La liberación literaria de un sistema de estructuras, para volcar en palabras dislocadas las inspiraciones que quedan afuera de legales rigideces.
jueves, 26 de febrero de 2009
Consecuencia
"El sexo es una consecuencia, no un medio para el amor" (Ruso dixit).
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miércoles, 25 de febrero de 2009
Jagger y nuestro pelo gris
No es la primera vez que escucho una letra y me acuerdo de vos, no?
Evening Gown
People say that I'm high class
But I'm low down all the while
People think that I'm crazy
When I flash that california smile
But I can still paint the town
All the colour of your evening gown
While I'm waiting for your blonde hair
To turn grey
People say I'm a drinker
But I'm sober half the time
People say I'm a loser
But I get lucky on the side
Yeah but I can still paint the town
All the colour of your evening gown
While I'm waiting for your blonde hair
To turn grey
All my life I waited for
Someone who would show where the bliss is
All my life I waited for
Someone who would take me past the kissing
People say I'm a loner
I like to get lost in the crowds
People call me a dresser
I wear my sports clothes way too loud
Yeah but I can still paint the town
I can shake it and turn it upside down
While I'm waiting for your blonde hair
While I'm waiting for your blonde hair
While I'm waiting for your blonde hair
To turn grey
Evening Gown
People say that I'm high class
But I'm low down all the while
People think that I'm crazy
When I flash that california smile
But I can still paint the town
All the colour of your evening gown
While I'm waiting for your blonde hair
To turn grey
People say I'm a drinker
But I'm sober half the time
People say I'm a loser
But I get lucky on the side
Yeah but I can still paint the town
All the colour of your evening gown
While I'm waiting for your blonde hair
To turn grey
All my life I waited for
Someone who would show where the bliss is
All my life I waited for
Someone who would take me past the kissing
People say I'm a loner
I like to get lost in the crowds
People call me a dresser
I wear my sports clothes way too loud
Yeah but I can still paint the town
I can shake it and turn it upside down
While I'm waiting for your blonde hair
While I'm waiting for your blonde hair
While I'm waiting for your blonde hair
To turn grey
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martes, 24 de febrero de 2009
24 de Febrero
La aguja del reloj y su mochila se han detenido en 29.
Cuestión complicada sumarle meses al documento.
Sobre todo si el teléfono no conoce de llamadas,
Y los recuerdos de la gente se desvanecen.
Hoy los dividendos sonríen al balance
y el corazón lastimado rejuvenece.
La balanza, expectante, se vio inclinada hacia la izquierda.
Un colchón que absorba el golpe, del tiempo y sus jueguitos.
Una pastilla para el dolor, por haber sido uno mismo,
durante mucho y tanto tiempo.
Salud a mis amigos. Gracias por los cumplidos.
Cuestión complicada sumarle meses al documento.
Sobre todo si el teléfono no conoce de llamadas,
Y los recuerdos de la gente se desvanecen.
Hoy los dividendos sonríen al balance
y el corazón lastimado rejuvenece.
La balanza, expectante, se vio inclinada hacia la izquierda.
Un colchón que absorba el golpe, del tiempo y sus jueguitos.
Una pastilla para el dolor, por haber sido uno mismo,
durante mucho y tanto tiempo.
Salud a mis amigos. Gracias por los cumplidos.
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lunes, 23 de febrero de 2009
Un pacto para vivir
Siempre pensé que mi desinterés por la política nacional e internacional se debía a características propias derivadas de algún tipo de reacción ante ciertas “obsesiones” familiares con el tema (similar sentimiento con la práctica litúrgica). Siempre asumí que los continuos programas políticos que el televisor familiar reproducía provocaron mi infantil hastío.
Con el tiempo y mi madurez fui dejando aquella idea para comenzar a interesarme en la praxis de la política nacional. Naturalmente, toda persona, quiera o no, lo relacione o no, tiene sus ideas políticas. Claramente, no he sido la excepción.
Lamento de esa etapa que mis alboreas creencias se dieron de bruces con la mediocre política argentina, inyectada de corrupción, vulgaridad y escasa conciencia cívica en pos del verdadero bien común, entendido este como creación de las condiciones necesarias para que la comunidad entera pueda mejorar sus condiciones de vida.
Sin perjuicio de ello, advierto que actualmente me encuentro a poco de ingresar en la cuarta década de mi vida y, con ello, mi interés político se acrecienta, estimulado por ciertos “reverdeceres” en el fárrago político.
Ahora, si bien confieso que sigo denostando muchas de las viciadas prácticas políticas vernáculas, ello no me impulsa actualmente a cambiar el canal o pasar la hoja del diario, sino a reflexionar un poco más al respecto, sobre todo en aquellos valores, estructuras y programas que deberían ser modificados en torno a, lo que creo, un camino justo y progresista (en el sentido literal del término y no el político).
Siendo así, me gustaría, para ejercicio propio, exponer aquellas condiciones que creo esenciales para el desarrollo nacional, en el entendimiento que disponemos de una tierra bendita que nos abre diariamente la posibilidad de escaparnos de la mezquindad que nos viste.
(i) Pacto Político.
Realmente envidio a naciones hermanas cuando descubro que sus dirigentes han sido capaces de olvidar sus rencillas particulares para abrir paso a una solución conjunta que declare estructuras básicas, pétreas y permanentes de crecimiento.
Lamentablemente, por egoísmos personales, vivimos en el reino del ahora o, por lo menos, de los próximos cuatro años. Nuestros líderes toman sus decisiones en base a sus proyectos políticos personales, planeando políticas estrechas con una gestión económica que nunca supera el lustro (ocho años en el mejor de los casos).
En este sentido, leo con pena propia la entereza democrática y patria de naciones como Chile, España o Estados Unidos, quienes – con diferencias políticas internas – respetan ciertos cánones que no se destinan a otra que cosa que no sea a la grandeza de su Patria.
Entiendo que un pacto político de esa naturaleza precisa de una madurez política que, quizás, carecemos. Sin embargo, creo también que un camino de esa naturaleza debe ser iniciado en algún momento, para grandeza de nuestra Nación, en virtud que el mismo debe ser transcurrido ardua y trabajosamente, conducido por el diálogo altruista y conciente del bien común implicado.
Con esta plataforma, creo que este acuerdo debe contener ciertos ítems que hacen al mencionado crecimiento. Si bien tengo mi opinión respecto de cada uno de ellos, creo que este acuerdo político debe estar estructurado alrededor de la educación como prioridad nacional, Federalismo, modelo productivo nacional, Control de Poderes y fortalecimiento de la democracia.
(ii) Educación.
Sinceramente creo que esta es la única que puede levantarnos del triste lugar que hoy día ocupamos y confirmar las potencialidades que disponemos. Estoy absolutamente convencido que la ignorancia es la madre de todos nuestras flaquezas, y no hay problema que no pueda ser superado con ciudadanos educados y dirigentes preparados.
En este sentido, creo que deben ser estimuladas políticas de plena educación, secundario incluido, con mejoramiento de institutos terciarios y universitarios nacionales. Esta debería ser la prioridad de nuestra Nación, destinando esfuerzos y recursos para propiciar la vuelta de los menores a los centros educativos.
No se me escapan las penurias que viven hoy día muchos menores para ser asistidos en este sentido. Creo en este aspecto que, si bien es arduo y lento el camino, debe ir de la mano con la inclusión laboral de los mayores y tutores de esos menores, en la forma que se propone en los puntos venideros que tratan el problema económico de nuestro país.
(iii) Federalismo.
Nuestra Constitución es claramente federal. Ello ha sido por mandato histórico y se encuentra enraizada en los corazones de la mayoría de los argentinos. Sin embargo, paulatinamente el poder político y – sobre todo – económico se ha ido centralizando en el Gobierno Nacional y la Capital Federal.
En este aspecto, creo que debe ser emulada la estructura formada por los Estados Unidos, país que, con muchos aspectos negativos, tiene algunas enseñanzas para darnos (sumo al federalismo, el alto espíritu democrático reflejado en la asunción presidencial del Sr. Obama). Un claro ejemplo de la fortaleza que representa un federalismo amplio es la dada por las distintas grandes y pujantes ciudades que existen en el país del norte. Se pueden nombrar cuanto menos 20 ciudades altamente desarrolladas, con un índice poblacional y social siempre en aumento. Esto contrasta claramente con lo visto en nuestro país, donde contamos con pocas ciudades desarrolladas y grandes extensiones de territorio para incentivar.
En síntesis, creo que debería fortalecerse el federalismo recortando los poderes del Gobierno Nacional y ampliando los poderes de las Provincias. Aquí es fundamental una ley de coparticipación de los ingresos clara y ágil, con la asignación de recursos necesarios para que las Provincias puedan desarrollar sus capacidades.
Creo que la síntesis debería ser, a contrario de lo que se ve hoy en día en cuanto el poder central dispone de todos los recursos provocando el sometimiento de gobernadores por una dádiva, que las Provincias deben ser ricas, no el Gobierno Central.
Con la disponibilidad de facultades y recursos, las Provincias desarrollan sus capacidades a la máxima expresión, beneficiando no solo a sus habitantes sino a la Nación entera, en virtud de lo que se dirá más adelante respecto de las regiones y la especialidad y modelo productivo que aspiramos.
También en este aspecto es importante el desarrollo de Regiones internas, tal lo permite nuestra Constitución Nacional. La conjunción de recursos de diversas provincias y regiones no puede mas que repercutir en su beneficio y del país entero. Zonas como el NOA, el Litoral, Centro, Patagonia, Cuyo, etc. fortalecerán su posición y mejoraran su situación si suman esfuerzos y capacidades.
(iv) Especialidad productiva y modelo productivo nacional.
Creo que nuestro país – y en este sentido es importante el Pacto Político – debería resolver con claridad cual es el modelo productivo que desarrollará. En este sentido, debe tenerse la plena conciencia de los recursos con los que contamos y especializarnos en una determinada actividad, industria o campo de la producción.
Comprendo que, en este sentido, debemos ser un país que otorgue clara importancia y preeminencia al sector agroindustrial. Entiendo que deben desarrollarse las productos del campo, y a partid de ahí construir las industrias vinculadas. Esto claramente debe realizarse a través de incentivos y programas destinados a tal fin. De esta forma seremos competitivos antes el mundo, lo que mejorará nuestra posición interna.
En este punto, clara es la necesidad de promover la reapertura a los mercados internacionales, ya que a ellos constituyen la otra cara de la moneda en el proyecto de producción agro industrial.
(v) Eficiencia y reducción estatal.
Entiendo que es aconsejable que el Estado abandone su rol de permanente suministrador para desempeñar un papel subsidiario en la actividad privada. En este sentido, comprendo que los subsidios deberían ser excepciones contadas para ciertas actividades que precisan de un acompañamiento inicial.
El Estado debería enfundarse en un papel subsidiario, limitándose a crear las condiciones necesarias para que los ciudadanos crezcan a través de su esfuerzo y capacidad. Los recursos estatales deberían ser utilizados, a través de inversiones, para crear condiciones que provoquen crecimiento de los ciudadanos y no para satisfacer necesidades transitorias de los mismos: es el cuento de enseñarte a pescar o darte un pescado. En el primer caso, te doy de comer por siempre, en el segundo, solo te alimento un día.
De esta forma, el Estado se limitaría a proveer de forma correcta y eficiente, aquellos servicios que son inherentes a su condición: educación, salud pública, seguridad.
Dentro de esta idea, puede incluirse la eficiencia impositiva, la que se resume con menor carga fiscal condicionada a una mayor inversión del sector privado, todo ello acompañado de un efectivo control fiscal que evite la evasión en todos sus órdenes. La política de subsidios debería ser reemplazada por políticas de ventajas impositivas, con el objeto dicho de promover la inversión.
(vi) Calidad Institucional.
Comprendo como necesaria una reforma constitucional urgente en cuanto se muestra como imperante la necesidad de reforzar los mecanismos de control del poder central. El mecanismo de frenos y contrapesos hoy hace agua en diversas facetas, como por ejemplo, delegación de funciones legislativas al poder ejecutivo, elección y remoción de jueces a través del Consejo de la Magistratura, etc. Entiendo que debe proponer una rigidez en este aspecto, sobre todo con el fin de abandonar estructuras de excesivo poder unificado en el ejecutivo.
Por su parte, entiendo necesario promover la refundación del sistema electoral, con el objeto de promulgar un procedimiento claro y ágil, tendiendo a la eliminación del clientelismo político.
Finalmente, creo necesario resaltar la necesidad imperiosa que, más allá de funcionarios partidos políticos, plataformas, fórmulas, proyectos e ideas, la sociedad argentina y cada uno de sus individuos, tome urgente conciencia sobre su responsabilidad en la transformación nacional.
Así como cada uno de nosotros no puede quejarse sobre la suciedad que presentan nuestras urbes, si somos nosotros mismos quienes arrojamos nuestros residuos, envoltorios y papeles sobre las mismas, debemos saber que la transformación de valores y estructuras, solo serán dadas a partir del esfuerzo individual. Cada una de nuestras miserias colectivas, responde a nuestros defectos colectivos, y esta en nosotros modificarlos para obtener resultados diversos.
Por la grandeza que nos supo cobijar y el talento potencial que disponemos en reserva, ruego por la valentía y el coraje necesarios para lograr esta reforma cultural y social argentina.
Con el tiempo y mi madurez fui dejando aquella idea para comenzar a interesarme en la praxis de la política nacional. Naturalmente, toda persona, quiera o no, lo relacione o no, tiene sus ideas políticas. Claramente, no he sido la excepción.
Lamento de esa etapa que mis alboreas creencias se dieron de bruces con la mediocre política argentina, inyectada de corrupción, vulgaridad y escasa conciencia cívica en pos del verdadero bien común, entendido este como creación de las condiciones necesarias para que la comunidad entera pueda mejorar sus condiciones de vida.
Sin perjuicio de ello, advierto que actualmente me encuentro a poco de ingresar en la cuarta década de mi vida y, con ello, mi interés político se acrecienta, estimulado por ciertos “reverdeceres” en el fárrago político.
Ahora, si bien confieso que sigo denostando muchas de las viciadas prácticas políticas vernáculas, ello no me impulsa actualmente a cambiar el canal o pasar la hoja del diario, sino a reflexionar un poco más al respecto, sobre todo en aquellos valores, estructuras y programas que deberían ser modificados en torno a, lo que creo, un camino justo y progresista (en el sentido literal del término y no el político).
Siendo así, me gustaría, para ejercicio propio, exponer aquellas condiciones que creo esenciales para el desarrollo nacional, en el entendimiento que disponemos de una tierra bendita que nos abre diariamente la posibilidad de escaparnos de la mezquindad que nos viste.
(i) Pacto Político.
Realmente envidio a naciones hermanas cuando descubro que sus dirigentes han sido capaces de olvidar sus rencillas particulares para abrir paso a una solución conjunta que declare estructuras básicas, pétreas y permanentes de crecimiento.
Lamentablemente, por egoísmos personales, vivimos en el reino del ahora o, por lo menos, de los próximos cuatro años. Nuestros líderes toman sus decisiones en base a sus proyectos políticos personales, planeando políticas estrechas con una gestión económica que nunca supera el lustro (ocho años en el mejor de los casos).
En este sentido, leo con pena propia la entereza democrática y patria de naciones como Chile, España o Estados Unidos, quienes – con diferencias políticas internas – respetan ciertos cánones que no se destinan a otra que cosa que no sea a la grandeza de su Patria.
Entiendo que un pacto político de esa naturaleza precisa de una madurez política que, quizás, carecemos. Sin embargo, creo también que un camino de esa naturaleza debe ser iniciado en algún momento, para grandeza de nuestra Nación, en virtud que el mismo debe ser transcurrido ardua y trabajosamente, conducido por el diálogo altruista y conciente del bien común implicado.
Con esta plataforma, creo que este acuerdo debe contener ciertos ítems que hacen al mencionado crecimiento. Si bien tengo mi opinión respecto de cada uno de ellos, creo que este acuerdo político debe estar estructurado alrededor de la educación como prioridad nacional, Federalismo, modelo productivo nacional, Control de Poderes y fortalecimiento de la democracia.
(ii) Educación.
Sinceramente creo que esta es la única que puede levantarnos del triste lugar que hoy día ocupamos y confirmar las potencialidades que disponemos. Estoy absolutamente convencido que la ignorancia es la madre de todos nuestras flaquezas, y no hay problema que no pueda ser superado con ciudadanos educados y dirigentes preparados.
En este sentido, creo que deben ser estimuladas políticas de plena educación, secundario incluido, con mejoramiento de institutos terciarios y universitarios nacionales. Esta debería ser la prioridad de nuestra Nación, destinando esfuerzos y recursos para propiciar la vuelta de los menores a los centros educativos.
No se me escapan las penurias que viven hoy día muchos menores para ser asistidos en este sentido. Creo en este aspecto que, si bien es arduo y lento el camino, debe ir de la mano con la inclusión laboral de los mayores y tutores de esos menores, en la forma que se propone en los puntos venideros que tratan el problema económico de nuestro país.
(iii) Federalismo.
Nuestra Constitución es claramente federal. Ello ha sido por mandato histórico y se encuentra enraizada en los corazones de la mayoría de los argentinos. Sin embargo, paulatinamente el poder político y – sobre todo – económico se ha ido centralizando en el Gobierno Nacional y la Capital Federal.
En este aspecto, creo que debe ser emulada la estructura formada por los Estados Unidos, país que, con muchos aspectos negativos, tiene algunas enseñanzas para darnos (sumo al federalismo, el alto espíritu democrático reflejado en la asunción presidencial del Sr. Obama). Un claro ejemplo de la fortaleza que representa un federalismo amplio es la dada por las distintas grandes y pujantes ciudades que existen en el país del norte. Se pueden nombrar cuanto menos 20 ciudades altamente desarrolladas, con un índice poblacional y social siempre en aumento. Esto contrasta claramente con lo visto en nuestro país, donde contamos con pocas ciudades desarrolladas y grandes extensiones de territorio para incentivar.
En síntesis, creo que debería fortalecerse el federalismo recortando los poderes del Gobierno Nacional y ampliando los poderes de las Provincias. Aquí es fundamental una ley de coparticipación de los ingresos clara y ágil, con la asignación de recursos necesarios para que las Provincias puedan desarrollar sus capacidades.
Creo que la síntesis debería ser, a contrario de lo que se ve hoy en día en cuanto el poder central dispone de todos los recursos provocando el sometimiento de gobernadores por una dádiva, que las Provincias deben ser ricas, no el Gobierno Central.
Con la disponibilidad de facultades y recursos, las Provincias desarrollan sus capacidades a la máxima expresión, beneficiando no solo a sus habitantes sino a la Nación entera, en virtud de lo que se dirá más adelante respecto de las regiones y la especialidad y modelo productivo que aspiramos.
También en este aspecto es importante el desarrollo de Regiones internas, tal lo permite nuestra Constitución Nacional. La conjunción de recursos de diversas provincias y regiones no puede mas que repercutir en su beneficio y del país entero. Zonas como el NOA, el Litoral, Centro, Patagonia, Cuyo, etc. fortalecerán su posición y mejoraran su situación si suman esfuerzos y capacidades.
(iv) Especialidad productiva y modelo productivo nacional.
Creo que nuestro país – y en este sentido es importante el Pacto Político – debería resolver con claridad cual es el modelo productivo que desarrollará. En este sentido, debe tenerse la plena conciencia de los recursos con los que contamos y especializarnos en una determinada actividad, industria o campo de la producción.
Comprendo que, en este sentido, debemos ser un país que otorgue clara importancia y preeminencia al sector agroindustrial. Entiendo que deben desarrollarse las productos del campo, y a partid de ahí construir las industrias vinculadas. Esto claramente debe realizarse a través de incentivos y programas destinados a tal fin. De esta forma seremos competitivos antes el mundo, lo que mejorará nuestra posición interna.
En este punto, clara es la necesidad de promover la reapertura a los mercados internacionales, ya que a ellos constituyen la otra cara de la moneda en el proyecto de producción agro industrial.
(v) Eficiencia y reducción estatal.
Entiendo que es aconsejable que el Estado abandone su rol de permanente suministrador para desempeñar un papel subsidiario en la actividad privada. En este sentido, comprendo que los subsidios deberían ser excepciones contadas para ciertas actividades que precisan de un acompañamiento inicial.
El Estado debería enfundarse en un papel subsidiario, limitándose a crear las condiciones necesarias para que los ciudadanos crezcan a través de su esfuerzo y capacidad. Los recursos estatales deberían ser utilizados, a través de inversiones, para crear condiciones que provoquen crecimiento de los ciudadanos y no para satisfacer necesidades transitorias de los mismos: es el cuento de enseñarte a pescar o darte un pescado. En el primer caso, te doy de comer por siempre, en el segundo, solo te alimento un día.
De esta forma, el Estado se limitaría a proveer de forma correcta y eficiente, aquellos servicios que son inherentes a su condición: educación, salud pública, seguridad.
Dentro de esta idea, puede incluirse la eficiencia impositiva, la que se resume con menor carga fiscal condicionada a una mayor inversión del sector privado, todo ello acompañado de un efectivo control fiscal que evite la evasión en todos sus órdenes. La política de subsidios debería ser reemplazada por políticas de ventajas impositivas, con el objeto dicho de promover la inversión.
(vi) Calidad Institucional.
Comprendo como necesaria una reforma constitucional urgente en cuanto se muestra como imperante la necesidad de reforzar los mecanismos de control del poder central. El mecanismo de frenos y contrapesos hoy hace agua en diversas facetas, como por ejemplo, delegación de funciones legislativas al poder ejecutivo, elección y remoción de jueces a través del Consejo de la Magistratura, etc. Entiendo que debe proponer una rigidez en este aspecto, sobre todo con el fin de abandonar estructuras de excesivo poder unificado en el ejecutivo.
Por su parte, entiendo necesario promover la refundación del sistema electoral, con el objeto de promulgar un procedimiento claro y ágil, tendiendo a la eliminación del clientelismo político.
Finalmente, creo necesario resaltar la necesidad imperiosa que, más allá de funcionarios partidos políticos, plataformas, fórmulas, proyectos e ideas, la sociedad argentina y cada uno de sus individuos, tome urgente conciencia sobre su responsabilidad en la transformación nacional.
Así como cada uno de nosotros no puede quejarse sobre la suciedad que presentan nuestras urbes, si somos nosotros mismos quienes arrojamos nuestros residuos, envoltorios y papeles sobre las mismas, debemos saber que la transformación de valores y estructuras, solo serán dadas a partir del esfuerzo individual. Cada una de nuestras miserias colectivas, responde a nuestros defectos colectivos, y esta en nosotros modificarlos para obtener resultados diversos.
Por la grandeza que nos supo cobijar y el talento potencial que disponemos en reserva, ruego por la valentía y el coraje necesarios para lograr esta reforma cultural y social argentina.
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Convide Rutero (IV)
Entre el madrugón que imponía el dueño de casa por su viaje a la Sierra, y el festín de mi que se hicieron los mosquitos, salí temprano para Buenos Aires. Desayuno reglamentario en la YPF de Canals y a combatir el asfalto.
Como primer pensamiento, entre el sol que me daba justo en la frente y el dolor que provocaban mis mediocres gafas, decidí comprarme un buen par de anteojos de una maldita vez (NdR: volví hace una semana y todavía no lo hice).
Si bien el trayecto fue entretenido en general (la ruta siempre fue de un solo carril, pero el tránsito liviano no sofocó demasiado la cuestión), debo decir que odio a los “Pueblos Ruteros”. Como imaginarán, son aquellas poblaciones que se asientan y crecen a lo largo de la ruta. Conclusión: esta se transforma en una avenida, se debe aminorar la marcha, frenar en los distintos semáforos (¡Por Dios, Venado Tuerto, un mínimo de sincronización, por favor!) y toparse con el Chacarero que te tira su camioneta a paso de hombre sobre la ruta cuando a vos te faltan 200 mts y venís a 120 km/h (¡Pelotudo!).
Musicalmente, el viaje fue un decente random dado por las distintas radios que iba “enganchando”. Nunca sabré el nombre, pero no puedo dejar de mencionar los continuados “Killer Reggaetones” que me regaló aquella estación de Arrecifes. Diez de la matina, meneo al volante.
Atravesando San Antonio de Areco me arrepentí un poco de haber salido tan temprano y no pasar por allí con el timming necesario como para derrapar en la primera parrilla rutera que se me presentara. Aclaro que un buen bife de chorizo jugoso, con fritas, “yelo” y “…de la casa”, hubiese justificado cualquier demora.
Finalmente, me sentí aliviado cuando pisé la autopista en Pilar y el Meriva se deslizó en reforma sobre su carril izquierdo. Una vez llegado, breve reunión familiar, para luego dejarme llevar hasta mí añorado sommiere.
Pienso que superé el trayecto. Que disfruté más de lo que había pensado. Que tuve oportunidad de reflexionar sobre algunos temas y dedicarme más a algunas cuestiones olvidadas. No voy a decir que me encontré a mi mismo, pero sin lugar a dudas que disfruté del viaje y mi compañía.
Como primer pensamiento, entre el sol que me daba justo en la frente y el dolor que provocaban mis mediocres gafas, decidí comprarme un buen par de anteojos de una maldita vez (NdR: volví hace una semana y todavía no lo hice).
Si bien el trayecto fue entretenido en general (la ruta siempre fue de un solo carril, pero el tránsito liviano no sofocó demasiado la cuestión), debo decir que odio a los “Pueblos Ruteros”. Como imaginarán, son aquellas poblaciones que se asientan y crecen a lo largo de la ruta. Conclusión: esta se transforma en una avenida, se debe aminorar la marcha, frenar en los distintos semáforos (¡Por Dios, Venado Tuerto, un mínimo de sincronización, por favor!) y toparse con el Chacarero que te tira su camioneta a paso de hombre sobre la ruta cuando a vos te faltan 200 mts y venís a 120 km/h (¡Pelotudo!).
Musicalmente, el viaje fue un decente random dado por las distintas radios que iba “enganchando”. Nunca sabré el nombre, pero no puedo dejar de mencionar los continuados “Killer Reggaetones” que me regaló aquella estación de Arrecifes. Diez de la matina, meneo al volante.
Atravesando San Antonio de Areco me arrepentí un poco de haber salido tan temprano y no pasar por allí con el timming necesario como para derrapar en la primera parrilla rutera que se me presentara. Aclaro que un buen bife de chorizo jugoso, con fritas, “yelo” y “…de la casa”, hubiese justificado cualquier demora.
Finalmente, me sentí aliviado cuando pisé la autopista en Pilar y el Meriva se deslizó en reforma sobre su carril izquierdo. Una vez llegado, breve reunión familiar, para luego dejarme llevar hasta mí añorado sommiere.
Pienso que superé el trayecto. Que disfruté más de lo que había pensado. Que tuve oportunidad de reflexionar sobre algunos temas y dedicarme más a algunas cuestiones olvidadas. No voy a decir que me encontré a mi mismo, pero sin lugar a dudas que disfruté del viaje y mi compañía.
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viernes, 20 de febrero de 2009
Costa Pobre
En la Republica de Costa Pobre,
el panorama es bien oscuro.
Generalísimo y fundador del Partido,
este, sin dudas, nuestro cáncer nacional.
Responsable e instigador de cuantos vicios culturales,
la corrupción, la vagancia y la ignorancia.
Todas ellas, licencias, que han dado fama seria,
al espíritu de estas tierras, inundadas en miseria.
Alguna vez el Partido fue justicia y equidad.
Dejó entrar el sol nuevo por sus ventanas,
Hoy, éstas, deformadas, continúan pisoteadas,
Por aquellos que viven su gran fiesta ordinaria,
que hoy en día no nos sale muy barata.
Costa Pobre, flaco espíritu doliente,
Marchando gris, sangrante y maloliente,
surgirá únicamente del fárrago pestilente,
usando las herramientas que los padres fundadores
Han dejado como herencia.
Aquellas prácticas delincuentes, se combaten con astucia,
Más se precisan hombres probos, que sacudan estructuras,
levantando bien el polvo de una Nación maltratada,
que cuenta con la educación como su esperaza y espada.
el panorama es bien oscuro.
Generalísimo y fundador del Partido,
este, sin dudas, nuestro cáncer nacional.
Responsable e instigador de cuantos vicios culturales,
la corrupción, la vagancia y la ignorancia.
Todas ellas, licencias, que han dado fama seria,
al espíritu de estas tierras, inundadas en miseria.
Alguna vez el Partido fue justicia y equidad.
Dejó entrar el sol nuevo por sus ventanas,
Hoy, éstas, deformadas, continúan pisoteadas,
Por aquellos que viven su gran fiesta ordinaria,
que hoy en día no nos sale muy barata.
Costa Pobre, flaco espíritu doliente,
Marchando gris, sangrante y maloliente,
surgirá únicamente del fárrago pestilente,
usando las herramientas que los padres fundadores
Han dejado como herencia.
Aquellas prácticas delincuentes, se combaten con astucia,
Más se precisan hombres probos, que sacudan estructuras,
levantando bien el polvo de una Nación maltratada,
que cuenta con la educación como su esperaza y espada.
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Convide Rutero (III)
Córdoba fue decepcionante. El disco del Negro Alvarez me pareció una estafa. Me reí algunas veces para no sentirme tan violado por el precio que pagué. La Ruta 8 esta hecha pedazos, con mucho tráfico (Río Cuarto es una desgracia) y en única vía. El mal humor se multiplicaba por las horas de viaje y su incomodidad.
En Villa Reducción el viaje levantó un poco porque (i) el Palmer me llamó para confirmarme que había comprado carne, (ii) faltaba poco y (iii) el grito de Juan Carlos Saravia en “A Doña María Ríos” (volví a Los Chalchas pos fracaso de Alvarez) me hizo aullar de alegría.
Como comentario adicional, un ruido en el motor del Meriva me empezó a preocupar. Pasados los 110 km/h parecía quee el electro ventilador iba a salir volando. Sin embargo, por su intermitencia, dudé si se trataba de algún chiflido que entraba por la puerta lateral chocada. Al final, el auto jamás se detuvo por eso y calculo que no sabré nunca el origen de ese sonido.
Viendo la inmensidad de cuadros con soja, pensé que si la Sra. Presidente no se da cuenta en el país que vivimos, pocas esperanzas tenemos en adelante.
Llegado a Canals, era momento de suspender el viaje hasta la mañana siguiente. Tiramos a las brasas con el Palmera, su mujer y otros amigos, unas carnes hermosas, descorché algunos tubos que traía de Mendoza y nos dimos a la charla con uno de mis hermanos del alma. Igual no fue lo que hubiese querido, porque a la mañana había que salir temprano y, si bien el vino estaba bueno y el reencuentro ameno, no era cuestión de lamentar resacas.
En Villa Reducción el viaje levantó un poco porque (i) el Palmer me llamó para confirmarme que había comprado carne, (ii) faltaba poco y (iii) el grito de Juan Carlos Saravia en “A Doña María Ríos” (volví a Los Chalchas pos fracaso de Alvarez) me hizo aullar de alegría.
Como comentario adicional, un ruido en el motor del Meriva me empezó a preocupar. Pasados los 110 km/h parecía quee el electro ventilador iba a salir volando. Sin embargo, por su intermitencia, dudé si se trataba de algún chiflido que entraba por la puerta lateral chocada. Al final, el auto jamás se detuvo por eso y calculo que no sabré nunca el origen de ese sonido.
Viendo la inmensidad de cuadros con soja, pensé que si la Sra. Presidente no se da cuenta en el país que vivimos, pocas esperanzas tenemos en adelante.
Llegado a Canals, era momento de suspender el viaje hasta la mañana siguiente. Tiramos a las brasas con el Palmera, su mujer y otros amigos, unas carnes hermosas, descorché algunos tubos que traía de Mendoza y nos dimos a la charla con uno de mis hermanos del alma. Igual no fue lo que hubiese querido, porque a la mañana había que salir temprano y, si bien el vino estaba bueno y el reencuentro ameno, no era cuestión de lamentar resacas.
miércoles, 18 de febrero de 2009
Ricardo
Ricardo siempre fue un atorrante. Un típico atorrante. Siempre tuvo su barra de amigos. Salió de joda. Disfrutó su juventud mientras la tuvo en la mano. De tantas minas que tuvo, a la vuelta del camino, fue una la que sacó la llave del contacto. Adentrado a la familia, también se puso el traje debido. Hasta la estructura familiar era lo que mandaba el manual: el nene y la nena.
Ricardito hoy es ya adulto. Se fue del país para poder vivir su vida sin sentencias. Se encuentra en la otra orilla de su padre, flameando banderas multicolores, gritando lo orgulloso que está de serlo. Ricardo lo ama como un padre a un hijo, y comprende su camino.
Hoy en el café, con un pucho en la mano, me confesó que también entiende a los que no lo aceptan.
Ricardito hoy es ya adulto. Se fue del país para poder vivir su vida sin sentencias. Se encuentra en la otra orilla de su padre, flameando banderas multicolores, gritando lo orgulloso que está de serlo. Ricardo lo ama como un padre a un hijo, y comprende su camino.
Hoy en el café, con un pucho en la mano, me confesó que también entiende a los que no lo aceptan.
Cristal
El hemisferio del corazón no habla por hablar.
Tampoco lo hace solo por vanidad sino por que ha triunfado.
Lo hace también por que quiere, pero sobre todo por que puede.
Por que así se lo han permitido, quienes compartimos su culpa.
Amolda la realidad de la forma en que le conviene,
Barnizando lo que no lustra sus bronces ni engorda sus alforjas.
Con dulce palabras románticas siempre ha llevado el agua a su molino.
La hipocresía y Maniqueo siempre le han dado factura.
Tampoco lo hace solo por vanidad sino por que ha triunfado.
Lo hace también por que quiere, pero sobre todo por que puede.
Por que así se lo han permitido, quienes compartimos su culpa.
Amolda la realidad de la forma en que le conviene,
Barnizando lo que no lustra sus bronces ni engorda sus alforjas.
Con dulce palabras románticas siempre ha llevado el agua a su molino.
La hipocresía y Maniqueo siempre le han dado factura.
Un crimen no difiere por el balcón donde se juzgue,
Sino que solo se distingue por su naturaleza.
Mi parcial amigo, la realidad siempre ha sido una,
Por mas que ensuciemos el cristal por donde observamos.
Sino, quien te ha dado acaso el derecho de decir lo que es verdad,
Si para ti ella no es unidad sino versiones de quien la mire?
Por mas que ensuciemos el cristal por donde observamos.
Sino, quien te ha dado acaso el derecho de decir lo que es verdad,
Si para ti ella no es unidad sino versiones de quien la mire?
Si a la fuerza, ellos lo han aprendido, ¿cuando lo harás tu,
mi sordo y autoritario amigo?
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poemas y rubores,
Zoon Politikon
Convide Rutero (II)
San Luis fue la gran sorpresa del viaje. San Luis, es otra cosa. Por lo menos, existe una imagen de la familia al poder y, prejuzga, que su crecimiento y desarrollo es una mas de las fantasías acostumbradas de la fauna política.
Sin embargo, en lo que hace a este viaje, San Luis mostró una cara completamente distinta. Desde el ingreso mismo a la Provincia hasta su último metro, se abrió ante mi una majestuosa autopista. El excelente asfalto le dio visa de velocidad al Meriva, quien consumió kilómetros y combustible en forma acelerada. Lejos de ser este un mensaje político, creo con justicia resaltar lo que la provincia puntana me mostró.
El punto alto musical en medio de esa bonanza vial lo dio Chakay Manta, acompañados por mis alaridos y excitación. Por su parte, El Mareao me hizo acordar al Escocés. Quizás por eso me mandó un mensaje a las cuatro de la mañana desde Museum, algo sentimental.
Como comentario simpático – quizás uno mas de los que acompañan a la mencionada familia puntana, recordando aquel casamiento que me encontró compartiendo pista de baile con el ex presidente, quien abrazando una copia de Ingrid Grudke, me comentó eufórico: “¡Trabajando es la única forma que este país sale adelante!” -, toda la autovía se encuentra iluminada por postes de luz ubicados cada cien metros – lo que no es un dato menor -, pintados con colores vivos como el rosado, fucsia, amarillo, azul, colorado, etc. Ninguno blanco o negro. Pintoresco.
A 25 kilómetros de San Luis, sonaron los acordes de los 60 Granaderos. Como es sabido, esta canción comienza diciendo “Bajo el Cristo Redentor”. Me volví a acordar de mi vieja, quien sintió los efectos de la altura en tal excursión, lo que motivo su inconveniente cardíaco y pulmonar, causa de mi viaje a tierras cuyanas. El tema no deja de ser hermoso. De hecho, a pesar de todo, justamente genera la emoción de los aventureros cuando el guía de la excursión lo reproduce al llegar al sitio. Pensé en San Martin, nuevamente.
Como último comentario, a cuento de la amenaza del cambio climático, me llamó la atención encontrar en San Luis un paisaje similar al pampeano, con sus cuadros multicolores, en variaciones emparentadas con el amarillo y el verde. Según me comentarían después, ello se debe a que la provincia puntana estaría gozando de mayores índices de precipitaciones que las provincias de la pampa húmeda.
En el peaje entre San Luis y Villa Mercedes, felicité al puntano del peaje por la autopista recorrida y me dispuse a alcanzar la segunda de dichas ciudades, ávido de combustible y descanso para mis piernas. Ya en la YPF, me pareció apropiado darle un descanso a Los Chalchas e ingresar a la gran Córdoba escuchando los chistes del Negro Álvarez. Jamás pensé que iba a pagar $28 por un disco de chistes. En fin. El viaje seguía siendo una gran experiencia.
Sin embargo, en lo que hace a este viaje, San Luis mostró una cara completamente distinta. Desde el ingreso mismo a la Provincia hasta su último metro, se abrió ante mi una majestuosa autopista. El excelente asfalto le dio visa de velocidad al Meriva, quien consumió kilómetros y combustible en forma acelerada. Lejos de ser este un mensaje político, creo con justicia resaltar lo que la provincia puntana me mostró.
El punto alto musical en medio de esa bonanza vial lo dio Chakay Manta, acompañados por mis alaridos y excitación. Por su parte, El Mareao me hizo acordar al Escocés. Quizás por eso me mandó un mensaje a las cuatro de la mañana desde Museum, algo sentimental.
Como comentario simpático – quizás uno mas de los que acompañan a la mencionada familia puntana, recordando aquel casamiento que me encontró compartiendo pista de baile con el ex presidente, quien abrazando una copia de Ingrid Grudke, me comentó eufórico: “¡Trabajando es la única forma que este país sale adelante!” -, toda la autovía se encuentra iluminada por postes de luz ubicados cada cien metros – lo que no es un dato menor -, pintados con colores vivos como el rosado, fucsia, amarillo, azul, colorado, etc. Ninguno blanco o negro. Pintoresco.
A 25 kilómetros de San Luis, sonaron los acordes de los 60 Granaderos. Como es sabido, esta canción comienza diciendo “Bajo el Cristo Redentor”. Me volví a acordar de mi vieja, quien sintió los efectos de la altura en tal excursión, lo que motivo su inconveniente cardíaco y pulmonar, causa de mi viaje a tierras cuyanas. El tema no deja de ser hermoso. De hecho, a pesar de todo, justamente genera la emoción de los aventureros cuando el guía de la excursión lo reproduce al llegar al sitio. Pensé en San Martin, nuevamente.
Como último comentario, a cuento de la amenaza del cambio climático, me llamó la atención encontrar en San Luis un paisaje similar al pampeano, con sus cuadros multicolores, en variaciones emparentadas con el amarillo y el verde. Según me comentarían después, ello se debe a que la provincia puntana estaría gozando de mayores índices de precipitaciones que las provincias de la pampa húmeda.
En el peaje entre San Luis y Villa Mercedes, felicité al puntano del peaje por la autopista recorrida y me dispuse a alcanzar la segunda de dichas ciudades, ávido de combustible y descanso para mis piernas. Ya en la YPF, me pareció apropiado darle un descanso a Los Chalchas e ingresar a la gran Córdoba escuchando los chistes del Negro Álvarez. Jamás pensé que iba a pagar $28 por un disco de chistes. En fin. El viaje seguía siendo una gran experiencia.
martes, 17 de febrero de 2009
Convide Rutero (I)
En una semana muy difícil, hacer el milenio de kilómetros entre Mendoza y Buenos Aires, parecía un remate acorde. Naturalmente, un viaje en soledad genera dudas sobre su tedio. A priori, puede ser entendido mas como una carga que como una ventaja. Asimismo, amén de ser mi debut “rutero” solitario, también era un trayecto desconocido.
Sin embargo, debo aclarar que la Ruta tiene un contenido atractivo: genera las mejores conversaciones, es un espacio para la reflexión, se puede escuchar buena música. La Ruta, en cierto sentido, dispara los mismos sentidos que el mar y su tranquilidad.
Mendoza es una ciudad maravillosa, recomendable. Es prueba viva respecto de los logros que se pueden tener con planificación e inteligencia. Siendo una zona de escasa humedad, no hay calle que no esté cerrada por un frondoso techo arbóreo. No hay en el país veredas más anchas y cómodas que las mendocinas. En cada esquina puede verse el respeto, casi religioso, por las normas de tránsito.
Con este antecedente, la excelente autovía que despide la ciudad es una muestra más de aquella recomendación. Pasado el mediodía, el bólido prestado enfiló hacia el Este, en busca del destino marcado. Repetí varias veces, como lo escuché a lo largo de la semana con esa dulce entonación cuyana, “Que t´vaia bonito”.
Debo confesar que a lo largo de varios kilómetros, estuve tentado a dejarme subyugar por alguno de esos carteles que prometían los mejores vinos artesanales y pateros, sin mencionar las tentadoras bodegas turísticas. Resolví seguir, seguro de no poder contenerme ante una gentil degustación.
La autopista mendocina corta su veloz paso un poco después de la localidad de San Martín. Según el experto sanmartiniano R.P. Walter, esta localidad lleva el nombre del mayor prócer argentino (Maradona no sabe un cuerno de nada, y menos si propone otras figuras para tal honor; mucho menos lo sabe Hamilton, a quien también el excusado lo debe haber encontrado mas de una vez agitando su adolescencia) en virtud que allí se encontraba el campo del General. Éste, terminada la – heroica - campaña de los Andes, devolvió dichas hectáreas en virtud que estas le habían sido entregadas por el Gobierno de la Provincia como colaboración en su labor, el cual él ya entendía concluida. Si bien ello es lo debido, en el país de la dádiva y el cohecho, es extraño ver este tipo de acciones y, al menos, es justo mencionarlo.
Aquel General argentino – uno de los pocos ejemplos en la historia sobre los que pueden decirse que el personaje dejó al poder y no al revés - también ha motivado en la provincia cuyana que diversas calles, pasajes, parques, cerros, comercios, y básicamente todo aquello que puede ser bautizado, lleve su nombre.
Volviendo al periplo, como dijimos, la ruta mostró por primera vez su lado agreste, con un asfalto emparchado y de simple vía. En un escenario así, tuve que sacar mi mano derecha del “apoya-cabezas” del asiento lateral y prestar más atención a sobrepasos y velocidades.
Pensando en mi gran amigo Filip (de meteórica y felizmente envidiable carrera profesional), recordé que me había prestado como acompañante de viaje los 50 Años de Los Chalchaleros. “Ruta, folclore y mate, siempre es una buena idea” pensé.
Acomodado el reproductor, entre Colonia Sur y las Chacritas, los desechos diseminados en el camino daban cuenta de la grave imprudencia vivida entre una camioneta y un camión con transporte de cervezas. No viendo ninguno de los participantes del siniestro, pensé macabramente que el alcohol no es recomendable para conducir.
Salido de la larga fila de autos que el control policial ordenó, sonaron los acoples de Zamba de Vargas, los cuales siempre conmueven el corazón nacionalista del historiador arriba mencionado. Como dije, la ruta es buen espacio para escuchar música y, subido el volumen, me enteré de aquella batalla, quizás, génesis de la rivalidad entre Riojanos y Santiagueños.
"Bravos santiagueños
-dijo Taboada-
vencer o la muerte
vuelvan su cara.
Por la tierra querida,
demos la vida para triunfar"
Y ahí no más a la banda
la vieja zamba mandó a tocar".
Confieso que esta estrofa me dio la piel de pollo las cuatro veces seguidas que reproduje la canción.
Varios kilómetros antes del Desaguadero (límite entre Mendoza y San Luis) me llevé la primera sorpresa de esta repetida viveza criolla. En una ruta carcomida y de carriles individuales, en un páramo de la pre cordillera argentina, displicente y risueña, se erige una cabina de peaje. Por dos pesos y pico…te dejan seguir transitando por una ruta que no muestra mejora visible. Consultado el indiferente muchacho sobre cual era el concepto que se estaba pagando, me dijo fríamente “San Martin - Desaguadero”…¡el trayecto que no es autopista! Creo que este incidente, de alguna manera, prueba que los mendocinos son argentinos, a pesar de todo.
Los Chalchas siguieron el viaje hasta el mismo Desaguadero. Metros antes, nublaron mi vista con Mama Vieja. Quien repase su letra entenderá su prosa sensible, sobre todo si el viaje de turno fue por un amague cardíaco de la mía.
Sin embargo, debo aclarar que la Ruta tiene un contenido atractivo: genera las mejores conversaciones, es un espacio para la reflexión, se puede escuchar buena música. La Ruta, en cierto sentido, dispara los mismos sentidos que el mar y su tranquilidad.
Mendoza es una ciudad maravillosa, recomendable. Es prueba viva respecto de los logros que se pueden tener con planificación e inteligencia. Siendo una zona de escasa humedad, no hay calle que no esté cerrada por un frondoso techo arbóreo. No hay en el país veredas más anchas y cómodas que las mendocinas. En cada esquina puede verse el respeto, casi religioso, por las normas de tránsito.
Con este antecedente, la excelente autovía que despide la ciudad es una muestra más de aquella recomendación. Pasado el mediodía, el bólido prestado enfiló hacia el Este, en busca del destino marcado. Repetí varias veces, como lo escuché a lo largo de la semana con esa dulce entonación cuyana, “Que t´vaia bonito”.
Debo confesar que a lo largo de varios kilómetros, estuve tentado a dejarme subyugar por alguno de esos carteles que prometían los mejores vinos artesanales y pateros, sin mencionar las tentadoras bodegas turísticas. Resolví seguir, seguro de no poder contenerme ante una gentil degustación.
La autopista mendocina corta su veloz paso un poco después de la localidad de San Martín. Según el experto sanmartiniano R.P. Walter, esta localidad lleva el nombre del mayor prócer argentino (Maradona no sabe un cuerno de nada, y menos si propone otras figuras para tal honor; mucho menos lo sabe Hamilton, a quien también el excusado lo debe haber encontrado mas de una vez agitando su adolescencia) en virtud que allí se encontraba el campo del General. Éste, terminada la – heroica - campaña de los Andes, devolvió dichas hectáreas en virtud que estas le habían sido entregadas por el Gobierno de la Provincia como colaboración en su labor, el cual él ya entendía concluida. Si bien ello es lo debido, en el país de la dádiva y el cohecho, es extraño ver este tipo de acciones y, al menos, es justo mencionarlo.
Aquel General argentino – uno de los pocos ejemplos en la historia sobre los que pueden decirse que el personaje dejó al poder y no al revés - también ha motivado en la provincia cuyana que diversas calles, pasajes, parques, cerros, comercios, y básicamente todo aquello que puede ser bautizado, lleve su nombre.
Volviendo al periplo, como dijimos, la ruta mostró por primera vez su lado agreste, con un asfalto emparchado y de simple vía. En un escenario así, tuve que sacar mi mano derecha del “apoya-cabezas” del asiento lateral y prestar más atención a sobrepasos y velocidades.
Pensando en mi gran amigo Filip (de meteórica y felizmente envidiable carrera profesional), recordé que me había prestado como acompañante de viaje los 50 Años de Los Chalchaleros. “Ruta, folclore y mate, siempre es una buena idea” pensé.
Acomodado el reproductor, entre Colonia Sur y las Chacritas, los desechos diseminados en el camino daban cuenta de la grave imprudencia vivida entre una camioneta y un camión con transporte de cervezas. No viendo ninguno de los participantes del siniestro, pensé macabramente que el alcohol no es recomendable para conducir.
Salido de la larga fila de autos que el control policial ordenó, sonaron los acoples de Zamba de Vargas, los cuales siempre conmueven el corazón nacionalista del historiador arriba mencionado. Como dije, la ruta es buen espacio para escuchar música y, subido el volumen, me enteré de aquella batalla, quizás, génesis de la rivalidad entre Riojanos y Santiagueños.
"Bravos santiagueños
-dijo Taboada-
vencer o la muerte
vuelvan su cara.
Por la tierra querida,
demos la vida para triunfar"
Y ahí no más a la banda
la vieja zamba mandó a tocar".
Confieso que esta estrofa me dio la piel de pollo las cuatro veces seguidas que reproduje la canción.
Varios kilómetros antes del Desaguadero (límite entre Mendoza y San Luis) me llevé la primera sorpresa de esta repetida viveza criolla. En una ruta carcomida y de carriles individuales, en un páramo de la pre cordillera argentina, displicente y risueña, se erige una cabina de peaje. Por dos pesos y pico…te dejan seguir transitando por una ruta que no muestra mejora visible. Consultado el indiferente muchacho sobre cual era el concepto que se estaba pagando, me dijo fríamente “San Martin - Desaguadero”…¡el trayecto que no es autopista! Creo que este incidente, de alguna manera, prueba que los mendocinos son argentinos, a pesar de todo.
Los Chalchas siguieron el viaje hasta el mismo Desaguadero. Metros antes, nublaron mi vista con Mama Vieja. Quien repase su letra entenderá su prosa sensible, sobre todo si el viaje de turno fue por un amague cardíaco de la mía.
Adelante se abría San Luis, sorprendente, en una segunda estapa del viaje.
miércoles, 4 de febrero de 2009
El Roger
Diego lloraba - y nosotros también lo hacíamos con él - en aquel Junio perdido de 1990. Es verdad que en esa época ya contaba sobre sus espaldas con el lastre que hoy lo sigue haciendo impermeable. El amor incondicional de muchos por hacer lo que hace y decir lo que dice. Ser quien es: el Diego. Pero aquella noche sentimos como él y nos hermanamos con su protección.
El domingo 1ero de Febrero de 2009, Roger Federer nos hizo quererlo un poco más y se ganó un poco de aquel “lastre”. Rod Laver cambiaba de manos frente a sus ojos, y ellos no contenían la decepción. Claro, no es lo mismo un suizo de un argentino, no?. Y tampoco vemos posible que “El Roger” diga que se va a “vacunar” a la “gordi” – quién tendrá mejor puntería que ella, no? -; o que diga que “Nadal debutó con un pibe y por eso se saca los lienzos del orto”, etc. Pero, sin lugar a dudas, hoy lo bancamos un poco mas.
El domingo 1ero de Febrero de 2009, Roger Federer nos hizo quererlo un poco más y se ganó un poco de aquel “lastre”. Rod Laver cambiaba de manos frente a sus ojos, y ellos no contenían la decepción. Claro, no es lo mismo un suizo de un argentino, no?. Y tampoco vemos posible que “El Roger” diga que se va a “vacunar” a la “gordi” – quién tendrá mejor puntería que ella, no? -; o que diga que “Nadal debutó con un pibe y por eso se saca los lienzos del orto”, etc. Pero, sin lugar a dudas, hoy lo bancamos un poco mas.
viernes, 30 de enero de 2009
Norah y el tiempo
Norah Jones canta su canción,
mientras el reloj devora mi mañana laboral.
Intenta distraerme de mis obligaciones "urgentes".
Lo hace por que sabe que tendrá éxito.
que me acordaré de vos, pidiéndome que la pase otra vez.
Y, en eso, buscaré con el cursor la página virgen del monitor,
intentando escribirte lo que me inspira esa canción.
El tiempo sigue apurando y, en verdad, no me puedo demorar.
Pero creo que al menos, un segundo, vale la pena esperar.
Sonreir solo en mi oficina y pensar en tus muecas divertidas.
En tu piel de porcelana y gestos de enamorada.
El reloj no le da tregua a nadie,
pero creo que el mundo no va a explotar
si me detengo solo un segundo a decirte que soy feliz,
Y que te amo de la única forma que es posible.
mientras el reloj devora mi mañana laboral.
Intenta distraerme de mis obligaciones "urgentes".
Lo hace por que sabe que tendrá éxito.
que me acordaré de vos, pidiéndome que la pase otra vez.
Y, en eso, buscaré con el cursor la página virgen del monitor,
intentando escribirte lo que me inspira esa canción.
El tiempo sigue apurando y, en verdad, no me puedo demorar.
Pero creo que al menos, un segundo, vale la pena esperar.
Sonreir solo en mi oficina y pensar en tus muecas divertidas.
En tu piel de porcelana y gestos de enamorada.
El reloj no le da tregua a nadie,
pero creo que el mundo no va a explotar
si me detengo solo un segundo a decirte que soy feliz,
Y que te amo de la única forma que es posible.
jueves, 22 de enero de 2009
Super Totó
Tomás es un toro. “Tiene una moral de acero” dicen por ahí. Me descoloca permanentemente: te desafía desde su metro diez con ojos firmes pero después se acuesta con vos a ver tele y te hace “mimitos” mientras se duerme. El poder de convencimiento.
Su único ídolo es la misma persona con la cual compite todo el tiempo, quien además ejerce el papel de mejor amigo, maestro, tutor y enemigo acérrimo. Me hace acordar a mi mismo cuando perseguía a mi hermano por todo el barrio.
Tomás me dan ganas de ser padre, y que mis hijos sean como él (calculo que “Pedrito” no se le va a diferenciar mucho). Me sigue doliendo no poder decirle “ahijado” aunque las palabras después me lo reconocieran. Igualmente, hoy solo sería un título.
A él le escribo entonces – para cuando aprenda a leer y el sur me reciba con sus vientos – que será un placer seguir teniéndole el “si fácil”.
Su único ídolo es la misma persona con la cual compite todo el tiempo, quien además ejerce el papel de mejor amigo, maestro, tutor y enemigo acérrimo. Me hace acordar a mi mismo cuando perseguía a mi hermano por todo el barrio.
Tomás me dan ganas de ser padre, y que mis hijos sean como él (calculo que “Pedrito” no se le va a diferenciar mucho). Me sigue doliendo no poder decirle “ahijado” aunque las palabras después me lo reconocieran. Igualmente, hoy solo sería un título.
A él le escribo entonces – para cuando aprenda a leer y el sur me reciba con sus vientos – que será un placer seguir teniéndole el “si fácil”.
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Familia
miércoles, 21 de enero de 2009
Chapas (Poesía Criolla)
El canto oxidado del cuchillo olvidado
disfruta del filo renovado dado en verano.
Y en las tierras del sur ha encontrado,
lo que hasta ayer parecía haber olvidado.
Reyertas relegadas salieron al cruce,
como si fueran mosca detrás del dulce.
La chaira reluciente le saca provecho,
aunque, a veces, necesite un sortilegio.
Sin poesía y con poca elegancia,
la fiesta se fue armando sola.
Las noches de playa movían la cola,
Y a los gritos la luna mostraba la hilacha.
Si bien las rimas no son fuerte del remitente,
Estas palabras las escucha quien las entiende.
Me pone contento su masculina entrega,
Chapas bien clavadas, nunca se vuelan.
disfruta del filo renovado dado en verano.
Y en las tierras del sur ha encontrado,
lo que hasta ayer parecía haber olvidado.
Reyertas relegadas salieron al cruce,
como si fueran mosca detrás del dulce.
La chaira reluciente le saca provecho,
aunque, a veces, necesite un sortilegio.
Sin poesía y con poca elegancia,
la fiesta se fue armando sola.
Las noches de playa movían la cola,
Y a los gritos la luna mostraba la hilacha.
Si bien las rimas no son fuerte del remitente,
Estas palabras las escucha quien las entiende.
Me pone contento su masculina entrega,
Chapas bien clavadas, nunca se vuelan.
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Ayer: historias y recuerdos
martes, 20 de enero de 2009
Romance del Malevo
Yo no atrancaba la puerta
de mi rancho ni durmiendo...
para que?... si al lao de ajuera,
por malo que juece el tiempo
la enrrejaba de colmillos,
el coraje de mi perro
Cimarrón, medio atigrao
lo hallé perdido en las sierras,
boquiando de agusanao
malo como manga é piedra,
tuve que traerlo enlazao
pa' curarle las bicheras
Y ahí se quedó aquerenciao
compañero de horas lerdas
trotiando abajo el estribo
ni calculaba las leguas
y en donde aflojaba cincha...
se echaba a cuidar mis priendas.
Eso si... muy delicao
manosearlo ni le cuento
se ponía de ojo extraviao
y se le erizaba el pelo
con que tenia bien ganao
su apelativo....... ”El Malevo”
Que animal capacitao
pa'l trabajo en campo abierto
había que verlo al mentao
trajinando en un rodeo
de ser cristiano clavao
que era dotor ese perro.
¿yo echar tropilla al corral?
le chiflaba entre los dedos
Y embretao en el chiflido
Me los traíba clina al viento
Y era un abrojo priendido
A los garrones del trueno.
Una vez bandeando tropa
con mucha agua en el Río Negro
caí quebrao de un apretón
entre un remolino é cuernos
y me gano la mollera
la oscuridad y el silencio.
cuando volví a abrir los ojos
cruzaba una nube el cielo
gemidos y lambetazos
llegaban como de lejos
redepente compriendí
medio me senté en el suelo
para entregarle las gracias
“hermano de ésta te quedo debiendo”
no me halla ni el pan bendito
si no me sacas “Malevo”
y una inmensa gratitud
se me atracó en el garguero.
Gueno, la cosa pasó
yo dentre pa'l casamiento
hice el horno, la cocina...
mi rancho estiró un alero
y en su chúcara clinera
charqueó el arroró y el rezo
A los dos años
gateaba mi gurí sobre un peleo
o andaba por el guardapatio
priendido a la cruz del perro
ah!! porque él me le sacó
las cosquillas al Malevo.
Lo habrá tomao por cachorro
de su cría el pendenciero
le soportaba imprudencias
se priestaba pa' sus juegos
y ande amenazaba caerse
se le echaba bajo el cuerpo.
La cosa jue tan de golpe
que hasta me parece cuento
fue después de un mediodía
como pa' fines de eneroy
o me había echao en el catrepa'
descabezar un sueño
La patrona trajinaba
prosiando con el borrego
y un redepente aquel grito
como de terror ¡ROSENDOOO!
Y ya me pelé pa'l patio
Manotiando un caronero.
Ella estaba contra el horno
Tartamudeando en silencio
Tenía el guricito alzao
tembloroso contra el pecho
y avanzando agazapao
como una fiera... mi perro.
Enseñaba unos colmillos como puñales
los pelos se le habían puesto de un modo
que costaba conocerlo
y en la brasa de sus ojos
se habían quemao los recuerdos.
De un salto me le puse en frente
le pegue el grito ¡MALEVO!
Le vi soltar una baba
Esta rabioso ROSENDO!
No te me acerques hermano
No te me acerques hermano
Echa pa' tras...
echa pa' tras¡ Fuera perro !!!
Redepente me saltó
ladié pa' un costao el cuerpo
y sentí como la mano
le topaba contra el pecho
y cayó casi sin ruido
como una jerga en el suelo.
cuando lo miré los ojos
se le habían puesto muy guenos
como dándome la gracias
se le acortaba el resuello
se arrastró .... lamió mis pieces
y me broto un lagrimeo.
No tenía pa' elegir
hermano tabas enfermo
fue por el cachorro sabes?
de no, no lo hubiera hecho !!
meneo la cola una vez, dos veces...
y quedó muerto.
Por eso es que desde entonces
no me gusta tener perro
y cuando voy de a caballo
me parece que lo siento
seguir abajo el estribo
trote y trote por el tiempo.
Al recuerdo de mi amigo la Tota Rojo.
de mi rancho ni durmiendo...
para que?... si al lao de ajuera,
por malo que juece el tiempo
la enrrejaba de colmillos,
el coraje de mi perro
Cimarrón, medio atigrao
lo hallé perdido en las sierras,
boquiando de agusanao
malo como manga é piedra,
tuve que traerlo enlazao
pa' curarle las bicheras
Y ahí se quedó aquerenciao
compañero de horas lerdas
trotiando abajo el estribo
ni calculaba las leguas
y en donde aflojaba cincha...
se echaba a cuidar mis priendas.
Eso si... muy delicao
manosearlo ni le cuento
se ponía de ojo extraviao
y se le erizaba el pelo
con que tenia bien ganao
su apelativo....... ”El Malevo”
Que animal capacitao
pa'l trabajo en campo abierto
había que verlo al mentao
trajinando en un rodeo
de ser cristiano clavao
que era dotor ese perro.
¿yo echar tropilla al corral?
le chiflaba entre los dedos
Y embretao en el chiflido
Me los traíba clina al viento
Y era un abrojo priendido
A los garrones del trueno.
Una vez bandeando tropa
con mucha agua en el Río Negro
caí quebrao de un apretón
entre un remolino é cuernos
y me gano la mollera
la oscuridad y el silencio.
cuando volví a abrir los ojos
cruzaba una nube el cielo
gemidos y lambetazos
llegaban como de lejos
redepente compriendí
medio me senté en el suelo
para entregarle las gracias
“hermano de ésta te quedo debiendo”
no me halla ni el pan bendito
si no me sacas “Malevo”
y una inmensa gratitud
se me atracó en el garguero.
Gueno, la cosa pasó
yo dentre pa'l casamiento
hice el horno, la cocina...
mi rancho estiró un alero
y en su chúcara clinera
charqueó el arroró y el rezo
A los dos años
gateaba mi gurí sobre un peleo
o andaba por el guardapatio
priendido a la cruz del perro
ah!! porque él me le sacó
las cosquillas al Malevo.
Lo habrá tomao por cachorro
de su cría el pendenciero
le soportaba imprudencias
se priestaba pa' sus juegos
y ande amenazaba caerse
se le echaba bajo el cuerpo.
La cosa jue tan de golpe
que hasta me parece cuento
fue después de un mediodía
como pa' fines de eneroy
o me había echao en el catrepa'
descabezar un sueño
La patrona trajinaba
prosiando con el borrego
y un redepente aquel grito
como de terror ¡ROSENDOOO!
Y ya me pelé pa'l patio
Manotiando un caronero.
Ella estaba contra el horno
Tartamudeando en silencio
Tenía el guricito alzao
tembloroso contra el pecho
y avanzando agazapao
como una fiera... mi perro.
Enseñaba unos colmillos como puñales
los pelos se le habían puesto de un modo
que costaba conocerlo
y en la brasa de sus ojos
se habían quemao los recuerdos.
De un salto me le puse en frente
le pegue el grito ¡MALEVO!
Le vi soltar una baba
Esta rabioso ROSENDO!
No te me acerques hermano
No te me acerques hermano
Echa pa' tras...
echa pa' tras¡ Fuera perro !!!
Redepente me saltó
ladié pa' un costao el cuerpo
y sentí como la mano
le topaba contra el pecho
y cayó casi sin ruido
como una jerga en el suelo.
cuando lo miré los ojos
se le habían puesto muy guenos
como dándome la gracias
se le acortaba el resuello
se arrastró .... lamió mis pieces
y me broto un lagrimeo.
No tenía pa' elegir
hermano tabas enfermo
fue por el cachorro sabes?
de no, no lo hubiera hecho !!
meneo la cola una vez, dos veces...
y quedó muerto.
Por eso es que desde entonces
no me gusta tener perro
y cuando voy de a caballo
me parece que lo siento
seguir abajo el estribo
trote y trote por el tiempo.
Al recuerdo de mi amigo la Tota Rojo.
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Letras
lunes, 19 de enero de 2009
Hablar es mentir
Hablar es mentir. La verdad se refleja en las cosas y sus esencias. La realidad esta en los mismos hechos que nos describen. Las intenciones se cuelan en las acciones de los hombres y no detrás del prisma de las letras. Las voces se distorsionan con el espacio, los ruidos y los intereses. Hablar es mentir.
sábado, 17 de enero de 2009
Sur
La cuenta regresiva de estas vacaciones esta llegando a su punto cero. Mañana es día de petates, bolsas y bolsos.
El inventario culinario dirá que se hizo un lechón, un salmón y varias pizzas caseras al horno de barro; un cordero a la parrilla, brochettes de langostinos y varios asados; y una cazuela de mariscos, rabas y un pollo al disco, entre otras cuestiones menores.
Fueron 19 días netos. La mayoría de ellos comenzados en el dúplex de la playa. Continuamente pensaba en que tenía que escribir algo en este blog y que el material era bueno. El mar y la naturaleza, mi familia o la petisa, regalaban inspiración. Lo cierto es que los minutos contados delante del teclado eran escasos y acelerados. Siempre había algo mejor para hacer en ese momento. Algunas cosas quizás tengan la chance de ver la luz en este espacio en los días venideros.
Sin embargo, por breve que sea, puedo decir lo mejor que me dejó este verano: confirmar que este es mi lugar. Esta es mi tierra. De aquí soy y algún día volveré, definitivamente. No se cuando. O mejor si y me lo guardo.
No es para que mis conocidos empiecen a suponer finales. Solo saber, y entender, que aquí el viento sopla distinto para mi. Que el sol me quema de otra manera y el mar me suele contar sus cosas, además de escucharme con atención. Acá están mis raíces: se conservan en todas las esquinas con mis anécdotas. Se reflejan en las miradas de mis viejos y el plan que tengo para su vejez. Acá es donde veré a mis sobrinos hacerse hombres y, quizás, seguir un camino como el mío.
Pero por sobre todo, acá es donde mis hijos correrán descalzos. Donde salgan sin controles exagerados. Acá es donde todo pasará en adelante y la historia será interesante. La felicidad tiene domicilio en la Patagonia.
Espero me perdonen los amigos mas cercanos – mi única pérdida - y aquellos que me asignan otros planes. Hoy, para mañana, los tengo distintos. Hoy, sin ánimos de irme, ya tengo resuelto volver.
lunes, 5 de enero de 2009
viernes, 2 de enero de 2009
Mirada
El viejo apunta, como propuesta jocosa, que vaya anotanto todas las cosas que no están saliendo bien o, por lo menos, que no son del todo prolijas en la reunión del primero a la noche. Pide también que cuente en el “bloj” algunas “anedas” desafortunadas de la familia, como por ejemplo, la explosión del extractor de aire el día que la petisa fue por primera vez a comer a casa.
Pero miro a mi alrededor y veo a mi hermano cocinándonos por primera vez. Veo a la familia toda reunida con ánimos que hace tiempo no había. Veo el patio nuevo y una noche bajo la parra que será el combustible del año entrante. Los chicos, cada vez mas grandes, que hinchan las pelotas por toda la casa. Mi vieja bailando la cumbia noventosa.
No se, viejo que decirte. Perdoname que te defraude. Me parece que el apunte pasó por otro lado. Igual creo que vos lo sabés: cuando la gente se disipa, tu sonrisa no habla de errores jocosos sino de pequeños placeres de la vida y la familia.
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jueves, 1 de enero de 2009
Lechón, humo y terracota
Cuatro caballeros, tres de ellos muñidos de copas de champagne y habanos castristas. Tocan temas de conversación que no serán recordados en la mañana, en una noche de luces en el cielo y ruido en el corazón. A pasos, el horno envolvente de estreno con el patio, muestra los restos del Schwainebraten de año nuevo. Reunión masculina en el patio terracota. Expedito mira a unos metros, prometiendo otro año de acompañamiento. El pequeño Toto pregunta que es “eso que tira tanto humo” y Matías pide que se lo saquen de la cara.
La vieja pega un par de gritos, reprochando el apartado masculino. Todos apuran el apague de los cigarros, para entrar rápido al living y seguir persiguiendo garrapiñadas, preguntando si la anterior fue la última botella.
Que el 2009 lo cierren con objetivos cumplidos y promesas renovadas.
La vieja pega un par de gritos, reprochando el apartado masculino. Todos apuran el apague de los cigarros, para entrar rápido al living y seguir persiguiendo garrapiñadas, preguntando si la anterior fue la última botella.
Que el 2009 lo cierren con objetivos cumplidos y promesas renovadas.
lunes, 29 de diciembre de 2008
Ese arroyo...
Ese arroyo me supo hablar en el momento justo. Siempre las corrientes de agua me han sabido aconsejar al oído. Después fue toda calma y fluir. Como ese arroyo serrano. Las cosas han cambiado como él mismo, de un momento a otro. Y no encuentra motivo sentir con el corazón de ayer.
Más tarde, el mismo – pero distinto – arroyo, escuchó la mejor charla que he tenido con mi suegro hasta la fecha. Esta vez fue testigo y no consejero. El Brut de vidrio verde en huecos ananaes, fue suavizando una buena charla entre el humo de nuestros cigarros cubanos. Nos contamos algo más que el protocolo y entendimos lo que se esconde detrás de las etiquetas.
De salida, como siempre, salude su corriente revuelta. Sonreí de costado y volví a agradecer su presencia.
Más tarde, el mismo – pero distinto – arroyo, escuchó la mejor charla que he tenido con mi suegro hasta la fecha. Esta vez fue testigo y no consejero. El Brut de vidrio verde en huecos ananaes, fue suavizando una buena charla entre el humo de nuestros cigarros cubanos. Nos contamos algo más que el protocolo y entendimos lo que se esconde detrás de las etiquetas.
De salida, como siempre, salude su corriente revuelta. Sonreí de costado y volví a agradecer su presencia.
lunes, 15 de diciembre de 2008
El Cuervo
El Cuervo tuerce la mano derecha mientras sostiene el vaso largo de plástico semi transparente, con el fernet ya caliente. Los dedos índice y mayor sostienen el LM prendido cinco segundo después del anterior. Pantalón pinzado claro, sweater oscuro y una camisa debajo. Zapatillas de tenis blancas.
Entre las luces del boliche y el humo de su cigarrillo, otea su cara enfrentando al grupo de minitas que baila desentendidas. El Cuervo y su estado deciden que una de ellas le está “histeriqueando”. Se queda parado, mirándola, como escondido entre el antebrazo y hombro derecho, detrás del vaso cada vez mas caliente. Sus ojos risueños le dicen a ella que se esta haciendo la boluda, que él ya se dio cuenta, que la tiene muerta y que está dispuesto a comerla ahí mismo.
Alguna otra noche hubiese optado por hacerle su paso rock registrado. Pero ya es algo tarde para transpirar. Impaciente, la toma de la mano y le clava los dientes en la mejilla derecha. El vaso vuela a la mierda ante el manotazo asustado de la rubia.
Entre las luces del boliche y el humo de su cigarrillo, otea su cara enfrentando al grupo de minitas que baila desentendidas. El Cuervo y su estado deciden que una de ellas le está “histeriqueando”. Se queda parado, mirándola, como escondido entre el antebrazo y hombro derecho, detrás del vaso cada vez mas caliente. Sus ojos risueños le dicen a ella que se esta haciendo la boluda, que él ya se dio cuenta, que la tiene muerta y que está dispuesto a comerla ahí mismo.
Alguna otra noche hubiese optado por hacerle su paso rock registrado. Pero ya es algo tarde para transpirar. Impaciente, la toma de la mano y le clava los dientes en la mejilla derecha. El vaso vuela a la mierda ante el manotazo asustado de la rubia.
Una vez más, calmamos a los que quieren cagarlo a trompadas, quien se va riendo, siguiendo con la mirada a su rubia histérica.
viernes, 5 de diciembre de 2008
La venganza será terrible
La noche del casamiento confirmé que era un verdadero pelotudo. Confirmé otra cosa también: que la mala onda era recíproca. Un serio apretón de manos a la entrada de la Iglesia y ningún diálogo cuando la fiesta recién empezaba y la barra nos encontró acodados uno al otro.
En pleno carnaval carioca, el Enano Sádico – si bien se escondía tras el anonimato de una máscara de plástico, lo revelaba su estatura de elfo- hizo su movida: descargó un chorro de espuma de nieve sobre mi cara.
Recordé – sin esfuerzo alguno – los acontecimientos de la despedida de soltero, y la ira no tardó en invadir mis venas germanas. Lo tomé de la cara con mi mano izquierda – toda extendida sobre la parte frontal de su cráneo de hobbit -, bajando y rompiendo su careta sonriente. Mi mano izquierda lo tomó luego del lado opuesto de su cráneo, poniendo al Enano Sádico de frente a mis rodillas. Mi espuma de nieve se fue acumulando sobre su rostro desnudo. Las fosas nasales, los ojos, la boca. No arriesgo demasiado, incluso, apostando una mínima ingesta.
Cuando lo solté, volvió en si con el rostro inyectado en sangre – lo advertimos, claro, cuando retiro algo del producto festivo -. Se colgó la careta nuevamente – lo que quedaba de ella -, y se perdió en la multitud. El Ruso no paraba de reírse.
Durante un rato estuvo revoloteando enredador con el frasco en mano, viendo – calculo – la oportunidad de una revancha limpia. Ambos la esperábamos. No tuvo oportunidad.
Espero que el Palmera esté en su luna de miel, tomando tragos tan dulces como el de la venganza. En su honor ha sido en definitiva.
En pleno carnaval carioca, el Enano Sádico – si bien se escondía tras el anonimato de una máscara de plástico, lo revelaba su estatura de elfo- hizo su movida: descargó un chorro de espuma de nieve sobre mi cara.
Recordé – sin esfuerzo alguno – los acontecimientos de la despedida de soltero, y la ira no tardó en invadir mis venas germanas. Lo tomé de la cara con mi mano izquierda – toda extendida sobre la parte frontal de su cráneo de hobbit -, bajando y rompiendo su careta sonriente. Mi mano izquierda lo tomó luego del lado opuesto de su cráneo, poniendo al Enano Sádico de frente a mis rodillas. Mi espuma de nieve se fue acumulando sobre su rostro desnudo. Las fosas nasales, los ojos, la boca. No arriesgo demasiado, incluso, apostando una mínima ingesta.
Cuando lo solté, volvió en si con el rostro inyectado en sangre – lo advertimos, claro, cuando retiro algo del producto festivo -. Se colgó la careta nuevamente – lo que quedaba de ella -, y se perdió en la multitud. El Ruso no paraba de reírse.
Durante un rato estuvo revoloteando enredador con el frasco en mano, viendo – calculo – la oportunidad de una revancha limpia. Ambos la esperábamos. No tuvo oportunidad.
Espero que el Palmera esté en su luna de miel, tomando tragos tan dulces como el de la venganza. En su honor ha sido en definitiva.
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Piel
De frente caminaste hacía mi. Curvilínea, toda vestida de negro. Como tus ojos. Como tu pelo. Miraste por una fracción de tiempo imperceptible, salvo para mi. Cuando estabas por subir el primer escalón, te detuviste como para prestar atención a una amiga, dejando muy poco espacio para poder descender el mismo escalón. Las yemas del índice, medio y anular de mi mano derecha se apoyaron en la parte superior de tu brazo izquierdo. Mientras te pedía permiso los dejé bajar suavemente hasta tu codo. Sentí tu escalofrío. “Me llevo tu piel”, pensé, “no te puedo dejar mucho mas”.
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lunes, 1 de diciembre de 2008
Amigos
"Si dos grandes amigos se pelean por pequeñas diferencias, no eran amigos...y mucho menos grandes" (Anónimo)
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viernes, 21 de noviembre de 2008
Marmol
Cayó pesadamente sobre el piso blanco de mármol. El personal de seguridad se dividió entre quienes se arrojaban sobre su cuerpo y aquellos que buscaban el origen del disparo. Los empleados, horrorizados, gritaron y se escondieron donde pudieron dentro del claro y elegante local. La empleada que sostenía el vestido blanco engarzado en diamantes había tratado de correrlo cuando las manchas de sangre del mandatario saltaron en su búsqueda. No lo logró. El dueño del local pensaba, entre el apuro por cerrar la cortina del negocio, en la mala publicidad que representaba para su exquisita marca el atentado recién producido.
Uno de los agentes habló por su comunicador y no pasaron muchos segundos hasta que entraron media docena más de agentes. Tomaron diversas telas colgadas del local para sujetar la herida de la cual brotaba el líquido pesado y bordó.
El asesino no pudo dar más de diez pasos en su carrera hasta que la bala lo alcanzó justo en la nuca. Otras dos más se alojaron en su espalda. El segundo agente que lo alcanzó – el primero lo apuntaba de menos de dos metros – lo dio vuelta. Era un hombre de unos cuarenta años, con camisa a cuadros, pantalones claros – abiertos en las bocamangas – y zapatillas con suela de yute. Tenía la cara marcada por los años y la piel curtida por el sol. Sus ojos estaban cerrados y su mano derecha todavía sostenía con firmeza el arma homicida. Indudablemente estaba muerto. La sangre de su cabeza brotó por unos minutos formando un gran charco a su alrededor.
Cuando el cuerpo de ella atravesó la puerta principal del paseo de compras, la unidad de cuidados intensivos ya estaba esperando. Allí confirmaron que también había fallecido.
El dueño del local tomó el vestido blanco con diamantes y terminó de arruinarlo tratando de limpiar la sangre sobre el mármol blanco.
Uno de los agentes habló por su comunicador y no pasaron muchos segundos hasta que entraron media docena más de agentes. Tomaron diversas telas colgadas del local para sujetar la herida de la cual brotaba el líquido pesado y bordó.
El asesino no pudo dar más de diez pasos en su carrera hasta que la bala lo alcanzó justo en la nuca. Otras dos más se alojaron en su espalda. El segundo agente que lo alcanzó – el primero lo apuntaba de menos de dos metros – lo dio vuelta. Era un hombre de unos cuarenta años, con camisa a cuadros, pantalones claros – abiertos en las bocamangas – y zapatillas con suela de yute. Tenía la cara marcada por los años y la piel curtida por el sol. Sus ojos estaban cerrados y su mano derecha todavía sostenía con firmeza el arma homicida. Indudablemente estaba muerto. La sangre de su cabeza brotó por unos minutos formando un gran charco a su alrededor.
Cuando el cuerpo de ella atravesó la puerta principal del paseo de compras, la unidad de cuidados intensivos ya estaba esperando. Allí confirmaron que también había fallecido.
El dueño del local tomó el vestido blanco con diamantes y terminó de arruinarlo tratando de limpiar la sangre sobre el mármol blanco.
jueves, 20 de noviembre de 2008
De eso si me acuerdo bien...
Mi viejo siempre me dijo: “En la vida, uno tiene dos preguntas importantes para contestar: ¿a que la voy a dedicar? y ¿con quien la voy a compartir?”. Hace seis años contesté una de ellas.
Lo fui a visitar a él en realidad. Una vez por año, viajaba a Córdoba para visitar a mi mejor amigo. Esas cosas que tiene vivir en el interior hacen que uno termine perdiendo y ganando amistades de acuerdo a la ciudad que se elige para estudiar.
Aquel lunes era feriado – 17 de Agosto – por lo que era buena ocasión para viajar. Llegué el sábado a la mañana temprano. No recuerdo mucho de la llegada y diversas partes del fin de semana. Si recuerdo que al mediodía llegó ella de rendir un examen en la facultad.
Cruzamos dos palabras – había aprobado y se iba a Alta Gracia un par de días con una amiga – y decidimos que lo mejor era ir a buscar comida a la rotisería de la vuelta. Te digo que no me acuerdo que hacía él a todo esto: tenía que estudiar, trabajar, no se, no importa.
Hecho el pedido en la Rotisería – milanesas o pollo con algo, creo, no se, no importa –, salimos a la vereda para esperar y escapar a la fritanga del cuestionable lugar. Me acuerdo – eso si me acuerdo – que se paró en el escalón de la entrada del negocio para quedar más a mi altura. Le pregunté como andaba de novios y demás (Siempre lo hacía. Si bien generalmente jodía al hermano con ella, jamás existieron segundas intenciones: de hecho, la llevaba a la casa de los novios, tenía buena relación con los pibes, etc). Me comentó que había alguien que le gustaba pero no le daba bola. Que estaba de novio y no se podía hacer mucho por ello. Me acuerdo – eso si me acuerdo – que defendí de palabra al pibe (una defensa corporativa: yo también estaba de novio), mientras pensaba lo imbécil que era al perderse alguien como ella. Fue la primera vez que pensé algo así. También de eso me acuerdo bien.
El fin de semana pasó muy tranquilo. Creo. No me acuerdo mucho. Habremos salido los dos días, calculo. El lunes al mediodía él se fue a trabajar y ella volvió de Alta Gracia. Se fue a bañar, mientras yo miraba una película. No me acuerdo que película era.
Ahí fue cuando las cosas cambiaron decididamente. Salió de su cuarto con un pantalón corto, una remera que le quedaba grande….y el pelo mojado. Su pelo rubio mojado. Terminó sentada a mi derecha en el sillón, mirando la película con sus ojos verdes (entenderán por que no recuerdo el nombre). Entre una cosa y otra, tuve el coraje de tomarle la mano. Solo lo hice, sin pensar demasiado en el siguiente paso. Es una realidad que jamás volví a estar tan nervioso como en ese momento. No sabía si decirle algo, intentar un beso, soltarle la mano (Comprenderán que era la hermana de mi mejor amigo y lo mío era una empresa arriesgada, por lo menos. Años después ella me confesaría que también atravesó el mismo camino pero claro, el movimiento tenía que ser mío).
En ese diálogo interno entre conciencia y exaltación – no me olvido más -, escuché el ruido del ascensor. Era el hermano, naturalmente. En pocos segundos tuve que decidir si soltarle la mano – y mostrar mi cobardía – o mantenerme en mi osadía – bajo riesgo que mi amigo, su hermano, se moleste-. No solté su mano, lógicamente.
Después no pasó mucho más. No me acuerdo mucho. Volví a Buenos Aires y manejé la mentira que allí vivía de la mejor forma posible para todos. Comencé a escribirle más mail y llamar a mi amigo mas seguido.
El 16 de Noviembre, ella bajó en Retiro y nos dimos nuestro primer beso. Pasamos el fin de semana juntos. De eso si me acuerdo bien.
martes, 18 de noviembre de 2008
jueves, 6 de noviembre de 2008
(NdeR: Agradecimiento)
El agradecimiento expreso desde estas líneas a la única persona que asiduamente se toma unos minutos de su vida para comentar en alguno de los textos ingresados: Dieguito, amigo mío, esta noche el vino es todo para vos.
Al resto, a los que pasan por aquí sin dejar su recuerdo, sepan que el "0" en "opinólogos" es lo más desmotivante de este pasatiempo.
Si fuera un flogger, me tendría que pegar un tiro.
Atte.
El Alemán.
Al resto, a los que pasan por aquí sin dejar su recuerdo, sepan que el "0" en "opinólogos" es lo más desmotivante de este pasatiempo.
Si fuera un flogger, me tendría que pegar un tiro.
Atte.
El Alemán.
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miércoles, 5 de noviembre de 2008
Sufrimiento
"Tiene que sufrir un poquito, ¿sino para que vino a su despedida de solteros?" (Enano sádico dixit).
Dignidad
"Muchachos, ¡es un travesti pero tiene dignidad!" (RS dixit).
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martes, 4 de noviembre de 2008
Despedida de Soltero
El enano sádico tironeaba la larga cadena de metal provocando el seguimiento del “homenajeado”. El cuello morado de este daba señales de una larga noche, lo que se confirmaba con el arrastre de sus pies, provocado por el reguero vertido a la fuerza en su garganta. El hombre estaba “muerto” y la turba violenta, capitaneada por el enano sádico, no le daba respiro: golpes, torturas, vejámenes y afrentas se venían sucediendo desde temprano en la tarde. Si bien por un momento el homenajeado había disfrutado del comienzo del día, claramente sus ideas habían cambiado con el correr de la noche.
Apenas promediaba el “festejo”, el objeto (tal cual fue tratado) de la reunión no articulaba palabra ni reaccionaba ante los continuos golpes de la manada salvaje. Gracias a Dios, un par de asistentes se reservó la mesura necesaria como para disponer el retiro del agasajado y redireccionar la furia del grupo hacia otras actividades. Así fue como fueron “liberados” como una jauría desbocada hacia un local nocturno de la zona de Núñez. Contentos, se dispusieron a contratar los servicios temporales del tugurio, los cuales no incluían el género que minutos antes forzaban para su “amigo”.
Releyendo las notas de aquella noche, confío esperar que mis amigos se diferencien de esta locura, entendiendo que la finalidad de una despedida de soltero es el agasajo y regocijo de éste y no la crueldad de quienes lo despiden.
Apenas promediaba el “festejo”, el objeto (tal cual fue tratado) de la reunión no articulaba palabra ni reaccionaba ante los continuos golpes de la manada salvaje. Gracias a Dios, un par de asistentes se reservó la mesura necesaria como para disponer el retiro del agasajado y redireccionar la furia del grupo hacia otras actividades. Así fue como fueron “liberados” como una jauría desbocada hacia un local nocturno de la zona de Núñez. Contentos, se dispusieron a contratar los servicios temporales del tugurio, los cuales no incluían el género que minutos antes forzaban para su “amigo”.
Releyendo las notas de aquella noche, confío esperar que mis amigos se diferencien de esta locura, entendiendo que la finalidad de una despedida de soltero es el agasajo y regocijo de éste y no la crueldad de quienes lo despiden.
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viernes, 24 de octubre de 2008
Salida
El malón hediondo, excitado y sudoroso corrió por los pasillos de la casa buscando la puerta de salida. Corrieron tropezándose entre si, yendo hacia la luz del final del corredor. Una de ellas – la rubia - miró para atrás pero la tapó el cuerpo de otra de las chicas. Un revoleo de brazos, pitos y tetas probaban todas las puertas que encontraban a su paso. Carteles de “ocupado” en todas ellas confirmaron la cerrazón en sus picaportes. La masa amorfa, enquilombada, siguió corriendo por el pasillo con paredes de humedad condensada de colorado. Cuando doblaron en la esquina del pasillo, uno de los flacos resbaló y golpeó en una rodilla a la gorda del grupo, quien golpeó seca contra la pared y cayó finalmente en el rincón mas alejado de la curva.
Cuando llegaron finalmente a la puerta de salida, la abrieron de un golpe, pasando todos casi al mismo tiempo. Una vez en el pasillo del edificio, todos descartaron el ascensor prefiriendo la escalera. De nuevo, otro de los pibes resbaló en un escalón y golpeó a la colorada del grupo. Esta vez no fue la mujer quien sacó el peor partido: el flaco, a pesar que se paró y siguió corriendo, lo hizo cogeando como pudo. Se había roto el culo (el coxis le dirían en el hospital horas después) contra el puto escalón.
El portero del edificio quiso parar al más veloz y equipado de ellos, quien se había adelantado, pero al ver que detrás vería la maroma de cuerpos que lo seguían hacia la calle, optó por correrse y pensar “las cosas que pasan en un telo, por favor”.
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La cena
El tenedor entró por el costado derecho de su cuello, justo debajo de su oreja. Hizo fuerza hasta que sintió el hueso chocar contra la punta del utensilio. La sangre brotaba a borbotones y manchaba los cabellos oscuros de la víctima. Como no había agotado su furia con el primer intento, siguió descargando su ira por toda su cara. Clavó sus ojos (logró sacar uno de ellos), sus pómulos y su boca, destrozando sus labios y dientes delanteros. Mantuvo la frente intacta ya que sabía que se trataba de uno de los huesos más duros del cuerpo. La parte frontal del cuello sufrió la peor parte.
Las visitas llegaron mas temprano de lo planeado. Dijo que ella había tenido que salir a cubrir una guardia en el hospital. Tomaron algunas medidas de ron mientras la carne se cocía. Prendió sahumerios que, explicó, procedían de Vietnam. Convidó habanos cubanos y prendió algunas velas con esencias.
La carne era exquisita, según dijeron los invitados. La mayoría aceptó el consejo del anfitrión de probar la carne bien cocida. Había preparado una salsa pesada a base de cerveza y manteca para que no se sintiera muy seca. Todos repitieron y brindaron la genialidad del cocinero, con un poco mas de vino francés.
No había postre preparado ya que era la especialidad de ella. Lamentaron su urgente salida al hospital. Sin embargo, lo remediaron pidiendo un poco de crema sambayón por teléfono aprovechando el wiskey que quedaba para terminar la botella.
Pasadas las tres de la mañana se despidieron. Algunas de las chicas lamentaron su mala suerte por tener que irse a dormir solo cada tanto debido a la profesión de su mujer. “Espero que alguna vez cambie tu suerte”, le dijeron. “Yo creo que pronto”, respondió él.
Los despidió a todos en la puerta de entrada del edificio. Bajó a la cochera del edificio, sacó el auto y se dirigió hacia los pastizales de la zona sur. Al día siguiente, limpió las manchas que quedaban en el drenaje de la bañadera y se sentó a pensar en el sofá del living.
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Matías
Matías tiene once años y me pide jugar a la pelota en la rambla de la playa. Claro, Tomas no duda en querer sumarse al plan. En definitiva, no escapa a la regla del hermano menor. En el sur del país, una de las peores playas de la Argentina (que nos ha ofrecido – no obstante – los mejores momentos de nuestra juventud), nos regala una tarde de poco viento y marea alta. “Mete gol entra” y “Futbol Tenis” llenan los minutos de esta tarde de Octubre. En ambos juegos, Toto hace las veces de árbitro, alcanza pelotas y agresor de su tío (solo cuando Matías deja de estar frente al marcador).
No dentro de mucho tiempo Matías va a ser adolescente. Cada tanto se acordará que tiene un tío viviendo a pocas cuadras de su casa al cual pedirle que le tire unos mangos para salir o le preste el auto un fin de semana (imagino que eso no puede ser peor a que me pida el quincho para hacer un asado con sus treinta compañeros del club).
No se si en ese momento me pondré contento y orgulloso de ver a mi sobrino mayor creciendo y haciendo las atorreantadas que hacia yo a esa edad o extrañaré sus gritos en aquella tarde de primavera. Seguramente, Toto y yo lo seguiremos esperando en la rambla de la playa.
martes, 21 de octubre de 2008
La casa
Inmediatamente lo supo. Las puertas se entreabieron y una bocanada de aire denso cubrió el ambiente y todos sus pensamientos. Bueno, no todos. Le quedó en las fosas nasales el olor dulzon de la muerte y la putrefacción. Imaginó que había pasado suficiente tiempo en esa habitación pero, enseguida, insistió sobre su permanencia. Alguien ya le había advertido al respecto. Volvió su cabeza hacia las puertas, que para esa altura ya se habían vuelto a entornar. El pesado y álgido humo se cortaba con el as de luz que entraba. Era un reflejo brillante. Como si el mismo sol, estuviese sentado a dos metros de la entrada, a pesar que la medianoche ya había pasado hace unas cuantas horas. Pensó en algún momento que, quizás, algún reflector encendido del patio podía estar en dirección hacia la maldita puerta. Pero se trataba de una sala de la casa que daba al pulmón interno del edificio, continuo al paredón del supermecado. Dejó el vaso de fernet recién probado sobre la mesa – un pensamiento fugaz lo hizo pensar en la combinación del sabor del ambiente con la cola de su bebida – y apoyó su mano derecha sobre el respaldo de la silla de madera. Intentó levantarse pero, nuevamente, sintió el viento helado desde la habitación vecina. Esta vez las puertas no se habían abierto. Sus ojos se nublaron por el humo y la ráfaga gélida. Las puertas ahora grises, recién cerradas, había perdido súbitamente su correcto barniz blanco: mostraban grietas y rajaduras como puertas de casas abandonadas. Debajo de las puertas, se notaba todavía brillar el as de luz intenso, continuo, intrigante. Pensó en levantarse y abrir las malditas puertas de una buena vez pero de nuevo se vio postrado en la silla, sin poder enderezar sus piernas. La luz comenzó y las cortinas del cuarto dejaron de moverse. El olor dulzón se transformó en jazmín y de golpe se encontró parado en el medio de la habitación. Caminó un par de pasos hasta las puertas y tanteó el picaporte. No mostraba temperatura alguna. Solo le dio un poco de corriente. Entre el efecto eléctrico y el miedo hicieron que retirara la mano y diera algunos pasos hacia atrás. Unos segundos después, intrigado, volvió a tomar la manija y la giró de una vez, abriéndose ambas hojas de las puertas. La habitación continua tenía las ventanas cerradas y los postigos de metal oxidado con traba. Dio unos pasos en la oscuridad y tanteó la pared hasta que dio con el interruptor de luz. Lo accionó varias veces sin ningún resultado. Se asustó nuevamente. “¿Papá?”, preguntó. “¿Viejo? ¿Sos vos?”, insistió. Tanteó la cama con la mano izquierda y notó que la misma estaba desordenada. Buscó en la mesa de luz continua y encontró la vieja linterna “Everredi” – como escribía el abuelo en el papel de los mandados lo mandaba a comprar pilas -, la cual encendió. Confirmó el desorden de la cama y cierta condensación en las paredes. Enfocó hacia la mesa de luz y vio un vaso de vidrio, con agua hasta la mitad, algunos rastros de huellas y marca de labios sobre el borde. Giró de golpe llevando la luz de la linterna sobre toda la habitación. Se sintió agitado. Enfocó hacia las puertas que se habían cerrado nuevamente. Él no la había escuchado cerrar. Sentía el flujo exacerbado de su sangre correr y golpear contra las venas de su garganta. “Viejo, la puta madre, no jodas mas”, se quejó. Volvió a recorrer la habitación con la linterna unas cuantas veces mas. Quiso ir hacia la puerta pero tropezó con la cama. Cuando se apoyó con la mano derecha, sintió la bolsa de agua caliente sobre los pies de la cama. Le dio luz y la recordó familiar: escocesa azul y roja. Sin poder contener la agitación fue, como pudo, hasta la ventana. Cuando la abrió no entró luz alguna. Como si la misma se hubiese consumado minutos antes cuando él comenzaba a disfrutaba el fernet en la habitación continua. “¡¡¡Viejo, la puta madre!!! ¡¡No te podes poner así!!”, dijo entre jadeos. “¿Que querías que hiciera? No se puede mantener esto así para siempre. Algún día tenía que pasar, no?”, trató de sonar convincente y lógico. La oscuridad de la habitación, si esto era posible, pareció contraerse aún mas. El olor dulzón volvió a impregnar sus fosas nasales. "Hace cinco años que esta todo tapado con sabanas. ¡¿Que carajo que queres que hagamos, la puta que lo parió!?”, gritó con fuerzas. La luz de la linterna tuvo un centellar intenso hasta que se apagó por completo. El sabor a fernet se le fue transformando en desagradable. Sintió áspera la garganta y falto de aire. Escuchó el cristal de la “Everredi” romper contra el piso. Nuevamente no pudo mover los pies. Golpeó fuerte en la loza con las rodillas pero contuvo el dolor. Si bien tenía la boca seca, sentía que tampoco podía tragar. Tenía la garganta cerrada y la nariz tapada con el dulce olor de la muerte. Golpeó con sus costillas derechas el vértice izquierdo de la cama de madera. Con el costado izquierdo golpeo el piso, cortándose el hombro con los vidrios de la linterna. Antes de cerrar los ojos definitivamente sintió voces que retumbaban en las paredes. El olor dulce se transformaba en jazmín nuevamente y la luz volvía a entrar por la puerta raída.
Su cuerpo lo encontró el personal de mudanzas la mañana siguiente. La cama estaba cubierta con una sabana blanca y todos los muebles cubiertos de tierra añeja. Sobre la mesa de la habitación de al lado, la botella de fernet terminada y un vaso de vidrio con agua hasta la mitad, algunos rastros de huellas viejas y marca de labios secos sobre el borde.
ACDC - Black Ice
Estuve escuchando el nuevo disco de ACDC, "Black Ice".
Como dijo Brian Johnson, extrañaba una banda que me haga "mover la patita".
Como dijo Brian Johnson, extrañaba una banda que me haga "mover la patita".
viernes, 17 de octubre de 2008
Muestras
Valeria esta preocupada y siente la angustia en su garganta. Le cuesta horrores mitigar sus viejos vicios. Siempre tuvo un carácter fuerte aunque también fue una buena persona.
Hoy en día, me comentaba, lucha por disimular sus angustias y dejar de generar en sus relaciones la sumisión o interés de siempre.
Espera algún día lograr el objetivo y dejar de sufrir en el intento. Quizás, ahí si, las muestras de afecto sean legítimas.
Hoy en día, me comentaba, lucha por disimular sus angustias y dejar de generar en sus relaciones la sumisión o interés de siempre.
Espera algún día lograr el objetivo y dejar de sufrir en el intento. Quizás, ahí si, las muestras de afecto sean legítimas.
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Cuentos,
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poemas y rubores
martes, 14 de octubre de 2008
Fracaso
"Se dedicará al silencio visto el fracaso de sus pensamientos.
Se recluirá en el vacío sus líneas dejadas marchitas.
Despreciará las rimas que en su momento colmaron sus oídos.
Comenzará a pensar que, quizás, sus gustos no son seguidos,
que sus trazos no son la línea de ninguno.
Dedicará algunos párrafos a aquel cuaderno raído,
Que no sabe de comentarios ni visitantes contados.
Lo hará por un tiempo, sin dudas, hasta que se convenza de lo contrario.
Y se intente, nuevamente, la buenaventura del convidado amigo".
Axel Centurión.
Se recluirá en el vacío sus líneas dejadas marchitas.
Despreciará las rimas que en su momento colmaron sus oídos.
Comenzará a pensar que, quizás, sus gustos no son seguidos,
que sus trazos no son la línea de ninguno.
Dedicará algunos párrafos a aquel cuaderno raído,
Que no sabe de comentarios ni visitantes contados.
Lo hará por un tiempo, sin dudas, hasta que se convenza de lo contrario.
Y se intente, nuevamente, la buenaventura del convidado amigo".
Axel Centurión.
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jueves, 2 de octubre de 2008
Noche de cata
Una exposición de vinos es peligrosa cuando uno no sabe nada de vinos o, mejor dicho, no se concurre guiado por la sed de conocimiento sino por únicamente por la sed.
La Exposición “Vinos y Bodegas” se celebra anualmente en la Sociedad Rural Argentina sobre la última parte del año y es una oportunidad para acercar al público masivo con el sector vitivinícola argentino. Quizás esa masividad hace que no se encuentren las mejores bodegas sino solo aquellas pequeñas, populares o flamantes que buscan ese público, seguramente no calificado como ABC1.
La primera experiencia que tuvieron los chicos fue aproximadamente en el año 2003. En aquella ocasión, Arturo Dieguez, “Palmera” Benvenutti, Filip Azcuenaga y Willy Schweinsteiger llegaron expectantes al sector indicado para la muestra anual. También estaba, como invitado de la comitiva, el monje benedictino Patrono Nayar, otrora profesor de Teología en la Universidad del Museo Social de alguno de los arriba mencionados.
El salón de grandes dimensiones, por supuesto, estaba elegantemente decorado luciendo sobre la alfombra colorada una enorme cantidad de puestos – en tamaños chicos, medianos y grandes -, integrados generalmente por un sommelier y un grupo señoritas que ofrecía el deleite de cada bodega.
Uno a uno, cada uno de los muchachos fue cambiando en el sector correspondiente su entrada por la copa establecida para la degustación.
La decepción ocasionada ante el escaso contenido que permitía la copa asignada fue aún mayor ante cada servicio de los stands existentes: ninguno de ellos superaba el dedo como medida a catar. Si bien, efectivamente, este era el objeto de la muestra, el conjunto de jóvenes aspiraba a otro tipo de atención, la cual pudieron obtener solo ante la repetición de pruebas y la aceleración en el recorrido.
El resto de la velada transcurrió entre el disimulo frente a los sommeliers que insistían con hablar de terruños, cepajes y barricas, y el descubrimiento de las promotoras que con el correr de la noche se hicieron mas agraciadas.
A dichas alturas, justo es decirlo, el monje ya había guardado prolijamente su hábito benedictino en su portafolio de cuerina negra.
Faltando poco para el cierre de la jornada, el grupo de jóvenes ya tenía detectada y clasificada la muestra de acuerdo a (i) puestos menos concurridos y ágiles en la degustación, (ii) los productos mas sabrosos, (iii) las mejores promotoras y (iv) los stands donde regalaban galletitas con cada una de las catas.
Puntualmente, a la hora asignada, de los diversos parlantes del gran salón surgió la voz amable que incitaba a los presentes a abandonar la muestra, invitándolos a regresar el día siguiente.
La imagen fue un tanto confusa, debe admitirse. Señores mayores de formal traje, jóvenes modernos de tonos bronceados y señoras paquetas con vestidos de noche, se tropezaban con el apuro de los jóvenes debutantes, quienes corrían de puesto en puesto exigiendo “la última degustación” o, en forma menos amable como dijo el Palmera, “¡¡¡dame el culito de la botella, culiao!!!”.
Fue comprensible el estupor de algunos sommeliers y la decepción de los organizadores que advirtieron la escena, lo que seguramente no engalanaba el acto promocional.
Prácticamente expulsados por el personal de seguridad, el grupo de jóvenes se dirigió al estacionamiento del complejo. Dispuestos ante la salida, y de frente a la barrera que franqueaba la misma, nuevamente la seguridad tuvo que intervenir recordándole al conductor que debía abonar el estacionamiento para superar la barrera. No obstante ello, el monje - enajenado con medio cuerpo sobre el asiento delantero y agitando los brazos - le prohibió la salida del vehículo a Filip al grito de “¡¡Arrancá pelotudo!! ¿¿¡¡No ves que te están boludeando!!?? ¡¡Tirales la barrera a la mierda!!”. Por suerte Filip, con el poco discernimiento que conservaba, logró acercarse hasta la cabina de pago y superar el incidente.
El regreso fue igual de caótico. Se supo después que Dieguez – quien había abandonado el grupo en el estacionamiento - terminó durmiendo media noche en una ligustrina de Plaza Italia; el monje, dejado en la puerta de su convento, se perdió entre los callejones oscuros del barrio de Barracas; Palmera fue amablemente invitado en su trabajo la mañana siguiente a que se tome el día por enfermedad o, al menos, regrese convenientemente aseado y sin los ojos inyectados en sangre; el auto de Filip evidenció las marcas inevitables del mareo alcohólico sobre su lateral derecho; y Willy no podía entender cuando se despertó la mañana siguiente porque había en el living de su casa un cartel de “Prohibido Estacionar” y otro de “Ceda el Paso”, ambos con sus bases de cemento incluidas.
La Exposición “Vinos y Bodegas” se celebra anualmente en la Sociedad Rural Argentina sobre la última parte del año y es una oportunidad para acercar al público masivo con el sector vitivinícola argentino. Quizás esa masividad hace que no se encuentren las mejores bodegas sino solo aquellas pequeñas, populares o flamantes que buscan ese público, seguramente no calificado como ABC1.
La primera experiencia que tuvieron los chicos fue aproximadamente en el año 2003. En aquella ocasión, Arturo Dieguez, “Palmera” Benvenutti, Filip Azcuenaga y Willy Schweinsteiger llegaron expectantes al sector indicado para la muestra anual. También estaba, como invitado de la comitiva, el monje benedictino Patrono Nayar, otrora profesor de Teología en la Universidad del Museo Social de alguno de los arriba mencionados.
El salón de grandes dimensiones, por supuesto, estaba elegantemente decorado luciendo sobre la alfombra colorada una enorme cantidad de puestos – en tamaños chicos, medianos y grandes -, integrados generalmente por un sommelier y un grupo señoritas que ofrecía el deleite de cada bodega.
Uno a uno, cada uno de los muchachos fue cambiando en el sector correspondiente su entrada por la copa establecida para la degustación.
La decepción ocasionada ante el escaso contenido que permitía la copa asignada fue aún mayor ante cada servicio de los stands existentes: ninguno de ellos superaba el dedo como medida a catar. Si bien, efectivamente, este era el objeto de la muestra, el conjunto de jóvenes aspiraba a otro tipo de atención, la cual pudieron obtener solo ante la repetición de pruebas y la aceleración en el recorrido.
El resto de la velada transcurrió entre el disimulo frente a los sommeliers que insistían con hablar de terruños, cepajes y barricas, y el descubrimiento de las promotoras que con el correr de la noche se hicieron mas agraciadas.
A dichas alturas, justo es decirlo, el monje ya había guardado prolijamente su hábito benedictino en su portafolio de cuerina negra.
Faltando poco para el cierre de la jornada, el grupo de jóvenes ya tenía detectada y clasificada la muestra de acuerdo a (i) puestos menos concurridos y ágiles en la degustación, (ii) los productos mas sabrosos, (iii) las mejores promotoras y (iv) los stands donde regalaban galletitas con cada una de las catas.
Puntualmente, a la hora asignada, de los diversos parlantes del gran salón surgió la voz amable que incitaba a los presentes a abandonar la muestra, invitándolos a regresar el día siguiente.
La imagen fue un tanto confusa, debe admitirse. Señores mayores de formal traje, jóvenes modernos de tonos bronceados y señoras paquetas con vestidos de noche, se tropezaban con el apuro de los jóvenes debutantes, quienes corrían de puesto en puesto exigiendo “la última degustación” o, en forma menos amable como dijo el Palmera, “¡¡¡dame el culito de la botella, culiao!!!”.
Fue comprensible el estupor de algunos sommeliers y la decepción de los organizadores que advirtieron la escena, lo que seguramente no engalanaba el acto promocional.
Prácticamente expulsados por el personal de seguridad, el grupo de jóvenes se dirigió al estacionamiento del complejo. Dispuestos ante la salida, y de frente a la barrera que franqueaba la misma, nuevamente la seguridad tuvo que intervenir recordándole al conductor que debía abonar el estacionamiento para superar la barrera. No obstante ello, el monje - enajenado con medio cuerpo sobre el asiento delantero y agitando los brazos - le prohibió la salida del vehículo a Filip al grito de “¡¡Arrancá pelotudo!! ¿¿¡¡No ves que te están boludeando!!?? ¡¡Tirales la barrera a la mierda!!”. Por suerte Filip, con el poco discernimiento que conservaba, logró acercarse hasta la cabina de pago y superar el incidente.
El regreso fue igual de caótico. Se supo después que Dieguez – quien había abandonado el grupo en el estacionamiento - terminó durmiendo media noche en una ligustrina de Plaza Italia; el monje, dejado en la puerta de su convento, se perdió entre los callejones oscuros del barrio de Barracas; Palmera fue amablemente invitado en su trabajo la mañana siguiente a que se tome el día por enfermedad o, al menos, regrese convenientemente aseado y sin los ojos inyectados en sangre; el auto de Filip evidenció las marcas inevitables del mareo alcohólico sobre su lateral derecho; y Willy no podía entender cuando se despertó la mañana siguiente porque había en el living de su casa un cartel de “Prohibido Estacionar” y otro de “Ceda el Paso”, ambos con sus bases de cemento incluidas.
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miércoles, 1 de octubre de 2008
Agosto de 1994
Con catorce años no se está seguro de muchas cosas. Sobre todo de aquellas que se viven por primera vez.
A poco de pasada la primera mitad del año, en cualquier pueblo comienza la temporada de cumpleaños de quince y es, para muchos precoces, la oportunidad – u obligación – de iniciarse en las artes nocturnas y del sexo opuesto. Nadie – prácticamente – ha escapado a esta época de la vida en la cual uno es impulsado por un montón de hormonas – que dicho sea de paso, se encargan de ingresarnos en una suerte de metamorfosis escandalosa, que incluye acné, dolores en las articulaciones, ortodoncias, alteraciones vocales, y otras manifestaciones non santas – a enfrentarse como un boludo inseguro frente a una suerte de vivencias desconocidas.
En el sector de chacras del pueblo estaba el salón de baile conocido como “El Castillo” (jamás existió confirmación alguna sobre si ese era su verdadero nombre). El ritual de siempre acompañó la velada: arribo al lugar alrededor de las 21.30 hs. (muñido de algún peluche o artefacto inservible comprado a las apuradas un par de horas antes en el centro del pueblo), cena sin alcohol, vals, y mucha ansiedad frente al tórrido grupo de jóvenes tan precoces como uno.
En aquel momento – recordemos la inexperiencia y el deseo por demostrar nuestra adolescencia – uno no repara demasiado en consecuencias, más solo en oportunidades que se presentan. Por ello, ante el escape masivo de la parentela que componía la mesa “mayor” hacia el sector de la pista ante los primeros acordes de Don Vivaldi, algún que otro joven aprovechó la ocasión para recolectar botellas de sidra existentes. Suficientes para que su virginal sangre pueda ser contaminada.
En este espacio en el cual se habla y no se dice, se quiere y no se anima, se recuerda la madurez inteligente de aquella mujer-adolescente de vestido celeste, castaña de pelo lacio y suficientes antecedentes, que encontró a aquel joven en similar tarea, proponiendo mejores experiencias.
Desde aquí, el recuerdo para su caminata gentil al jardín discreto con el objeto de hacerle tomar conciencia en unos pocos momentos que la suerte a veces no es tan esquiva y el primer beso siempre es un gran recuerdo.
A poco de pasada la primera mitad del año, en cualquier pueblo comienza la temporada de cumpleaños de quince y es, para muchos precoces, la oportunidad – u obligación – de iniciarse en las artes nocturnas y del sexo opuesto. Nadie – prácticamente – ha escapado a esta época de la vida en la cual uno es impulsado por un montón de hormonas – que dicho sea de paso, se encargan de ingresarnos en una suerte de metamorfosis escandalosa, que incluye acné, dolores en las articulaciones, ortodoncias, alteraciones vocales, y otras manifestaciones non santas – a enfrentarse como un boludo inseguro frente a una suerte de vivencias desconocidas.
En el sector de chacras del pueblo estaba el salón de baile conocido como “El Castillo” (jamás existió confirmación alguna sobre si ese era su verdadero nombre). El ritual de siempre acompañó la velada: arribo al lugar alrededor de las 21.30 hs. (muñido de algún peluche o artefacto inservible comprado a las apuradas un par de horas antes en el centro del pueblo), cena sin alcohol, vals, y mucha ansiedad frente al tórrido grupo de jóvenes tan precoces como uno.
En aquel momento – recordemos la inexperiencia y el deseo por demostrar nuestra adolescencia – uno no repara demasiado en consecuencias, más solo en oportunidades que se presentan. Por ello, ante el escape masivo de la parentela que componía la mesa “mayor” hacia el sector de la pista ante los primeros acordes de Don Vivaldi, algún que otro joven aprovechó la ocasión para recolectar botellas de sidra existentes. Suficientes para que su virginal sangre pueda ser contaminada.
En este espacio en el cual se habla y no se dice, se quiere y no se anima, se recuerda la madurez inteligente de aquella mujer-adolescente de vestido celeste, castaña de pelo lacio y suficientes antecedentes, que encontró a aquel joven en similar tarea, proponiendo mejores experiencias.
Desde aquí, el recuerdo para su caminata gentil al jardín discreto con el objeto de hacerle tomar conciencia en unos pocos momentos que la suerte a veces no es tan esquiva y el primer beso siempre es un gran recuerdo.
Si alguien encuentra a aquel joven - que llegó, confundido, a proponerle noviazgo a su generosa instructora - díganle que hoy lo evoco con una sonrisa y que la vida le dará cuantas más oportunidades necesite para ser quien ilustre.
En la noche
Juan Carlos usa tiradores y se sienta en diagonal al televisor en su sillón marrón percutido. Lleva puestas pantuflas – cuadriculadas – en los mismos tonos. Usa el pelo – sin gomina – para atrás. Su mujer camina de lado a lado en la cocina celeste mientras él espera que termine. Las noticias de las 19 hs llegan desde Córdoba al viejo Telefunken. Escucha el repiqueteo del cocer de la “costeleta” en la parrilla y siente salivar su paladar.
Dispuesta la mesa puntualmente a las 20 hs, se sienta – ahora de frente al televisor – y frota sus manos en señal de autoridad. Observa el plato de “Cabellos de Ángel” humeante delante de él. Toma el salero y lo sacude fuertemente un par de veces sobre el plato, mientras ponen delante de él su copa vacía con un cubito individual, todavía en su cubierta plástica. Rellena la copa de vino Toro y lo baja con un poco de soda.
Comienza a comer sin esperar compañía. Adelanta los labios para acercar la cuchara y emite un sonido ante cada bocado. Como todas las noches, la sopa no contiene ningún tipo de caldo que facilite su cocción: todo ha sido hervido, procesado y colado.
Mientras engulle, su mujer se levanta y se sienta continuamente al compás de la cocción de la carne y el puré. Ella no ingiere líquidos y, cada tanto, se queja de alguna noticia que escucha o de la poca sal que le permite ingerir el médico a su marido. Sin lugar a dudas, el sonido que se escucha en la mesa con mas frecuencia es “Pssst”.
Juan Carlos termina y le retiran el plato. Se frota nuevamente las manos y toma la mitad de su copa de vino. Toma la cuchara y se sirve dos veces el puré recién colocado. Lo prueba y repite el ritual anterior con el salero cuando su mujer se va a buscar la carne.
Su mujer coloca la “chuleta” más grande y jugosa en su plato, provocando la mezcla de la sangre cocida con el puré de papas. Ella toma la sal y la retira de la mesa. Él se queja y le exige su devolución, a pesar del reproche.
La cena transcurre en silencio hasta que cada uno termina su plato – ella ha comido prácticamente nada – y su mujer levanta la mesa. Luego de terminar la fruta que le pusieron delante, él apaga el televisor y vuelve a su sillón marrón. De la calle no se escucha sonido alguno, salvo algún ciclomotor ocasional.
Come alguna gomita de menta o silva algún tango por lo bajo, mientras ella prepara las bolsas de agua caliente. A las 21.45 hs., sin falta, se levanta y se va a dormir. Ella lo sigue, como siempre.
Dispuesta la mesa puntualmente a las 20 hs, se sienta – ahora de frente al televisor – y frota sus manos en señal de autoridad. Observa el plato de “Cabellos de Ángel” humeante delante de él. Toma el salero y lo sacude fuertemente un par de veces sobre el plato, mientras ponen delante de él su copa vacía con un cubito individual, todavía en su cubierta plástica. Rellena la copa de vino Toro y lo baja con un poco de soda.
Comienza a comer sin esperar compañía. Adelanta los labios para acercar la cuchara y emite un sonido ante cada bocado. Como todas las noches, la sopa no contiene ningún tipo de caldo que facilite su cocción: todo ha sido hervido, procesado y colado.
Mientras engulle, su mujer se levanta y se sienta continuamente al compás de la cocción de la carne y el puré. Ella no ingiere líquidos y, cada tanto, se queja de alguna noticia que escucha o de la poca sal que le permite ingerir el médico a su marido. Sin lugar a dudas, el sonido que se escucha en la mesa con mas frecuencia es “Pssst”.
Juan Carlos termina y le retiran el plato. Se frota nuevamente las manos y toma la mitad de su copa de vino. Toma la cuchara y se sirve dos veces el puré recién colocado. Lo prueba y repite el ritual anterior con el salero cuando su mujer se va a buscar la carne.
Su mujer coloca la “chuleta” más grande y jugosa en su plato, provocando la mezcla de la sangre cocida con el puré de papas. Ella toma la sal y la retira de la mesa. Él se queja y le exige su devolución, a pesar del reproche.
La cena transcurre en silencio hasta que cada uno termina su plato – ella ha comido prácticamente nada – y su mujer levanta la mesa. Luego de terminar la fruta que le pusieron delante, él apaga el televisor y vuelve a su sillón marrón. De la calle no se escucha sonido alguno, salvo algún ciclomotor ocasional.
Come alguna gomita de menta o silva algún tango por lo bajo, mientras ella prepara las bolsas de agua caliente. A las 21.45 hs., sin falta, se levanta y se va a dormir. Ella lo sigue, como siempre.
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lunes, 29 de septiembre de 2008
Franela
La lluvia cae sobre el parabrisas del Renault 12 blanco. La humedad ha empañado los vidrios y la situación no se resuelve pasando una franela. El aire acondicionado no fue incluido en este base del 89. La única opción es abrir la ventanilla delantera derecha, aunque el asiento reciba unas cuantas gotas.
El Polaco Goyeneche arrastra su voz rugosa en la estrofa final de “Garúa” y le da un acompañamiento perfecto a este comienzo de semana. Las luces coloradas y amarillas de los autos de adelante titilan incesantes en la autopista embotellada.
Las heridas de un fin de semana agitado se resienten cuando más duelen, pasando facturas que cuestionan el paso del tiempo y los excesos cometidos. Va a ser una semana larga, máxime si recién estamos en Septiembre.
Las gotas siguen golpeando el parabrisas, quizás con un poco más de violencia, y la franela sigue sin ser la solución al problema.
El Polaco Goyeneche arrastra su voz rugosa en la estrofa final de “Garúa” y le da un acompañamiento perfecto a este comienzo de semana. Las luces coloradas y amarillas de los autos de adelante titilan incesantes en la autopista embotellada.
Las heridas de un fin de semana agitado se resienten cuando más duelen, pasando facturas que cuestionan el paso del tiempo y los excesos cometidos. Va a ser una semana larga, máxime si recién estamos en Septiembre.
Las gotas siguen golpeando el parabrisas, quizás con un poco más de violencia, y la franela sigue sin ser la solución al problema.
viernes, 26 de septiembre de 2008
Poker
“Uno en la vida aspira a estar tranquilo”, me decía. “La valentía en estos casos esta en darse cuenta cuando las cosas precisan de una decisión y se actúa en consecuencia…soportando las consecuencias”. Asentí. Como si yo no estuviera, prosiguió: “Uno puede hacer concesiones, tener paciencia…también uno puede armar estrategias, jugar con la mente del otro y anticiparse”. Intenté tomar un sorbo de café pero todavía estaba muy caliente. “Pero uno en la vida quiere estar tranquilo”, reiteró, contestándose a si mismo. “La vida no es un poker donde uno tenga que andar descuajeringándose el cerebro todo el día. En definitiva, si las condiciones no se presentan agradables, es un problema de cambiar las condiciones y no que nos empiecen a agradar las condiciones, no?”. Como supe que era una pregunta retórica o que nuevamente la autoproclamaba, ni me molesté en sacar la vista del pocillo de café. “Lo importante es poder probar, animarse y, en definitiva, decidir. Nadie esta acorralado hasta que se da por vencido y si algo hemos aprendido de nuestros errores, es que la puerta se cierra cuando uno acepta” dijo, sin darse cuenta que me había quemado la lengua como un boludo.
Quedamos en silencio unos minutos hasta que pasó por la calle una morocha bastante buena que generó el comentario grosero de mi compañero.
Quedamos en silencio unos minutos hasta que pasó por la calle una morocha bastante buena que generó el comentario grosero de mi compañero.
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Desconfío de la vida
El vaso transpirado dejó una aureola de agua sobre la mesa de nerolite. El humo del cigarrillo nubla la vista cegada de maquillaje. El rouge de sus labios carmesí ha dejado una figura extraña en el pocillo de café sucio. Sus dedos rugosos ya no resaltan por el juego que hace el esmalte. Las pulseras gastadas solo pasan desapercibidas por los colores de su camisa. El pelo atado sobre el techo de su cabeza forma una maraña desordenada que la oscuridad del ambiente no termina de denunciar.
Suena “Desconfío de la vida” en la versión cantada por Vicentino. Termina el cigarrillo, prende otro y le piden un wiskey con soda. Lo cambia por un gin tonic que ni siquiera mira cuando llega. Madura la noche, sabe que sus valores cambian y no se puede perder el tiempo.
El cenicero consume el cigarrillo abandonado y la condensación del trago terminó de mojar el ticket de la cuenta.
Suena “Desconfío de la vida” en la versión cantada por Vicentino. Termina el cigarrillo, prende otro y le piden un wiskey con soda. Lo cambia por un gin tonic que ni siquiera mira cuando llega. Madura la noche, sabe que sus valores cambian y no se puede perder el tiempo.
El cenicero consume el cigarrillo abandonado y la condensación del trago terminó de mojar el ticket de la cuenta.
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jueves, 25 de septiembre de 2008
Golpes secos y gritos mudos
Cerré la puerta del ascensor y, cuando estaba por golpear la puerta, sentí el ruido seco a madera y el tronar de vidrios rotos. Escuché un insulto mudo como de quien se tapa la boca. Opté por quedarme en silencio y esperar lo siguiente. Durante cinco minutos creí haber contenido la respiración.
Entre irme y volver a lo que había ido, se me ocurrió pensar que no tenía nada por que sospechar. En definitiva, pudo haber sido un tropezón y un plato roto. Finalmente, toqué el timbre. Abrió la puerta y entré. No había señales extrañas. Solo el olor a velas apagadas. La sesión se desarrolló con normalidad, por lo que a poco de haber empezado me olvidé de mis temores. Pagué la consulta y me fui.
La semana entrante volví a escuchar el mismo ruido, pronto a golpear la puerta. La misma situación, que se resolvió de la misma manera. Temor, espera y normalidad. Lo mismo ocurrió las semanas siguientes. Para la octava sesión ya no me parecían extraños los golpes secos y gritos mudos.
Un día opté por contarle sobre lo que me pasaba segundo antes de golpear su puerta. Me respondió que era curioso que ello suceda, siendo yo su único paciente. Mientras me estaba yendo, me propuso charlarlo la semana siguiente. Cuando asentí con la cabeza, escuché el ascensor afuera que se detenía, y una sombra en movimiento sobre mis espaldas.
Entre irme y volver a lo que había ido, se me ocurrió pensar que no tenía nada por que sospechar. En definitiva, pudo haber sido un tropezón y un plato roto. Finalmente, toqué el timbre. Abrió la puerta y entré. No había señales extrañas. Solo el olor a velas apagadas. La sesión se desarrolló con normalidad, por lo que a poco de haber empezado me olvidé de mis temores. Pagué la consulta y me fui.
La semana entrante volví a escuchar el mismo ruido, pronto a golpear la puerta. La misma situación, que se resolvió de la misma manera. Temor, espera y normalidad. Lo mismo ocurrió las semanas siguientes. Para la octava sesión ya no me parecían extraños los golpes secos y gritos mudos.
Un día opté por contarle sobre lo que me pasaba segundo antes de golpear su puerta. Me respondió que era curioso que ello suceda, siendo yo su único paciente. Mientras me estaba yendo, me propuso charlarlo la semana siguiente. Cuando asentí con la cabeza, escuché el ascensor afuera que se detenía, y una sombra en movimiento sobre mis espaldas.
Golazo
"Avanza el número once por la izquierda del campo. Amaga el pase al centro de la cancha para luego tirarla larga, esperando enfrentar por fin al número 2. El 5 rival, sin embargo, lo empareja en su agitada carrera y le tira su metro noventa encima. Con un alarido enfermizo, el volante pretende la compasión del colegiado, quien levanta sus manos en aprobación del quite legítimo. El once masculla, en el suelo, la bronca y frustración de su obra robada.
El 5 gira con el balón, amaga el pase a la izquierda, y toca al 8 de su equipo. Este, volante de gran precisión, analiza como primera opción el cambio de frente. Empero, por el rabillo del ojo, ve la figura blanca en carrera del número 5, quien buscaba la descarga. Toque al volante central, dejando desairado al lateral izquierdo del oponente, quien ya había lanzado su fuste violento.
El 5, con un ligero toque a la derecha, elude al homónimo rival, levanta la cabeza y observa como el 9 se ofrece de pivote para la escalada ofensiva. Toca el 5 y va.
El 9 siente al seis rival en su espalda y consigue rodearlo de un movimiento. La pelota, sin embargo, sintió la presión de la marca y se adelanta más de lo debido. El dos contrincante se abre en vuelo horizontal, con sus piernas en tijeras para cortar la arremetida blanca. Casi desahuciado, el 9 piensa en obtener un foul como mejor opción. No obstante, el grito del 5, volando sobre su derecha, le hace cambiar de opinión. “Va a doler”, piensa.
La punta de su botín izquierdo, corona un pase al vacío hermoso, que se ve acompañado por el grito de dolor ante la patada anticipada.
Loca carrera del número 5, ya adelantado sobre la última zaga rival. El arquero arroja su anatomía sobre el balón, no antes del estiletazo del pie derecho del volante, en pase a la red. El 5 se arrodilla, golpea su pecho un par de veces, piensa en su mujer, y espera el abrazo de sus compañeros".
El 5 gira con el balón, amaga el pase a la izquierda, y toca al 8 de su equipo. Este, volante de gran precisión, analiza como primera opción el cambio de frente. Empero, por el rabillo del ojo, ve la figura blanca en carrera del número 5, quien buscaba la descarga. Toque al volante central, dejando desairado al lateral izquierdo del oponente, quien ya había lanzado su fuste violento.
El 5, con un ligero toque a la derecha, elude al homónimo rival, levanta la cabeza y observa como el 9 se ofrece de pivote para la escalada ofensiva. Toca el 5 y va.
El 9 siente al seis rival en su espalda y consigue rodearlo de un movimiento. La pelota, sin embargo, sintió la presión de la marca y se adelanta más de lo debido. El dos contrincante se abre en vuelo horizontal, con sus piernas en tijeras para cortar la arremetida blanca. Casi desahuciado, el 9 piensa en obtener un foul como mejor opción. No obstante, el grito del 5, volando sobre su derecha, le hace cambiar de opinión. “Va a doler”, piensa.
La punta de su botín izquierdo, corona un pase al vacío hermoso, que se ve acompañado por el grito de dolor ante la patada anticipada.
Loca carrera del número 5, ya adelantado sobre la última zaga rival. El arquero arroja su anatomía sobre el balón, no antes del estiletazo del pie derecho del volante, en pase a la red. El 5 se arrodilla, golpea su pecho un par de veces, piensa en su mujer, y espera el abrazo de sus compañeros".
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