papel de mejor amigo, maestro, tutor y enemigo acérrimo. Me hace acordar a mi mismo cuando perseguía a mi hermano por todo el barrio.

Tomás me dan ganas de ser padre, y que mis hijos sean como él (calculo que “Pedrito” no se le va a diferenciar mucho). Me sigue doliendo no poder decirle “ahijado” aunque las palabras después me lo reconocieran. Igualmente, hoy solo sería un título.

A él le escribo entonces – para cuando aprenda a leer y el sur me reciba con sus vientos – que será un placer seguir teniéndole el “si fácil”.

miércoles, 21 de enero de 2009

Chapas (Poesía Criolla)

El canto oxidado del cuchillo olvidado
disfruta del filo renovado dado en verano.
Y en las tierras del sur ha encontrado,
lo que hasta ayer parecía haber olvidado.

Reyertas relegadas salieron al cruce,
como si fueran mosca detrás del dulce.
La chaira reluciente le saca provecho,
aunque, a veces, necesite un sortilegio.

Sin poesía y con poca elegancia,
la fiesta se fue armando sola.
Las noches de playa movían la cola,
Y a los gritos la luna mostraba la hilacha.

Si bien las rimas no son fuerte del remitente,
Estas palabras las escucha quien las entiende.
Me pone contento su masculina entrega,
Chapas bien clavadas, nunca se vuelan.

martes, 20 de enero de 2009

Romance del Malevo

Yo no atrancaba la puerta
de mi rancho ni durmiendo...
para que?... si al lao de ajuera,
por malo que juece el tiempo
la enrrejaba de colmillos,
el coraje de mi perro

Cimarrón, medio atigrao
lo hallé perdido en las sierras,
boquiando de agusanao
malo como manga é piedra,
tuve que traerlo enlazao
pa' curarle las bicheras

Y ahí se quedó aquerenciao
compañero de horas lerdas
trotiando abajo el estribo
ni calculaba las leguas
y en donde aflojaba cincha...
se echaba a cuidar mis priendas.

Eso si... muy delicao
manosearlo ni le cuento
se ponía de ojo extraviao
y se le erizaba el pelo
con que tenia bien ganao
su apelativo....... ”El Malevo”

Que animal capacitao
pa'l trabajo en campo abierto
había que verlo al mentao
trajinando en un rodeo
de ser cristiano clavao
que era dotor ese perro.

¿yo echar tropilla al corral?
le chiflaba entre los dedos
Y embretao en el chiflido
Me los traíba clina al viento
Y era un abrojo priendido
A los garrones del trueno.

Una vez bandeando tropa
con mucha agua en el Río Negro
caí quebrao de un apretón
entre un remolino é cuernos
y me gano la mollera
la oscuridad y el silencio.

cuando volví a abrir los ojos
cruzaba una nube el cielo
gemidos y lambetazos
llegaban como de lejos
redepente compriendí
medio me senté en el suelo
para entregarle las gracias
“hermano de ésta te quedo debiendo”
no me halla ni el pan bendito
si no me sacas “Malevo”
y una inmensa gratitud
se me atracó en el garguero.

Gueno, la cosa pasó
yo dentre pa'l casamiento
hice el horno, la cocina...
mi rancho estiró un alero
y en su chúcara clinera
charqueó el arroró y el rezo

A los dos años
gateaba mi gurí sobre un peleo
o andaba por el guardapatio
priendido a la cruz del perro
ah!! porque él me le sacó
las cosquillas al Malevo.

Lo habrá tomao por cachorro
de su cría el pendenciero
le soportaba imprudencias
se priestaba pa' sus juegos
y ande amenazaba caerse
se le echaba bajo el cuerpo.

La cosa jue tan de golpe
que hasta me parece cuento
fue después de un mediodía
como pa' fines de eneroy
o me había echao en el catrepa'
descabezar un sueño

La patrona trajinaba
prosiando con el borrego
y un redepente aquel grito
como de terror ¡ROSENDOOO!
Y ya me pelé pa'l patio
Manotiando un caronero.

Ella estaba contra el horno
Tartamudeando en silencio
Tenía el guricito alzao
tembloroso contra el pecho
y avanzando agazapao
como una fiera... mi perro.

Enseñaba unos colmillos como puñales
los pelos se le habían puesto de un modo
que costaba conocerlo
y en la brasa de sus ojos
se habían quemao los recuerdos.

De un salto me le puse en frente
le pegue el grito ¡MALEVO!
Le vi soltar una baba
Esta rabioso ROSENDO!
No te me acerques hermano
No te me acerques hermano
Echa pa' tras...
echa pa' tras¡ Fuera perro !!!

Redepente me saltó
ladié pa' un costao el cuerpo
y sentí como la mano
le topaba contra el pecho
y cayó casi sin ruido
como una jerga en el suelo.

cuando lo miré los ojos
se le habían puesto muy guenos
como dándome la gracias
se le acortaba el resuello
se arrastró .... lamió mis pieces
y me broto un lagrimeo.

No tenía pa' elegir
hermano tabas enfermo
fue por el cachorro sabes?
de no, no lo hubiera hecho !!
meneo la cola una vez, dos veces...
y quedó muerto.

Por eso es que desde entonces
no me gusta tener perro
y cuando voy de a caballo
me parece que lo siento
seguir abajo el estribo
trote y trote por el tiempo.

Al recuerdo de mi amigo la Tota Rojo.

lunes, 19 de enero de 2009

Hablar es mentir

Hablar es mentir. La verdad se refleja en las cosas y sus esencias. La realidad esta en los mismos hechos que nos describen. Las intenciones se cuelan en las acciones de los hombres y no detrás del prisma de las letras. Las voces se distorsionan con el espacio, los ruidos y los intereses. Hablar es mentir.

sábado, 17 de enero de 2009

Sur

La cuenta regresiva de estas vacaciones esta llegando a su punto cero. Mañana es día de petates, bolsas y bolsos.

El inventario culinario dirá que se hizo un lechón, un salmón y varias pizzas caseras al horno de barro; un cordero a la parrilla, brochettes de langostinos y varios asados; y una cazuela de mariscos, rabas y un pollo al disco, entre otras cuestiones menores.

Fueron 19 días netos. La mayoría de ellos comenzados en el dúplex de la playa. Continuamente pensaba en que tenía que escribir algo en este blog y que el material era bueno. El mar y la naturaleza, mi familia o la petisa, regalaban inspiración. Lo cierto es que los minutos contados delante del teclado eran escasos y acelerados. Siempre había algo mejor para hacer en ese momento. Algunas cosas quizás tengan la chance de ver la luz en este espacio en los días venideros.

Sin embargo, por breve que sea, puedo decir lo mejor que me dejó este verano: confirmar que este es mi lugar. Esta es mi tierra. De aquí soy y algún día volveré, definitivamente. No se cuando. O mejor si y me lo guardo.

No es para que mis conocidos empiecen a suponer finales. Solo saber, y entender, que aquí el viento sopla distinto para mi. Que el sol me quema de otra manera y el mar me suele contar sus cosas, además de escucharme con atención. Acá están mis raíces: se conservan en todas las esquinas con mis anécdotas. Se reflejan en las miradas de mis viejos y el plan que tengo para su vejez. Acá es donde veré a mis sobrinos hacerse hombres y, quizás, seguir un camino como el mío.
Pero por sobre todo, acá es donde mis hijos correrán descalzos. Donde salgan sin controles exagerados. Acá es donde todo pasará en adelante y la historia será interesante. La felicidad tiene domicilio en la Patagonia.
Espero me perdonen los amigos mas cercanos – mi única pérdida - y aquellos que me asignan otros planes. Hoy, para mañana, los tengo distintos. Hoy, sin ánimos de irme, ya tengo resuelto volver.

lunes, 5 de enero de 2009

Rebelde

"¿Y a vos quién te hizo jefe?" (Totó, sobrino, 5 años).

Elogio

"Fue el mejor asado que comí en mi vida..." (mi vieja).

viernes, 2 de enero de 2009

Mirada

El viejo apunta, como propuesta jocosa, que vaya anotanto todas las cosas que no están saliendo bien o, por lo menos, que no son del todo prolijas en la reunión del primero a la noche. Pide también que cuente en el “bloj” algunas “anedas” desafortunadas de la familia, como por ejemplo, la explosión del extractor de aire el día que la petisa fue por primera vez a comer a casa.
Pero miro a mi alrededor y veo a mi hermano cocinándonos por primera vez. Veo a la familia toda reunida con ánimos que hace tiempo no había. Veo el patio nuevo y una noche bajo la parra que será el combustible del año entrante. Los chicos, cada vez mas grandes, que hinchan las pelotas por toda la casa. Mi vieja bailando la cumbia noventosa.
No se, viejo que decirte. Perdoname que te defraude. Me parece que el apunte pasó por otro lado. Igual creo que vos lo sabés: cuando la gente se disipa, tu sonrisa no habla de errores jocosos sino de pequeños placeres de la vida y la familia.

jueves, 1 de enero de 2009

Lechón, humo y terracota

Cuatro caballeros, tres de ellos muñidos de copas de champagne y habanos castristas. Tocan temas de conversación que no serán recordados en la mañana, en una noche de luces en el cielo y ruido en el corazón. A pasos, el horno envolvente de estreno con el patio, muestra los restos del Schwainebraten de año nuevo. Reunión masculina en el patio terracota. Expedito mira a unos metros, prometiendo otro año de acompañamiento. El pequeño Toto pregunta que es “eso que tira tanto humo” y Matías pide que se lo saquen de la cara.

La vieja pega un par de gritos, reprochando el apartado masculino. Todos apuran el apague de los cigarros, para entrar rápido al living y seguir persiguiendo garrapiñadas, preguntando si la anterior fue la última botella.

Que el 2009 lo cierren con objetivos cumplidos y promesas renovadas.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Ese arroyo...

Ese arroyo me supo hablar en el momento justo. Siempre las corrientes de agua me han sabido aconsejar al oído. Después fue toda calma y fluir. Como ese arroyo serrano. Las cosas han cambiado como él mismo, de un momento a otro. Y no encuentra motivo sentir con el corazón de ayer.

Más tarde, el mismo – pero distinto – arroyo, escuchó la mejor charla que he tenido con mi suegro hasta la fecha. Esta vez fue testigo y no consejero. El Brut de vidrio verde en huecos ananaes, fue suavizando una buena charla entre el humo de nuestros cigarros cubanos. Nos contamos algo más que el protocolo y entendimos lo que se esconde detrás de las etiquetas.

De salida, como siempre, salude su corriente revuelta. Sonreí de costado y volví a agradecer su presencia.

lunes, 15 de diciembre de 2008

El Cuervo

El Cuervo tuerce la mano derecha mientras sostiene el vaso largo de plástico semi transparente, con el fernet ya caliente. Los dedos índice y mayor sostienen el LM prendido cinco segundo después del anterior. Pantalón pinzado claro, sweater oscuro y una camisa debajo. Zapatillas de tenis blancas.

Entre las luces del boliche y el humo de su cigarrillo, otea su cara enfrentando al grupo de minitas que baila desentendidas. El Cuervo y su estado deciden que una de ellas le está “histeriqueando”. Se queda parado, mirándola, como escondido entre el antebrazo y hombro derecho, detrás del vaso cada vez mas caliente. Sus ojos risueños le dicen a ella que se esta haciendo la boluda, que él ya se dio cuenta, que la tiene muerta y que está dispuesto a comerla ahí mismo.

Alguna otra noche hubiese optado por hacerle su paso rock registrado. Pero ya es algo tarde para transpirar. Impaciente, la toma de la mano y le clava los dientes en la mejilla derecha. El vaso vuela a la mierda ante el manotazo asustado de la rubia.
Una vez más, calmamos a los que quieren cagarlo a trompadas, quien se va riendo, siguiendo con la mirada a su rubia histérica.

viernes, 5 de diciembre de 2008

La venganza será terrible

La noche del casamiento confirmé que era un verdadero pelotudo. Confirmé otra cosa también: que la mala onda era recíproca. Un serio apretón de manos a la entrada de la Iglesia y ningún diálogo cuando la fiesta recién empezaba y la barra nos encontró acodados uno al otro.

En pleno carnaval carioca, el Enano Sádico – si bien se escondía tras el anonimato de una máscara de plástico, lo revelaba su estatura de elfo- hizo su movida: descargó un chorro de espuma de nieve sobre mi cara.

Recordé – sin esfuerzo alguno –
los acontecimientos de la despedida de soltero, y la ira no tardó en invadir mis venas germanas. Lo tomé de la cara con mi mano izquierda – toda extendida sobre la parte frontal de su cráneo de hobbit -, bajando y rompiendo su careta sonriente. Mi mano izquierda lo tomó luego del lado opuesto de su cráneo, poniendo al Enano Sádico de frente a mis rodillas. Mi espuma de nieve se fue acumulando sobre su rostro desnudo. Las fosas nasales, los ojos, la boca. No arriesgo demasiado, incluso, apostando una mínima ingesta.

Cuando lo solté, volvió en si con el rostro inyectado en sangre – lo advertimos, claro, cuando retiro algo del producto festivo -. Se colgó la careta nuevamente – lo que quedaba de ella -, y se perdió en la multitud. El Ruso no paraba de reírse.

Durante un rato estuvo revoloteando enredador con el frasco en mano, viendo – calculo – la oportunidad de una revancha limpia. Ambos la esperábamos. No tuvo oportunidad.

Espero que el Palmera esté en su luna de miel, tomando tragos tan dulces como el de la venganza. En su honor ha sido en definitiva.

Piel

De frente caminaste hacía mi. Curvilínea, toda vestida de negro. Como tus ojos. Como tu pelo. Miraste por una fracción de tiempo imperceptible, salvo para mi. Cuando estabas por subir el primer escalón, te detuviste como para prestar atención a una amiga, dejando muy poco espacio para poder descender el mismo escalón. Las yemas del índice, medio y anular de mi mano derecha se apoyaron en la parte superior de tu brazo izquierdo. Mientras te pedía permiso los dejé bajar suavemente hasta tu codo. Sentí tu escalofrío. “Me llevo tu piel”, pensé, “no te puedo dejar mucho mas”.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Amigos

"Si dos grandes amigos se pelean por pequeñas diferencias, no eran amigos...y mucho menos grandes" (Anónimo)

viernes, 21 de noviembre de 2008

Marmol

Cayó pesadamente sobre el piso blanco de mármol. El personal de seguridad se dividió entre quienes se arrojaban sobre su cuerpo y aquellos que buscaban el origen del disparo. Los empleados, horrorizados, gritaron y se escondieron donde pudieron dentro del claro y elegante local. La empleada que sostenía el vestido blanco engarzado en diamantes había tratado de correrlo cuando las manchas de sangre del mandatario saltaron en su búsqueda. No lo logró. El dueño del local pensaba, entre el apuro por cerrar la cortina del negocio, en la mala publicidad que representaba para su exquisita marca el atentado recién producido.

Uno de los agentes habló por su comunicador y no pasaron muchos segundos hasta que entraron media docena más de agentes. Tomaron diversas telas colgadas del local para sujetar la herida de la cual brotaba el líquido pesado y bordó.

El asesino no pudo dar más de diez pasos en su carrera hasta que la bala lo alcanzó justo en la nuca. Otras dos más se alojaron en su espalda. El segundo agente que lo alcanzó – el primero lo apuntaba de menos de dos metros – lo dio vuelta. Era un hombre de unos cuarenta años, con camisa a cuadros, pantalones claros – abiertos en las bocamangas – y zapatillas con suela de yute. Tenía la cara marcada por los años y la piel curtida por el sol. Sus ojos estaban cerrados y su mano derecha todavía sostenía con firmeza el arma homicida. Indudablemente estaba muerto. La sangre de su cabeza brotó por unos minutos formando un gran charco a su alrededor.

Cuando el cuerpo de ella atravesó la puerta principal del paseo de compras, la unidad de cuidados intensivos ya estaba esperando. Allí confirmaron que también había fallecido.

El dueño del local tomó el vestido blanco con diamantes y terminó de arruinarlo tratando de limpiar la sangre sobre el mármol blanco.

jueves, 20 de noviembre de 2008

De eso si me acuerdo bien...

Mi viejo siempre me dijo: “En la vida, uno tiene dos preguntas importantes para contestar: ¿a que la voy a dedicar? y ¿con quien la voy a compartir?”. Hace seis años contesté una de ellas.

Lo fui a visitar a él en realidad. Una vez por año, viajaba a Córdoba para visitar a mi mejor amigo. Esas cosas que tiene vivir en el interior hacen que uno termine perdiendo y ganando amistades de acuerdo a la ciudad que se elige para estudiar.

Aquel lunes era feriado – 17 de Agosto – por lo que era buena ocasión para viajar. Llegué el sábado a la mañana temprano. No recuerdo mucho de la llegada y diversas partes del fin de semana. Si recuerdo que al mediodía llegó ella de rendir un examen en la facultad.

Cruzamos dos palabras – había aprobado y se iba a Alta Gracia un par de días con una amiga – y decidimos que lo mejor era ir a buscar comida a la rotisería de la vuelta. Te digo que no me acuerdo que hacía él a todo esto: tenía que estudiar, trabajar, no se, no importa.

Hecho el pedido en la Rotisería – milanesas o pollo con algo, creo, no se, no importa –, salimos a la vereda para esperar y escapar a la fritanga del cuestionable lugar. Me acuerdo – eso si me acuerdo – que se paró en el escalón de la entrada del negocio para quedar más a mi altura. Le pregunté como andaba de novios y demás (Siempre lo hacía. Si bien generalmente jodía al hermano con ella, jamás existieron segundas intenciones: de hecho, la llevaba a la casa de los novios, tenía buena relación con los pibes, etc). Me comentó que había alguien que le gustaba pero no le daba bola. Que estaba de novio y no se podía hacer mucho por ello. Me acuerdo – eso si me acuerdo – que defendí de palabra al pibe (una defensa corporativa: yo también estaba de novio), mientras pensaba lo imbécil que era al perderse alguien como ella. Fue la primera vez que pensé algo así. También de eso me acuerdo bien.

El fin de semana pasó muy tranquilo. Creo. No me acuerdo mucho. Habremos salido los dos días, calculo. El lunes al mediodía él se fue a trabajar y ella volvió de Alta Gracia. Se fue a bañar, mientras yo miraba una película. No me acuerdo que película era.

Ahí fue cuando las cosas cambiaron decididamente. Salió de su cuarto con un pantalón corto, una remera que le quedaba grande….y el pelo mojado. Su pelo rubio mojado. Terminó sentada a mi derecha en el sillón, mirando la película con sus ojos verdes (entenderán por que no recuerdo el nombre). Entre una cosa y otra, tuve el coraje de tomarle la mano. Solo lo hice, sin pensar demasiado en el siguiente paso. Es una realidad que jamás volví a estar tan nervioso como en ese momento. No sabía si decirle algo, intentar un beso, soltarle la mano (Comprenderán que era la hermana de mi mejor amigo y lo mío era una empresa arriesgada, por lo menos. Años después ella me confesaría que también atravesó el mismo camino pero claro, el movimiento tenía que ser mío).

En ese diálogo interno entre conciencia y exaltación – no me olvido más -, escuché el ruido del ascensor. Era el hermano, naturalmente. En pocos segundos tuve que decidir si soltarle la mano – y mostrar mi cobardía – o mantenerme en mi osadía – bajo riesgo que mi amigo, su hermano, se moleste-. No solté su mano, lógicamente.

Después no pasó mucho más. No me acuerdo mucho. Volví a Buenos Aires y manejé la mentira que allí vivía de la mejor forma posible para todos. Comencé a escribirle más mail y llamar a mi amigo mas seguido.

El 16 de Noviembre, ella bajó en Retiro y nos dimos nuestro primer beso. Pasamos el fin de semana juntos. De eso si me acuerdo bien.

martes, 18 de noviembre de 2008

Botonazo

"Si (la remera) era con botones, venía con antiparras..." (Jorge dixit).

jueves, 6 de noviembre de 2008

(NdeR: Agradecimiento)

El agradecimiento expreso desde estas líneas a la única persona que asiduamente se toma unos minutos de su vida para comentar en alguno de los textos ingresados: Dieguito, amigo mío, esta noche el vino es todo para vos.

Al resto, a los que pasan por aquí sin dejar su recuerdo, sepan que el "0" en "opinólogos" es lo más desmotivante de este pasatiempo.

Si fuera un flogger, me tendría que pegar un tiro.

Atte.

El Alemán.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Sufrimiento

"Tiene que sufrir un poquito, ¿sino para que vino a su despedida de solteros?" (Enano sádico dixit).

Dignidad

"Muchachos, ¡es un travesti pero tiene dignidad!" (RS dixit).

Naturaleza

"Pegarte plumas en los brazos no te transforma en ave" (Anónimo).

martes, 4 de noviembre de 2008

Despedida de Soltero

El enano sádico tironeaba la larga cadena de metal provocando el seguimiento del “homenajeado”. El cuello morado de este daba señales de una larga noche, lo que se confirmaba con el arrastre de sus pies, provocado por el reguero vertido a la fuerza en su garganta. El hombre estaba “muerto” y la turba violenta, capitaneada por el enano sádico, no le daba respiro: golpes, torturas, vejámenes y afrentas se venían sucediendo desde temprano en la tarde. Si bien por un momento el homenajeado había disfrutado del comienzo del día, claramente sus ideas habían cambiado con el correr de la noche.

Apenas promediaba el “festejo”, el objeto (tal cual fue tratado) de la reunión no articulaba palabra ni reaccionaba ante los continuos golpes de la manada salvaje. Gracias a Dios, un par de asistentes se reservó la mesura necesaria como para disponer el retiro del agasajado y redireccionar la furia del grupo hacia otras actividades. Así fue como fueron “liberados” como una jauría desbocada hacia un local nocturno de la zona de Núñez. Contentos, se dispusieron a contratar los servicios temporales del tugurio, los cuales no incluían el género que minutos antes forzaban para su “amigo”.

Releyendo las notas de aquella noche, confío esperar que mis amigos se diferencien de esta locura, entendiendo que la finalidad de una despedida de soltero es el agasajo y regocijo de éste y no la crueldad de quienes lo despiden.

viernes, 24 de octubre de 2008

Salida

El malón hediondo, excitado y sudoroso corrió por los pasillos de la casa buscando la puerta de salida. Corrieron tropezándose entre si, yendo hacia la luz del final del corredor. Una de ellas – la rubia - miró para atrás pero la tapó el cuerpo de otra de las chicas. Un revoleo de brazos, pitos y tetas probaban todas las puertas que encontraban a su paso. Carteles de “ocupado” en todas ellas confirmaron la cerrazón en sus picaportes. La masa amorfa, enquilombada, siguió corriendo por el pasillo con paredes de humedad condensada de colorado. Cuando doblaron en la esquina del pasillo, uno de los flacos resbaló y golpeó en una rodilla a la gorda del grupo, quien golpeó seca contra la pared y cayó finalmente en el rincón mas alejado de la curva.
Cuando llegaron finalmente a la puerta de salida, la abrieron de un golpe, pasando todos casi al mismo tiempo. Una vez en el pasillo del edificio, todos descartaron el ascensor prefiriendo la escalera. De nuevo, otro de los pibes resbaló en un escalón y golpeó a la colorada del grupo. Esta vez no fue la mujer quien sacó el peor partido: el flaco, a pesar que se paró y siguió corriendo, lo hizo cogeando como pudo. Se había roto el culo (el coxis le dirían en el hospital horas después) contra el puto escalón.
El portero del edificio quiso parar al más veloz y equipado de ellos, quien se había adelantado, pero al ver que detrás vería la maroma de cuerpos que lo seguían hacia la calle, optó por correrse y pensar “las cosas que pasan en un telo, por favor”.

La cena

El tenedor entró por el costado derecho de su cuello, justo debajo de su oreja. Hizo fuerza hasta que sintió el hueso chocar contra la punta del utensilio. La sangre brotaba a borbotones y manchaba los cabellos oscuros de la víctima. Como no había agotado su furia con el primer intento, siguió descargando su ira por toda su cara. Clavó sus ojos (logró sacar uno de ellos), sus pómulos y su boca, destrozando sus labios y dientes delanteros. Mantuvo la frente intacta ya que sabía que se trataba de uno de los huesos más duros del cuerpo. La parte frontal del cuello sufrió la peor parte.
Las visitas llegaron mas temprano de lo planeado. Dijo que ella había tenido que salir a cubrir una guardia en el hospital. Tomaron algunas medidas de ron mientras la carne se cocía. Prendió sahumerios que, explicó, procedían de Vietnam. Convidó habanos cubanos y prendió algunas velas con esencias.
La carne era exquisita, según dijeron los invitados. La mayoría aceptó el consejo del anfitrión de probar la carne bien cocida. Había preparado una salsa pesada a base de cerveza y manteca para que no se sintiera muy seca. Todos repitieron y brindaron la genialidad del cocinero, con un poco mas de vino francés.
No había postre preparado ya que era la especialidad de ella. Lamentaron su urgente salida al hospital. Sin embargo, lo remediaron pidiendo un poco de crema sambayón por teléfono aprovechando el wiskey que quedaba para terminar la botella.
Pasadas las tres de la mañana se despidieron. Algunas de las chicas lamentaron su mala suerte por tener que irse a dormir solo cada tanto debido a la profesión de su mujer. “Espero que alguna vez cambie tu suerte”, le dijeron. “Yo creo que pronto”, respondió él.
Los despidió a todos en la puerta de entrada del edificio. Bajó a la cochera del edificio, sacó el auto y se dirigió hacia los pastizales de la zona sur. Al día siguiente, limpió las manchas que quedaban en el drenaje de la bañadera y se sentó a pensar en el sofá del living.

Matías

Matías tiene once años y me pide jugar a la pelota en la rambla de la playa. Claro, Tomas no duda en querer sumarse al plan. En definitiva, no escapa a la regla del hermano menor. En el sur del país, una de las peores playas de la Argentina (que nos ha ofrecido – no obstante – los mejores momentos de nuestra juventud), nos regala una tarde de poco viento y marea alta. “Mete gol entra” y “Futbol Tenis” llenan los minutos de esta tarde de Octubre. En ambos juegos, Toto hace las veces de árbitro, alcanza pelotas y agresor de su tío (solo cuando Matías deja de estar frente al marcador).
No dentro de mucho tiempo Matías va a ser adolescente. Cada tanto se acordará que tiene un tío viviendo a pocas cuadras de su casa al cual pedirle que le tire unos mangos para salir o le preste el auto un fin de semana (imagino que eso no puede ser peor a que me pida el quincho para hacer un asado con sus treinta compañeros del club).
No se si en ese momento me pondré contento y orgulloso de ver a mi sobrino mayor creciendo y haciendo las atorreantadas que hacia yo a esa edad o extrañaré sus gritos en aquella tarde de primavera. Seguramente, Toto y yo lo seguiremos esperando en la rambla de la playa.

martes, 21 de octubre de 2008

La casa

Inmediatamente lo supo. Las puertas se entreabieron y una bocanada de aire denso cubrió el ambiente y todos sus pensamientos. Bueno, no todos. Le quedó en las fosas nasales el olor dulzon de la muerte y la putrefacción. Imaginó que había pasado suficiente tiempo en esa habitación pero, enseguida, insistió sobre su permanencia. Alguien ya le había advertido al respecto. Volvió su cabeza hacia las puertas, que para esa altura ya se habían vuelto a entornar. El pesado y álgido humo se cortaba con el as de luz que entraba. Era un reflejo brillante. Como si el mismo sol, estuviese sentado a dos metros de la entrada, a pesar que la medianoche ya había pasado hace unas cuantas horas. Pensó en algún momento que, quizás, algún reflector encendido del patio podía estar en dirección hacia la maldita puerta. Pero se trataba de una sala de la casa que daba al pulmón interno del edificio, continuo al paredón del supermecado. Dejó el vaso de fernet recién probado sobre la mesa – un pensamiento fugaz lo hizo pensar en la combinación del sabor del ambiente con la cola de su bebida – y apoyó su mano derecha sobre el respaldo de la silla de madera. Intentó levantarse pero, nuevamente, sintió el viento helado desde la habitación vecina. Esta vez las puertas no se habían abierto. Sus ojos se nublaron por el humo y la ráfaga gélida. Las puertas ahora grises, recién cerradas, había perdido súbitamente su correcto barniz blanco: mostraban grietas y rajaduras como puertas de casas abandonadas. Debajo de las puertas, se notaba todavía brillar el as de luz intenso, continuo, intrigante. Pensó en levantarse y abrir las malditas puertas de una buena vez pero de nuevo se vio postrado en la silla, sin poder enderezar sus piernas. La luz comenzó y las cortinas del cuarto dejaron de moverse. El olor dulzón se transformó en jazmín y de golpe se encontró parado en el medio de la habitación. Caminó un par de pasos hasta las puertas y tanteó el picaporte. No mostraba temperatura alguna. Solo le dio un poco de corriente. Entre el efecto eléctrico y el miedo hicieron que retirara la mano y diera algunos pasos hacia atrás. Unos segundos después, intrigado, volvió a tomar la manija y la giró de una vez, abriéndose ambas hojas de las puertas. La habitación continua tenía las ventanas cerradas y los postigos de metal oxidado con traba. Dio unos pasos en la oscuridad y tanteó la pared hasta que dio con el interruptor de luz. Lo accionó varias veces sin ningún resultado. Se asustó nuevamente. “¿Papá?”, preguntó. “¿Viejo? ¿Sos vos?”, insistió. Tanteó la cama con la mano izquierda y notó que la misma estaba desordenada. Buscó en la mesa de luz continua y encontró la vieja linterna “Everredi” – como escribía el abuelo en el papel de los mandados lo mandaba a comprar pilas -, la cual encendió. Confirmó el desorden de la cama y cierta condensación en las paredes. Enfocó hacia la mesa de luz y vio un vaso de vidrio, con agua hasta la mitad, algunos rastros de huellas y marca de labios sobre el borde. Giró de golpe llevando la luz de la linterna sobre toda la habitación. Se sintió agitado. Enfocó hacia las puertas que se habían cerrado nuevamente. Él no la había escuchado cerrar. Sentía el flujo exacerbado de su sangre correr y golpear contra las venas de su garganta. “Viejo, la puta madre, no jodas mas”, se quejó. Volvió a recorrer la habitación con la linterna unas cuantas veces mas. Quiso ir hacia la puerta pero tropezó con la cama. Cuando se apoyó con la mano derecha, sintió la bolsa de agua caliente sobre los pies de la cama. Le dio luz y la recordó familiar: escocesa azul y roja. Sin poder contener la agitación fue, como pudo, hasta la ventana. Cuando la abrió no entró luz alguna. Como si la misma se hubiese consumado minutos antes cuando él comenzaba a disfrutaba el fernet en la habitación continua. “¡¡¡Viejo, la puta madre!!! ¡¡No te podes poner así!!”, dijo entre jadeos. “¿Que querías que hiciera? No se puede mantener esto así para siempre. Algún día tenía que pasar, no?”, trató de sonar convincente y lógico. La oscuridad de la habitación, si esto era posible, pareció contraerse aún mas. El olor dulzón volvió a impregnar sus fosas nasales. "Hace cinco años que esta todo tapado con sabanas. ¡¿Que carajo que queres que hagamos, la puta que lo parió!?”, gritó con fuerzas. La luz de la linterna tuvo un centellar intenso hasta que se apagó por completo. El sabor a fernet se le fue transformando en desagradable. Sintió áspera la garganta y falto de aire. Escuchó el cristal de la “Everredi” romper contra el piso. Nuevamente no pudo mover los pies. Golpeó fuerte en la loza con las rodillas pero contuvo el dolor. Si bien tenía la boca seca, sentía que tampoco podía tragar. Tenía la garganta cerrada y la nariz tapada con el dulce olor de la muerte. Golpeó con sus costillas derechas el vértice izquierdo de la cama de madera. Con el costado izquierdo golpeo el piso, cortándose el hombro con los vidrios de la linterna. Antes de cerrar los ojos definitivamente sintió voces que retumbaban en las paredes. El olor dulce se transformaba en jazmín nuevamente y la luz volvía a entrar por la puerta raída.
Su cuerpo lo encontró el personal de mudanzas la mañana siguiente. La cama estaba cubierta con una sabana blanca y todos los muebles cubiertos de tierra añeja. Sobre la mesa de la habitación de al lado, la botella de fernet terminada y un vaso de vidrio con agua hasta la mitad, algunos rastros de huellas viejas y marca de labios secos sobre el borde.

ACDC - Black Ice

Estuve escuchando el nuevo disco de ACDC, "Black Ice".
Como dijo Brian Johnson, extrañaba una banda que me haga "mover la patita".

viernes, 17 de octubre de 2008

Muestras

Valeria esta preocupada y siente la angustia en su garganta. Le cuesta horrores mitigar sus viejos vicios. Siempre tuvo un carácter fuerte aunque también fue una buena persona.
Hoy en día, me comentaba, lucha por disimular sus angustias y dejar de generar en sus relaciones la sumisión o interés de siempre.
Espera algún día lograr el objetivo y dejar de sufrir en el intento. Quizás, ahí si, las muestras de afecto sean legítimas.

martes, 14 de octubre de 2008

Fracaso

"Se dedicará al silencio visto el fracaso de sus pensamientos.
Se recluirá en el vacío sus líneas dejadas marchitas.
Despreciará las rimas que en su momento colmaron sus oídos.
Comenzará a pensar que, quizás, sus gustos no son seguidos,
que sus trazos no son la línea de ninguno.
Dedicará algunos párrafos a aquel cuaderno raído,
Que no sabe de comentarios ni visitantes contados.
Lo hará por un tiempo, sin dudas, hasta que se convenza de lo contrario.
Y se intente, nuevamente, la buenaventura del convidado amigo
".

Axel Centurión.

jueves, 2 de octubre de 2008

Noche de cata

Una exposición de vinos es peligrosa cuando uno no sabe nada de vinos o, mejor dicho, no se concurre guiado por la sed de conocimiento sino por únicamente por la sed.

La Exposición “Vinos y Bodegas” se celebra anualmente en la Sociedad Rural Argentina sobre la última parte del año y es una oportunidad para acercar al público masivo con el sector vitivinícola argentino. Quizás esa masividad hace que no se encuentren las mejores bodegas sino solo aquellas pequeñas, populares o flamantes que buscan ese público, seguramente no calificado como ABC1.

La primera experiencia que tuvieron los chicos fue aproximadamente en el año 2003. En aquella ocasión, Arturo Dieguez, “Palmera” Benvenutti, Filip Azcuenaga y Willy Schweinsteiger llegaron expectantes al sector indicado para la muestra anual. También estaba, como invitado de la comitiva, el monje benedictino Patrono Nayar, otrora profesor de Teología en la Universidad del Museo Social de alguno de los arriba mencionados.

El salón de grandes dimensiones, por supuesto, estaba elegantemente decorado luciendo sobre la alfombra colorada una enorme cantidad de puestos – en tamaños chicos, medianos y grandes -, integrados generalmente por un sommelier y un grupo señoritas que ofrecía el deleite de cada bodega.

Uno a uno, cada uno de los muchachos fue cambiando en el sector correspondiente su entrada por la copa establecida para la degustación.

La decepción ocasionada ante el escaso contenido que permitía la copa asignada fue aún mayor ante cada servicio de los stands existentes: ninguno de ellos superaba el dedo como medida a catar. Si bien, efectivamente, este era el objeto de la muestra, el conjunto de jóvenes aspiraba a otro tipo de atención, la cual pudieron obtener solo ante la repetición de pruebas y la aceleración en el recorrido.

El resto de la velada transcurrió entre el disimulo frente a los sommeliers que insistían con hablar de terruños, cepajes y barricas, y el descubrimiento de las promotoras que con el correr de la noche se hicieron mas agraciadas.

A dichas alturas, justo es decirlo, el monje ya había guardado prolijamente su hábito benedictino en su portafolio de cuerina negra.

Faltando poco para el cierre de la jornada, el grupo de jóvenes ya tenía detectada y clasificada la muestra de acuerdo a (i) puestos menos concurridos y ágiles en la degustación, (ii) los productos mas sabrosos, (iii) las mejores promotoras y (iv) los stands donde regalaban galletitas con cada una de las catas.

Puntualmente, a la hora asignada, de los diversos parlantes del gran salón surgió la voz amable que incitaba a los presentes a abandonar la muestra, invitándolos a regresar el día siguiente.

La imagen fue un tanto confusa, debe admitirse. Señores mayores de formal traje, jóvenes modernos de tonos bronceados y señoras paquetas con vestidos de noche, se tropezaban con el apuro de los jóvenes debutantes, quienes corrían de puesto en puesto exigiendo “la última degustación” o, en forma menos amable como dijo el Palmera, “¡¡¡dame el culito de la botella, culiao!!!”.

Fue comprensible el estupor de algunos sommeliers y la decepción de los organizadores que advirtieron la escena, lo que seguramente no engalanaba el acto promocional.

Prácticamente expulsados por el personal de seguridad, el grupo de jóvenes se dirigió al estacionamiento del complejo. Dispuestos ante la salida, y de frente a la barrera que franqueaba la misma, nuevamente la seguridad tuvo que intervenir recordándole al conductor que debía abonar el estacionamiento para superar la barrera. No obstante ello, el monje - enajenado con medio cuerpo sobre el asiento delantero y agitando los brazos - le prohibió la salida del vehículo a Filip al grito de “¡¡Arrancá pelotudo!! ¿¿¡¡No ves que te están boludeando!!?? ¡¡Tirales la barrera a la mierda!!”. Por suerte Filip, con el poco discernimiento que conservaba, logró acercarse hasta la cabina de pago y superar el incidente.

El regreso fue igual de caótico. Se supo después que Dieguez – quien había abandonado el grupo en el estacionamiento - terminó durmiendo media noche en una ligustrina de Plaza Italia; el monje, dejado en la puerta de su convento, se perdió entre los callejones oscuros del barrio de Barracas; Palmera fue amablemente invitado en su trabajo la mañana siguiente a que se tome el día por enfermedad o, al menos, regrese convenientemente aseado y sin los ojos inyectados en sangre; el auto de Filip evidenció las marcas inevitables del mareo alcohólico sobre su lateral derecho; y Willy no podía entender cuando se despertó la mañana siguiente porque había en el living de su casa un cartel de “Prohibido Estacionar” y otro de “Ceda el Paso”, ambos con sus bases de cemento incluidas.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Agosto de 1994

Con catorce años no se está seguro de muchas cosas. Sobre todo de aquellas que se viven por primera vez.

A poco de pasada la primera mitad del año, en cualquier pueblo comienza la temporada de cumpleaños de quince y es, para muchos precoces, la oportunidad – u obligación – de iniciarse en las artes nocturnas y del sexo opuesto. Nadie – prácticamente – ha escapado a esta época de la vida en la cual uno es impulsado por un montón de hormonas – que dicho sea de paso, se encargan de ingresarnos en una suerte de metamorfosis escandalosa, que incluye acné, dolores en las articulaciones, ortodoncias, alteraciones vocales, y otras manifestaciones non santas – a enfrentarse como un boludo inseguro frente a una suerte de vivencias desconocidas.

En el sector de chacras del pueblo estaba el salón de baile conocido como “El Castillo” (jamás existió confirmación alguna sobre si ese era su verdadero nombre). El ritual de siempre acompañó la velada: arribo al lugar alrededor de las 21.30 hs. (muñido de algún peluche o artefacto inservible comprado a las apuradas un par de horas antes en el centro del pueblo), cena sin alcohol, vals, y mucha ansiedad frente al tórrido grupo de jóvenes tan precoces como uno.

En aquel momento – recordemos la inexperiencia y el deseo por demostrar nuestra adolescencia – uno no repara demasiado en consecuencias, más solo en oportunidades que se presentan. Por ello, ante el escape masivo de la parentela que componía la mesa “mayor” hacia el sector de la pista ante los primeros acordes de Don Vivaldi, algún que otro joven aprovechó la ocasión para recolectar botellas de sidra existentes. Suficientes para que su virginal sangre pueda ser contaminada.

En este espacio en el cual se habla y no se dice, se quiere y no se anima, se recuerda la madurez inteligente de aquella mujer-adolescente de vestido celeste, castaña de pelo lacio y suficientes antecedentes, que encontró a aquel joven en similar tarea, proponiendo mejores experiencias.

Desde aquí, el recuerdo para su caminata gentil al jardín discreto con el objeto de hacerle tomar conciencia en unos pocos momentos que la suerte a veces no es tan esquiva y el primer beso siempre es un gran recuerdo.
Si alguien encuentra a aquel joven - que llegó, confundido, a proponerle noviazgo a su generosa instructora - díganle que hoy lo evoco con una sonrisa y que la vida le dará cuantas más oportunidades necesite para ser quien ilustre.

En la noche

Juan Carlos usa tiradores y se sienta en diagonal al televisor en su sillón marrón percutido. Lleva puestas pantuflas – cuadriculadas – en los mismos tonos. Usa el pelo – sin gomina – para atrás. Su mujer camina de lado a lado en la cocina celeste mientras él espera que termine. Las noticias de las 19 hs llegan desde Córdoba al viejo Telefunken. Escucha el repiqueteo del cocer de la “costeleta” en la parrilla y siente salivar su paladar.

Dispuesta la mesa puntualmente a las 20 hs, se sienta – ahora de frente al televisor – y frota sus manos en señal de autoridad. Observa el plato de “Cabellos de Ángel” humeante delante de él. Toma el salero y lo sacude fuertemente un par de veces sobre el plato, mientras ponen delante de él su copa vacía con un cubito individual, todavía en su cubierta plástica. Rellena la copa de vino Toro y lo baja con un poco de soda.

Comienza a comer sin esperar compañía. Adelanta los labios para acercar la cuchara y emite un sonido ante cada bocado. Como todas las noches, la sopa no contiene ningún tipo de caldo que facilite su cocción: todo ha sido hervido, procesado y colado.

Mientras engulle, su mujer se levanta y se sienta continuamente al compás de la cocción de la carne y el puré. Ella no ingiere líquidos y, cada tanto, se queja de alguna noticia que escucha o de la poca sal que le permite ingerir el médico a su marido. Sin lugar a dudas, el sonido que se escucha en la mesa con mas frecuencia es “Pssst”.

Juan Carlos termina y le retiran el plato. Se frota nuevamente las manos y toma la mitad de su copa de vino. Toma la cuchara y se sirve dos veces el puré recién colocado. Lo prueba y repite el ritual anterior con el salero cuando su mujer se va a buscar la carne.

Su mujer coloca la “chuleta” más grande y jugosa en su plato, provocando la mezcla de la sangre cocida con el puré de papas. Ella toma la sal y la retira de la mesa. Él se queja y le exige su devolución, a pesar del reproche.

La cena transcurre en silencio hasta que cada uno termina su plato – ella ha comido prácticamente nada – y su mujer levanta la mesa. Luego de terminar la fruta que le pusieron delante, él apaga el televisor y vuelve a su sillón marrón. De la calle no se escucha sonido alguno, salvo algún ciclomotor ocasional.

Come alguna gomita de menta o silva algún tango por lo bajo, mientras ella prepara las bolsas de agua caliente. A las 21.45 hs., sin falta, se levanta y se va a dormir. Ella lo sigue, como siempre.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Franela

La lluvia cae sobre el parabrisas del Renault 12 blanco. La humedad ha empañado los vidrios y la situación no se resuelve pasando una franela. El aire acondicionado no fue incluido en este base del 89. La única opción es abrir la ventanilla delantera derecha, aunque el asiento reciba unas cuantas gotas.

El Polaco Goyeneche arrastra su voz rugosa en la estrofa final de “Garúa” y le da un acompañamiento perfecto a este comienzo de semana. Las luces coloradas y amarillas de los autos de adelante titilan incesantes en la autopista embotellada.

Las heridas de un fin de semana agitado se resienten cuando más duelen, pasando facturas que cuestionan el paso del tiempo y los excesos cometidos. Va a ser una semana larga, máxime si recién estamos en Septiembre.

Las gotas siguen golpeando el parabrisas, quizás con un poco más de violencia, y la franela sigue sin ser la solución al problema.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Poker

“Uno en la vida aspira a estar tranquilo”, me decía. “La valentía en estos casos esta en darse cuenta cuando las cosas precisan de una decisión y se actúa en consecuencia…soportando las consecuencias”. Asentí. Como si yo no estuviera, prosiguió: “Uno puede hacer concesiones, tener paciencia…también uno puede armar estrategias, jugar con la mente del otro y anticiparse”. Intenté tomar un sorbo de café pero todavía estaba muy caliente. “Pero uno en la vida quiere estar tranquilo”, reiteró, contestándose a si mismo. “La vida no es un poker donde uno tenga que andar descuajeringándose el cerebro todo el día. En definitiva, si las condiciones no se presentan agradables, es un problema de cambiar las condiciones y no que nos empiecen a agradar las condiciones, no?”. Como supe que era una pregunta retórica o que nuevamente la autoproclamaba, ni me molesté en sacar la vista del pocillo de café. “Lo importante es poder probar, animarse y, en definitiva, decidir. Nadie esta acorralado hasta que se da por vencido y si algo hemos aprendido de nuestros errores, es que la puerta se cierra cuando uno acepta” dijo, sin darse cuenta que me había quemado la lengua como un boludo.

Quedamos en silencio unos minutos hasta que pasó por la calle una morocha bastante buena que generó el comentario grosero de mi compañero.

Desconfío de la vida

El vaso transpirado dejó una aureola de agua sobre la mesa de nerolite. El humo del cigarrillo nubla la vista cegada de maquillaje. El rouge de sus labios carmesí ha dejado una figura extraña en el pocillo de café sucio. Sus dedos rugosos ya no resaltan por el juego que hace el esmalte. Las pulseras gastadas solo pasan desapercibidas por los colores de su camisa. El pelo atado sobre el techo de su cabeza forma una maraña desordenada que la oscuridad del ambiente no termina de denunciar.
Suena “Desconfío de la vida” en la versión cantada por Vicentino. Termina el cigarrillo, prende otro y le piden un wiskey con soda. Lo cambia por un gin tonic que ni siquiera mira cuando llega. Madura la noche, sabe que sus valores cambian y no se puede perder el tiempo.
El cenicero consume el cigarrillo abandonado y la condensación del trago terminó de mojar el ticket de la cuenta.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Golpes secos y gritos mudos

Cerré la puerta del ascensor y, cuando estaba por golpear la puerta, sentí el ruido seco a madera y el tronar de vidrios rotos. Escuché un insulto mudo como de quien se tapa la boca. Opté por quedarme en silencio y esperar lo siguiente. Durante cinco minutos creí haber contenido la respiración.

Entre irme y volver a lo que había ido, se me ocurrió pensar que no tenía nada por que sospechar. En definitiva, pudo haber sido un tropezón y un plato roto. Finalmente, toqué el timbre. Abrió la puerta y entré. No había señales extrañas. Solo el olor a velas apagadas. La sesión se desarrolló con normalidad, por lo que a poco de haber empezado me olvidé de mis temores. Pagué la consulta y me fui.

La semana entrante volví a escuchar el mismo ruido, pronto a golpear la puerta. La misma situación, que se resolvió de la misma manera. Temor, espera y normalidad. Lo mismo ocurrió las semanas siguientes. Para la octava sesión ya no me parecían extraños los golpes secos y gritos mudos.

Un día opté por contarle sobre lo que me pasaba segundo antes de golpear su puerta. Me respondió que era curioso que ello suceda, siendo yo su único paciente. Mientras me estaba yendo, me propuso charlarlo la semana siguiente. Cuando asentí con la cabeza, escuché el ascensor afuera que se detenía, y una sombra en movimiento sobre mis espaldas.

Golazo

"Avanza el número once por la izquierda del campo. Amaga el pase al centro de la cancha para luego tirarla larga, esperando enfrentar por fin al número 2. El 5 rival, sin embargo, lo empareja en su agitada carrera y le tira su metro noventa encima. Con un alarido enfermizo, el volante pretende la compasión del colegiado, quien levanta sus manos en aprobación del quite legítimo. El once masculla, en el suelo, la bronca y frustración de su obra robada.

El 5 gira con el balón, amaga el pase a la izquierda, y toca al 8 de su equipo. Este, volante de gran precisión, analiza como primera opción el cambio de frente. Empero, por el rabillo del ojo, ve la figura blanca en carrera del número 5, quien buscaba la descarga. Toque al volante central, dejando desairado al lateral izquierdo del oponente, quien ya había lanzado su fuste violento.

El 5, con un ligero toque a la derecha, elude al homónimo rival, levanta la cabeza y observa como el 9 se ofrece de pivote para la escalada ofensiva. Toca el 5 y va.

El 9 siente al seis rival en su espalda y consigue rodearlo de un movimiento. La pelota, sin embargo, sintió la presión de la marca y se adelanta más de lo debido. El dos contrincante se abre en vuelo horizontal, con sus piernas en tijeras para cortar la arremetida blanca. Casi desahuciado, el 9 piensa en obtener un foul como mejor opción. No obstante, el grito del 5, volando sobre su derecha, le hace cambiar de opinión. “Va a doler”, piensa.

La punta de su botín izquierdo, corona un pase al vacío hermoso, que se ve acompañado por el grito de dolor ante la patada anticipada.

Loca carrera del número 5, ya adelantado sobre la última zaga rival. El arquero arroja su anatomía sobre el balón, no antes del estiletazo del pie derecho del volante, en pase a la red. El 5 se arrodilla, golpea su pecho un par de veces, piensa en su mujer, y espera el abrazo de sus compañeros".

martes, 23 de septiembre de 2008

Diálogo de sordos

Algo le pasaba indudablemente. Ella no acreditaba otra posibilidad. Claudio lo negaba y proponía un diálogo feliz.
Ella, no obstante, no estaba convencida, incluso ante su insistencia. Los diálogos correctos pero cortantes del viernes y sábado. El silencio hasta el domingo a la tarde. ¿Que otra explicación podría haber a su ausencia?
Él rogaba que eviten la discusión. Estaba cansado de hacerlo. Había estado tranquilo todo el fin de semana y quería seguir así.
Marisa
no. Transformó la charla en discusión y ésta en pelea. Claudio perdió la paciencia y le rogó que se dé cuenta que las cosas no eran como ella siempre quería. A veces tenía que hacerle caso.
Ella siguió preguntando por falta de amor, infidelidades y otras desventuras.
Él solo quería que le dejen de romper las pelotas y de dirigir la vida.
Ella al día de hoy todavía no se dió cuenta que el problema era de ella, y aún trata de averiguar si él se fue finalmente con otra “minita”.
Él la extraña. Pero esta más tranquilo.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Abrir los ojos

Abriré los ojos y lo sabré…
El frío de las sábanas lisas del costado izquierdo de mi cama me dirán que te fuiste.
Daré vuelta hacia ese lado y mi brazo extendido no encontrará obstáculos para su desplegar.
Sonará el despertador, una y otra vez, y no escucharé el recordatorio sobre la necesidad de mi baño. Mucho menos escucharé la ducha encendida, acusándome por el desperdicio del agua.
Saldré del baño y el silencio del departamento me golpeará de frente, todavía mojado.
La cocina no estará envuelta en olores de pan tostado ni café recién preparado.
Me cambiaré sin opiniones sobre el color de mi corbata ni expresiones sobre lo bonito que estoy.
Tomaré un café bebido y, de salida a la calle, no recibiré abrazo ni beso alguno. Mucho menos recordatorio sobre el perfume faltante.
Será casi de mediodía y no habrá a quien llamar para ver como va su mañana. Tampoco de media tarde.
Seguramente, no iré hasta casa para almorzar, dejándome acompañar por algún entremés de rotisería porteña.
Sobre el final de la tarde, nuevamente el golpe frontal de un departamento vacío, frío y en silencio.
No pelearé sobre el control remoto ni sobre mi apático rostro. No tendré que justificarme con cansancio alguno.
Llegada la hora de la serie favorita, me quedaré con ganas de recordarte tu parecido con el personaje principal. No escucharé tus envidias sobre su pelo o vestuario.
No habrá ganas de preparar cena especial, la que será ocupada por algún pábulo fugaz.
No habrá sillón abrazado, ni selección de película.
No habrá propuesta íntima ni helado repentino. Mucho menos tú espera en aquella cama, todavía vacía.
Solo tendré que calentar su lado derecho, apagar el televisor y volver a sentir que mi brazo izquierdo no encuentra a quien abrazar.

sábado, 30 de agosto de 2008

La historia de siempre

Subte, Línea B, Sábado 21.20:
- "Gordo, ¿Tengo bolsas debajo de los ojos?.
- "Los tenes hinchados".
- "Ay, que malo que sos!!".

"Para que carajo preguntas?", pensé y sonreí.
El pibe me miró y sonrió también, como si hubiese leido mi pensamiento.

jueves, 28 de agosto de 2008

Puto con traje

¿Queres saber porque no escribe más este “Puto con Traje”, conforme reclamaste?
“Puto con Traje” no tiene tiempo. Se lo han comido sus labores, que lo han dejado armado de desvelos, dejando a un lado pasatiempos.
“Puto con Traje” suma responsabilidades foráneas y deudas propias, por una monedas que también le son ajenas.
No tiene espacio ni ganas para sumarle líneas al viento, incrementando sus lamentos del desvarío obsoleto.
Sin embargo, “Puto con Traje” tiene sueños y más de un proyecto. Construye con desvelo los planes venideros, todos ellos forasteros y, en su mayoría, secretos.
“Puto con Traje” esta analizando contratiempos, abonando por el tiempo de la ayuda licenciada. “Puto con Traje” esta reviendo sus mochilas cargadas, todas ellas tan pesadas que le desvían sus columnas.
Ya pedirá su ayuda, “Puto con Traje”, para que lo saquen del fondo estricto, que entre un porfiado blanco y negro, de si mismo lo distanciaron.
“Puto con Traje” esta en silencio…pero se siente en movimiento.

martes, 29 de julio de 2008

Me hice canción

Un día dejé de escucharlos. No se porque. Bah, en realidad si lo se. El grito visceral del cantante ya no era de mi agrado en una etapa de exploración británica soft llamada Oasis o Coldplay.
Antes, junto con otra banda del conurbano, era mi primera expresión adolescente. Cuando a la mayoría de la gente el ataque musical juvenil (recordando los cassettes de Baglietto – Seru – Lerner de mi hermana y los posters melenudos con Bon Jovi, Rata Blanca e Iron Maiden de mi hermano) se le da por los 13 o 14 años, a mi – en aquel verano de 1997 – se me dio a los 16.
En esa etapa, fui rengo y piojoso. Compré discos, usé remeras, asistí a recitales e, incluso, compartí una larga ronda de cervezas con los miembros de una de esas bandas en un barcito ubicado en la rambla de Playa Unión, justo cuando la noche se caía y los huecos de los bolsillos no llenaban pretensiones de “El Alamo”.
Hoy, le golpeo la puerta a los 30 y camino de traje con zapatos lustrados. De rebelde solo tengo un recuerdo con el carnet vencido y me hundo en planes conservadores.
Pero el auricular trae, no se como, algunos acordes en vivo de la vieja banda y la piel emula la de un pollo. Camino por Colón y el frío de julio golpea mis orejas. El sobretodo flamea con el viento y mis pelos se revolean desordenados.
“Hey Hey My My, el rock and roll no morirá jamás”, canta el Chizzo y hasta me parece verlo ofreciéndome llenar mi vaso con cerveza.

sábado, 26 de julio de 2008

La noche en que Cancún fue nuestra

Todas las noches lo mismo. Todos los colectivos de Cancún reinados por una veintena de veinteañeros americanos al grito de "U - S - A" o "show your tits" (la primera noche, incluso, me cuestioné por que carajo había dejado Buenos Aires). Los bares y boliches, también, respondían a ese patrón.
El miércoles, después de una buena noche en uno de esos antros, nos dispusimos a volver al hotel para "clavarnos" la típica hamburguesa. Buscamos la parada del bondi, esquivando taxistas al grito de "Hey, man, can I take you home?". "No, flaco, gracias".
Pagué mis $6 mexicanos como siempre y en el atiborrado bondi de yanquis opté por sentarme en las filas delanteras (no tenías ganas de lidiar con la mencionada banda). Los chicos se fueron para atrás.
El flaco que se sentaba a mi lado lucía un jersey de los Celtics de Boston y me hablaba de no se que mierda sobre el calor de México y Paul Pierce. Balbusié un par de "yeahs" para que no me rompa más las bolas.

Cuando estaba por darle fin a la conversación, escuche los acordes de una guitarra criolla. La bamba? "Si, es la bamba, la puta madre". Miré para atrás y estaban los chicos con un mexicano de un metro sesenta (ninguno supera esa medida), quien a cargo de una viola acústica pretendía hacerse de alguna moneda. No lo dudé. Tardé menos de un pensamiento en llegar al fondo.

Ahí me di cuenta que, en ese lugar, estaba latinoamerica: los chicos de Argentina, algunos mexicanos y un par de brasileros. Saltamos con "La Bamba" (a pesar que no nos representa tanto), golpeamos el techo del bondi y cantamos a morir.

El mexican, procurando inclinar la balanza un poco en favor de su bolsillo, interpretó un tema en inglés: Wonderwall de Oasis. La banda latina fue la única que cantó: "Today is gonna be the day that I gonna da ra da with you, by now you should so howwwww", etc.

El chango empezó a juntar monedas porque su función ya había terminado. La nuestra no. Cantamos "De música ligera" de Soda y, sobre todo (ahí perdí mi voz para el resto de la semana) "Yo no me sentaría a tu mesa" de los Fabulosos Cadillacs.

Para el final del tema, ya nos teníamos que bajar. No importaba. La noche ya había sido nuestra.

"Cambiar es dificil, pero vivir es así. Morir es en vano"

Sufriste por eso, no? Imagino que si. Lo espero en realidad. No puedo creer que el pasado te pueda pasar tan limpio por tu costado. Es natural. No lo niegues. Es entendible. A mi me pasaría igual. A quien no?
Volvió para prometerte lo que nunca pudo cumplir. No deberías creerle pero lo haces. En definitiva, es lo que estabas esperando.
Ayer se mostraba distante frente a vos y hasta se daba el lujo de negarte. Pero hoy no. Hoy, viajó desde lejos para mostrarte que todavía le importa. Inventó una excusa para encontrarte y vos, en definitiva, lo sabes. Lo sabes, no?
A veces ceder es mejor que hacer el duro. Yo mismo hoy en día sufro por cambiar. Cambiar por algo que será mejor. Pero el cambio supone dolor, contrariedad y malestar. Calculo que en terapia todo será más fácil. Imagino que lo que hoy pienso como imposible, después de aquello todo será al revés...y estar mejor. Mejor. Mejor conmigo mismo. Mejor con los demás.
Te entiendo como te sentís. Yo siento lo mismo. Me da miedo pensar en que pueda tener el valor para afrontar eso que temo. Temo de mi mismo y de lo que puedo llegar a hacer.
En definitiva, todos queremos estar bien. Innegable. Pero que difícil es conseguirlo, no? Calculo que todos estamos en este tren, buscando. Mañana me contarás. Y yo también. Espero encontrarte feliz. Igual que yo.

jueves, 17 de julio de 2008

Señales

Flor fantaseaba con el suicidio (me lo dijo un día en el colectivo).
Le daba vergüenza admitirlo y por eso me exigía silencio. Creo que sabía que solo pedía ayuda o de alguna forma forzar lo que quería.
Se sentía triste (seguro) pero intuyo que no perdía la esperanza de cambiar las cosas. Dijo, poco articuladamente, que se sentía desvalorada pero que también cansada de ser la causa de sus tristezas. Sabía que no podía pretender que la quieran como ella quería, ¡pero que bueno si así lo fuera!.
Supuse (por su llanto) que le dolían más las oposiciones de sus amigas ante sus reclamos que los reclamos en si.
Ya en el bar, con un wiskey de por medio, me volvió a decir que a veces imagina que si ella desaparece sabrán echarla de menos y arrepentirse de no acudir a su pedido de auxilio. En ese momento recuerdo que sus palabras me parecieron infantiles.
Supuse que Flor sabía que, en realidad, jamás iba a cumplir con su promesa (es fácil ver que no podría dejar atrás tantas cosas de su vida), pero le gustaba pensar que si. Sin embargo, de alguna forma quería que cada tanto sus amigas la hagan sentir que estaba viva. Que la querían. Que la valoraban. Dejar de pensar que ella estaba ahí solo porque ella así lo había forzado.
¡Carajo que cuesta reconocer los defectos! En definitiva, creí que sabía que todo se trataba de sus dramas y las vueltas que la hacían sentir así.
De alguna forma me reconoció que, en realidad, sus amigas la querían a su modo y ella no podía pretender cambiarlas. De hecho, aceptaba que nadie la podía cambiar a ella.
Sugerido un psicólogo, me contestó que no creía en eso. En definitiva, ¿Por qué habría de confiarle su vida a una mera opinión?
No se, mientras pagaba la cuenta y la invitaba a cambiar de bar, de alguna forma dejé de sentir desprecio por esta mina emocionalmente inestable, para mirarla finalmente con lástima. Pena por su estado, pena por su contrariedad. Pena por esos propios obstáculos que no la dejaban ser libre. Gozar de lo que tenía y buscar lo que es verdadero.
Llegados a la esquina, le inventé una excusa para volver a casa. La dejé en la parada del bondi y me volví pensando en otras cosas.
De Flor solo volví a saber hace una semana, cuando hojeando el Clarín, vi que algunos amigos citaban su nombre para darle una última despedida.

martes, 15 de julio de 2008

Las Plazas

Las plazas se abren y me miran inquisitivas.
¿De que lado estas? ¿Aquí o allá?
Sin dudas que estaré allí donde la libertad diga su nombre.
Me encontrarán en donde un precio no compre mi boleto.
En el país en el que uno mas uno es dos, y el esfuerzo no se paga con lamentos.
Sin dudas búsquenme allí, del lado de la paciencia, el sacrificio y la diligencia.
Donde la tierra se siente bien adentro. Donde la paz no es un maquillaje.
Por que solo yo seré responsable de mis éxitos y fracasos, y no por caprichos de los cansinos.
Despejen mi camino para que pueda recorrerlo tranquilo. Sin dudas no lo haré solo, y espero que lo hagan todos. Abran las vías de esta Argentina pidiendo que arranquemos
…y no pretender que nos lleven en colectivo.

lunes, 14 de julio de 2008

Corriendo el tiempo galopa para verte

Te extrañe, ¿sabías que te extrañe?
Pasaba la gente a mi lado, divertida y sonriente.
Y solo veía tus pupilas marcadas en las luces del torrente.
La arena blanca, sumisa bajo mi espalda,
Y sus hebras entre mis dedos, buscaban tus memorias.
Corriendo el tiempo galopa para verte.
La distancia y sus silencios, cobijan decisiones.
Te extrañe, pero creo que ya lo sabías.

Orgullo y sensibilidad

Si el dolor aqueja tu pecho, pero el silencio ajeno es su respuesta. Si estas buscando una mirada amiga que te pregunte que pasa y solo son pasos que se alejan. Podes buscar culparte a ti mismo y proponer una amnistía. Pero sigue golpeando tus pupilas y el agua escurre por tus mejillas. Si piensas que todos deben estar en lo cierto y ser solo vos quien se equivoca, mordiéndote los labios para callar la bronca.
La espera no es ayuda cuando los que gritan son mudos, y la sensibilidad no es una buena amiga.
La soledad del rencor es tan vacía como la del introvertido.
No todos los problemas se arreglan con el tiempo y quizás es bueno buscar apoyo.

Seguramente el orgullo no sea una salida.

lunes, 7 de julio de 2008

Carrete Tour 2008 - Cancun

Me fui de vacaciones y se ve que la ocurrencia se vino conmigo.
Para familiares, amigos y chusmas, aconsejo seguir las alternativas del Carrete Tour 2008 desde esta direccion...

http://recopla.wordpress.com/

Sds.